Reencuentro con Elena

Capítulo 654

Cuando Irene se vio saciada, le dijo que se pusiera sobre Mario para besarle ahora a él, haciéndolo ella en el instante, pasando una pierna por encima de su cuerpo, subiéndose sobre su erección para agarrar su cara y besarle. Mario no se quedaba corto al poner sus manos sobre su culo, yendo más allá cuando agarró su vestido para subírselo, haciendo de manera algo bruta. Aunque consiguió su objetivo, dejándola con el culo al aire, o más bien casi, porque Ángela llevaba un tanga de hilo color verde oscuro. Era increíble lo apetecible que se veía su culo, que siempre se veía así, pero sentada se esa manera, con ese tanga y siendo apretado, pues más todavía. Viendo que Ángela estaba ocupada con mi amigo, yo fui a por Irene, pero ella me hizo una buena cobra, casi haciendo un gesto de burla en el proceso, dándome la espalda para pegarse a los otros dos y besar sus hombros o donde pudiera. Yo hice lo mismo en realidad, pero como Mario estaba sentado muy pegado al brazo del sofá, pues me puse detrás de Irene para besar sus hombros que estaban libres de ropa, aunque también manoseaba sus muslos y su culo.

Pero no me hacía caso para nada, porque no me buscaba ni siquiera con sus manos para acariciarme, aunque eso no me impedía continuar. Hasta que Mario se cansó, levantándose con Ángela agarrada a él para ir hacia la habitación, siguiéndolos Irene y yo, aunque tardé unos segundos más al acabarme mi copa de un par de tragos, dejándolas ellos sobre la mesa. Me encontré a Mario sobre Ángela, comiéndosela a besos y a Irene sobre su novio, besándole el cuello desde atrás y metiéndole mano. Era muy excitante verlos así, pero también quería participar, por lo que me empecé a desnudar, quitándome la camisa de manera torpe al estar más pendiente de otra cosa. Ya con los pantalones tuve menos problema, terminando quedándome en boxers, aunque los demás seguían tal cual. Esperé un poco, aunque agarré a Irene, pero ella me apartaba con algún manotazo, sin llegar a entender yo por qué.

Y ya me cansé de su comportamiento, porque estaba por tocarme la moral con esos gestos, además de alguna que otra puya que me soltó a lo largo de la noche en la cena. Por eso le agarré del pelo con firmeza, para tirar de él y poner su cara frente a la mía, tirando también de su cuerpo al rodearla con mi brazo a la altura de su cintura para levantarla. Le pregunté que si iba a estar tocándome los cojones toda la noche, porque ya me estaba cansando. Irene permaneció callada, sin atrever a decir nada, pero tampoco parecía ceder y yo quería que me respondiera. Le volví a preguntar, dándole otro tirón del pelo, diciendo ella que no. Ángela preguntó si todo iba bien, asintiendo yo y soltando a Irene, quien se quedó sentada en la cama, con sus manos juntas sobre su regazo para no quitarme el ojo de encima, estando muy cachonda por lo que acababa de hacer.

Ángela también me miró con deseo, centrándose en mi paquete mientras Mario no paraba de besar su cuello, empezando a bajar, aunque sin llegar a sus tetas. Levanté a Irene para quitarle el vestido, encontrándome con que no llevaba nada de ropa interior. Me salió del alma decirle que era una guarra por lo cachondo que estaba ya y por la pinta que tenía esa noche con lo que yo acababa de hacer. Me percaté de un detalle bastante raro en ella, y es que estaba totalmente depilada, cosa que me molestaba un poco, porque yo lo prefería de otra manera en ella al quedarle tan bien el vello que solía llevar al ser tan uniforme. Le volví a preguntar si ese día estaba por tocarme los cojones sin parar, negando ella con cara de sumisa. No me demoré mucho en quitarme los calzoncillos, quedándose ella mirándome fijamente por la zona, con los ojos muy abiertos. Pude ver como se enrojecía su cara, y más que tenía en mente que lo hiciera cuando le metiera mi polla en su boca para que la chupara bien.

En cuanto lo hice, Irene se puso a chupar como una loca, aunque yo también le empujaba la cabeza, dándole tirones de pelo para sacársela y que pudiera respirar, porque apretaba bastante cuando la tenía en su boca. Irene me miraba como pocas veces lo había hecho, como siempre que lo hacíamos así, cosa que me encantaba. Fueron varios minutos en los que estuvimos así, con ella chupándomela a mi antojo al dirigir yo la mamada agarrando su cabeza y su pelo, con varias lágrimas negras al mezclarse con maquillaje cayendo por su cara. Hice por donde para que me la comiera entera, pero no había manera. No conseguía que lo pudiera hacer pese a que ella también se esforzaba y por eso también le escupía en la cara, como una pequeña humillación al no poder lograrlo. Pero de un fuerte tirón la aparté y la arrojé a la cama, quedando ella bocarriba.

A: ¿A dónde vas? -me preguntó al ver que me movía por la habitación, dándome cuenta de que Mario ya le estaba comiendo el coño, estando ella desnuda y con el tanga corrido a un lado.
J: A coger algo para castigar a esta zorra, que no para de tocarme los cojones.

Fui hasta el armario para coger una fusta y usarla con Irene. Hacía mucho que no lo hacía y tenía ganas y la ocasión era perfecta para ello. Cuando la cogí y fui hacia ella, Irene se puso en posición al ponerse a cuatro sobre la cama, con su culo en pompa y su espalda arqueada de manera bastante sexy. Le metí un fuerte azote con la fusta que resonó por toda la habitación y que hizo que ella levantara su cabeza, además de lanzar un gritito. Le tiré del pelo y le di otra con la misma fuerza, empezando a darle varias de manera seguida, comenzando su culo a ponerse rojo. Ángela nos miraba con cara de preocupación mientras Mario le seguía comiendo el coño, pero le dije que no se preocupara, agarrando a Irene del pelo para moverla y que pudiera ver cómo de mojado tenía el coño. Fue algo que le sorprendió bastante, imaginando yo que era por lo poco que solía lubricar ella. Aunque también me dijo que tenía el culo muy rojo, respondiendo yo que más que lo iba a tener.

Para que ella lo pudiera ver, le empecé a azotar con la fusta, aunque me cansé rápidamente, soltándola para darle con la mano, que abarcaba mucho más. Tenía el culo rojo a más no poder y muy caliente, pasando yo a tocarle el coño para masturbarla un poco. Ángela se mordía el labio mientras nos miraba, pasando Mario a desnudarse y poniéndose sobre ella para empezar a metérsela. Irene alargó la mano para tocar a Ángela y eso no me gusto, por lo que volví a coger la fusta para darle unas cuantas veces más en el culo, dibujando en él unas líneas finas de un rojo muy intenso, como si estuviera por sangrar. Tras eso, se la metí directamente teniéndola a cuatro sobre la cama, dándole sendas embestidas que debían dolerle cuando mis caderas golpeaban su culo rojo y dolorido. Mario y yo estuvimos follándolas durante unos minutos, aunque le dije de cambiar, montándome ahora Ángela a buen ritmo mientras que Mario le daba a su novia en la misma postura en la que lo hacía yo unos segundos antes.

Le dije a Mario que le diera con más ganas, que parecía que no se la quería follar, pero decía que le daba cosa por poder hacerle daño. Le pregunté a Irene si quería que la follara más duro, afirmando ella entre gemidos lastimeros, por lo que mi amigo me empezó a hacer caso, empezando a reventarla. Ángela se puso sobre mí, pegando su cuerpo al mío para dejar caer su cara en mi cuello, empezando a hablarme en susurros, diciendo que la había asustado un poco por cómo me había puesto y que creía que se había jodido la noche, pero que también le había encendido mucho ver cómo follaba así a Irene. Agarré su cara para mirarla a los ojos y besarla mientras ella me seguía follando, aunque ahora más lentamente, lo que nos permitía la postura, pero se movía de una manera muy sensual al levantar y dejar caer su culo, a veces lento y a veces más rápido, y me encantaba.

Diría que la que más bien se lo estaba pasando era Irene por su manera de gemir, porque era algo en lo que se le podía notar mucho. Aunque no la podía ver al estar más concentrado en Ángela, pasando yo a ponerme sobre ella para darle con fuerza, pero parando al poco para no corrernos. Les dije a las chicas que se enrollaran entre ellas, porque quería ver algo así, quedando Mario y yo a su lado, mirándolas con atención mientas nos tocábamos, aunque no el uno al otro. Ángela e Irene se comían la boca con mucha ansia y también pasaron a hacerlo con otras cosas. Empezó Irene al bajar por su cuerpo y centrarse en sus tetas, retorciéndose Ángela como consecuencia, aunque no la hizo sufrir mucho al bajar a su coño para comérselo un poco. Pero también fue al revés no mucho después cuando Ángela le comió las tetas y luego el coño. Ver como mi amiga le comía el coño a otra chica era algo que no terminaba de ver y joder cómo me ponía.

Aquella noche fue un desfase en el que pasamos horas follando casi todos con todos. Mario y yo no hicimos nada que no hubiéramos hecho ya a esas alturas, con nuestras pollas rozándose por momentos cuando Irene nos la comía a la vez, intentándolo también Ángela para probar. Pero sí que había detalles como besar a las chicas después de que nos la hubieran comido. O comerles el coño después de que el otro la hubiera follado. No hicimos nada directamente, pero sí de manera indirecta. No tengo ni idea de cuántas veces se corrió Irene, porque era difícil llevar la cuenta por lo fácil que lo tenía al ponerse más cachonda conforme más orgasmos iba teniendo. Ángela se corrió tres veces: dos con Mario y una conmigo, aunque yo me encargué de arrancarle más orgasmos a Irene por aquello de seguir dominándola y no poder Mario llevarlo del todo a cabo como a ella le gustaba.

Mario se corrió una vez, hacedlo yo un par de veces. Él lo hizo al acabar dentro de su novia mientras que yo lo hice sobre ella misma también, sobre su culo enrojecido y con marcas, siendo la otra dentro de Ángela al tenerla a cuatro mientras le comía las tetas a Irene. En ese momento nos corrimos todos para acabar la noche, porque ya llevábamos mucho trote encima y estábamos bastante sensibles, habiendo parado Mario varias veces a esas alturas, porque solo quería correrse una vez al darle el bajón cuando lo hacía, entrándole mucho sueño una vez llegaba. Acabamos reventados todos, quedándose Mario e Irene sobre la cama mientras que yo cogí a Ángela en brazos para irnos a la ducha. Allí nos lavamos bien, estando en silencio y cada uno a lo suyo, porque bastante habíamos tenido, aunque ella estaba supercontenta, diciéndome que había sido una de las mejores noches que había pasado.

Regresé a la habitación de nuestros amigos a por nuestra ropa, encontrándolos ya durmiendo, por lo que apagué la luz y me fui a la otra, donde Ángela ya estaba tumbada, con un tanga y una camiseta ancha para dormir, quedándome yo en boxers, como siempre. Casi la pillo durmiendo, pero una vez llegué y me tumbé a su lado, hablamos durante un par de minutos, diciendo ella que le había impresionado mucho lo que había hecho con Irene durante toda la noche al tirarle así del pelo, al pegarle con la fusta y con las manos, al hablarle de esa manera, con insultos, al escupirle... Le dije que era un juego que le ponía mucho, aunque esa noche había hecho méritos para ponerme así. Ella ya sabía que era un juego y conocía ese gusto en Irene, pero no terminaba de entender cómo le podía gustar que le dejara así el culo, porque estaba segura que al día siguiente no iba a poder sentarse.

