Él vació

berserk37

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Él vació

Me llamo Marc y en estos momentos estoy pasando uno de los peores momentos de mi vida y no es otro que el de perder a la persona que más he amado. Esa persona se llama Andrea y no ha muerto, simplemente tomo la decisión de engañarme con otro hombre y eso hace incompatible que ella y yo sigamos juntos.

Por mi trabajo tenía que viajar de Barcelona a Madrid varias veces al mes, sabía perfectamente que a Andrea no le gustaba quedarse sola en casa, pues le daba mucho miedo, lo hable con mis jefes y ellos estuvieron de acuerdo en que ella me acompañara. Andrea tenía un trabajo en el que solía teletrabajar así que mientras tuviera su portátil podía trabajar desde cualquier punto del país sin ningún problema.

Recuerdo aquel viernes cuando llegue a casa y la vi intranquila porque sabía que ese mismo sábado salía de viaje por una semana, una semana que tendría que pasar sola siete noches hasta que yo regresara de ese viaje. Andrea era hija única y sus padres fallecieron años atrás y todas sus amigas estaban casadas así que no podían dejar a su familia durante una semana para pasarla con ella, al entrar por la puerta me miro a los ojos.

- Andrea tengo una buena noticia para ti–dije.

- ¿Se ha cancelado el viaje?–pregunto una ansiosa Andrea.

- No, el viaje sigue en pie–conteste–. Les he comentado a mis jefes que me gustaría que me acompañaras en los viajes.

El rostro de Andrea había cambiado de la decepción a la alegría en un instante.

- ¿Y qué te han contestado?–pregunto Andrea.

- Que no hay ningún problema–conteste–. Han reservado una habitación doble para los dos.

Andrea empezó a dar saltos de alegría y me abrazo con tal intensidad que por un instante pensé que me rompería todas las costillas, lo que en ese momento no sabía era que ese gesto que había tenido con ella iba a ser el final de nuestro matrimonio, si aquel entonces hubiera sabido lo que sé ahora me hubiera reído a mandíbula partida, pero como se suele decir la realidad supera la ficción y a mí la realidad me había pasado por encima.

Mi empresa colaboraría con otra empresa de Madrid para llevar un proyecto en conjunto, cada vez que viajaba a Madrid solía reunirme con Felipe mi contraparte y solíamos contrastar el trabajo que nuestras empresas habían realizado durante las semanas que pasaban entre viaje y viaje. Felipe tenía cuarenta y cinco años, diez años más que yo y quince más que Andrea. Era un hombre atractivo y se notaba que se machacaba en el gimnasio, puesto que debajo de los trajes que llevaba se intuía un cuerpo bien formado, en mi caso solía correr todas las mañanas antes de ir a trabajar y eso me había proporcionado un cuerpo normal, pero saludable, en cuanto a mi apariencia no era ni guapo ni feo, vamos que tenía un rostro que no desagradaba, pero pasaba desapercibido en la mayoría de las ocasiones.

No sé cómo se enteró, pero estaba esperándonos en el aeropuerto cuando Andrea y yo bajamos del avión, la verdad es que me sorprendió, pero no le di más importancia. Andrea y él se quedaron mirándose por un momento hasta que Felipe le alargo la mano y se la estrecho, después de eso la interacción entre los dos se podía calificar como normal.

Como el proyecto iba viento en popa nuestras empresas decidieron hacer una fiesta donde tendríamos una cena y después tendríamos música para las parejas que desearían bailar. Andrea decidió ponerse un vestido rojo largo de fiesta que tenía la espalda descubierta no me pareció raro por dos motivos, uno era su vestido preferido y dos, solía ponérselo en muchas ocasiones que nosotros salíamos a bailar. Nos sentaron en la misma mesa que Felipe y su mujer, mientras Andrea estaba disfrutando de la fiesta la mujer de Felipe estaba muy seria.

No le dimos más importancia y empezamos a cenar la deliciosa cómoda que estaban sirviendo, después vino el infierno, solo a mí se me podía ocurrir estrenar unos zapatos nuevos para ir a esa fiesta, después de estar un rato bailando con Andrea me empezaron a doler mucho los pies y si a eso le sumábamos el calor que hacía en esa sala decidí salir un rato a la gran terraza que se encontraba contigua a la sala.

Una vez fuera me senté en uno de los bancos de piedra que adornaba el barandado y quitándome el zapato pude comprobar que me había salido una ampolla bastante fea. Andrea salió detrás de mí, pues se había preocupado.

- ¿Estás bien Marc?–pregunto Andrea.

- Si no te preocupes–conteste.

Detrás de ella apareció Felipe que parecía que tenía una conversación tensa con su mujer, pero que zanjo antes de llegar hasta donde Andrea y yo nos encontrábamos, viendo esto la mujer de Felipe decidió volver a la fiesta a por una copa parecía más enfadada aún de lo que estaba antes.

- ¿Te importa si me llevo a Andrea a Bailar?–pregunto Felipe.

- No, me parece bien–conteste–. No quiero que una ampolla le chafe la noche.

- ¿Estás seguro Marc?–pregunto Andrea.

- Sí, claro–conteste–. En cuanto se me calme un poco el dolor vuelvo a entrar.

Alguno pensará que soy la persona más estúpida del mundo, pero hasta ese momento Andrea no me había dado ni un solo motivo para desconfiar de ella y sabía lo mucho que le gustaba bailar, ¿qué podía salir mal? En el bolsillo interior de mi americana siempre llevaba unas tiritas por si me ocurría algo como esto, me puse una, el dolor seguía, pero por lo menos podía pisar sin cojear así que decidí entrar adentro, entonces vi que alguien se acercaba a mí, era la mujer de Felipe, una mujer de unos cuarenta años muy bien llevados la verdad es que era una mujer muy atractiva.

- Te voy a dar un consejo–dijo la mujer–. Desconfía de mi marido.

- Bueno, solo están bailando–conteste–. No creo que sea para tanto.

- Yo ya te he avisado–. Volvió a decir la mujer.

- No me has dicho tu nombre–dije.

- Me llamo Elsa y tu Marc, ¿no es así?–pregunto Elsa.

- Así es–conteste–. Tendré en cuenta tu consejo, pero confió plenamente en Andrea.

Elsa me sonrió con la sonrisa más triste que hubiera visto en mi vida, fui a preguntarle, pero no me dio tiempo, pues se dio la vuelta volviendo a la fiesta, Una vez entre, vi como Felipe y Andrea hablaban amigablemente en la barra mientras bebían algo, fui hacia ellos entrando en la conversación y pudiendo comprobar que nada extraño estaba pasando, después de un rato el dolor volvió y Andrea y yo decidimos volver a la habitación de hotel a descansar que al día siguiente los dos tendríamos mucho trabajo, pero antes de irnos nos despedimos de Felipe y Elsa que volvían a tener una conversación tensa, conversación que la cortaron una vez nos tuvieron cerca despidiéndose de nosotros amablemente, eso si no me paso desapercibida la mirada que me echo Elsa antes de salir por la puerta.

Entendí perfectamente lo que quería decirme con esa mirada, me decía que no olvidara lo que me había dicho antes. La semana paso y volvimos a Barcelona y nuestra vida volvió a la normalidad, como yo esperaba llegue a sonreír pensando que Elsa se estaba equivocando. En el departamento en el que yo trabajaba y era el supervisor cometió un error con uno de los proyectos la fecha de entrega se acercaba y tuvimos que meter muchas horas extras para poder solucionarlo antes de que llegara la fecha límite.

Cuando se lo conté a Andrea pensé que se enfadaría, pero no fue así.

- Siento que tengas que estar sola algunas noches–dije–. Estás pagando unos platos rotos que no te corresponden.

- No te preocupes–contesto Andrea–. Sé que si te quedas es porque no tienen más remedio además de que al estar los dos en la misma ciudad no tengo tanto miedo, estás a una llamada de mí.

Bese a Andrea en los labios y me fui a dar una ducha estaba muy cansado y todavía quedaba mucho para reparar el problema que la dejadez de algunas personas habían causado. Andrea no se quejó ni una sola vez apoyándome en todo. Seguíamos haciendo el amor, pero no tanto como a los dos nos gustaría, siendo su entrega la misma de siempre teniendo claro que una vez el problema estuviera solucionado sé lo compensaría.

