Gracias por los comentarios. Siento que la primera experiencia parece que haya sido un poco larga, pero es que debía describir situaciones y dar detalles para poder ser fiel a los sentimientos y emociones vividos. Intentaré hacer la siguiente más amena. Y como ya escribí anteriormente, relato sólo lo que creo que es conveniente e importante para mí.
Voy a continuar con otra situación muy parecida en cuanto a la época y el lugar en el que ocurrió, pero está vez con una compañera de trabajo. Por aquel entonces seguía trabajando en el mismo país de europa y con mi misma pareja del anterior relato. Por motivos laborales debíamos estar semanas separados ya que vivíamos en diferentes ciudades. Como en nuestra relación hubimos experimentado situaciones nuevas y muy morbosas (la relatada anteriormente fue una de ellas) , acordamos darnos cierta libertad para tontear o ligar con otra gente, pero siempre con el consentimiento del otro, sin ir más allá del juego o de la fantasía. Prohibido follar.
Una compañera de trabajo con la que llevaba un tiempo en el mismo departamento, me resultaba por momentos atractiva y muy sexy y en otras ocasiones, debido a su carácter a veces esquivo y antipático, siempre pensaba lo contrario. Muy bajita, más pelirroja que rubia, con unas caderas y un culo que apretaban su uniforme de trabajo dejando poco a la imaginación, y unos pechos más que generosos para su tamaño. Teníamos buena relación laboral, pero apenas nada personal. Pues durante una semana, nos enviaron a ella, a otro compañero y a mí a trabajar a otra ciudad. 9 o 10 horas de trabajo y reuniones y luego libre para conocer la ciudad.
Yo no tenía muchas ganas de esa semana, pero ya que estaba en una ciudad que no conocía, era una buena oportunidad para visitarla. Era verano, y se podía aprovechar las tardes . Viajamos en el mismo coche de empresa los tres la mañana del lunes y apenas hablamos mucho. Llegamos al hotel para dejar nuestras cosas y a mí compañera y a mí nos tocaron dos habitaciones conjuntas, y al otro en otra planta. Fuimos a trabajar y a la vuelta quedamos ella y yo en ir a ver la ciudad. El otro se quiso quedar en el hotel. De hecho se quedó todas las tardes de esa semana. La verdad es que era un poco huraño. A mí se me hizo tarde y cuando salía de la ducha ella llamó a mi puerta. Me puse una toalla y la abrí. Ella apareció con un vestido azul con flores hasta los tobillos que hacía juego con su pelo y su piel blanquísima, unos tirantes muy finos que dejaban sus hombros casi desnudos y un escote no muy generoso. Pero cual fue mi sorpresa que no llevaba sujetador! De esto me di cuenta al dejarla pasar a mi habitación y ver que por detrás llevaba la espalda al descubierto. Cogí mi ropa, me fui al baño, me vestí y enseguida nos fuimos.
Estuvimos paseando, haciendo un poco de turismo y cenando. Durante todo momento iba marcando sus pezones en el vestido. Y en esa tardenoche también hablamos de muchas cosas personales. Fue una sorpresa porque apenas teníamos idea el uno del otro, de como era nuestra vida fuera del trabajo. Puede que fuera el alcohol de las cervezas, pero generamos una confianza tal que hasta hablamos de sexo y de nuestras relaciones de pareja. Ella estaba desde hacía diez años con su novio, pero el se había dejado físicamente hasta límites que hacían peligrar su salud, y ella no estaba nada satisfecha con él. Era muy abierta sexualmente pero apenas había experimentado ninguna de sus fantasías. Me abrí también a contarle los pormenores de mi relación y como hacía malabares con mi pareja para capear la distancia. Y ahí quedó todo esa noche. Nos fuimos al hotel y nos despedimos hasta el día siguiente. La verdad es que entre que estaba muy atractiva con ese vestido sin sujetador, los pezones marcandose cada poco, y lo abierta que había sido conmigo contándome sus intimidades, estaba esperando con ganas a la tarde del día siguiente.