Caímos dormidos en nada al ser tarde y por haber madrugado bastante para ser sábado. Como cabe esperar, me desperté antes que ella, permitiéndome aquello pensar en cómo fue la noche anterior y cómo se nos fue la mano. No en el tema de dominar así a Irene, ni en el de que hubiera habido más interacción entre Mario y yo, aunque de manera indirecta con eso de morrearnos con las chicas después de que nos la comieran a los dos. Mi pensamiento iba más por cómo habíamos follado sin protección, al menos para el contacto directo, de fluidos y demás. Ambas chicas usaban un método anticonceptivo para no quedar embarazadas, ya fueran pastillas en el caso de Irene, o un DIU en el de Ángela. Pero no nos cuidábamos de poder pegarnos algo con el contacto directo. Sabía que Irene y Mario no estaban mucho en el plan de acostarse con casi cualquiera. Desde lo de Fátima y Ana ya no lo habían hecho con nadie más que no fuera con Sofía, quien tampoco se movía más allá de ellos dos o de mí. Ángela me reconoció que sí que había mantenido relaciones antes de que los reencontráramos con su amigo Finn, pero que usaba siempre protección y desde que nos acostamos, no lo había hecho con nadie más.

Y me fiaba de todos. De todos menos de mí. Porque me había acostado con Sara hacía menos de un día cuando lo hice con mis amigos y aunque me puse condón, tuvimos sexo oral sin nada de protección. Sara me dijo que llevaba un par de semanas sin hacer nada y yo me fiaba de ella, pero también sabía lo promiscua que era, quizá tanto como yo. Este pensamiento no hizo otra cosa que hacerme sentirme un poco mal pese a ver todo normal en todo momento, porque si hubiera algo raro, se notaría a simple vista de normal. Y lo que remató la situación fue acordarme de Valentina y de todo el lío que tuvimos por este mismo tema. Fue algo bastante delicado que implantó en mí una responsabilidad a la hora de hacerlo que poco a poco se había marchado, aunque no por completo. Quizá me relajara bastante en cuanto me empecé a acostar con ella sin protección al dar un paso más allá y hacernos pareja, prescindiendo de preservativos por completo, pero el caso es que tenía que tener más cuidado, pero en el tema cuesta mucho no dejarse llevar.

Por suerte, eso se me fue de la cabeza no mucho después, pero el problema era que había sido sustituido por Valentina. Me seguía doliendo el daño que le había hecho y eso me llevaba a preguntarme cómo estaría, si estaba mejor o aún me odiaba. Estaba muy tentado de buscarla para hablar con ella, o hacerle alguna llamada o mandarle algún mensaje, pero sabía que no iba a salir bien. También pensé en preguntarle a Daniela, pero como quedamos en dejarlo estar durante un tiempo, pues no terminaba de hacerlo. Lo que me ayudaba a pensar que la cosa no iba a peor fue precisamente aquello que le dije a Daniela de que me avisara si Valentina se ponía peor en su estado de ánimo. Como no me había dicho nada hasta el momento, me hacía pensar que la cosa iba a mejor, pero no terminaba de quedarme tranquilo del todo y me seguía entristeciendo pensar en ella.

Pero Ángela estaba allí conmigo y moviendo su cuerpo para ponerse mirando a mí y echar su brazo y su cara sobre mi cuerpo me hacía sentir mejor. El cariño que le tenía era muy alto y verla tan bonita me hacía poner una sonrisa en mi cara, porque es que, aun estando dormida y despeinada, tanto por haber dormido, como por hacerse ido a la cama sin secarse el pelo, estaba preciosa. Un poco de luz que entraba por la ventana me permitía ver lo guapa que era y lo único que me apetecía en ese momento era besarla. Me escurrí un poco tratando de poner mi cara a la altura de la suya, pero me resultaba difícil, porque no la quería despertar, cosa que acabé haciendo, con ella emitiendo sonidos bastante ñoños. Ya sí que aproveché para ponerme a su altura y juntar nuestros cuerpos, pegando mi nariz a la suya para acariciarla, lo que hizo que ella riera un poco. Se abrazó a mí y yo a ella, porque la temperatura era un poco baja para lo que estábamos acostumbrados de semanas anteriores.

Entre risas y muy adormilada me preguntó si aún seguía con ganas después de la noche que habíamos pasado, justificándome yo al decirle que era muy guapa y que olía muy bien, pasando a agarrar su culo, diciéndole además que estaba muy buena. Ella rio como respuesta, revolviéndose para darse la vuelta. Le comenté que así no me ayudaba a rebajar mis ganas, porque su culazo se apretaba contra mi paquete, que crecía por momentos después de haberse relajado por el pequeño bajón que me entró, porque me desperté con una buena erección. Ángela no dejaba de reír, siempre tan risueña, empujando con su culo, poniendo peor la cosa. Yo no malgastaba la ocasión al frotarme con ella, llegando incluso a sacármela para que quedara bien atrapada entre sus nalgas y mi vientre. Mis manos se paseaban por su vientre, subiendo y bajando ligeramente, hasta que subí a sus tetas para estimularlas.

Empecé masajeando los pechos, con ella murmurando mientras notaba cómo se erizaban sus pezones, los cuales fueron mi siguiente objetivo. Aquí sí que daba respingos, gimoteando para recordarme que era muy sensible en esa zona, aunque yo procuraba tener cuidado, pasando ella a lanzar unos más monos, los cuales me indicaban que le estaba gustando aquello. Así estuve un buen rato, sin dejar de moverme, aunque de manera ligera, para seguir rozándome con ella, colaborando mi amiga al mover su culo muy sensualmente. Pero la cosa cambió cuando llegué a su coño después de ir bajando muy poco a poco, haciendo cosquillas y rascándole cuando se quejaba entre risas. Le acaricié su vello púbico que tanto me encantaba y pasé a sus labios, dando ella un respingo aún mayor que me llegó a asustar por pensar que le había hecho daño de alguna manera, aunque también se me pasó por la cabeza que quizá se había corrido ya por el trabajo que había hecho ya con sus pezones.
 
Que morbo estos cuatro.

Y faltando Sofía, estos encuentros ya siendo extraordinarios e inolvidables, llegarán a niveles memorables.

Debo reconocer que el personaje que más interesado e intrigado me tiene es Ángela. :unsure:

Tal vez le he puesto más atención por ser reciente su incorporación a la rutina diaria de Javier, y a su cada vez mayor acercamiento.

Su protagonismo crece y parece que así continuará, pintaba para novia de Javier, pero honestamente no creo ella se conforme sólo con él.

Aunque algunos opinen lo contrario, estoy convencido que Javier mientras más se involucra emocionalmente, más monógamo se vuelve.

Llegado un punto, sus sentimientos le exigen una natural exclusividad, que sólo puede ser obviada parcialmente en su grupo íntimo

Volviendo a Ángela, se vio algo cortada, es probable que el comportamiento de Javier con Irene la intimidara, con él a solas es mucho más desinhibida y entregada. Seguro está apenas precalentando.

Entretención femenina no parece faltarle a Javier, parece conformarse así hasta ahora.

Sí esperaría algo más que eso, veo alguna ausencia de valor agregado en su vida.:oops:

En eso Valentina le hará falta. :rolleyes:
 
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Capítulo 654

Cuando Irene se vio saciada, le dijo que se pusiera sobre Mario para besarle ahora a él, haciéndolo ella en el instante, pasando una pierna por encima de su cuerpo, subiéndose sobre su erección para agarrar su cara y besarle. Mario no se quedaba corto al poner sus manos sobre su culo, yendo más allá cuando agarró su vestido para subírselo, haciendo de manera algo bruta. Aunque consiguió su objetivo, dejándola con el culo al aire, o más bien casi, porque Ángela llevaba un tanga de hilo color verde oscuro. Era increíble lo apetecible que se veía su culo, que siempre se veía así, pero sentada se esa manera, con ese tanga y siendo apretado, pues más todavía. Viendo que Ángela estaba ocupada con mi amigo, yo fui a por Irene, pero ella me hizo una buena cobra, casi haciendo un gesto de burla en el proceso, dándome la espalda para pegarse a los otros dos y besar sus hombros o donde pudiera. Yo hice lo mismo en realidad, pero como Mario estaba sentado muy pegado al brazo del sofá, pues me puse detrás de Irene para besar sus hombros que estaban libres de ropa, aunque también manoseaba sus muslos y su culo.

Pero no me hacía caso para nada, porque no me buscaba ni siquiera con sus manos para acariciarme, aunque eso no me impedía continuar. Hasta que Mario se cansó, levantándose con Ángela agarrada a él para ir hacia la habitación, siguiéndolos Irene y yo, aunque tardé unos segundos más al acabarme mi copa de un par de tragos, dejándolas ellos sobre la mesa. Me encontré a Mario sobre Ángela, comiéndosela a besos y a Irene sobre su novio, besándole el cuello desde atrás y metiéndole mano. Era muy excitante verlos así, pero también quería participar, por lo que me empecé a desnudar, quitándome la camisa de manera torpe al estar más pendiente de otra cosa. Ya con los pantalones tuve menos problema, terminando quedándome en boxers, aunque los demás seguían tal cual. Esperé un poco, aunque agarré a Irene, pero ella me apartaba con algún manotazo, sin llegar a entender yo por qué.

Y ya me cansé de su comportamiento, porque estaba por tocarme la moral con esos gestos, además de alguna que otra puya que me soltó a lo largo de la noche en la cena. Por eso le agarré del pelo con firmeza, para tirar de él y poner su cara frente a la mía, tirando también de su cuerpo al rodearla con mi brazo a la altura de su cintura para levantarla. Le pregunté que si iba a estar tocándome los cojones toda la noche, porque ya me estaba cansando. Irene permaneció callada, sin atrever a decir nada, pero tampoco parecía ceder y yo quería que me respondiera. Le volví a preguntar, dándole otro tirón del pelo, diciendo ella que no. Ángela preguntó si todo iba bien, asintiendo yo y soltando a Irene, quien se quedó sentada en la cama, con sus manos juntas sobre su regazo para no quitarme el ojo de encima, estando muy cachonda por lo que acababa de hacer.

Ángela también me miró con deseo, centrándose en mi paquete mientras Mario no paraba de besar su cuello, empezando a bajar, aunque sin llegar a sus tetas. Levanté a Irene para quitarle el vestido, encontrándome con que no llevaba nada de ropa interior. Me salió del alma decirle que era una guarra por lo cachondo que estaba ya y por la pinta que tenía esa noche con lo que yo acababa de hacer. Me percaté de un detalle bastante raro en ella, y es que estaba totalmente depilada, cosa que me molestaba un poco, porque yo lo prefería de otra manera en ella al quedarle tan bien el vello que solía llevar al ser tan uniforme. Le volví a preguntar si ese día estaba por tocarme los cojones sin parar, negando ella con cara de sumisa. No me demoré mucho en quitarme los calzoncillos, quedándose ella mirándome fijamente por la zona, con los ojos muy abiertos. Pude ver como se enrojecía su cara, y más que tenía en mente que lo hiciera cuando le metiera mi polla en su boca para que la chupara bien.

En cuanto lo hice, Irene se puso a chupar como una loca, aunque yo también le empujaba la cabeza, dándole tirones de pelo para sacársela y que pudiera respirar, porque apretaba bastante cuando la tenía en su boca. Irene me miraba como pocas veces lo había hecho, como siempre que lo hacíamos así, cosa que me encantaba. Fueron varios minutos en los que estuvimos así, con ella chupándomela a mi antojo al dirigir yo la mamada agarrando su cabeza y su pelo, con varias lágrimas negras al mezclarse con maquillaje cayendo por su cara. Hice por donde para que me la comiera entera, pero no había manera. No conseguía que lo pudiera hacer pese a que ella también se esforzaba y por eso también le escupía en la cara, como una pequeña humillación al no poder lograrlo. Pero de un fuerte tirón la aparté y la arrojé a la cama, quedando ella bocarriba.

A: ¿A dónde vas? -me preguntó al ver que me movía por la habitación, dándome cuenta de que Mario ya le estaba comiendo el coño, estando ella desnuda y con el tanga corrido a un lado.
J: A coger algo para castigar a esta zorra, que no para de tocarme los cojones.