Una de las noches habiendo pasado dos meses desde que volvimos de Madrid me encontraba en mi oficina absorto mirando los informes que no me di cuenta de que alguien había entrado en mi despacho, no fui consciente hasta que esa persona carraspeo un par de veces obligándome a levantar la cabeza, era Andrea.

- ¿Que haces aquí?–pregunte extrañado.

- Marc tengo que contarte algo–dijo Andrea–. Pensé que podría vivir con ello, pero no puedo seguir ocultándotelo.

- ¿Ocultarme el qué?–pregunte temiéndome lo peor viendo como era incapaz de mirarme a los ojos.

- Felipe y yo...–dijo Andrea.

- ¡Cállate!, ¡no quiero saber más!–conteste–. ¿Desde cuándo?

- Desde hace unas semanas–dijo Andrea.

- ¡No me lo puedo creer Andrea!–dije muy enfadado–. ¡La mujer de Felipe me lo advirtió en aquella fiesta y yo confié ciegamente en ti!

Andrea se secó las lágrimas y frotándose las manos de forma nerviosa me miro sabiendo que lo que me iba a contar a continuación destruiría nuestro matrimonio. Empezó a relatarme que en aquella fiesta sintió algo por él en cuanto lo tuvo delante, pero que al principio no le dio más importancia, pero según fue pasando la noche se dio cuenta de que era un hombre divertido y tenía muchos temas de conversación además de gustarle bailar tanto como le gustaba a ella, la verdad es que su curiosidad por seguir conociendo a Felipe fue creciendo, pero ella me amaba a mí y pensó que era una tontería pasajera.

Cuando las cosas en mi empresa se complicaron y tuve que empezar a meter muchas más horas al no poder viajar, Felipe empezó a venir a Barcelona para supervisar que el proyecto siguiera su curso y que el problema que había surgido en mi división no estuviera entorpeciéndolo. No sabe como, pero consiguió su teléfono y una noche le invito a cenar. Andrea estuvo tentada a llamarme para decírmelo, pero viendo lo estresado que andaba pensó que no quería preocuparme por una tontería, además salir una noche le vendría bien viendo lo mal que lo pasaba sola en casa.

Mire severamente a Andrea, entonces ella me aclaró que no me estaba culpando de nada, pero que yo ya sabia que tenía miedo a quedarse sola en casa y que una cena no significaba nada, pero con una mirada me dejo claro que ella misma había subestimado aquella cena. Según transcurría la cena Andrea se dio cuenta de que tenía más en común con Felipe que conmigo, además estaba resultando un hombre atento y muy agradable y le encantaba bailar cosa que aprovecho llevándola a un local de moda, Andrea me dejo claro que esa noche no paso nada más.

Ya en casa después de ducharse y analizar la noche fue consciente que seguir viendo a ese hombre sería peligroso porque la atraía como una llama a una polilla, pero cuando tuvo el número de teléfono de Felipe en la pantalla de su móvil con la tecla de borrar a punto de pulsarla no lo hizo y eso fue el principio del fin.

Empezaron a hablar todas las noches que yo me quedaba en la empresa, aumentando el interés por él hasta que empezó a tener sueños húmedos, sueños que empezaron a tenerla en un estado de excitación constante que intentaba calmar conmigo las pocas veces que lo hacinamos, pero no fue suficiente y la siguiente vez que Felipe vino a Barcelona y le volvió a invitar a cenar, cena que tendría que haber rechazado, pero no lo hizo y ocurrió lo inevitable.

Después de una deliciosa cena fueron a bailar al mismo local de la otra vez, solo que en esta ocasión Felipe fue mucho más atrevido, le besaba el cuello mientras rozaba sus nalgas con su erecta herramienta haciendo que su coñito estuviera cada vez más empapado llegando un momento que para cuando se dio cuenta se encontraba en el callejón trasero de aquel local con la falda en la cintura y las bragas colgando de uno de sus tobillos mientras recibía las embestidas de Felipe.

Después de esa confesión Andrea se quedó callada, yo intentaba calmarme porque tenía el corazón a mil y temía que me terminara dando un infarto. Esta confesión acababa de destruir nuestro matrimonio haciendo que sintiera un vacío dentro de mí como si me hubieran arrancado el alma.

- Andrea te voy a pedir que me dejes la mañana de mañana para recoger mis cosas–dije abatido.

- No quería que las cosas acabaran así–contesto Andrea–. Tienes que creerme.

- Da igual si te creo o no Andrea, el daño ya está hecho–dije mirándola fijamente a los ojos–. El problema es que tú has cometido la falta y lo pagaremos los dos.

- Lo siento de verdad, pero en los sentimientos no se manda–contesto Andrea–. Ojalá no hubiera sentido nada, pero al conocerle algo se ha removido dentro de mí y quería ser sincera contigo, te merecías por lo menos eso.

- Veo que lo tienes claro–comente mientras miraba por la ventana–. Espero que sepas lo que haces.

- Sé que lo más probable es que me termine estampando contra una pared–dijo Andrea–. Pero si no lo intento sé que me arrepentiré el resto de mi vida.

Andrea se levantó con la intención de abrazarme al ver lo mal que me encontraba, intente con todas mis fuerzas ocultar el daño que me había casado su confesión no pudiendo hacerme a la idea que mi matrimonio se acababa de convertir en cenizas sin que yo pudiera hacer nada. Mire severamente a Andrea mientras daba dos pasos para atrás dejándole claro que lo mejor que podía hacer es marcharse.

- Recuerda, necesito la casa solo para mi mañana por la mañana–dije intentando aguantar las lágrimas–. Después serás libre para hacer lo que quieras, mi abogado se pondrá en contacto contigo para firmar los papeles del divorcio.

- ¿Que aremos con la casa?–pregunto Andrea.

- Puedes pagarme la parte que me corresponda y quedarte con ella–. Conteste–. O podemos venderla y repartimos el dinero, me da lo mismo.

- ¿Tú no quieres la casa?–pregunto Andrea mientras su labio temblaba.

- No, mañana será la última vez que pise esa casa–conteste mientras los diques cedieron y las lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas.

Andrea se dio la vuelta con la intención de acercarse y darme un abrazo, pero puse mi mano entre ella y yo en clara señal de que no sé acercarse más, a ella no le quedo más remedio que agachar la cabeza darse media vuelta y salir de mi despacho dejándome junto a unos sentimientos que me estaban aplastando.

Intente seguir trabajando, pero me fue imposible concentrarme y decidí acercarme a un pequeño hotel que quedaba cerca de mi trabajo con la esperanza de poder reservar una habitación para pasar la noche. Una vez en recepción tuve suerte, una de las habitaciones había tenido una cancelación de última hora, por lo menos tendría una habitación donde pasar la peor noche de mi vida.

Para ir hacia los ascensores había que pasar por el bar y para mi fortuna seguía abierto, entre sentándome en uno de los taburetes en medio de la barra y mire al camarero.

- Un whisky bien cargado, por favor–dije.

- ¿Un mal día señor?–pregunto el camarero.

- El peor–conteste.

Entonces vi como dejaba en su sito la botella de whisky que había elegido para servirme y cogía otra de una estantería de más arriba.

- No es necesario, el anterior whisky era más que necesario–dije.

- Agame caso, este whisky es muy bueno–contesto el camarero–. Me lo agradecerá.

La verdad es que no sé cuanto tiempo estuve en el bar del hotel y cuantos whiskys me tome, pero la verdad es que durante unas horas pude aliviar en parte ese dolor que me oprimía el pecho, pero llego la hora de cierre y no me quedo más remedio que volver a mi habitación a batallar con ese vació que se había instaurado dentro de mí tumbándome en la cama mirando al techo intentando discernir que es lo que había hecho mal para terminar así, pero también se me paso por la cabeza si alguna vez Andrea me quiso y no fui un premio de consolación para ella mientras hacía tiempo por algo mejor.