Yo siempre llevo mi traje de baño porque me encanta la natación para relajarme y hacer algo de deporte tras el trabajo. Y ese viaje no fue menos. Así que antes de quedar con mi compañera para salir, le comenté que iría a una piscina climatizada cercana a nadar. Cual fue mi sorpresa que ella me dijo que se apuntaba. Fuimos allí, nos cambiamos y salimos a la piscina. Ella llevaba un bikini que le sentaba de maravilla: la braguita dejaba parte de sus glúteos a la vista y el sujetador le marcaba unas pechos que el día anterior el vestido sólo me dejaba intuir. Que maravilla! Estuvimos nadando cada uno a su rollo durante una hora casi, y cuando empecé a cansarme, miré donde estaba ella y me acerqué nadando. Estuvimos conversando un buen rato y decidimos salir a cambiarnos para ir a cenar. Ese bikini que llevaba me estaba empezando a poner loco. De camino a los vestuarios vimos que las piscinas tenían una pequeña zona de sauna. Salió el tema a colación y ella me confesó que no era para nada pudorosa y que le gustaba mucho. Ahí se me encendieron todos los pilotos del cerebro y de más sitios también. Empezaba a echar humo mi cabeza, pensando si proponerle o no entrar, pero ya era tarde y habíamos hablado de que teníamos hambre. Así que lo dejé pasar. Nos cambiamos y nos fuimos.
Mi compañera llevaba un vestido de verano más holgado que el del lunes, sin sujetador también. Apenas se le marcaba nada pero con más escote, el cual a veces dejaba a la vista unos centimetros de piel suficientes para que a mí se me pusieran los dientes largos. El tema de conversación esa tarde fueron la sauna y el nudismo. Ella me dijo que lo practicaba desde pequeña con sus padres y hermana. Que lo veía lo más normal del mundo. Yo aproveché para contarle alguna anécdota como la que ya he contado aquí. Quizás más detallada porque la confianza empezaba a aflorar entre nosotros y los temas a veces eran muy picantes y morbosos. A veces sin filtros ni censuras. Había mucha química. De hecho ambos nos confesamos que nos atraíamos fisicamente pero que al ser compañeros de trabajo y tener pareja ambos, el sexo era imposible. Nos fuimos al hotel, yo con un calentón del quince y ella supongo que también. Pero había que guardar las formas y la distancia. Esa noche hablé con mi chica de las situaciones que estaba viviendo y le conté que con mi compañera tenía tal confianza hasta para hablar de temas muy privados. A ella le dió mucho morbo y acordamos que yo podía seguir jugando a ver hacia donde conducía esta aventura. Pero por supuesto nada de sexo.
Al día siguiente después del trabajo nos fuimos a un espectáculo de luces en el centro de la ciudad y luego a cenar y tomar una copa. Ella con su vestido azul del lunes. Hablamos de muchos temas, y ya por la noche volvieron a salir a relucir los temas sexuales. En concreto las fantasías. Yo le conté muchas de las que tenía y ella me comentó dos que me llamaron mucho la atención: en el sexo le encantaba sentirse sumisa, pero sin llegar al sado ni nada por el estilo, sólo que su pareja le dijera lo que hacer en cada momento, o la pusiera una venda en los ojos, la atara y le hiciera lo que quisiera; y la segunda es que le ponían los chicos orientales. Es más , se masturbaba viendo porno manga. Eso reconozco que me resultó interesante y llamativo, ya que ese tipo de porno nunca me había llamado la atención.
Después saqué de nuevo el tema de que si el día anterior nos confesamos que nos atraíamos, sería posible fantasear, es decir, masturbarse pensando en el otro. Y nos hechamos unas risas, ante esa posibilidad. Las conversaciones eran cada vez más calientes y la atraccion existía. La verdad es que yo intentaba estar tranquilo y verlo como un juego inesperado, que esa semana de trabajo me había regalado. Pero por otro lado iba muy caliente. Alguna erección tuve. De vuelta al hotel le pregunté que si se masturbaría pensando en mí, como habíamos hablado. Ella me respondió con una sonrisa y un tal vez. Y tú?, me inquirió. Yo que seguro, que llevaba unos cuantos días sin hacerlo y que ya me tocaba, que después de lo hablado estaba que me subía por las paredes. Nos despedimos y nos fuimos a la habitación. Yo estuve hablando con mi chica por videoconferencia, le conté todo de nuevo y estábamos a mil. Me dijo que me masturbara pensando en mí compañera de trabajo, lo cual hice delante de la cámara, mientras mi chica hacía lo mismo viendo en la situación. Vaya corrida. Quedamos en seguir el juego al día siguiente, a ver hasta donde se podía llegar.