Fui hasta el armario para coger una fusta y usarla con Irene. Hacía mucho que no lo hacía y tenía ganas y la ocasión era perfecta para ello. Cuando la cogí y fui hacia ella, Irene se puso en posición al ponerse a cuatro sobre la cama, con su culo en pompa y su espalda arqueada de manera bastante sexy. Le metí un fuerte azote con la fusta que resonó por toda la habitación y que hizo que ella levantara su cabeza, además de lanzar un gritito. Le tiré del pelo y le di otra con la misma fuerza, empezando a darle varias de manera seguida, comenzando su culo a ponerse rojo. Ángela nos miraba con cara de preocupación mientras Mario le seguía comiendo el coño, pero le dije que no se preocupara, agarrando a Irene del pelo para moverla y que pudiera ver cómo de mojado tenía el coño. Fue algo que le sorprendió bastante, imaginando yo que era por lo poco que solía lubricar ella. Aunque también me dijo que tenía el culo muy rojo, respondiendo yo que más que lo iba a tener.

Para que ella lo pudiera ver, le empecé a azotar con la fusta, aunque me cansé rápidamente, soltándola para darle con la mano, que abarcaba mucho más. Tenía el culo rojo a más no poder y muy caliente, pasando yo a tocarle el coño para masturbarla un poco. Ángela se mordía el labio mientras nos miraba, pasando Mario a desnudarse y poniéndose sobre ella para empezar a metérsela. Irene alargó la mano para tocar a Ángela y eso no me gusto, por lo que volví a coger la fusta para darle unas cuantas veces más en el culo, dibujando en él unas líneas finas de un rojo muy intenso, como si estuviera por sangrar. Tras eso, se la metí directamente teniéndola a cuatro sobre la cama, dándole sendas embestidas que debían dolerle cuando mis caderas golpeaban su culo rojo y dolorido. Mario y yo estuvimos follándolas durante unos minutos, aunque le dije de cambiar, montándome ahora Ángela a buen ritmo mientras que Mario le daba a su novia en la misma postura en la que lo hacía yo unos segundos antes.

Le dije a Mario que le diera con más ganas, que parecía que no se la quería follar, pero decía que le daba cosa por poder hacerle daño. Le pregunté a Irene si quería que la follara más duro, afirmando ella entre gemidos lastimeros, por lo que mi amigo me empezó a hacer caso, empezando a reventarla. Ángela se puso sobre mí, pegando su cuerpo al mío para dejar caer su cara en mi cuello, empezando a hablarme en susurros, diciendo que la había asustado un poco por cómo me había puesto y que creía que se había jodido la noche, pero que también le había encendido mucho ver cómo follaba así a Irene. Agarré su cara para mirarla a los ojos y besarla mientras ella me seguía follando, aunque ahora más lentamente, lo que nos permitía la postura, pero se movía de una manera muy sensual al levantar y dejar caer su culo, a veces lento y a veces más rápido, y me encantaba.

Diría que la que más bien se lo estaba pasando era Irene por su manera de gemir, porque era algo en lo que se le podía notar mucho. Aunque no la podía ver al estar más concentrado en Ángela, pasando yo a ponerme sobre ella para darle con fuerza, pero parando al poco para no corrernos. Les dije a las chicas que se enrollaran entre ellas, porque quería ver algo así, quedando Mario y yo a su lado, mirándolas con atención mientas nos tocábamos, aunque no el uno al otro. Ángela e Irene se comían la boca con mucha ansia y también pasaron a hacerlo con otras cosas. Empezó Irene al bajar por su cuerpo y centrarse en sus tetas, retorciéndose Ángela como consecuencia, aunque no la hizo sufrir mucho al bajar a su coño para comérselo un poco. Pero también fue al revés no mucho después cuando Ángela le comió las tetas y luego el coño. Ver como mi amiga le comía el coño a otra chica era algo que no terminaba de ver y joder cómo me ponía.

Aquella noche fue un desfase en el que pasamos horas follando casi todos con todos. Mario y yo no hicimos nada que no hubiéramos hecho ya a esas alturas, con nuestras pollas rozándose por momentos cuando Irene nos la comía a la vez, intentándolo también Ángela para probar. Pero sí que había detalles como besar a las chicas después de que nos la hubieran comido. O comerles el coño después de que el otro la hubiera follado. No hicimos nada directamente, pero sí de manera indirecta. No tengo ni idea de cuántas veces se corrió Irene, porque era difícil llevar la cuenta por lo fácil que lo tenía al ponerse más cachonda conforme más orgasmos iba teniendo. Ángela se corrió tres veces: dos con Mario y una conmigo, aunque yo me encargué de arrancarle más orgasmos a Irene por aquello de seguir dominándola y no poder Mario llevarlo del todo a cabo como a ella le gustaba.

Mario se corrió una vez, hacedlo yo un par de veces. Él lo hizo al acabar dentro de su novia mientras que yo lo hice sobre ella misma también, sobre su culo enrojecido y con marcas, siendo la otra dentro de Ángela al tenerla a cuatro mientras le comía las tetas a Irene. En ese momento nos corrimos todos para acabar la noche, porque ya llevábamos mucho trote encima y estábamos bastante sensibles, habiendo parado Mario varias veces a esas alturas, porque solo quería correrse una vez al darle el bajón cuando lo hacía, entrándole mucho sueño una vez llegaba. Acabamos reventados todos, quedándose Mario e Irene sobre la cama mientras que yo cogí a Ángela en brazos para irnos a la ducha. Allí nos lavamos bien, estando en silencio y cada uno a lo suyo, porque bastante habíamos tenido, aunque ella estaba supercontenta, diciéndome que había sido una de las mejores noches que había pasado.

Regresé a la habitación de nuestros amigos a por nuestra ropa, encontrándolos ya durmiendo, por lo que apagué la luz y me fui a la otra, donde Ángela ya estaba tumbada, con un tanga y una camiseta ancha para dormir, quedándome yo en boxers, como siempre. Casi la pillo durmiendo, pero una vez llegué y me tumbé a su lado, hablamos durante un par de minutos, diciendo ella que le había impresionado mucho lo que había hecho con Irene durante toda la noche al tirarle así del pelo, al pegarle con la fusta y con las manos, al hablarle de esa manera, con insultos, al escupirle... Le dije que era un juego que le ponía mucho, aunque esa noche había hecho méritos para ponerme así. Ella ya sabía que era un juego y conocía ese gusto en Irene, pero no terminaba de entender cómo le podía gustar que le dejara así el culo, porque estaba segura que al día siguiente no iba a poder sentarse.

Caímos dormidos en nada al ser tarde y por haber madrugado bastante para ser sábado. Como cabe esperar, me desperté antes que ella, permitiéndome aquello pensar en cómo fue la noche anterior y cómo se nos fue la mano. No en el tema de dominar así a Irene, ni en el de que hubiera habido más interacción entre Mario y yo, aunque de manera indirecta con eso de morrearnos con las chicas después de que nos la comieran a los dos. Mi pensamiento iba más por cómo habíamos follado sin protección, al menos para el contacto directo, de fluidos y demás. Ambas chicas usaban un método anticonceptivo para no quedar embarazadas, ya fueran pastillas en el caso de Irene, o un DIU en el de Ángela. Pero no nos cuidábamos de poder pegarnos algo con el contacto directo. Sabía que Irene y Mario no estaban mucho en el plan de acostarse con casi cualquiera. Desde lo de Fátima y Ana ya no lo habían hecho con nadie más que no fuera con Sofía, quien tampoco se movía más allá de ellos dos o de mí. Ángela me reconoció que sí que había mantenido relaciones antes de que los reencontráramos con su amigo Finn, pero que usaba siempre protección y desde que nos acostamos, no lo había hecho con nadie más.

Y me fiaba de todos. De todos menos de mí. Porque me había acostado con Sara hacía menos de un día cuando lo hice con mis amigos y aunque me puse condón, tuvimos sexo oral sin nada de protección. Sara me dijo que llevaba un par de semanas sin hacer nada y yo me fiaba de ella, pero también sabía lo promiscua que era, quizá tanto como yo. Este pensamiento no hizo otra cosa que hacerme sentirme un poco mal pese a ver todo normal en todo momento, porque si hubiera algo raro, se notaría a simple vista de normal. Y lo que remató la situación fue acordarme de Valentina y de todo el lío que tuvimos por este mismo tema. Fue algo bastante delicado que implantó en mí una responsabilidad a la hora de hacerlo que poco a poco se había marchado, aunque no por completo. Quizá me relajara bastante en cuanto me empecé a acostar con ella sin protección al dar un paso más allá y hacernos pareja, prescindiendo de preservativos por completo, pero el caso es que tenía que tener más cuidado, pero en el tema cuesta mucho no dejarse llevar.

Por suerte, eso se me fue de la cabeza no mucho después, pero el problema era que había sido sustituido por Valentina. Me seguía doliendo el daño que le había hecho y eso me llevaba a preguntarme cómo estaría, si estaba mejor o aún me odiaba. Estaba muy tentado de buscarla para hablar con ella, o hacerle alguna llamada o mandarle algún mensaje, pero sabía que no iba a salir bien. También pensé en preguntarle a Daniela, pero como quedamos en dejarlo estar durante un tiempo, pues no terminaba de hacerlo. Lo que me ayudaba a pensar que la cosa no iba a peor fue precisamente aquello que le dije a Daniela de que me avisara si Valentina se ponía peor en su estado de ánimo. Como no me había dicho nada hasta el momento, me hacía pensar que la cosa iba a mejor, pero no terminaba de quedarme tranquilo del todo y me seguía entristeciendo pensar en ella.

Pero Ángela estaba allí conmigo y moviendo su cuerpo para ponerse mirando a mí y echar su brazo y su cara sobre mi cuerpo me hacía sentir mejor. El cariño que le tenía era muy alto y verla tan bonita me hacía poner una sonrisa en mi cara, porque es que, aun estando dormida y despeinada, tanto por haber dormido, como por hacerse ido a la cama sin secarse el pelo, estaba preciosa. Un poco de luz que entraba por la ventana me permitía ver lo guapa que era y lo único que me apetecía en ese momento era besarla. Me escurrí un poco tratando de poner mi cara a la altura de la suya, pero me resultaba difícil, porque no la quería despertar, cosa que acabé haciendo, con ella emitiendo sonidos bastante ñoños. Ya sí que aproveché para ponerme a su altura y juntar nuestros cuerpos, pegando mi nariz a la suya para acariciarla, lo que hizo que ella riera un poco. Se abrazó a mí y yo a ella, porque la temperatura era un poco baja para lo que estábamos acostumbrados de semanas anteriores.

Entre risas y muy adormilada me preguntó si aún seguía con ganas después de la noche que habíamos pasado, justificándome yo al decirle que era muy guapa y que olía muy bien, pasando a agarrar su culo, diciéndole además que estaba muy buena. Ella rio como respuesta, revolviéndose para darse la vuelta. Le comenté que así no me ayudaba a rebajar mis ganas, porque su culazo se apretaba contra mi paquete, que crecía por momentos después de haberse relajado por el pequeño bajón que me entró, porque me desperté con una buena erección. Ángela no dejaba de reír, siempre tan risueña, empujando con su culo, poniendo peor la cosa. Yo no malgastaba la ocasión al frotarme con ella, llegando incluso a sacármela para que quedara bien atrapada entre sus nalgas y mi vientre. Mis manos se paseaban por su vientre, subiendo y bajando ligeramente, hasta que subí a sus tetas para estimularlas.