Empecé a ver como los primeros rayos de sol entraban por la ventana, me levante dándome una larga ducha para después ir a la que fue mi casa a recoger mis pertenencias. Por suerte para mí no era una persona que acumulaba cosas y mis pertenencias ocuparían como mucho tres cajas. Pase por la empresa para pedir la mañana libre y coger mi coche, pero no me veía en condiciones de conducir y opte por coger un taxi. Al llegar al portal el corazón se encogió y no pude evitar ponerme a llorar, por suerte para mí a esas horas la mayoría de mis vecinos seguían durmiendo y no tendría que dar ninguna explicación.

Una vez dentro de la que fue mi casa la recorrí por última vez recordando los buenos momentos que pase allí, momentos que no se volverían a repetir, pero que necesitaba atesorar. La última parada fue el dormitorio, Andrea cumplió su palabra y no se encontraba allí, tal vez ni siquiera paso la noche en ella, eso ya no era de mi incumbencia, solo quería recoger mis cosas lo antes posible y largarme de allí.

Recogí todas mis pertenencias exceptuando tres, un sobre que contenía la carta con la que me declare a Andrea, me ponía tan nervioso cuando la tenía delante que no me salían las palabras así que decidí escribirle una carta donde le relataba lo mucho que significaba para mí y lo enamorado que estaba de ella. Cuando se la entregue me temblaban tanto las manos que se me cayó al suelo siendo la misma Andrea quien se agachó a recogerla y después se dispuso a leerla cayéndosele las lágrimas según iba pasando los párrafos.

Recuerdo que me miro y me dijo que si, ese fue uno de los momentos más felices de mi vida, esa carta durante muchos años había significado el amor que sentía por ella, pero después de su confesión su significado cambio a uno mucho más triste, pasando a representar el desamor más absoluto.

Otro de los objetos era mi alianza, todavía recuerdo como si fuera ayer lo nervioso que estaba en el altar esperando a que ella entrara en la iglesia, mi corazón latía con tal fuerza que sentía que en cualquier momento saldría disparado de mi pecho, pero eso no fue nada comparando a cuando la vi entrar con aquel precioso vestido, todo mi cuerpo tembló, mis manos empezaron a sudar y se me seco la boca llegando a pensar que no sería capaz de decir mis botos, pero solo vasto que ella me cogiera la mano para saber que todo saldría bien. Durante dos años ese anillo ha sido la definición de la fidelidad, pero después de anoche su definición había cambiado a infidelidad, deslealtad y traición.

El último objeto era la llave de la que fue nuestra casa, me recorrí toda la ciudad intentando encontrar la casa perfecta para ir a vivir juntos ante de casarnos y cuando ya estaba a punto de tirar la toalla di con la que ha sido nuestra casa los últimos años, dos de novios y dos de casados, recuerdo perfectamente como le puse una venda en los ojos y la lleve hasta allí con la intención de darle una sorpresa, jamás se me olvidara como le brillaban los ojos cuando se quitó la venda y vio por primera vez la que iba a ser nuestra nueva casa y lo fuerte que me abrazo llorando de alegría, esa llave durante los últimos cuatro años ha significado el compromiso, pero después de su confesión había adquirido otro significado muy distinto, el de la deslealtad y el abandono.

Deje los tres objetos sobre la cama uno al lado del otro, Andrea me conocía muy bien y entendería el mensaje que le quería dejar con esos tres objetos, mire la casa por última vez antes de cerrar la puerta y dirigirme a mi coche, el palo había sido gordo, no me quedaba otra que lamerme las heridas y mirar hacia adelante con la esperanza de que algún día volviera a llenar ese vació.

FIN.
 
Última edición:
Uf compi, te ha pasado de verdad? Teniendo en cuenta que esto es un foro porno y aquí no hay nada sexual se me queda mal cuerpo si es tu historia real... 😞
 
Él vació

Me llamo Marc y en estos momentos estoy pasando uno de los peores momentos de mi vida y no es otro que el de perder a la persona que más he amado. Esa persona se llama Andrea y no ha muerto, simplemente tomo la decisión de engañarme con otro hombre y eso hace incompatible que ella y yo sigamos juntos.

Por mi trabajo tenía que viajar de Barcelona a Madrid varias veces al mes, sabía perfectamente que a Andrea no le gustaba quedarse sola en casa, pues le daba mucho miedo, lo hable con mis jefes y ellos estuvieron de acuerdo en que ella me acompañara. Andrea tenía un trabajo en el que solía teletrabajar así que mientras tuviera su portátil podía trabajar desde cualquier punto del país sin ningún problema.

Recuerdo aquel viernes cuando llegue a casa y la vi intranquila porque sabía que ese mismo sábado salía de viaje por una semana, una semana que tendría que pasar sola siete noches hasta que yo regresara de ese viaje. Andrea era hija única y sus padres fallecieron años atrás y todas sus amigas estaban casadas así que no podían dejar a su familia durante una semana para pasarla con ella, al entrar por la puerta me miro a los ojos.

- Andrea tengo una buena noticia para ti–dije.

- ¿Se ha cancelado el viaje?–pregunto una ansiosa Andrea.

- No, el viaje sigue en pie–conteste–. Les he comentado a mis jefes que me gustaría que me acompañaras en los viajes.

El rostro de Andrea había cambiado de la decepción a la alegría en un instante.

- ¿Y qué te han contestado?–pregunto Andrea.

- Que no hay ningún problema–conteste–. Han reservado una habitación doble para los dos.

Andrea empezó a dar saltos de alegría y me abrazo con tal intensidad que por un instante pensé que me rompería todas las costillas, lo que en ese momento no sabía era que ese gesto que había tenido con ella iba a ser el final de nuestro matrimonio, si aquel entonces hubiera sabido lo que sé ahora me hubiera reído a mandíbula partida, pero como se suele decir la realidad supera la ficción y a mí la realidad me había pasado por encima.

Mi empresa colaboraría con otra empresa de Madrid para llevar un proyecto en conjunto, cada vez que viajaba a Madrid solía reunirme con Felipe mi contraparte y solíamos contrastar el trabajo que nuestras empresas habían realizado durante las semanas que pasaban entre viaje y viaje. Felipe tenía cuarenta y cinco años, diez años más que yo y quince más que Andrea. Era un hombre atractivo y se notaba que se machacaba en el gimnasio, puesto que debajo de los trajes que llevaba se intuía un cuerpo bien formado, en mi caso solía correr todas las mañanas antes de ir a trabajar y eso me había proporcionado un cuerpo normal, pero saludable, en cuanto a mi apariencia no era ni guapo ni feo, vamos que tenía un rostro que no desagradaba, pero pasaba desapercibido en la mayoría de las ocasiones.

No sé cómo se enteró, pero estaba esperándonos en el aeropuerto cuando Andrea y yo bajamos del avión, la verdad es que me sorprendió, pero no le di más importancia. Andrea y él se quedaron mirándose por un momento hasta que Felipe le alargo la mano y se la estrecho, después de eso la interacción entre los dos se podía calificar como normal.

Como el proyecto iba viento en popa nuestras empresas decidieron hacer una fiesta donde tendríamos una cena y después tendríamos música para las parejas que desearían bailar. Andrea decidió ponerse un vestido rojo largo de fiesta que tenía la espalda descubierta no me pareció raro por dos motivos, uno era su vestido preferido y dos, solía ponérselo en muchas ocasiones que nosotros salíamos a bailar. Nos sentaron en la misma mesa que Felipe y su mujer, mientras Andrea estaba disfrutando de la fiesta la mujer de Felipe estaba muy seria.

No le dimos más importancia y empezamos a cenar la deliciosa cómoda que estaban sirviendo, después vino el infierno, solo a mí se me podía ocurrir estrenar unos zapatos nuevos para ir a esa fiesta, después de estar un rato bailando con Andrea me empezaron a doler mucho los pies y si a eso le sumábamos el calor que hacía en esa sala decidí salir un rato a la gran terraza que se encontraba contigua a la sala.

Una vez fuera me senté en uno de los bancos de piedra que adornaba el barandado y quitándome el zapato pude comprobar que me había salido una ampolla bastante fea. Andrea salió detrás de mí, pues se había preocupado.