Era ya jueves y sería la ultima noche en el hotel antes de volver el viernes. Yo ya no sé por dónde saldría la situación con mi compañera de trabajo. Esa tarde ella propuso ir a cenar a un restaurante que le llamaba la atención y luego ir a nadar por la noche a una piscina que había cerca de allí. Ella llevaba unos vaqueros y una camiseta ajustadísima que le marcaba los pechos. Buah, que locura! Casi era como si no llevara nada. Durante la cena hablamos de muchas cosas pero nada sexual, dimos un pequeño paseo ya casi de noche para bajarla y llegamos a la piscina. Yo con muchas ganas de ver a mi compañera de nuevo en bikini, aunque la camiseta que llevaba no dejaba nada a la imaginación. Se trataba de una edificio histórico, con muchas columnas y mosaicos y la piscina era la mas antigua de la ciudad. Entramos a la recepción y nos advierten de que la entrada a la piscina era conjunta con el complejo de saunas. Yo no me había fijado en los carteles de la entrada, pero estaba claro que la sauna sería nudista. A la piscina nos dijeron que podíamos entrar con bañador. Nos miramos y sin tiempo a pensar dijimos que vale. Hubo cierto vacile por parte de los dos, porque aunque llevábamos mucho hablado y confesado, eso sería dar un paso más. Ahí ya el corazón me iba a mil pensando en que podía pasar esa noche, en proponerla ir a la sauna y verla desnuda por primera vez. Íbamos a nadar, lo otro ya se vería.
Entramos a la parte de la piscina y fuimos a los vestuarios que estaban dos pisos escaleras arriba. Nos cambiamos y salimos, yo con mi bañador y ella con su biquini. Desde arriba se veía toda la piscina. Era como un gran atrio cubierto. La piscina abajo, era ancha, unas seis calles, y dos plantas superiores que la rodeaban . En el agua había sólo un hombre nadando. Era muy bonita, con mármoles y materiales que le hacían parecer de otra época. Supongo que estaría restaurada. Había que bajar por unas escaleras hasta el primer piso, allí estaban los baños de cada sexo, uno a cada lado de la escalera y cerrados, claro, pero las duchas eran abiertas. Nos duchamos y cuando nos asomamos otra vez a ver la piscina, aparece por una puerta una pareja totalmente desnuda. Ambos de unos treinta años, ella un cuerpo diez, escultural, coño depilado y él atlético y con un pollón descomunal. Nos quedamos nuestra amiga y yo sin palabras. La piscina era mixta.
Fuimos bajando a la planta baja donde estaba la piscina. La pareja estaba ya nadando. Nosotros dejamos nuestras toallas en un asiento de mármol y madera y ambos nos miramos, yo le dije que si no le importaba, prefería nadar desnudo que el bañador siempre es un incordio. Me respondió que para ella era algo normal la desnudez, así que me bajé el bañador y me lo quité. Ella, sin dejar de mirarme a los ojos, se desabrochó el bikini dejando al aire sus preciosas tetas. Para lo pequeña que es ella, eran de un tamaño generoso y como aparentaban siempre tras los vestidos, muy firmes, con unos pezones rosados que contrastaban con su piel tan blanca. Se bajó la braga y apareció un vello pubico castaño claro, abundante pero recortado. No sabia donde poner mis ojos. Ella parecía estar más cómoda. Entramos al agua por unas escaleras anchas a la vez y nos metimos a la piscina y estuvimos nadando un poco tranquilamente. Tenía sentido, era más una piscina grande de relajación tras una sauna, que una piscina para hacer deporte.
Nos juntamos en una escalera y nos echamos a reír. Comentamos que esto hace 4 días era impensable, pero que nos gustaba y que nos parecía natural. Estábamos cómodos. Decidimos ir a la sauna a ver como era. Yo espere a que ella saliera primero para ver bien su culo. Era perfecto para mí. Cintura delgada, caderas suavemente pronunciadas y unos glúteos firmes que se movían levemente al andar. No me lo podía creer. Mientras nos secamos mi compañera me miraba la polla, y yo me recreé un poco de más aguantando la erección. Nos cubrimos con la toalla y anduvimos hasta la puerta de la sauna. Entramos y encontramos una sala amplia con dos piscinitas en el centro. Dejamos nuestros bañadores en una percha. A la izquierda de las piscinitas estaban las duchas y una sauna, a la derecha un pasillo que llevaba a otras saunas y una galería con piscinas exteriores. Había bastante gente en cada instalación.