Empecé masajeando los pechos, con ella murmurando mientras notaba cómo se erizaban sus pezones, los cuales fueron mi siguiente objetivo. Aquí sí que daba respingos, gimoteando para recordarme que era muy sensible en esa zona, aunque yo procuraba tener cuidado, pasando ella a lanzar unos más monos, los cuales me indicaban que le estaba gustando aquello. Así estuve un buen rato, sin dejar de moverme, aunque de manera ligera, para seguir rozándome con ella, colaborando mi amiga al mover su culo muy sensualmente. Pero la cosa cambió cuando llegué a su coño después de ir bajando muy poco a poco, haciendo cosquillas y rascándole cuando se quejaba entre risas. Le acaricié su vello púbico que tanto me encantaba y pasé a sus labios, dando ella un respingo aún mayor que me llegó a asustar por pensar que le había hecho daño de alguna manera, aunque también se me pasó por la cabeza que quizá se había corrido ya por el trabajo que había hecho ya con sus pezones.
Sentimiento de vacío por el sexo vacío, por mucho que sean Irene, Mario y ANGELA.
 
Lo de Elena lo veo imposible la verdad. Después de haberse tirado a la hermana y a la madre, y Elena al hermano (al menos es lo que parece), ni siquiera como amigos.

En realidad que tienes mucha razón, no imagino forma alguna en que Elena podría aceptar que Javier se haya follado a su hermana y a su madre.:eek:
 
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Capítulo 655

-Ay, Javi... Estoy muy sensible ahí...
-¿Y eso? Si tampoco te dimos mucha caña anoche.
-¿Cómo qué no?
-No sé...
-Porque estuviste muy pendiente de Irene. Si hubieras visto cómo me follo Mario...
-Sí que lo vi.
-Seguro que no tanto, porque me reventó bastante. Y tú también lo hiciste, acabando dentro de mí cuando terminamos todos.
-Uyyyyy... Qué poco aguante...
-Buah... -decía riendo.
-Joder, con las ganas que tengo... ¿Pero te duele o algo?
-No, no. No me duele ni me escuece ni nada. Es solo que lo noto palpitando un poco y así es todo más intenso. Me da un poco de cosa, jeje.
-Pues qué putada...
-A ver, podemos intentarlo si vas despacito...
-Ya sé lo que voy a hacer.

Con cuidado la quité sus braguitas para que estuviera más cómoda cuando empezara a tocarle, aunque también lo prefería así por mí, para tener menos obstáculos. Le dije que flexionara su pierna y que la levantara, apoyando su pie en ella y quedando totalmente abierta, manteniéndose de lado sobre la cama. Así le empecé a masajear los labios mayores de su vagina, frotándolos con mis dedos, pero de manera muy leve. Ella emitía sonidos agradables, lo que indicaba que aquello que le estaba haciendo funcionaba. Muy poco a poco fui aumentando la intensidad de la presión que hacía sobre ellos para continuar el masaje. Ángela parecía muy satisfecha con aquello y pasé a preguntarle si la cosa estaba mejor, afirmando ella. Le pregunté si se veía capaz de que diera un paso más para tocarla de manera más interna, volviendo ella a afirmar, por lo que me puse a ello, pero la cosa no prometía cuando su primera reacción fue un fuerte respingo pese a haberme humedecido bien yo mis dedos y al ir con cuidado, como empecé a hacerle ese masaje. Y eso que estaba bien lubricada, pero se ve que estaba sensible por dentro.

Tenía unas ganas tremendas de follarla, pero tocaba tener paciencia y continúe así, haciéndolo muy poco a poco, con ella acostumbrándose, procurando yo tener mis dedos húmedos en todo momento al llevarlos a mi boca y recoger saliva. En el proceso, su humedad me inundaba la boca y eso me ponía más cachondo aún por lo rica que estaba, pero debía llevar cuidado. Aunque a ella también se le acababa la paciencia y me dijo que también quería jugar conmigo. Por eso se incorporó, quitándose la camiseta que tenía puesta, haciendo lo mismo con mis calzoncillos. Se colocó entre mis piernas y me empezó a masturbar para luego pasar su lengua por lo largo de mi polla. Se centró en el glande la mayor parte del tiempo en el que hizo aquello, aunque lo abandonó después para comerme los huevos. Antes de hacerlo, no dejaba de masajearlos y ahora me los estaba chupando con cierta maestría mientras me masturbaba a un buen ritmo.

Pero la cosa no quedó ahí, porque de mis huevos pasó a mi culo, paseando su lengua por él, haciendo que pegara yo un respingo esta vez mientras reía, porque no lo esperaba para nada. Ángela lanzó una de sus típicas risas, agarrando mis huevos con una mano para levantarlos y continuar estimulándolos con su mano para poder tener así mejor acceso con su lengua para seguir jugando por la zona. Con la otra mano me seguía masturbando y la verdad es que lo hacía todo muy bien, diciéndoselo yo, con ella emitiendo un gemido muy mono en esta ocasión. No estuvo de paso por ahí, porque se entretuvo en estimularme por todos lados durante unos minutos hasta que finalmente se incorporó, sentándose sobre mis muslos para mirarme con una expresión divertida, continuando la paja que me estaba haciendo, aunque ahora de manera más lenta.

-Al final me has calentado. Siempre te sales con la tuya... -me dijo bajito y riendo.
-Eso es que el masaje ha tenido buenos resultados.
-Me ha gustado mucho, la verdad. Sabes qué hacerme y dónde tocarme para ponerme a tono...
-Ya. Oye, ¿y lo de jugar con mi culo?
-¿Te pilla de nuevas con las veces que lo he hecho ya?
-Bueno, una cosa es hacerlo con los dedos y otra...
-Es lo que tiene juntarse con un marrano como tú, que a una se le pegan las cosas... Jajajaja.
-Anda...
-Es broma. A veces me gusta jugar a mí también -dijo echándose sobre mí para besarme.
-Joder, no te haces una idea de cómo de bien me lo paso contigo. Es que hasta sigo descubriendo cosas...
-Jejejeje. Me has impresionado, por cierto.
-¿Por qué? ¿Por dejarme hacer antes?
-No. Bueno, un poco por eso no es muy normal en general. Pero lo que más lo ha hecho ha sido que me dejaras besarte después de haber hecho eso.
-Ah... Bueno, ya me conoces.
-Sí, jejeje.
-¿Y quieres...?
-Sí. Estoy muy caliente.
-¿Y eso? ¿Cómo lo tienes?
-Igual. Así que va a tener que ser despacito.
-Fóllame como tú quieras.

Ángela se mordió el labio y se levantó un poco para echar un poco de saliva sobre mi polla y restregársela bien por su rajita, pasando a meterla muy poco a poco hasta que llegó hasta el final, sentándose sobre mí de nuevo. Lanzó un suspiro y se mantuvo quieta durante varios segundos en los que yo me limitaba a acariciar su cuerpo, en especial su culo y sus muslos. Notaba cómo me apretaba de manera más interna, pero era algo muy ligero en comparación con el calor que desprendía su coñito. Muy lentamente se empezó a mover para rozarnos, gimiendo de manera tímida, seguro que por el estímulo tan ligero que se veía amplificado por su sensibilidad. Ángela estaba preciosa follándome en la postura que más me gustaba al frotarse conmigo más que subir y bajar, pasando el pelo por detrás de la oreja y que no le molestara así al agachar su cabeza un poco para no dejar de mirarme a los ojos

Nos mantuvimos así durante varios minutos, llevando ella la batuta en todo momento en aquel polvo que estábamos echando. Yo no hacía por donde para moverme por muchas ganas que tuviera, porque no quería joder el momento y quedarnos a medias. Lo único que hacía era continuar acariciando su cuerpo, haciéndolo también con sus pechos en esta ocasión. Así hasta que quizá se los toqué demasiado y ella me agarró las manos para ponerlas sobre mi cabeza y aprisionarlas contra la almohada. De manera repentina, subió el ritmo de la follada, notándose lo cachonda y cerca que estaba, llegando así a su orgasmo, retorciéndose bastante y cayendo sobre mí. Yo la seguí al correrme dentro de ella al notar su orgasmo, esta vez sí, empujando con mis caderas de manera instintiva, quedando los dos sofocados y abrazados para calmarnos, estando ella sobre mí durante todo el tiempo.

Luego nos levantamos y nos dimos una ducha por separado, cambiando también las sábanas y dejándolo todo bien recogido, vistiéndonos con ropa de día a día para esperar a que Irene y Mario se levantaran, cosa que no tardaron mucho en hacer al ser ya casi mediodía. Tomamos algo para no estar con el estómago vacío y dimos una vuelta por la ciudad aprovechando que la temperatura había empezado a bajar en esos primeros días de septiembre, terminando en un bar para comer los cuatro juntos, aunque Ángela dijo que no se quería entretener mucho, porque tenía alguna cosa que hacer y quería regresar temprano, aunque cuando nos despedimos de nuestros amigos, le comenté que me gustaría acercarme a ver a mi familia, porque me parecía feo no hacerlo estando tan cerca. Ella no puso objeción alguna, diciéndome de hecho de acompañarme para saludar también de paso y que la conocieran.

He de reconocer que me puse un poco nervioso en el momento, empezando cuando nos bajamos del coche y vecinas de mis abuelos se quedaban mirando, por lo que me daba a mí que ya tenían algo de comidilla para los siguientes días, porque tampoco es que me hubiera dejado ver mucho para allí como para haber coincidido mucho con ellas y era muy probable que me vieran después de mucho tiempo, con mis brazos tatuados y demás. También era probable que estuvieran algo informadas de mi situación en general por parte de mi abuela. Veía muy posible que ellas le preguntaran al ver tanto a mi madre por allí y seguro que algo había comentado. No me importaba en absoluto lo que pensaran o comentaran de mí y si creían que esa chica estaba conmigo, pues bien por ellas. Cuando entramos, tanto mi madre como mi abuela se vieron sorprendidas tanto de encontrarme allí como de que fuera acompañado.

Ángela se presentó ella sola sin que me diera oportunidad a hacerlo yo por ser tan extrovertida. Mi abuelo, sin embargo, se quedó sin conocerla al estar durmiendo. La expresión que tenían tanto mi madre como mi abuela eran buenas, sobre todo en esta última, quien parecía gustarle mucho ver a esa chica a mi lado pese a que ella se presentó como mi amiga, como lo que era, recordándolo yo también en algún punto de la conversación. También veía a mi madre contenta, pero sabía que andaba aún un poco mosqueada y para mi sorpresa la reconoció de haberle dicho que iba a salir con ella alguna vez en el pasado, yendo de vez en cuando a recogerme a mi casa, aunque esperando en la puerta, pero sí que la vio. Nos preguntaron qué hacíamos ahí, explicando el plan que habíamos tenido y cómo lo pasamos acompañados de Irene y Mario. Mi madre tuvo el detalle de preguntarme si Sofía había estado también, informándole yo de que había ido a pasar unos días con su familia nuevamente.

Nos tomamos un café tranquilamente los cuatro charlando de esto y de lo otro, sobre todo le hacían preguntas a Ángela para conocerla un poco más, contando ella cómo nos conocimos y cómo nos hicimos amigos. Se nos pasó el rato muy rápido, aunque yo vi que se hacía algo tarde y dije de marcharnos, porque ella tenía cosas que hacer, como me dijo. Así que nos despedimos de ellas, haciéndome mi madre un gesto cuando nadie nos podía ver para decirme que me llamaría más tarde. Ya olía a marrón, aunque no me quedaba otra que hacer un gesto de asentir. De camino, Ángela me dijo que le había caído muy bien mi familia y que le hubiera encantado estar más rato, pero tenía que preparar una cosa del trabajo que había dejado a medias el viernes al haber quedado con Cintia. Yo comenté que a ellas también le había caído bien y que no importaba eso, que ya habría más ocasiones si se daba y si ella quería.