- ¿Estás bien Marc?–pregunto Andrea.

- Si no te preocupes–conteste.

Detrás de ella apareció Felipe que parecía que tenía una conversación tensa con su mujer, pero que zanjo antes de llegar hasta donde Andrea y yo nos encontrábamos, viendo esto la mujer de Felipe decidió volver a la fiesta a por una copa parecía más enfadada aún de lo que estaba antes.

- ¿Te importa si me llevo a Andrea a Bailar?–pregunto Felipe.

- No, me parece bien–conteste–. No quiero que una ampolla le chafe la noche.

- ¿Estás seguro Marc?–pregunto Andrea.

- Sí, claro–conteste–. En cuanto se me calme un poco el dolor vuelvo a entrar.

Alguno pensará que soy la persona más estúpida del mundo, pero hasta ese momento Andrea no me había dado ni un solo motivo para desconfiar de ella y sabía lo mucho que le gustaba bailar, ¿qué podía salir mal? En el bolsillo interior de mi americana siempre llevaba unas tiritas por si me ocurría algo como esto, me puse una, el dolor seguía, pero por lo menos podía pisar sin cojear así que decidí entrar adentro, entonces vi que alguien se acercaba a mí, era la mujer de Felipe, una mujer de unos cuarenta años muy bien llevados la verdad es que era una mujer muy atractiva.

- Te voy a dar un consejo–dijo la mujer–. Desconfía de mi marido.

- Bueno, solo están bailando–conteste–. No creo que sea para tanto.

- Yo ya te he avisado–. Volvió a decir la mujer.

- No me has dicho tu nombre–dije.

- Me llamo Elsa y tu Marc, ¿no es así?–pregunto Elsa.

- Así es–conteste–. Tendré en cuenta tu consejo, pero confió plenamente en Andrea.

Elsa me sonrió con la sonrisa más triste que hubiera visto en mi vida, fui a preguntarle, pero no me dio tiempo, pues se dio la vuelta volviendo a la fiesta, Una vez entre, vi como Felipe y Andrea hablaban amigablemente en la barra mientras bebían algo, fui hacia ellos entrando en la conversación y pudiendo comprobar que nada extraño estaba pasando, después de un rato el dolor volvió y Andrea y yo decidimos volver a la habitación de hotel a descansar que al día siguiente los dos tendríamos mucho trabajo, pero antes de irnos nos despedimos de Felipe y Elsa que volvían a tener una conversación tensa, conversación que la cortaron una vez nos tuvieron cerca despidiéndose de nosotros amablemente, eso si no me paso desapercibida la mirada que me echo Elsa antes de salir por la puerta.

Entendí perfectamente lo que quería decirme con esa mirada, me decía que no olvidara lo que me había dicho antes. La semana paso y volvimos a Barcelona y nuestra vida volvió a la normalidad, como yo esperaba llegue a sonreír pensando que Elsa se estaba equivocando. En el departamento en el que yo trabajaba y era el supervisor cometió un error con uno de los proyectos la fecha de entrega se acercaba y tuvimos que meter muchas horas extras para poder solucionarlo antes de que llegara la fecha límite.

Cuando se lo conté a Andrea pensé que se enfadaría, pero no fue así.

- Siento que tengas que estar sola algunas noches–dije–. Estás pagando unos platos rotos que no te corresponden.

- No te preocupes–contesto Andrea–. Sé que si te quedas es porque no tienen más remedio además de que al estar los dos en la misma ciudad no tengo tanto miedo, estás a una llamada de mí.

Bese a Andrea en los labios y me fui a dar una ducha estaba muy cansado y todavía quedaba mucho para reparar el problema que la dejadez de algunas personas habían causado. Andrea no se quejó ni una sola vez apoyándome en todo. Seguíamos haciendo el amor, pero no tanto como a los dos nos gustaría, siendo su entrega la misma de siempre teniendo claro que una vez el problema estuviera solucionado sé lo compensaría.

Una de las noches habiendo pasado dos meses desde que volvimos de Madrid me encontraba en mi oficina absorto mirando los informes que no me di cuenta de que alguien había entrado en mi despacho, no fui consciente hasta que esa persona carraspeo un par de veces obligándome a levantar la cabeza, era Andrea.

- ¿Que haces aquí?–pregunte extrañado.

- Marc tengo que contarte algo–dijo Andrea–. Pensé que podría vivir con ello, pero no puedo seguir ocultándotelo.

- ¿Ocultarme el qué?–pregunte temiéndome lo peor viendo como era incapaz de mirarme a los ojos.

- Felipe y yo...–dijo Andrea.

- ¡Cállate!, ¡no quiero saber más!–conteste–. ¿Desde cuándo?

- Desde hace unas semanas–dijo Andrea.

- ¡No me lo puedo creer Andrea!–dije muy enfadado–. ¡La mujer de Felipe me lo advirtió en aquella fiesta y yo confié ciegamente en ti!

Andrea se secó las lágrimas y frotándose las manos de forma nerviosa me miro sabiendo que lo que me iba a contar a continuación destruiría nuestro matrimonio. Empezó a relatarme que en aquella fiesta sintió algo por él en cuanto lo tuvo delante, pero que al principio no le dio más importancia, pero según fue pasando la noche se dio cuenta de que era un hombre divertido y tenía muchos temas de conversación además de gustarle bailar tanto como le gustaba a ella, la verdad es que su curiosidad por seguir conociendo a Felipe fue creciendo, pero ella me amaba a mí y pensó que era una tontería pasajera.

Cuando las cosas en mi empresa se complicaron y tuve que empezar a meter muchas más horas al no poder viajar, Felipe empezó a venir a Barcelona para supervisar que el proyecto siguiera su curso y que el problema que había surgido en mi división no estuviera entorpeciéndolo. No sabe como, pero consiguió su teléfono y una noche le invito a cenar. Andrea estuvo tentada a llamarme para decírmelo, pero viendo lo estresado que andaba pensó que no quería preocuparme por una tontería, además salir una noche le vendría bien viendo lo mal que lo pasaba sola en casa.

Mire severamente a Andrea, entonces ella me aclaró que no me estaba culpando de nada, pero que yo ya sabia que tenía miedo a quedarse sola en casa y que una cena no significaba nada, pero con una mirada me dejo claro que ella misma había subestimado aquella cena. Según transcurría la cena Andrea se dio cuenta de que tenía más en común con Felipe que conmigo, además estaba resultando un hombre atento y muy agradable y le encantaba bailar cosa que aprovecho llevándola a un local de moda, Andrea me dejo claro que esa noche no paso nada más.

Ya en casa después de ducharse y analizar la noche fue consciente que seguir viendo a ese hombre sería peligroso porque la atraía como una llama a una polilla, pero cuando tuvo el número de teléfono de Felipe en la pantalla de su móvil con la tecla de borrar a punto de pulsarla no lo hizo y eso fue el principio del fin.

Empezaron a hablar todas las noches que yo me quedaba en la empresa, aumentando el interés por él hasta que empezó a tener sueños húmedos, sueños que empezaron a tenerla en un estado de excitación constante que intentaba calmar conmigo las pocas veces que lo hacinamos, pero no fue suficiente y la siguiente vez que Felipe vino a Barcelona y le volvió a invitar a cenar, cena que tendría que haber rechazado, pero no lo hizo y ocurrió lo inevitable.

Después de una deliciosa cena fueron a bailar al mismo local de la otra vez, solo que en esta ocasión Felipe fue mucho más atrevido, le besaba el cuello mientras rozaba sus nalgas con su erecta herramienta haciendo que su coñito estuviera cada vez más empapado llegando un momento que para cuando se dio cuenta se encontraba en el callejón trasero de aquel local con la falda en la cintura y las bragas colgando de uno de sus tobillos mientras recibía las embestidas de Felipe.

Después de esa confesión Andrea se quedó callada, yo intentaba calmarme porque tenía el corazón a mil y temía que me terminara dando un infarto. Esta confesión acababa de destruir nuestro matrimonio haciendo que sintiera un vacío dentro de mí como si me hubieran arrancado el alma.