Decidimos entrar en una de las piletas para calentarnos un poco y resultó estar templada tirando a fría. Como estaban juntas, mi compañera sin avisar se aupó al borde, sacó casi todo el cuerpo del agua hasta las rodillas y se estiró entera para tocar el agua de la otra piscina. Esa imagen no se me va a olvidar nunca. Ella apoyando su abdomen en el borde de la piscina, su culo a la altura de mi cara y las piernas abiertas dejando sus coño y su ano a dos palmos de mi cara. Sus labios vaginales eran de un color mucho más oscuro que la piel blanca de su culo. Vaya contraste y que morbazo. Respiré hondo y pensé que aún quedaba mucha tarde. La otra pileta no estaba mucho más caliente así que decidimos ir a la primera sauna del fondo. Entramos y nos sentamos. Una sala amplia y medianamente concurrida, con una ventana a las piscinas exteriores. Estaba todo el mundo en silencio, así que nos sentamos en una grada baja.
Y allí estábamos, dos compañeros de trabajo que apenas teníamos relación personal hace cuatro días, sentados sudando desnudos uno al lado del otro. Yo no podía dejar de mirar sus pechos pequeños pero firmes y el contraste de sus pezones y su vello púbico con su piel. Ese detalle me excitaba mucho. Pasó un rato y salimos a una ducha de agua fría del pasillo, después decidimos salir a las piscinas exteriores. Eran tres de temperatura caliente. Estaban a tope, a si que en cuanto vimos un sitio allá que fuimos. Teníamos que estar de pie junto a la pared, no había más sitio. Era ya de noche. Por momentos nos rozamos mientras flotábamos relajados en el agua. Como en todos estas instalaciones, la gente siempre aprovecha para echar miraradas con discreción al resto de usuarios. Nadie es de piedra y todo el mundo va desnudo. Pero siempre es importante el decoro, sobre todo en los hombres. Una erección puede ser mal entendida como una falta de respeto muy grande. Así que el rato que pasamos me dediqué a ver y fantasear, ya que aunque mi compañera de trabajo estaba relajada con los ojos cerrados, para mí era imposible.
Pasó un rato y decidimos continuar con el resto de las instalaciones. La dejé a ella primero subir las escaleras y me volvió a regalar otra perspectiva de su culo ideal; al andar hacia las toallas se movían sus nalgas mojadas de un lado al otro que eran una delicia para mis ojos. Entramos en el edificio al pasillo principal y había una sala con hamacas colgantes a temperatura templada, para descansar supusimos. Entramos, había cinco y estaban vacias así que pusimos nuestras toallas en dos que había paralelas, y nos echamos. Yo miraba al techo y de vez en cuando a ella. Estaba estirada, sus pezones apuntaban para arriba, y su vello púbico mojado castaño rodeaba dos labios vaginales rosados oscuros . Me empecé a empalmar y cuando por pudor le miro a la cara ella tenía los ojos abiertos. Me dice que si estoy pensando en ella me lo agradece. Empezamos a reir y a hablar de que ninguno hubiera pensado está situación hace unos días , y la verdad eso hizo que me relajara. Menos mal porque a los pocos segundos entraron dos hombres a la sala.
Salimos, y fuimos a la sauna que había frente a las piletas del principio. Había dos o tres personas sólo, un gran contraste con la sauna anterior. Enseguida vi en las gradas superiores unos respaldos para la cabeza, así que comenté que podíamos usarlos. Subimos hasta dos de ellos que estaban enfrentados en la misma horizontal y nos empezamos a tumbar. Yo coloqué mi toalla lentamente, demasiado despacio, mientras ella ya se estaba tumbando boca arriba. Y aquí vino lo que ya esperaba, ella se acomodó y abrió sus piernas. Vaya vistas. Su coño, su ano. Ella sabía perfectamente lo que estaba haciendo, porque básicamente me estaba mirando. Yo me tumbé de mi lado de la grada, me puse a esperar y a pensar en como podía terminar el día de hoy. También estaba con las piernas abiertas, al final es más cómodo y natural. En esto que veo que ella se levanta, acerca su toalla y se sienta junto a mis pies. Y ahí estaba yo, echado con la polla y los huevos colgando, ofreciéndole unas vistas en primerísimo plano. Empezó a hablar con voz normal y me percate de que estábamos solos. Pensé por respeto, que era mejor que me sentara también. Me dijo que no quería que comentáramos nada de esto en el trabajo, por las apariencias y que aunque en el país donde vivíamos era normal la desnudez y visitar este tipo de instalaciones, aún hay cierta mentalidad conservadora. Yo estaba también de acuerdo. Es un tema muy personal y al fin y al cabo estamos en nuestro tiempo privado.