Cuando llegamos nos despedimos en su puerta, dándome ella un beso en la mejilla y un abrazo sin bajar aún del coche, porque salimos igualmente los dos para coger la maletita que traía. Antes de entrar por la puerta de su bloque me dio otro abrazo, diciéndome que le había encantado el fin de semana que habíamos pasado todos juntos. No llegamos a concretar para quedar y poder vernos para echar un rato juntos o para algo más, pero estaríamos en contacto. También me dijo que tuviera un poco de paciencia y que le diera un par de días para que se pudiera recuperar de la sensibilidad que tenía ahí abajo, porque con el polvo que habíamos echado por la mañana se había intensificado un poco más de hecho. Le pregunté con algo de preocupación si se encontraba bien y ella me confesó que sí, pero que a veces le pasaba y que era más normal de lo que yo creía, aunque era algo que ya había comprobado en varias ocasiones y hasta con diferentes chicas.

Andrea me preguntó al llegar a casa cómo había ido el finde, haciéndolo con interés, respondiéndole yo que había marchado bastante bien, aunque Irene estaba un poco enfadada con ella, al igual que lo estaba yo por la misma razón, por no haberse apuntado. Se quedó un poco pillada cuando le dije eso, aunque más pillado me dejó ella a mí cuando me preguntó si no habíamos tenido suficiente con mi amiguita rubia. No sabía muy bien si se refería a lo que parecía más obvio, pero le salí preguntado si no le había caído bien al decir eso. Ella me respondió diciendo que sí, que le había caído bien, pero que no le gustaba que nos pusiéramos insistentes para que fuera con nosotros cuando la invitábamos, refiriéndose a ella misma, porque así estaba menos cómoda y menos aún que se iba a apuntar a ningún plan que hiciéramos. Al final me dijo que para la próxima lo haría para que se quedara ahí una conversación que tenía pinta de escalar por no entender yo por qué era tan cerrada, pero entendí la indirecta y lo dejé ahí. Me marché a mi habitación para mandarle un mensaje a mi madre y acabar cuanto antes con la conversación que tenía pendiente por ese gesto que me hizo.
 
Multiverso de Keranos...

- Mamá?...
- Javi...​
- Antes que me montes una de las tuyas te aclaro sólo vamos de amigos con Ángela, son años ya...
- Si crees que me dejas tranquila, te equivocas, sé como lo llevas con "tus amigas"...​
- Pero ma...
- No interrumpas, y da gracias que a Ángela la conozco, que si otra, de colores me habrías visto...​
- peor es que nada afectado te veo por lo de Valentina... pero ahora no es lo que más importa...​
- Entonces mamá, dime para qué querías te llamara...nada malo no???...
- Al contrario, ah bueno, puede no ser tan agradable, sólo te pido ser generoso...​
- Ya madre, que me asustas con tantas largas...cuéntame de una vez...
- que serás tío, Javi... de una hermosa sobrinita...​
- Javi...javi...Javi???:eek:
 
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Multiverso de Keranos...

- Mamá?...
- Javi...​
- Antes que me montes una de las tuyas te aclaro sólo vamos de amigos con Ángela, son años ya...
- Si crees que me dejas tranquila, te equivocas, sé como lo llevas con "tus amigas"...​
- Pero ma...
- No interrumpas, y da gracias que a Ángela la conozco, que si otra, de colores me habrías visto...​
- peor es que nada afectado te veo por lo de Valentina... pero ahora no es lo que más importa...​
- Entonces mamá, dime para qué querías te llamara...nada malo no???...
- Al contrario, ah bueno, puede no ser tan agradable, sólo te pido ser generoso...​
- Ya madre, que me asustas con tantas largas...cuéntame de una vez...
- que serás tío, Javi... de una hermosa sobrinita...​
- Javi...javi...Javi???:eek:

Y a Javi le explotó todo, la cabeza, el corazón y se acabó el relato.
 
Capítulo 656

-¿Esa es la chica con la que pasó aquello entonces? -me preguntó en cuanto me llamó.
-Eh...
-Tranquilo, estoy sola. Me he subido arriba para que podamos hablar.
-Pues sí. Esa es la chica.
-Ya veo.
-Pero te ha caído bien, ¿no?
-Sí. Es muy buena chica. Muy abierta y muy cariñosa. Me gusta.
-Y es guapísima.
-Sí. También. Pero todo eso no es excusa para hacer lo que le hiciste a tu pareja.
-Ya lo sé.
-Bien.
-Te ha molestado esto, ¿eh?
-Pues claro que me ha molestado. No puedes ir haciendo eso, Javier. ¿O ya no te acuerdas de lo mal que lo pasaste tú cuando...?
-No tiene nada que ver.
-Tiene que ver en que se acabó una relación y que se sufrió.
-Ya, bueno...
-Si yo entiendo que sois jóvenes, que estáis en la edad de hacer locuras, que os gustáis... Pero Javier, la mujer con la que estabas lo ha tenido que pasar muy mal.
-Sí. He estado hablando con una amiga que tenemos en común y que está pasando tiempo con ella para hacerle compañía y sé que lo ha pasado mal.
-¿Ves?
-Pero no pude evitarlo. Conozco a esta chica desde hace mucho y...
-Si me he dado cuenta. Se nota mucho que os tenéis aprecio y que tenéis confianza. Pero una cosa es eso y otra lo que hiciste.
-Yo hice lo que tenía que hacer.
-Si no te estoy reprochando eso, hijo. Lo que no me gustó fue que la engañaras.
-No puedo volver atrás en el tiempo para deshacerlo, mamá.
-No te lo digo por eso. Te estoy diciendo lo que te estoy diciendo para que no te vuelva a pasar, para que, si te emparejas, que te entregues y no hagas eso. Solo es eso.
-Gracias, mamá.
-No hay de qué. Sé que has pasado por algo muy malo y que has empezado a pasártelo bien al ponerte fuerte y con esos tatuajes que ahora se llevan mucho, pero eso no te da derecho a hacer lo que quieras con las personas. No, porque a lo mejor das con alguien sensible que lo pase tan mal como tú lo pasaste en su día, aunque solo sea durante unos días. ¿Quieres que alguien pase por algo así por tu culpa?
-No.
-Pues lleva cuidado, ¿vale? -preguntó con el típico tono maternal y conciliador.
-Sí.
-¿Y con ella...?
-¿Mmm?
-Pregunto. Se os ve con esa química.
-Ah, no. Ella también ha salido no hace mucho de una relación en la que no le correspondían lo que ella daba. Y yo tampoco estoy ahora para eso cuando...
-Ah... ¿Ves cómo hay que tener cuidado?
-Ya. La verdad es que se ha portado muy bien conmigo pese a ser la chica con la que... En fin.
-¿Por?
-Porque se ha preocupado por mí al haber sido la razón del engaño. Ha estado muy pendiente de mí y tal. Me lo ha puesto muy fácil, porque me gusta pasar tiempo con ella y me he distraído de pensar tanto en cosas que me ponen triste por lo que ha pasado y eso.
-Mmm...
-Que no, que no hay nada más.
-Vale, vale. Pero, no sé... Bueno, sea como sea, ten cuidado, ¿vale?
-Sí.

Tras esa conversación con mi madre en la que expusimos puntos de vista y maneras de ver las cosas, acabando los dos de acuerdo y con ese mosqueo por su parte diluyéndose, me habló Irene por mensaje para decirme que aún le dolía el culito, seguido de algún emoticono en los que ponía ojitos. Para que viera el motivo de ese mensaje, me envió además una imagen en la que salía su culo en pompa, llevando un tanga blanco, aunque lo que más llamaba mi atención eran las marcas que tenía. No estaba colorado ya, obviamente, pero sí que tenía varias marcas en forma de líneas moradas. Debían ser aquellas desde las que se derramaron algo de sangre cuando se las hice. Ya habiendo pasado el momento y el calentón, veía que me había pasado bastante, aunque en el momento fue algo que disfruté, al igual que ella por cómo gemía y se comportaba.

Después de bromear un poco con ella diciéndole que así se pensaría mejor jugar conmigo, le pregunté cómo estaba. No era para tanto, pero sí me dijo que notaba molestia al sentarse, cosa que le preocupaba a la hora de ir al día siguiente a trabajar, pero no tanto al tener buenas sillas por allí, con un buen acolchado. Seguimos hablando un poco más, de manera más íntima al no tener oportunidad de hacerlo por haber ido un poco con las prisas al tener que volver Ángela y porque tampoco pintaba mucho hacerlo estando ya en plan amigos durante la mañana y el almuerzo todos juntos. Ella me dijo que había sido una de las mejores noches que había pasado conmigo y que había sido increíble. Ángela les ponía mucho a los dos y ya llevaban un tiempo sin verla. Por su tono de voz ya habiendo cambiado la llamada, podía notar que estaba contenta de verdad y hasta entusiasmada. Aunque alguna puyita soltaba por estar aún dolida por haberse ido Valentina de nuestras vidas.

La semana empezó bastante normalita, como ya esperábamos en la academia. Por la mañana solo acudían los que estaban apuntados a los diferentes cursos que impartíamos, apurando las pocas semanas que quedaban para cuando se tuvieran que presentar. Eran las clases más relajadas para mí, porque estábamos bastante en silencio al estar ya practicando exámenes sin parar para que fueran puliendo detalles y nada les pillara de nuevas una vez se enfrentaran a la prueba. Medíamos bien los tiempos y también nos centrábamos mucho en el speaking y el listening al ser partes algo más complicadas de practicar en casa, siendo momentos que se pasaban hasta rápido en comparación a las clases en las que tenía que explicar temario y funcionamiento de las diferentes partes de los exámenes, yendo ejercicio por ejercicio, momentos en los que hasta me acababa picando la garganta de tanto hablar.

Aunque también daba algunas clases de esas por las tardes, empezando también a apuntarse algún que otro alumno para ir empezando a hacerse al nuevo temario y que no les costara tanto de seguir día a día. Mi jefa me comentó que quería ver si podía meter algo más que inglés en la academia, pensando en aumentar un poco la plantilla y por lo tanto, el número de clases también, adaptando un par de habitaciones que teníamos como almacén y sala de fotocopias. Me preguntó cómo iba de matemáticas y la verdad es que era algo que se me daba bastante bien en el instituto, por lo que no veía que tuviera mucho problema, pudiendo además echar un ojo a alguna cosa que hubiera olvidado, pensando que con eso sería suficiente como para recuperar esos conocimientos. Tampoco iba a ser nada seguro, pero sí que quería probar para ver qué tal iba funcionando la cosa, comentando también que era muy posible que preparara una clase con alumnos que necesitaran clases de francés, porque algunas personas se lo habían pedido con anterioridad y pensó en mí para llevarlo a cabo, pareciéndome a mí perfecto.

Así que iban a haber un par de cambios más en ese aspecto, aunque no iba a ser el único, porque el jueves de esa semana fui a por Ángela a su casa para recogerla e ir a cenar algo fuera aprovechando que aún hacía un tiempo muy bueno, aunque empezaba a refrescar ya por la noche. Al subir a su casa todo estaba normal, encontrándome a su hermana cenando en el salón, estando yo charlando un poco con ella en lo que Ángela terminaba de arreglarse. Ángela había tenido unos días muy liados en el trabajo y apenas habíamos tenido oportunidad de charlar, ni por mensaje casi. Solo lo hicimos para quedar y salir ese día de hecho. Pero el caso es que me llamó para que fuera a su habitación y fui, diciéndome en lo que iba que no había manera de ponerse el colgante que tenía pensado llevar, pidiéndome ayuda. La vi muy guapa y le ayudé a ponerlo, viniendo aquí el detalle que me dejó pensativo durante toda la noche. Y no salió por su parte, ya que fue por la mía al encorvarme para darle un pico una vez le puse el colgante.