- Andrea te voy a pedir que me dejes la mañana de mañana para recoger mis cosas–dije abatido.

- No quería que las cosas acabaran así–contesto Andrea–. Tienes que creerme.

- Da igual si te creo o no Andrea, el daño ya está hecho–dije mirándola fijamente a los ojos–. El problema es que tú has cometido la falta y lo pagaremos los dos.

- Lo siento de verdad, pero en los sentimientos no se manda–contesto Andrea–. Ojalá no hubiera sentido nada, pero al conocerle algo se ha removido dentro de mí y quería ser sincera contigo, te merecías por lo menos eso.

- Veo que lo tienes claro–comente mientras miraba por la ventana–. Espero que sepas lo que haces.

- Sé que lo más probable es que me termine estampando contra una pared–dijo Andrea–. Pero si no lo intento sé que me arrepentiré el resto de mi vida.

Andrea se levantó con la intención de abrazarme al ver lo mal que me encontraba, intente con todas mis fuerzas ocultar el daño que me había casado su confesión no pudiendo hacerme a la idea que mi matrimonio se acababa de convertir en cenizas sin que yo pudiera hacer nada. Mire severamente a Andrea mientras daba dos pasos para atrás dejándole claro que lo mejor que podía hacer es marcharse.

- Recuerda, necesito la casa solo para mi mañana por la mañana–dije intentando aguantar las lágrimas–. Después serás libre para hacer lo que quieras, mi abogado se pondrá en contacto contigo para firmar los papeles del divorcio.

- ¿Que aremos con la casa?–pregunto Andrea.

- Puedes pagarme la parte que me corresponda y quedarte con ella–. Conteste–. O podemos venderla y repartimos el dinero, me da lo mismo.

- ¿Tú no quieres la casa?–pregunto Andrea mientras su labio temblaba.

- No, mañana será la última vez que pise esa casa–conteste mientras los diques cedieron y las lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas.

Andrea se dio la vuelta con la intención de acercarse y darme un abrazo, pero puse mi mano entre ella y yo en clara señal de que no sé acercarse más, a ella no le quedo más remedio que agachar la cabeza darse media vuelta y salir de mi despacho dejándome junto a unos sentimientos que me estaban aplastando.

Intente seguir trabajando, pero me fue imposible concentrarme y decidí acercarme a un pequeño hotel que quedaba cerca de mi trabajo con la esperanza de poder reservar una habitación para pasar la noche. Una vez en recepción tuve suerte, una de las habitaciones había tenido una cancelación de última hora, por lo menos tendría una habitación donde pasar la peor noche de mi vida.

Para ir hacia los ascensores había que pasar por el bar y para mi fortuna seguía abierto, entre sentándome en uno de los taburetes en medio de la barra y mire al camarero.

- Un whisky bien cargado, por favor–dije.

- ¿Un mal día señor?–pregunto el camarero.

- El peor–conteste.

Entonces vi como dejaba en su sito la botella de whisky que había elegido para servirme y cogía otra de una estantería de más arriba.

- No es necesario, el anterior whisky era más que necesario–dije.

- Agame caso, este whisky es muy bueno–contesto el camarero–. Me lo agradecerá.

La verdad es que no sé cuanto tiempo estuve en el bar del hotel y cuantos whiskys me tome, pero la verdad es que durante unas horas pude aliviar en parte ese dolor que me oprimía el pecho, pero llego la hora de cierre y no me quedo más remedio que volver a mi habitación a batallar con ese vació que se había instaurado dentro de mí tumbándome en la cama mirando al techo intentando discernir que es lo que había hecho mal para terminar así, pero también se me paso por la cabeza si alguna vez Andrea me quiso y no fui un premio de consolación para ella mientras hacía tiempo por algo mejor.

Empecé a ver como los primeros rayos de sol entraban por la ventana, me levante dándome una larga ducha para después ir a la que fue mi casa a recoger mis pertenencias. Por suerte para mí no era una persona que acumulaba cosas y mis pertenencias ocuparían como mucho tres cajas. Pase por la empresa para pedir la mañana libre y coger mi coche, pero no me veía en condiciones de conducir y opte por coger un taxi. Al llegar al portal el corazón se encogió y no pude evitar ponerme a llorar, por suerte para mí a esas horas la mayoría de mis vecinos seguían durmiendo y no tendría que dar ninguna explicación.

Una vez dentro de la que fue mi casa la recorrí por última vez recordando los buenos momentos que pase allí, momentos que no se volverían a repetir, pero que necesitaba atesorar. La última parada fue el dormitorio, Andrea cumplió su palabra y no se encontraba allí, tal vez ni siquiera paso la noche en ella, eso ya no era de mi incumbencia, solo quería recoger mis cosas lo antes posible y largarme de allí.

Recogí todas mis pertenencias exceptuando tres, un sobre que contenía la carta con la que me declare a Andrea, me ponía tan nervioso cuando la tenía delante que no me salían las palabras así que decidí escribirle una carta donde le relataba lo mucho que significaba para mí y lo enamorado que estaba de ella. Cuando se la entregue me temblaban tanto las manos que se me cayó al suelo siendo la misma Andrea quien se agachó a recogerla y después se dispuso a leerla cayéndosele las lágrimas según iba pasando los párrafos.

Recuerdo que me miro y me dijo que si, ese fue uno de los momentos más felices de mi vida, esa carta durante muchos años había significado el amor que sentía por ella, pero después de su confesión su significado cambio a uno mucho más triste, pasando a representar el desamor más absoluto.

Otro de los objetos era mi alianza, todavía recuerdo como si fuera ayer lo nervioso que estaba en el altar esperando a que ella entrara en la iglesia, mi corazón latía con tal fuerza que sentía que en cualquier momento saldría disparado de mi pecho, pero eso no fue nada comparando a cuando la vi entrar con aquel precioso vestido, todo mi cuerpo tembló, mis manos empezaron a sudar y se me seco la boca llegando a pensar que no sería capaz de decir mis botos, pero solo vasto que ella me cogiera la mano para saber que todo saldría bien. Durante dos años ese anillo ha sido la definición de la fidelidad, pero después de anoche su definición había cambiado a infidelidad, deslealtad y traición.

El último objeto era la llave de la que fue nuestra casa, me recorrí toda la ciudad intentando encontrar la casa perfecta para ir a vivir juntos ante de casarnos y cuando ya estaba a punto de tirar la toalla di con la que ha sido nuestra casa los últimos años, dos de novios y dos de casados, recuerdo perfectamente como le puse una venda en los ojos y la lleve hasta allí con la intención de darle una sorpresa, jamás se me olvidara como le brillaban los ojos cuando se quitó la venda y vio por primera vez la que iba a ser nuestra nueva casa y lo fuerte que me abrazo llorando de alegría, esa llave durante los últimos cuatro años ha significado el compromiso, pero después de su confesión había adquirido otro significado muy distinto, el de la deslealtad y el abandono.

Deje los tres objetos sobre la cama uno al lado del otro, Andrea me conocía muy bien y entendería el mensaje que le quería dejar con esos tres objetos, mire la casa por última vez antes de cerrar la puerta y dirigirme a mi coche, el palo había sido gordo, no me quedaba otra que lamerme las heridas y mirar hacia adelante con la esperanza de que algún día volviera a llenar ese vació.

FIN.
Como que fin?
No, no y no. Esto no puede terminar así.
Te conozco bien y los malos pagan las consecuencias.
Todavía queda que Andrea pague el error gravísimo que ha cometido con un golfo como es Felipe y yo veo una posible historia con la mujer de Felipe previo divorcio de este golfo.
 
Como que fin?
No, no y no. Esto no puede terminar así.
Te conozco bien y los malos pagan las consecuencias.
Todavía queda que Andrea pague el error gravísimo que ha cometido con un golfo como es Felipe y yo veo una posible historia con la mujer de Felipe previo divorcio de este golfo.

Como ya he dicho mas arriba tengo otro relato casi terminado cuando termine ese veremos lo que hago, de todas maneras ya me he dejado hecho el esquema de la segunda parte de este relato por si acaso.
 