Decidimos salir y había unos cubos de agua helada colgados del techo y con una cuerda para tirar y enfriarse después de la sauna. Como yo soy friolero no me atrevía, y ella me insistió tanto que le dije que si lo hacíamos juntos. Como era muy pequeño el espacio nos tuvimos que juntar. No soy muy alto pero ella es muy baja. Me llegaba la polla casi a sus tetas. Le dije que si la podía abrazar, asintió y la estreche contra mí. Sus pezones estaban durísimos contra mi abdomen. Tire de la cuerda y nos quedamos pegados aguantando el frío. Decidimos ir rápidamente a las piletas templadas. Allí se me ocurrió que podíamos flotar con el cuerpo bocarriba. Me ofrecí a sostenerla flotando y ella accedió. Apoyé la mano izquierda en su espalda y con el brazo derecho rodeé sus rodillas. Ella cerró los ojos y se dejaba llevar flotando. Os podréis imaginar las vistas y mis sensaciones. Me tenía que contener. Iba a explotar. No podía dejar de fijarme en su pubis y su coño. Me entraban unas ganas de empezar a comérmelo. Y sus pezones salían fuera del agua. Estaban durísimos y la piel de gallina. Estaba empalmado, y mucho. Por fortuna estaba bajo el agua y nadie lo veía. Ella abrió los ojos y se quiso poner de pie, yo no supe apartarme lo suficiente. El caso es que mi polla durísima fue frotándose por su culo y su espalda hasta que ella puso los pies en el fondo. Se giró, me miró, abrió la boca con sorpresa y se rió muchísimo.
Yo no sabía donde meterme. Ella me dijo que no pasaba nada, que era normal, pero que nos tocaba esperar a que eso se bajara. La tensión sexual yo creo que era muy alta por ambas partes. Las concesiones y confesiones de todos esos días estaban llegando a un punto de no retorno. Pero ninguno quería cometer una tontería. Así que cuando todo se calmó le pregunté si nos íbamos ya que llevábamos un rato largo. Ella también estaba cansada. Salimos la zona de saunas, pasamos por la piscina, subimos las escaleras y nos dimos una ducha juntos. Nos enjabonamos cada uno su cuerpo, reconozco que fue muy morboso verla, y subimos a los cambiadores. Nos separamos, nos secamos y nos vestimos. Salimos juntos del edificio y fuimos camino del hotel. Durante el paseo estuvimos hablando del trabajo hasta llegar a nuestras habitaciones. Yo ya desde el vestíbulo pensaba cómo hacer para acabar una noche así, pero no sé me ocurrió nada. Nos dijimos buenas noches y entramos a nuestras respectivas habitaciones. La despedida fue entre rápida e incómoda. No sabría bien definirla.
Llamé a mi chica enseguida para contárle lo que había pasado. La verdad es que le pareció super morbosa la situación, tampoco se lo podía creer. Le comenté la idea de masturbarnos juntos por videoconferencia, pero ella había quedado ese jueves para salir de cervezas, y estaba a punto de salir. Entonces se me ocurrió una idea, era una locura, pero se la tenía que explicar primero a ella y que me diera su consentimiento. Me lo dio, pero seguía en pie el todo vale, salvo el sexo con la otra persona. El sexo directo, claro. El contacto.
Me armé de valor, y escribí a mi compañera de trabajo, esperando que no estuviera dormida. Le dije que si podíamos hablar. Por fortuna estaba en línea. Le dije que no conseguía dormirme y le hice saber que está semana había sido muy especial, diferente y una sorpresa. Que las sensaciones vividas y las confesiones mutuas eran más de lo que habría podido esperar, pero que tras lo de hoy, creía que había mucha tensión sexual y quería proponerle algo pero que ambos nos sentiríamos cómodos con la situación, sobre todo por nuestras parejas. Si nos habíamos confesado nuestros gustos sexuales, nuestras experiencias eróticas privadas y si nos habíamos visto desnudos de tal forma como hoy, por qué no podíamos esa noche ver una peli. Era una excusa, tenía en mente otra cosa. Para mí sorpresa aceptó, me dijo que en 10 min llamaba a mi puerta.