Ella no le dio más importancia, sin apartarse ni nada, entrándole una de sus típicas risas. Y así nos fuimos a cenar con sus amigos, aunque por el camino me preguntó si quería que lo hiciéramos solos por aquello de que me aburrían sus conversaciones, pero me negué. Frente a ellos me comporté de manera más normal, aunque cuando la conversación se volvía más densa de la cuenta para mí, sí que me escapaba un rato y me quedaba pensativo en ese gesto que me salió de la manera más natural que uno pudiera imaginar. Por suerte, ella no me notó nada y pudimos dar un paseo después de cenar y despedirnos de sus amigos, en donde Finn seguía yendo, estando tan borde como siempre. En ese paseo nos pusimos al día de manera más personal, porque con sus amigos no se trataban cosas tan banales. Le expliqué los cambios que se venían para mí, pareciéndole a ella muy bien que abriéramos más horizontes, llegando hasta a sorprenderse cuando le dije que me tocaría dar clases de matemáticas. Ella me contó el porqué de haber estado tan liada con el trabajo hasta ese mismo día, notándolo yo al ver cómo se les entornaban los ojos.

No tenía mucha pinta de que esa noche hubiera fiesta, pero igualmente me ofrecí a acompañarla a casa, donde nos despedimos como solíamos hacerlo, con un abrazo y un beso en la mejilla, cosa que también hacíamos al encontrarnos. Ya de camino a casa y una vez llegué y me fui directamente a la cama me quedé más en mi mundo tratando de buscar un significado a lo que hice. ¿Por qué la saludé así cuando nuca lo habíamos hecho? Sí, nos besábamos bastante y no era menos en las últimas semanas, pero era mucho más diferente el contexto en el que lo hacíamos. Jamás nos habíamos saludado así y no terminaba de entender por qué me había salido hacerlo así. Me vinieron a la cabeza las palabras de Daniela en las que me dijo que lo mismo estaba enamorado de ella, proponiendo eso como motivo de haber engañado a Valentina con ella.

Veía muy exageradas esas palabras por parte de mi amiga, aunque el cariño que le tenía a Ángela era muy fuerte y no podía estar más contento de tenerla de vuelta en mi vida. Me costó bastante conciliar el sueño por lo mismo, porque no paraba de pensar en qué pasaba por mi cabeza, llegando siempre a la conclusión de que me gustaba mucho pasar tiempo con ella, que me atraía y que me gustaba mucho en general, pero dudaba que tanto como para estar enamorado de ella como suponía mi amiga Daniela. Algo que también me sorprendía de la situación era que no tenía tantas ganas de tener sexo como cabría esperar después de estar unos días sin él. Sí es verdad que pensé volver con ella a casa y pasarlo bien, pero después de ese gesto por mi parte en el que me quedé muy empanado y el cansancio que tenía ella, no sé acabó dando. Al final me dije a mí mismo que solo había sido un gesto de cariño con ella sin más importancia de la que yo le estaba dando, porque ella desde luego no parecía darle ni la mitad de lo que yo estaba dándole.

Por desgracia no tuve oportunidad de quedar con ella más en toda la semana, porque entre una cosa y otra, no coincidíamos en horario libre. Además, su madre fue a por ella y a por su hermana para recogerlas e ir a nuestra ciudad para el cumpleaños de un familiar, como me dijo por mensaje. Pero no me llegué a sentir solo, porque Andrea no paraba de darme compañía y conversación contándome qué hacía en clase y cómo veía el comienzo del nuevo curso, estando muy emocionada y con muchas ganas, llegando a ser un estado de ánimo algo contagioso. Hasta jugamos un poco juntos a la consola del humor tan bueno que traía y de lo bien que lo veía todo. Aunque el fin de semana se marchó a casa para informar de cómo marchaba el nuevo curso, pero tampoco estuve solo del todo al ir a la tienda para jugar por la mañana y por la tarde, quedando con Sara por la noche para irnos de fiesta, acabando en casa para echar un buen polvo.

Venía muy bien servido del fin de semana anterior, pero varios días después, el cuerpo pedía movimiento y ella también parecía interesada, por lo que lo pasamos muy bien, estando durante varias horas en mi cama, dándonos placer de la manera en la que más nos gustaba, duro. Bastante, con ella pidiéndome que la reventara como hice la última vez, agarrando una de mis manos para que se la pusiera en el cuello y le apretara. Aunque yo también tenía iniciativa para cumplir con unas expectativas que seguro puse en ella por nuestro último encuentro. Fue una noche en la que nos tomamos más tiempo que en la anterior ocasión. No teníamos prisa y que queríamos disfrutar. Y eso hicimos. Por supuesto, tomamos medidas de protección en todo momento, viniéndome a la cabeza aquello que pensé el fin de semana anterior, procurando ponerme un condón hasta cuando me la chupara. A ella no parecía importarle mucho con tal de seguir, así que no hubo ningún problema.
 
Ya no es solo Daniela quien piensa que Ángela siente algo por Javi, su madre también lo cree y yo apuesto a que algo de eso hay. Sigo pensando que Javi tiene un problema para reconocer sus sentimientos.
 
En la conversacio que tiene con su madre a mi me da a entender que es Ángela por Javi y Daniela daba a entender lo mismo, el posible enamoramiento de Ángela, aunque yo pienso que es recíproco.
 
Ya no es solo Daniela quien piensa que Ángela siente algo por Javi, su madre también lo cree y yo apuesto a que algo de eso hay. Sigo pensando que Javi tiene un problema para reconocer sus sentimientos.
En la conversacio que tiene con su madre a mi me da a entender que es Ángela por Javi y Daniela daba a entender lo mismo, el posible enamoramiento de Ángela, aunque yo pienso que es recíproco.

Tengo la impresión que es Javier quien ya empieza a sentir algo más importante por Ángela.

No digo que no pueda llegar a ser recíproco un sentimiento más profundo, pero por ahora ella no parece mostrar indicios de eso.

Ella se lo está pasando bien, no da espacio para sentimientos, de esta manera se está volviendo el "objeto del deseo" de todo su entorno.

Basta preguntarles a Mario, Irene, Sofía, Finn, Javier, y ahora Cintia.
 
Capítulo 657

Ángela me dijo de quedar el martes de la semana siguiente, aunque no pudo ser por mi parte, porque era el cumpleaños de mi abuela y me acerqué a casa de mis abuelos al acabar antes por no tener aún mucha gente en la academia en el inicio del nuevo curso. No podía faltar a esa cita en la que estuvo presente gran parte de mi familia, viniendo hasta de fuera. Aunque a ella no le faltaban planes, porque me comentó que Cintia le había dicho de verse con ella de nuevo, aprovechando para quedar con ella esa misma noche. Con la tontería, mi plan se alargó hasta las 12 de la noche, con mi madre preocupada por la hora, porque yo tenía pensado volver, llegando así algo tarde a casa. No le gustaba que cogiera el coche tan tarde, aunque a mí me daba bastante igual, porque no estaba cansado como para tener algún problema. Aunque también se olía lo pensativo que estaba al verme más callado de la cuenta para lo que era yo.

Le dije que no era nada, que no tenía de qué preocuparse y que todo iba muy bien, porque en la cena expliqué lo que pasaba en el trabajo y a todos les parecía muy bien, habiendo incluso hasta bromas al respecto. Ella pensaba que me encontraba así porque Valentina me había contactado y no de buena manera precisamente, pero nada más lejos de la realidad. Insistió bastante para intentar sonsacarme lo que me pasaba, pero le volví a decir que no me ocurría nada. Al final los despedimos con un buen abrazo, pidiéndome que llevara cuidado conduciendo y que le mandara un mensaje en cuanto llegara para que se quedara tranquila, sin importarle lo tarde que fuera, como acabé haciendo una vez llegué a casa y entré con cuidado de no despertar a Andrea, quien tenía clase al día siguiente. Ya en la cama me ponía a pensar en lo mismo en lo que lo llevaba haciendo unos días, aunque no me quebraba la cabeza, pero sí que me daba que pensar.

Yo tenía un horario más desahogado en lo que a trabajo de refiere, aunque también seguía yendo al gimnasio y a correr cuando tenía ocasión, pero Ángela sí tenía uno más estricto que le gustaba cumplir, y más teniendo tanta tarea como en esos días. Por eso nos estaba costando más quedar esos días. Podíamos hacerlo para almorzar, pero a mí me daba un poco de palo dejar sola a Andrea, porque llegaba cansada después de las horas de clase y la ayudaba a preparar comida para los dos y tampoco decía de salir con compañeros a comer por ahí, cuando era algo muy normal con el buen tiempo que hacía aún. Y sorprendentemente, Lucía tampoco salía, teniendo que quedarse Ángela con ella para preparar comida para las dos. Así que solo nos quedaban las noches para poder quedar, como acabamos haciendo el miércoles por la noche. En esta ocasión sí que cenamos solos, pero no por ceder al fin yo cuando me decía de irnos por ahí si no quería lidiar con las conversaciones de sus amigos, sino porque esa semana no habían dicho de quedar.

Aunque tuvimos la "suerte" de ver a Finn por la calle, tomando algo con un par de amigos. Él también nos vio y parecía muy molesto con aquello. Se le notaba que estaba muy picado y casi echaba humo por las orejas. Ángela le saludó como si tal cosa, siendo bastante amable y acercándose un poco, pero al ver que él estaba borde, pues lo dejó allí con sus amigos. Siguiendo nuestro camino, ella reía con cierto tono de incredulidad por la manera que tenía Finn de comportarse, cuando sabía de sobra lo que había. El momento de la cena con ella se me pasó volando. Demasiado para lo poco que estábamos quedando últimamente por diferentes motivos, aunque por supuesto, dijimos de ir a mi casa a pasarlo bien. Teníamos que estar cohibidos, eso sí, porque no quería molestar a Andrea y me daba algo de vergüenza que nos oyera, así que le comenté a mi amiga que estaba por allí, aunque a ella no parecía importarle.

Entramos y la encontramos viendo la tele, pareciendo estar con una película. Nos sentamos con ella y la vimos acabar, aunque ambos ya la habíamos visto y Andrea tuvo el detalle de irse a la cama más pronto de lo que solía para dejarnos solos y algo de intimidad. Sí, podríamos habernos ido a la habitación directamente, pero eso cantaba demasiado. Que seguramente sabía lo que iba a pasar no mucho más después de ese momento en el que se retiró, pero era como una rutina que solía poner en práctica cuando llevaba a alguien. Aunque Ángela y yo estuvimos hablando un poco más, con ella contándome el coñazo que le estaba dando su hermana con el inicio del nuevo curso, encontrando más pegas que cosas buenas. Pero al final nos acabamos besando. Ella estaba bastante animada y con más energía que la última vez que nos vimos, cosa que aprovechamos una vez nos fuimos a la cama con cuidado de no hacer ruido.

Ángela estaba muy animada, aunque yo buscaba otro tipo de sexo al que estábamos acostumbrados. Ella quería marcha dentro de nuestras posibilidades al estar más cohibidos, pero yo buscaba algo más lento. Me apetecía así y empecé por comerle el coño, cosa que llevaba días deseando hacer, sobre todo por llevar aún ese detalle que me encantaba. Mis manos no paraban de pasearse por sus caderas y muslos, dejando sus tetas bastante libres después de manosearlas un poco para que no se excitara de por más. Ella me empujaba la cabeza y me animaba a hacerlo más deprisa, pero yo prefería así y hasta le agarré las manos para que me dejara hacer bien. Lo disfrutó mucho, aun así, aunque ella fue más intensa al comérmela, diciéndome que le encantaba ver cómo seguía quitándome todos los pelos de ahí abajo, porque a ella le parecía más mono así.

Pero no dejó tampoco que me corriera, porque no mucho después de empezar con ese sexo oral, se levantó para ponerse sobre mí y montarme mientras ponía sus manos en mi mentón y me miraba fijamente a los ojos para luego besarme durante un buen rato. De nuevo, lo hacía de manera más rápida de lo que a mí me apetecía en ese momento, pero tampoco me iba a quejar, porque lo estaba disfrutando mucho. Me ponía bastante verla así y cómo se cuidaba de que no fuéramos escuchados con esos jadeos que lanzaba. Le dije que me tenía a mil y ella parecía estar encantada de oír eso, porque notaba cómo sus fluidos se resbalaban por mis huevos, cosa que me indicaba lo excitada que estaba. Para mi sorpresa, se acabó corriendo antes que yo, apretando su cara, sobre todo sus ojos y pegando su cuerpo al mío mientras su culo subía y bajaba un poco más para apurar esos últimos latigazos de placer de su orgasmo que su cuerpo expresaba con algunas sacudidas.