Como ya he dicho mas arriba tengo otro relato casi terminado cuando termine ese veremos lo que hago, de todas maneras ya me he dejado hecho el esquema de la segunda parte de este relato por si acaso.
Segunda parte si o si.
No te quiero presionar, tomate tú tiempo y publícalo cuando quieras, pero creo que sería justo un buen final para Marcos y la ex de Felipe, porque doy por hecho que termina con este sinvergüenza.
 
Enhorabuena a nuestros querido autor y amigo por el pase de su Real Sociedad a la final de Copa.
Y además se juega en una ciudad que creo que conozco.
 
Llenando él vació

Una vez metí las cajas en el maletero de mi coche me puse en marcha hacia la casa donde me crie, en realidad era la casa de tía Carmen, mi tía era la hermana mayor de mi madre y fue la que me crio cuando mi madre murió cuando yo tenía dos años. De mi padre nunca he sabido nada, lo único que tía Carmen me contó fue que era el novio de mi madre y cuando esté la dejo embarazada desapareció sin dejar rastro.

La verdad es que siempre me dio igual quien era mi padre porque nunca me hizo falta, mi tía me proporciono todo lo que necesite. Las dos hermanas nacieron con la misma enfermedad coronaria, pero según parece mi madre al quedarse embarazada y darme a luz agravo la enfermedad hasta tal punto que en dos años se convirtió en una enfermedad terminal. Mi tía, sin embargo, haciendo los ejercicios, cuidando la dieta y tomando la medicación duro veinte años.

Creo que fuimos una bendición el uno para el otro, mi tía siempre quiso ser madre, pero al ver lo ocurrido con mi madre los médicos se lo prohibieron, así que cuando tuvo que hacerse cargo de mí fue muy feliz aunque hubiera preferido que su hermana no hubiera muerto. Para mi tía fue mi heroína, siempre con una sonrisa que iluminaba el día más oscuro. Me enseño a cocinar, a poner la lavadora, a planchar para que el día de mañana cuando me quedara solo pudiera velarme por mi mismo.

En aquel entonces siempre protestaba, pero hoy en día se lo agradezco de corazón y me gustaría que siguiera viva para poder agradecérselo en persona. Me quedaban dos manzanas para llegar al edificio donde se encontraba la casa que mi tía me lego junto a un dinero que me vino muy bien para terminar mis estudios sin depender de créditos ni becas. Cuando Andrea y yo decidimos irnos a vivir juntos y encontré la casa en la que vivimos cuatro años estuve tentado a vender la casa y de esa forma pagar parte de la hipoteca, pero me fue imposible deshacerme de una casa en la que había sido tan feliz.

Durante estos años había ido reformando, quite la bañera y puse un plato de ducha, cosa que tendríamos que haber hecho cuando mi tía seguía con vida, pero ella se negó porque le gustaba bañarse y para eso se necesitaba una bañera, cambie el suelo, las ventanas, la cocina, prácticamente deje una casa como nueva, como lo hice poco a poco pude asumir el gasto. Hace un año en una reunión de vecinos decidimos hacer el tejado y la fachada y de esta menará el edificio quedo casi como nuevo el único problema que tenía que no tenía ascensor y había que subir escaleras, estas seguían siendo de madera, aunque hacia un par de años que las habían cambiado por unas nuevas.

Para cuando me di cuenta me encontraba en frente del garaje, metí el coche y después empece a subir las cajas hasta el tercer piso, no parecía mucho, pero las cajas pesaban lo suyo. Por lo menos estos pensamientos consiguieron sacarme en la tristeza en la que me encontraba desde que me entere de que mi vida había saltado en mil pedazos. Una ver en el bajo miré hacia arriba y después de coger aire y agarrar con fuerza la caja me puse a subir, la caja era tan grande que apenas podía ver los escalones y menos ver la persona que bajaba de algún piso de arriba y me arroyo por ir mirando el móvil.

Menos mal que me pillo en el descansillo y la caída fue pequeña.

- ¡Menudo ostión!–dije adolorido–. ¡Podías tener más cuidado cuando bajes las escaleras!

Aquella chica se me quedo mirando y empezó a reírse.

- ¿Marc eres tú?–pregunto aquella chica–. ¿No me reconoces?, soy Helena.

- ¡Helena!–conteste–. No nos veíamos desde el entierro y funeral de mi tía.

- Así es–dijo Helena–. Perdóname iba mirando la agenda en mi móvil y no te he visto.

- No te preocupes–conteste–. Pero ayúdame a levantarme que el escalón se me ha clavado en la espalda.

Helena me ayudo a levantarme mientras se partía de risa, una vez estuvimos frente a frente nos abrazamos con mucho cariño.

- Marc hoy no puedo–dijo Helena–. ¿Pero qué te parece si mañana preparamos algo de cenar en mi casa y nos ponemos al día como hacíamos antaño?

- Me parece estupendo–dije–. ¿Qué te parece si quedamos a las nueve?

- Me parece muy bien–contesto Helena–. Así podrás contarme lo que te ha ocurrido, desde la muerte de tu tía que no te veía tan decaído.

Helena no era tonta y se había dado cuenta de la marca que la alianza había dejado en mi dedo, sabía que no me preguntaría nada, pero durante la cena me sometería a un tercer grado, la conocía como si la hubiera parido. Helena me dio un beso en la mejilla y siguió bajando las escaleras, se notaba que andaba con prisa, pues los bajaba de tres en tres. Yo volví a coger la caja y me dispuse a subir los restantes dos pisos que me quedaban hasta llegar a la que sería mi casa de aquí en adelante.

Antes de entrar miré hacia la puerta que quedaba enfrente de la mía, esa era donde vivía Helena, era el piso que heredo de su abuela cuando esta falleció. Aunque mi tristeza seguía haciendo estragos dentro de mí encontrarme otra vez dentro de ese edificio me estaba trayendo muchos recuerdos felices de cuando era un renacuajo y vivía feliz sin preocupaciones haciendo trastadas al lado de Helena.

Saber que la tendría al lado me reconforto mucho, ella sabía como sacarme una sonrisa. Una vez habiendo subido las tres cajas me dispuse a colocar todo en su sitio no me apetecía andar chocándome con las cajas constantemente. Una vez tuve todo bien colocado saque el informe que tendría que presentar al día siguiente donde se especificaba que los errores que algunos de mis compañeros habían cometido ya habían sido subsanados y todo estaba al gusto del cliente.

Lo repasé unas cuantas veces para cerciorarme que cada coma estaba en su sitio, para cuando me di cuenta el día había pasado y me hice algo ligero de cenar para después meterme en la cama, no me apetecía, pero necesitaba descansar, puesto que al día siguiente volvería al proyecto que compartíamos con la empresa de Madrid y tendría que volverme a ver la cara con Felipe, el amante de Andrea, si os soy sincero no me apetecía nada, pero ante todo era un profesional y me gustará más o menos tendría que dejar mi mal estar aparcado durante unas horas.

Eso era más fácil decirlo que hacerlo, pero no me quedaba otra. Para cuando me di cuenta el sol ya había salido, me pegue una buena ducha me afeite y desayune para después ponerme el traje. Como agradecía que tía Carmen tuviera la paciencia de enseñarme a planchar porque se me daba fatal, pero poco a poco fui cogiendo maña hasta que era capaz de plancharme mi propia ropa y no solo yo lo agradecí mi bolsillo también lo hizo, puesto que la tintorería no salía nada barata.
Ya estaba listo, cogí mi mochila donde llevaba mi portátil y me dispuse a coger el coche para ir al trabajo, en esta ocasión fui una hora antes quería revisar toda la documentación antes de que llegaran por lo cual al llegar a las oficinas fui directo a la sala de reuniones donde teníamos una gran mesa sentándome en una de las sillas. El primero en llegar fue mi jefe estaba muy tenso y me miraba con gesto preocupado.

- Marc ya me he enterado de lo que ha ocurrido–dijo mi jefe–. Sé que es injusto, pero necesito que se centre en el proyecto dejando a un lado sus rencillas personales todos nos jugamos mucho en esto.

- Lo sé jefe–conteste–. Ante todo soy un profesional.

Mi tono sonó mucho más seco de lo que pretendía, mi jefe me miro aflojando un poco el ceño.