Así lo hizo, y cuando entró yo tenía el portátil ya conectado. Tenía muchas películas descargadas, la mayoría en inglés y español, idiomas que ella no hablaba. Así que decidimos buscar alguna online en el idioma del país. Mientras lo hacíamos le comenté que me llamaba mucho la atención sus gustos por el manga y en especial el porno manga. Que si podía recomendarme algo, así que me buscó alguna película, y es ahí cuando le propuse ver una que ella quisiera. Ella entonces tecleo una página web y puso un vídeo. Nos colocamos sentados cada uno en un lado del cabecero de la cama, y el portátil sobre la cama. Empezó una historia de dibujos manga en la pantalla, en la que las chica era medio sodomizada con muchas pañuelos por su novio en medio de efectos de colores exoticos e imágenes oníricas. No me producía ninguna excitación, no son mis gustos los dibujos animados. Pero se ve que a ella sí. Al cabo de unos minutos le pregunté si estaba cachonda. Me dijo que mucho. Entonces le lancé la pregunta: "Quieres que nos masturbemos uno delante del otro?"
Me respondió que ok. El portátil lo cerré y lo puse en la mesilla. Lo siguiente fue desnudarnos cada uno enseguida y ponernos uno frente al otro con las piernas abiertas, ya no existía la vergüenza. Yo en el cabecero, ella a los pies con su espalda sobre el edredón enrollado. Vaya momentazo. Me empecé a hacer una paja mirándola y ella a hacerse un dedo. Se habría el coño con dos dedos de una mano y se frotaban el clítoris con el dedo índice de la otra. Tenía una vagina de color rosa claro. Me dió mucho morbo. Tuve que parar porque me corría. Le dije que si podía acercarme y verlo más de cerca. Ella me dijo que prefería la distancia, pero sí que podía decirle lo que hacer. Fui guiando con mi voz sus manos y sus dedos por todo su cuerpo. Ella cerraba los ojos y yo le decía lo que hacer. Se apretó los pechos, chupó sus dedos, pellizcó los pezones, se masturbó de muchas maneras, introdujo hasta tres dedos, rodeó su ano pero sin penetración, se puso a cuatro patas, pero sobre todo gimió muchísimo. Fue un espectáculo hasta que no pudo más. Estaba agotada.
Yo cada poco me masturbaba pero tenía que parar, era demasiada excitación para mí. Y quería que durase. Cuando ella se recompuso me dijo que me echara boca arriba. Estaba empalmadísimo. Me dijo que abriera la boca y sacara la lengua, y subiéndose encima mío pero con cuidado de no tocarme, puso un pecho en mi cara y pasó su pezón por la lengua. Luego hizo lo mismo con el otro. Y por último se puso de cuclillas sobre mi cabeza dejándome ver todo su coño abierto y su ano. Dejando que lo respirara. Pero de ahí no pasó. Me preguntó porque no me masturbaba y le dije que si hacía algo más reventaba. Entonces me ordenó que me pusiera de pie al lado de la cama. Ella se sentó al borde y abriendo la boca me dijo que metiera la punta de la polla dentro pero con cuidado de no tocarla. Y que me masturbara hasta correrme. Empecé a hacerlo con cuidado, despacio, pero era imposible evitar el contacto . Seguí un poco más fuerte y el roce era tan continuo que ella misma cerró sus labios y empezó a lamerme con la lengua el capullo. Me corrí al segundo. Ella seguía mientras mi semen le caía por las comisuras de la boca y yo quedé completamente vacío. Se tragó lo que le quedaba en su boca y fue al baño a lavarse, yo me quedé pensando en lo que acababa de pasar.
Nos vestimos, comentamos que había estado genial todo, pero acordamos que lo que había pasado no podía volver a suceder y nos dimos las buenas noches, porque era tarde y al día siguiente volvíamos de viaje. Ella ya sabía que yo le contaría todo a mi chica, de echo la quería conocer y se la presenté más adelante, pero eso ya es otra historia.