Yo deseaba y necesitaba seguir, por eso la puse bocarriba, para continuar con la penetración, aunque de manera lenta, lo suficiente como para darme placer y no hacerle daño. Di con la tecla para encenderla de nuevo al moverme lenta y sensualmente con un ligero movimiento de caderas. Ella me lo expresaba así con soniditos de agrado, lo cual me gustaba mucho y hacía que quisiera seguir así durante mucho más tiempo. De pronto, Ángela abrió sus ojos y me miró sonriendo, abrazándome para pegar mi cuerpo al suyo una vez más, agarrando mi cara para besarme. Volví a la postura inicial al apoyarme sobre mis brazos y ella me empezó a hablar. No es algo que fuera raro, pero lo más normal era que estuviéramos en silencio, o decirnos alguna guarrería para calentaros más. En esta ocasión fue diferente, aunque es verdad que tiró por eso último.

-¿Quieres que te cuente lo que pasó anoche con Cintia? -preguntó con tono travieso.
-¿Al final acabasteis...? -pregunté parando la follada brevemente para reanudarla en cuanto acabé la pregunta.
-Es que nos teníamos muchas ganas... -respondió haciéndose un poco la interesante.
-¿Qué pasó?
-Quedamos para cenar. Otra vez. Pero en otro sitio, algo más normalito. Y tampoco íbamos tan arregladas, porque precisamente comentamos a dónde queríamos ir y al decidirnos por ese sitio, pues ya no íbamos a ir como en la ocasión anterior.
-Ajá... -dije mientras la seguía follando de manera lenta.
-Fue un rato muy corto el que estuvimos cenando. Aunque estuvo muy bien. No sé si es porque le he caído bien o qué, pero conmigo es una chica muy dulce. Y muy risueña.
-Le estará funcionando la medicación... -dije escéptico.
-No digas eso, va... El caso es que charlamos un poco y en media hora ya nos estábamos yendo.
-A su casa.
-Ajammm... -dijo en forma de gemido, pasando a cerrar sus ojos para concentrarse en lo que le hacía sentir.
-¿Y qué pasó allí? -pregunté a los pocos segundos.
-Pues lo que tenía que pasar, jajajaja. Nos comimos la boca prácticamente nada más entrar. En cuanto nos sentamos en su sofá después de que preparara un par de bebidas.
-Sí que os teníais ganas...
-Ya ves. Aunque yo venía calentita de manera extra, porque me hice a la idea de verme con alguien, pero me llevé un chasco -dijo haciéndose la loca.
-Ya sabes lo que pasó...
-Ya, estoy de broma -dijo con una de sus bonitas sonrisas.
-¿Y follasteis directamente?
-Pues casi que sí. Ella me empezó a tocar el cuerpo y rápidamente me volvió a meter mano ya más profundamente.
-¿Muy atrevida quizá?
-Mmm, tal vez. Pero no me terminó de importar.
-Menos mal... -dije excitado.
-Me acarició un poquito el coño y me metió un dedo.
-¿Con esas uñas?
-Sabemos llevar el cuidado suficiente para no hacernos daño, jajaja.
-Pero si son como cuchillas...
-Tampoco duró mucho. Se levantó y me agarró de la mano para llevarme a su cama. Allí nos enrollamos ya del todo y nos desnudamos. Ella es muy activa. Le pasa como a ti, que te gusta llevar el control.
-Ya, eso ya lo sabía.
-Pero es taaaaaan sexy... Me lo hacía todo de una manera muy buena.
-¿Me estás diciendo que yo no lo hago así? -bromeé.
-Noooooo. Es que follar con chicas es algo muy diferente.
-Am...
-Me lo empezó a comer enseguida. Y creo que le gustó esto que tengo aquí abajo, porque me lo acariciaba mucho.
-Normal, si es que lo tienes precioso así.
-Me corrí muy rápido. Estaba muy caliente. Y a ella le encantó que acabara en su boca. Hasta me sorbía los labios, ¿sabes? Me daba mucho gusto.
-Tomo nota.
-Que no, bobo. Jajajaja. Si ya sabes que me gusta mucho cómo me lo haces todo.
-Ya.
-Me temblaba el cuerpo muchísimo. Y tuvo el detalle de traerme agua para que bebiera un poco, acariciándome después durante un buen rato.
-Le devolvieras el favor, ¿no?
-Claro, jajaja. Después de liarnos otra vez se lo comí yo y conseguí que se corriera, aunque tuve que usar mis dedos también. ¿Nos estás imaginando?
-Sí.
-¿Y te gusta?
-¿Tú qué crees?
-Jajajajajaja. Pero no fue así como acabó la noche.
-Ah, ¿no?
-No. Pasó algo más.
-¿Sí? -pregunté entrelazando mis dedos con los suyos, notándome cerca de acabar.
-Ajá. Nos volvimos a liar un poco más. Y también hicimos un 69. Aunque no nos corrimos de esa manera, porque solo estábamos calentando un poco. Follamos de verdad haciendo la tijera y ahí sí que nos corrimos. Yo primero y luego ella al ver cómo me puse, porque grité bastante, jajaja.
-Y ahora lo voy a hacer yo -dije pegando mi cuerpo al suyo para besarla, moviendo mis caderas de la misma manera que estuve haciendo durante todo el ese momento, aunque de manera más rápida.

Me acabé corriendo dentro de ella entre jadeos entrecortados. Ya de por sí estaba muy cachondo al estar con ella follando, pero con su relato me tenía constantemente al borde de acabar. No hizo falta mucho para llevarme al orgasmo narrándome lo que vivió la noche anterior, imaginándolo yo con suma facilidad por conocer bien los cuerpos de ambas, las expresiones que ponían y demás. Sorprendentemente para mí, ella también lo acabó haciendo, aunque no tuvo un orgasmo tan intenso como en otras ocasiones o como el que tuve yo. Fue muy satisfactorio igualmente, abrazándome ella con todo su cuerpo cuando le solté las manos, diciéndome que le encantaba cómo le follaba, pasando a acariciarme la espalda y la cabeza, con algún que otro beso también. Pero me puse bocarriba para dejarla ir al baño y que se pudiera limpiar, haciéndolo yo rápidamente con papel y quedándome tendido en la cama, yéndose ella con mi camiseta solamente, aunque volvió rápido.
 
Todavía no entiendo que Javier no se preocupe de mantener un lugar con adecuada independencia donde ofrecer privacidad y libertad de acción a la pareja sexual de turno.

Es un grave error táctico para un hombre soltero tan activo como él, más si fue una decisión propia perder tal independencia.

Cuando las citas van sólo por sexo, con el tiempo ese tipo de limitaciones suele terminar frustrando a algunos, sobre todo aquellos que para la obtención del placer necesitan comportarse con total libertad y desenfreno.

Resulta inevitable para Javier ser arrastrado por el morbo de Ángela, que con astucia comparte sus hazañas transfiriéndole el placer de sus propias fantasías.

Ella lo quiere llevar a su terreno, nada raro que pronto los veamos liados en un trío con Cintia, y recién vamos en el entremés.

Un virtual súcubo. :banana1:






Mientras, angustiada por no admitir el real motivo de no viajar al cumple de la abuela, tiernamente intenta distraerlo...acércate D...
 
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Capítulo 658

-Quédate a dormir -le pedí de manera impulsiva, tal y como surgió el pico que le di en su casa.
-¿Quieres que me quede a dormir?
-Sí -respondí lo obvio.
-Pero tu compañera de piso...
-No te preocupes. Se va muy temprano a clase.
-Y yo también trabajo temprano.
-Pero no será mucho el tiempo que pierdas. Además, ya se ha hecho tarde...
-Vale. Voy a avisar a mi hermana para que no se preocupe.
-Muy bien.

Ángela avisó a su hermana mandándole un mensaje y se puso sus braguitas para dormir tal cual estaba, con mi camiseta, mientras que yo ya me había puesto mis boxers una vez acabé de limpiarme. Ella se quedó dormida casi de inmediato después de darme las buenas noches y un beso en la mejilla. Se puso de lado mirando hacia mí, quedándome yo mirándola durante un buen rato. No entendía qué me pasaba, por qué me había salido decirle que se quedara a dormir tan repentinamente sabiendo yo que le daba un poco de vergüenza por Andrea. No ayudó mucho despertar abrazándola una vez me pude dormir para despejar mis dudas. Estaba muy a gusto con ella y no paraba de buscar contacto con su cuerpo, queriendo olerla, acariciarla... No terminaba de entender cómo había estado tantos años con ella como si nada y ahora estaba con más ganas de ella constantemente, aunque tampoco era nada nuevo, porque antes de que nos dejáramos de ver me pasaba algo parecido.

Me desperté con una erección de las buenas cuando ya clareaba, encontrándola despierta, abrazándome ella también y acariciando mi cuerpo. Estaba tan a gusto que no quería que ese momento se acabara, aunque ella con un movimiento muy leve debió sentir mi dureza, porque noté como si riera al exhalar aire por su nariz, pasando a poner su mano sobre la zona para acariciar muy suavemente. Yo también aproveché para acariciar su culo, sin que ninguno de los dos dijéramos nada, concentrándonos en lo que hacíamos con nuestras manos, estando en absoluto silencio. Se podía oír como Andrea se levantó y empezaba a deambular por la casa para prepararse el café que siempre se tomaba, al igual que se escuchaba cómo circulaba por el baño. Para cuando acabó de darse una ducha, Ángela y yo estábamos follando de manera lenta, pero constante. Me montaba con unos movimientos lentos y muy sensuales que me estaban encantando, aunque paró repentinamente al oír a Andrea cerca de la habitación en la que estábamos.

Fue una falsa alarma y reanudó esos movimientos para continuar con ese polvo tan espontáneo, pudiendo oír cómo Andrea se marchó al cerrar la puerta. Aquí, Ángela sí que cambió su manera de follarme al hacerlo de manera más rápida, del mismo modo que sus gemidos empezaban a ser cada vez más altos. Y los míos también, porque estaba muy caliente como para eso. Esta vez sí que tuvo un orgasmo intenso, de esos que le engarrotaban un poco el cuerpo para luego relajarse sobre mí, tratando de recuperar la respiración. Como se había vuelto costumbre, acabé dentro de ella, levantando mis caderas al tratar de hacer na penetración lo más profunda que pudiera, quedando de la misma manera que ella una vez acabé. Tras unos momentos se bajó de mi cuerpo para quedarse sobre la cama, donde estuvimos vagueando unos minutos, pero sin hablar nada todavía, tal y como habíamos estado durante todo el tiempo desde que nos despertamos.

Aunque no tardamos mucho en levantarnos, haciéndolo yo primero para darme una ducha rápida por haber sudado un poco en ese momento y también antes de irnos a dormir, dejándole el baño libre rápidamente para ir a la cocina y preparar algo de café y algo para desayunar. Me agradeció el gesto y lo hicimos ahí, comentando un poco lo que íbamos a hacer, aunque no acordamos nada para volver a quedar. La notaba un poco cansada y no era para menos con el ritmo de trabajo que estaba teniendo los últimos días y que aún le duraría durante unos cuantos más como me contó tras leer un correo que le enviaron. Así que nos despedimos, pero le acompañé a su casa aprovechando que iba al gimnasio, despidiéndonos allí como siempre lo solíamos hacer, con un abrazo y un beso en la mejilla, aunque a mí me habría gustado hacerlo de otra manera. Y hasta estaba un poco molesto por no poder haber desayunado más tranquilamente con ella al tener tanta prisa para ponerse a trabajar cuanto antes, aunque tampoco le eché nada en cara. Ni mucho menos.