- Lo sé–dijo mi jefe–. Por eso sigue aquí y no le he asignado otro proyecto.

- Descuide–conteste–. Ya verá como queda gratamente satisfecho con el resultado.

La verdad es que estaba haciendo muchas promesas y ni yo sabía como iba a reaccionar una vez tuviera a ese personaje frente a mí, pero no tardaría en comprobarlo. Habían pasado diez minutos cuando la puerta se abrió y fue Elsa la primera en cruzarla, ella también estaba muy tensa su rostro era reflejo de ello y tras de ella podía verse a otra persona. Bueno la hora de la verdad había llegado, el ambiente estaba tan tenso que esa tensión se podía cortar con unas tijeras.

Eso, cambio cuando esa otra persona entro por la puerta y una gran sonrisa empezó a crecer en mi rostro, de hecho esa otra persona traía una sonrisa igualita a la mía.

- Me podías haber dicho ayer que trabajaríamos juntos–dije–. Porque tengo clarísimo que sabías perfectamente que tu contraparte iba a ser yo.

- Podría haberlo hecho–contesto Helena–. Pero me abría perdido la cara que has puesto.

Elsa y mi jefe respiraron más tranquilos, pero se notaba en su rostro como la curiosidad empezaba a crecer el primero en hablar fue mi jefe.

- ¿Todo bien Marc?–pregunto mi jefe.

- Todo bien–conteste.

Elsa miró a Helena.

- ¿Os conocíais?–pregunto Elsa–. ¿Por qué no me habías dicho nada?

- Pero si llevo mucho tiempo hablándote de mi amigo Marc–contesto una divertida Helena–. Solo tenías que sumar dos más dos.

Elsa por fin sonrió, tanto ella como mi jefe se dieron cuenta de que el proyecto estaba en buenas manos, mi jefe invito a Elsa a un café, o a un copazo para digerir todos los nervios que habían pasado. Helena se sentó en frente de mí mirándome fijamente a los ojos y puso una carpeta sobre la mesa con algunas de sus ideas, como me conocía, habían pasado años sin vernos y me seguía leyendo como el primer día.

Sus ideas encajaban a la perfección con los que se me habían ocurrido a mí blindando los posibles puntos débiles haciendo un proyecto más sólido. Que diferencia con Felipe que intentaba constantemente imponer sus ideas sobre la de los demás queriendo llevarse él todo el mérito del proyecto aunque esas ideas fueran un error a largo plazo. A mí me daba igual quien se llevaba el mérito mientras que el proyecto que presentáramos fuera sólido y pudiera pasar el más temible de los escrutinios.

Estábamos tan a gusto trabajando el uno con el otro que ni siquiera salimos a comer, una de las compañeras nos trajo algo de comer cuando salió ella para recoger lo que había pedido para ella. Cuando entro en la sala de conferencias con nuestra comida empezó a reírse diciendo que Helena imprimía tanta pasión como yo en el trabajo y perdíamos la noción del tiempo. Los dos nos quedamos mirando a mi compañera de trabajo estallando en una carcajada que tuvieron que escuchar desde el edificio de al lado.

- Tu compañera tiene razón–dijo Helena–. Llevamos horas sin parar y tenemos que ir a hacer la compra para la cena, porque sigue en pie, ¿verdad?

- Claro que sigue en pie–conteste–. Que te parece si preparo Dorada al horno con salsa de queso azul, es un plato que a tía Carmen le salía muy rico y me enseño hacer.

- Me parece muy bien–dijo Helena–. Carmen era una gran cocinera, con que seas la mitad de buena que ella me conformo.

- Tu prueba y luego juzga–conteste.

Los dos empezamos a reírnos, la separación de Andrea me había sumido en una gran tristeza, pero el destino había decidido poner en mi vida a Helena que me hacía olvidarme mientras estuviera con ella del agujero negro en el que me había caído después de la ruptura. En unas horas habíamos adelantado más en el proyecto que en meses con Felipe, a las seis decidimos dar carpetazo y salir para comprar el pescado y todos los ingredientes para que pudiera prepararle una cena a Helena que se chuparía los dedos.

Una vez tuvimos todo nos dirigimos a mi coche y pusimos rumbo a nuestro edificio. Durante el viaje le fui contando todas las reformas que había hecho en casa de tía Carmen haciendo que a Helena le picara la curiosidad y le entraran unas ganas enormes de ver mi casa. Primero entramos en la suya donde deje las bolsas sobre la encimera y el pescado en el frigorífico y seguido le lleve a la mía, una vez dentro Helena empezó a recorrer la estancia podía ver en sus gestos y sus miradas como recordaba todas las vivencias que vivió ahí cuando era una renacuaja.

- Sigo reconociendo la casa–dijo Helena–. Es la misma casa, pero como si fuera un 2.0 de ella, a Carmen le hubiera encantado.

- Lo sé–conteste–. Me hubiera gustado mucho que hubiera tenido la oportunidad de disfrutarla.

Helena me miro y acercándose a mí me abrazo con mucho cariño, pero no os creáis que ella ha perdido el tiempo. La casa de su abuela también había sufrido una remodelación profunda, si llega a estar viva para ver la cocina que se había montado Helena ni se lo hubiera creído. A su abuela también le gustaba cocinar y esa cocina la hubiera disfrutado, espaciosa y muy ordenada.

Una vez los dos nos pusimos cómodos con ropa para estar en casa me puse manos a la obra, pero Helena no tardo en venir a la cocina a echarme una mano y entre los dos lo dejamos todo preparado para meter la Dorada al horno, después abrí una botella de vino blanco que un compañero me había recomendado.

- Llevas todo el día mirando mi dedo–dije–. Sé que te mueres por preguntar.

- No me hace falta preguntar–contesto Helena–. Felipe, ¿verdad?

- ¿Cómo lo sabes?–pregunte–. ¿Te lo ha contado Elsa?

- No le ha hecho falta contarme nada–contesto Helena–. Yo lo sufrí en el pasado.

- Tú y Felipe...–dije pensando que tal vez había metido la pata.

- No folle con el sí eso es lo que quieres saber–dijo Helena–. Pero él no dejo de intentarlo.

- Lo siento Helena–conteste–. No es de mi incumbencia.

- Tranquilo–contesto Helena–. Me vendrá bien para desahogarme.

- No cedí ante él, pero mi novio no me creyó y termino dejándome–dijo Helena–. Óscar tenía muchas virtudes, pero tenía dos defectos que terminaron con nuestra relación, la inseguridad y los celos.

- ¿Y no lo hablaste con Óscar?– pregunté–. ¿No le explicaste que todo era un malentendido?

- No me dio la oportunidad, un día llegué a casa y él ya se había marchado–contesto Helena–. Tú me crees, ¿verdad?

- Si–conteste–. Ninguno de los dos sabemos mentir, nuestros tics nos delatan y tú no has hecho ni uno solo en toda la conversación.

Helena agachó la cabeza y empezó a llorar, deje la copa de vino y corrí a abrazarla, lo que menos dehesaba era recordarle recuerdos dolorosos.

- Lo siento Helena–dije–. No quería recordarte esos recuerdos.

- No lloro por eso–Contesto Helena–. Lloro porque eres la primera persona que me ha creído y no ha puesto mi versión en duda.

Volví a abrazarla, entonces el horno pito en señal que la cena ya estaba lista, los dos nos levantamos mientras Helena se secaba las lágrimas con una sonrisa en el rostro. La Dorada me había quedado para chuparse los dedos. Tuve una buena profesora y Helena disfruto del plato hasta el punto de dejarlo tan brillante que no necesitaba ser fregado, una vez terminamos de cenar Helena fue a preparar unos copazo mientras yo me perdí en mis pensamientos.

- No lo entiendo–dije.

- ¿Qué es lo que no entiendes?–pregunto Helena.

- Que llevo a Andrea a comportarse así–conteste–. Estábamos bien.

- El amor–dijo Helena.

- No te entiendo–conteste.

- Lo único que puede hacer que Andrea se haya planteado un matrimonio de dos años es el amor–contesto Helena–. Elsa y ella se han enamorado de la persona equivocada.