En el gimnasio tuve tiempo de darle más vueltas aún a lo que ya venía rondando mi cabeza varios días, aunque acababa siempre igual. Ya en casa me despejé con otra ducha, distrayéndome también al tener que preparar alguna cosa para las clases. Y allí también estuve concentrado en lo mío con los alumnos de los cursos, tratando de hacer unas clases más participativas en las que habláramos más entre todos que otra cosa para evitar pensar y tratar así de estar bien concentrado en lo mío, que era lo que debía hacer. También pude evadirme un buen rato cuando hice el parón del mediodía, yendo a comprar alguna cosa mientras hacía hora para que Andrea viniera a casa al salir de clase y ponernos entre los dos a hacer la comida, charlando sin parar y viendo cómo lo íbamos a hacer para que le echara una mano con el francés. Luego de vuelta al trabajo, con el mismo plan para no darle más vueltas al tema. Y ya de noche, pues me quedaba jugando a la consola cuando Andrea se marchaba a dormir hasta que me entraba sueño y me iba a la cama.

Así estuve hasta el viernes, en donde Ángela me invitó a comer. Bueno, a mí y a Andrea, porque yo no quería dejarla sola para comer y al final me dijo que la trajera. Me sorprendió que no rechazara la oferta como ya había hecho anteriormente cuando Irene o yo le proponíamos un plan. Y puntual llegó a casa para marcharnos a la de Ángela y comer allí junto a ella y su hermana Lucía. Fue un rato bastante agradable en el que Lucía parecía cortarse un poco con Andrea de por medio, porque no llegó a soltar ninguna de las suyas. Ambas no paraban de hablar para conocerse, llegando a decir que les parecía hacerse visto por la universidad y demás. En un momento dado, me quedé a solas con Ángela en la cocina, buscando ese contacto que el cuerpo me venía pidiendo, consiguiendo algo al abrazarla desde atrás, con ella riendo, para preguntarle cuando podríamos quedarnos solos. Dándose la vuelta me dijo que ese fin de semana, Lucía se iba a ir a casa para estar con su madre y que era algo que le venía bien para poder estar ella tranquila para trabajar, teniendo ella pensado ultimar todo lo que tenía acumulado de esos días intensos que había en el periódico.

Me pareció muy bien, pero le pregunté si no nos podíamos ver por lo mismo, diciendo ella que algo se podría hacer. Al final le entraron ganas cuando le dije de quedar para cenar al día siguiente, llevando yo algo que pillara en algún sitio para llevar, teniendo así la casa sola y bastante rato para poder divertirnos. Luego volvimos con las chicas y continuamos con la charla, aunque yo estaba más pendiente de ella al verla tan guapa pese a ir con su típico look de día a día con ropa cómoda y sus trencitas. De la misma manera que me pasó cuando la acompañé a casa el jueves bien temprano por la mañana, al despedirnos me quedé con más ganas de darle un buen beso y un buen abrazo, haciéndolo de manera mucho más comedida que de lo habitual al estar su hermana y Andrea delante. De camino, mi compañera de piso comentaba lo bien que les caía las dos, aunque el comentario aquel que me hizo me tenía aún un poco despistado.

Así llegué al sábado, consiguiendo no comerme la cabeza al tener la mente distraída o centrada en otras cosas. Y fue realmente fácil continuar así al irme a la tienda por la mañana para jugar el típico torneo que se montaba cada fin de semana, pudiendo además comer con mis amigos para luego continuar, volviendo a tener algo de suerte esta vez al quedar bastante bien una vez acabó el torneo, a diferencia de las últimas ocasiones. Andrea se volvió a ir a casa ese fin de semana al quedarle tan cerca, haciéndolo el viernes por la tarde, casi de noche, así que no tenía problema en estar todo el día fuera de casa para no dejarla tanto tiempo sola. Acabamos a buena hora como para ir tranquilo a casa para darme una ducha y prepararme bien para ir a casa de Ángela, yendo antes para encargar algo e ir después a recogerlo. Cuando llegué a su casa y subí, me quedé boquiabierto con lo guapa que se había puesto.

Llevaba un vestido rojo muy corto y muy ajustado que me permitía ver que no llevaba sujetador debajo de él. No tenía ningún diseño ni nada, siendo baste simple y sexy a la vez, con unos fijos tirantes para sujetarse a su cuerpo bien. Sus pezones se marcaban bastante, más de lo normal en ella cuando no llevaba ninguno puesto, algo que era muy raro de ver, siendo así prácticamente cuando iba en pijama por casa y a veces ni eso de lo sensibles que los tenía. También vestía unas sandalias con un tacón muy alto, aunque sin nada de plataforma, pero alzaban mucho su escasa altura. Y de maquillaje iba como solía ir cuando salía por la noche. Ángela era una chica a la que le gustaba maquillarse bien en ocasiones especiales, pareciendo ser esta una de ellas, porque llevaba una buena sombra de ojos, bastante base y unos labios de un rojo tan intenso como su vestido. La guinda era cómo iba peinada, pues aun yendo como siempre, marcaba más esas ligeras ondas, estando además su cabello reluciente.

De primeras me quedé sin palabras, ocasionando una de sus típicas risas en ella, dándose una vuelta para preguntarme cómo me veía después de haber cruzado yo el umbral de la puerta y cerrarla. En ese instante pude ver que se le marcaba un tanga al parecer negro por lo oscuro que lo veía. Me salió del alma que estaba para irse con ella a la cama y no salir en un mes, volviendo a provocar su risa y pasando a decirme que yo también iba muy guapo pese a no haberme arreglado tanto como ella al ir tan solo con un polo y unos vaqueros largos ahora que refrescaba por la noche. Me agarró de la mano y me llevó hasta el salón para coger lo que llevé e irse a la cocina, volviendo conmigo de inmediato para sentarnos en el sofá y charlar un poco. Pese a haber estado hablando en persona hacía un día, hablamos bastante, aunque estuve nervioso en todo momento, y no poco, por lo guapa que se había puesto.

Aun así, fui capaz de contenerme para pasar un buen rato con ella de esa manera, porque también me apetecía. Me fascinaba lo que cambiaba cuando se maquillaba así, porque pasaba de ser muy guapa y tierna a ser muy guapa y sexy, como si al maquillarse aumentara su edad para hacerla más mujer por así decirlo. También se notaba que se esforzaba un poco por ser sexy por las expresiones que ponía y cada vez me costaba más no lanzarme sobre ella. Al final la acabé besando, recibiéndome ella bien al poner su mano en mi mentón con mucha delicadeza mientras yo ponía la mía sobre su muslo y lo acariciaba. Pero no queríamos empezar aún, por lo que dijimos de ir a la cocina para emplatar lo que había comprado de camino y poder cenar. No me percaté hasta ese momento en la que la vi usando sus manos que no tenía esas típicas uñas largas y falsas que llevaba últimamente, cosa que me hizo preguntarle el motivo de no llevarlas.

Ella me dijo que debía darles un descanso a las uñas, porque el pegamento que se usaba para mantenerlas bien fijas era perjudicial para la uña en sí. Me empezó a explicar cómo lo hizo, ayudándole su hermana a retirarlas y luego echándose vaselina y poniéndose unos guantes, pero ya cuando se fue a dormir. Bromeé un poco con aquello de la vaselina, aunque luego le pregunté por qué las llevaba pintadas de nuevo. A ella le gustaba llevarlas bonitas fuera como fuera. Y no tenía unas uñas feas, para nada, pero de siempre le gustaba llevarlas pintadas, optando esta vez por un rojo como el de su vestido también, yendo completamente a juego al llevar pintadas las de los pies también. Me encantaba ver cómo cuidaba esos detalles y también cómo olía, porque es otro detalle importante, que me pedía contacto con ella. Por eso la abracé en un par de ocasiones durante ese momento en el que preparábamos la cena.

Me gustaba mucho cómo reaccionaba a mis acercamientos con sus sonrisas, sus pequeñas risas y con cariño al corresponder ella esos gestos o al acariciarme la cara. Así fuimos hasta el salón, para cenar tranquilamente, dando en el clavo con lo que pillé de cena, aunque no era tan difícil acertar al conocerla bien y saber qué gustos tenía. No sé cuántas veces me dio las gracias por haber comprado aquello, preguntándome también cuánto me había costado para pagarme su parte, aunque yo no le dije nada en ningún momento, porque la quería invitar. Ella bromeaba al decir que la estaba mimando mucho. Y seguimos charlando ampliamente de muchas cosas. Me contaba desde lo nuevo en su trabajo, hasta lo que le pasaba a su hermana, sacando algún cotilleo en el que ella comentaba que ya le había echado el ojo a un par de compañeros. Pero no quedaba ahí la cosa, porque se interesaba mucho por cómo me iba a mí en el mío, sobre todo ahora que estaba empezando a impartir clases de materias más variadas.

Tras cenar, nos quedamos charlando un poco más en el sofá, aunque ya sí que nos empezamos a tocar. Empezamos con caricias, pero poco a poco ganaban intensidad hasta que acabé metiendo mi mano por dentro de su vestido y de su tanga para acariciar su vello púbico, susurrándole de manera entrecortada cómo me encantaba que lo tuviera así. Como le provocaba cosquillas, pasé a acariciar su raja, ocasionando en ella otro tipo de cosquilleo, bastante más agradable por lo que podía intuir en sus caras. Nos empezamos a comer la boca con muchas ganas y mi manera de estimularla iba a más, empezando a acariciar su clítoris, aunque también le metí los dedos e hice ambas cosas a la vez, provocando su primer orgasmo. Traté de seguir para intensificarlo más aún, pero ella cerró mucho sus piernas y me sacó la mano. Fue una lástima que me parara, aunque tenía pensado volver a probarlo más tarde una vez estuviera más desnuda, limitándome esta vez solo a chuparme los dedos para probar sus fluidos.

Ángela me beso con intensidad cuando se recompuso de su orgasmo, corriéndose ya el pintalabios del morreo tan intenso que nos estábamos dando. No tardamos en irnos a su habitación para continuar allí, donde nos desnudamos por completo, viendo en esta ocasión cómo en realidad Ángela llevaba un tanga de color verde botella más que negro como yo pensaba. Pero no lo pude apreciar mucho pese a lo bonito que parecía ser con esos encajes que tenía, porque me moría por seguir. Nos tumbamos y nos empezamos a besar de nuevo, con ella agarrando mi polla para masturbarla hasta que la puse dándome la espalda para besarle el cuello mientras la tocaba con mis manos por la zona de sus pechos. Ella trataba de agarrar mi polla como podía, pero le costaba trabajo. De nuevo, me puse a tocarle el coño una vez lo hice durante un buen rato con sus tetas, empezando a acariciar su clítoris hasta que alcanzó otro orgasmo, pudiendo continuar yo esta vez.

Ella se retorcía y me pedía que parara, pero le pedí que aguantara todo lo que pudiera, porque me gustaba mucho cómo estaba disfrutando. Sé que le costó trabajo aguantar, pero me sorprendió mucho que lo hiciera durante tanto tiempo, durando su orgasmo como 2 minutos. Se retorcía y gemía de una manera que no me podía aguantar más, respirando de manera muy acelerada hasta que me dijo que ya se le había pasado el orgasmo, pasando yo para abrazarla y besarla como podía, aunque ella misma fue la que se dio la vuelta para besarnos en condiciones. Nos quedamos en silencio durante varios minutos en los que la polla no se me bajaba. Y por muchas ganas que tenía de seguir, no me importaba nada estar así con ella bien abrazado, notando cómo se serenaba su respiración mientras yo no dejaba de aspirar su olor tan sensacional, dándole algún beso en la cabeza, hasta que acabó suspirando.
 

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