- Pero entonces, ¿por qué casarse conmigo?–pregunte–. ¿Por qué casarse si no estaba enamorada?

- Hombres como Felipe los hay a patadas–contesto Helena–. Hombres que solo buscan meterse entre nuestras piernas y después si te he visto no me acuerdo.

- Tú eres un puerto seguro–dijo Helena–. Hombres con tu integridad no abundan mucho y si su deseo era formar una familia nadie más indicado que tú.

- Ya, pero al final ha ganado él–conteste–. El puerto seguro no lo era tanto.

- Andrea lo va a pasar muy mal–dijo Helena–. A Felipe únicamente le gustan las mujeres casadas o con novio no mostrando interés en mujeres solteras.

- ¿Qué quieres decir?–pregunte–. Explícate.

- Cuando Óscar me dejo perdió todo interés en mí y me dejo en paz–dijo Helena–. Ojalá lo hubiera hecho antes tal vez ahora seguiría con el hombre que una vez ame.

- No sé Helena, te abandono sin darte la opción de darle tu versión–dije–. Tal vez ese Óscar tampoco merecía mucho la pena.

- Tienes razón–contesto Helena.

- Has dicho que amaste–dije–. ¿Ya no lo amas?

- A veces le echo de menos y pienso en como sería nuestra vida de no haberse cruzado Felipe para estropear nuestra relación–contesto Helena–. Pero el amor murió en el momento que yo cruce la puerta de nuestra casa y él se había marchado de ella.

- Pobre Elsa–dije–. ¿Por qué no se divorcia de él?

- Está tan enamorada de ese hombre que cree que por muchas amantes que tenga siempre volverá a ella–contesto Helena–. Cree de verdad que la ama y no ve más haya.

- Y no es así, ¿verdad?–dije.

- Helena ostenta el dinero y el poder, es la hija del dueño de la empresa–contesto Helena–. No vuelve a ella por amor, sino por interés.

Durante un rato nos miramos en silencio.

- Tenemos que empezar el proyecto de cero–dijo Helena–. Con las ideas que hemos puesto hoy sobre la mesa tenemos para presentar un proyecto muy puntero, el proyecto que Elsa me ha enseñado no vale nada me sorprende que tú lo hayas permitido.

- En mi empresa hubo un problema con otro proyecto y como ese problema lo provoco mi departamento tuve que centrarme en arreglarlo y pusieron a otro para encargarse de este proyecto–conteste–. En mi ausencia Felipe ha hecho de las suyas.

- Ese tío está donde está porque el padre de Helena es un retrógrado–dijo Helena–. Según su forma de pensar para que a una empresa la tomen en serio tiene que estar dirigida por un hombre.

- Menuda gilipollez–conteste–. ¿Y piensa poner a Felipe al mando?

- Eso me temo–dijo Helena.

- Si ponen a ese al mando la empresa se hunde en un año–conteste–. No puedo entender que el padre de Elsa no sea capaz de ver que su hija está mucho más preparada.

- Espero de verdad que Elsa se quite la venda de los ojos y mande a la mierda a ese miserable–dijo Helena–. Que lo despida sería la guinda del pastel.

Los dos empezamos a reírnos, Helena volvió a preparar otro copazo para los dos, pues el anterior se había aguado al haberse derretido el hielo. Durante las siguientes dos horas hablamos un poco de todo fueron dos horas durante las cuales Andrea no asomo en mi pensamiento y pude volver a disfrutar del sabor de la felicidad, pero como dice el refrán todo lo bueno se acaba y había llegado el momento de volver a mi casa.

Si tomaba otro copazo más no abría quien me levantara de la cama al día siguiente y teníamos que seguir con el proyecto. Quede en pasar a recogerla a las siete para volvernos a sumergir en el proyecto que podía catapultar a nuestras empresas si este gustaba al cliente, gracias a Helena mi corazón empezó a sanar aunque no era consciente de ello en ese momento.

A las siete en punto le toqué el timbre abriéndome una Helena que todavía seguía dormida, yo no estaba mejor que ella, más nos valía tomarnos otro café antes de subir a la oficina porque los dos teníamos una cara que daba miedo, al final nos dieron las tantas hablando y no dormimos ni tres horas.

El tiempo fue pasando y cada vez estaba más cerca la fecha en la que tendríamos que presentar el proyecto así que por esa parte estábamos un poco apurados trabajando durante meses tanto en el trabajo como en casa. Sin que fuera consciente Helena se fue colando poco a poco dentro de mi corazón llenando él vació que Andrea había dejado y cicatrizando las heridas que esta había provocado en él.

No sabría decir que fue, una mirada, un roce fortuito al intentar coger el mismo objeto a la vez, pero lo que si tenía claro era que Helena me estaba devolviendo algo que pensé que había perdido para siempre, la esperanza de volver a ser feliz, pero como siempre mis miedos estaban ahí presentes, nunca había sido una persona insegura hasta que ocurrido aquello y tenía miedo, lo admito.

Temía profundamente volver a pasar por lo mismo, pero todo cambio una noche que estuvimos trabajando en su casa, Helena había tenido una buena idea y estuvimos estrujándonos el cerebro para que pudiera encajar en un proyecto que ya lo teníamos muy adelantado. Aquella noche cenamos algo ligero, los dos estábamos tan cansados que solo queríamos meternos en la cama y dormir.

No sé que hora de la noche seria, pero empece a escuchar como alguien tocaba el timbre y aporreaba la puerta con fuerza y desesperación levantándome corriendo a abrir la puerta, pues sabia perfectamente quien era en cuanto escuche el sonido atronador de un relámpago mientras este iluminaba mi habitación. Helena desde que era pequeña había tenido un miedo atroz a las tormentas eléctricas, así que sin demorarme ni un segundo fui a abrir, como imaginaba ahí se encontraba la pobre Helena sentada en el suelo con la cabeza metida entre las piernas mientras temblaba profusamente.

No sé cuanto tiempo abría estado tocando el timbre y aporreando la puerta, puesto que una vez que me duermo tengo un sueño muy profundo y según decía mi tía que algún día se me caería la casa mientras dormía y no me enteraría de nada. Me agaché para abrazarla, al llevar solo una camiseta larga estaba helada, al sentir mi contacto se abrazó a mí con mucha fuerza empezando a llorar sin ser capaz de articular palabra.

La cogí en brazos y me la llevé a mi habitación metiéndola en mi cama para que entrara en calor, fui directo a un armario para coger una manta esa noche dormiría a su lado en el sillón individual que en su día perteneció a mi tía, pero Helena me detuvo.

- Por favor duerme conmigo–dijo Helena–. Por favor.

Dándome media vuelta me volví a meter en mi cama abrazando a Helena desde atrás que seguía temblando y se sobresaltaba cada vez que un relámpago sacudía el cielo. Me gustaba lo que estaba sintiendo, sentirla tan cerca el calor que desprendía. De repente empece a sentir lo mucho que me gustaría que esto se repitiera para siempre y mientras seguía inmerso en mi pensamiento note como Helena se movió colocándose encima de mí.

Pude notar como se hacía a un lado su braguita y ponía la punta de mi polla en la entrada de su coñito haciendo que entrara dentro de ella sin ningún esfuerzo, entonces otro relámpago ilumino mi habitación mostrándome su precioso rostro, seguía arrasado en lagrimas, pero esta vez no había ni un ápice de miedo tenía una gran sonrisa y este reflejaba una inmensa paz. Una vez me tuvo dentro de ella suspiro profundamente echando el cuerpo para atrás mientras empezó a mover sus caderas.

El pacer que empece a sentir no se puede explicar con palabras hay que sentirlo, Helena echo su cuerpo hacia adelante poniendo su rostro a escasos centímetros del mío y entonces lo vi, esa mirada enamorada que yo tenía todas las mañanas cuando yo me miraba al espejo todo el miedo y las dudas que sentía desaparecieron, cogí sus caderas con mis manos y empece a mover mis caderas al ritmo de las suyas, Helena volvió a dar un suspiro que se fue alargando en el tiempo y fue interrumpido cuando sus labios se posaron sobre los míos besándome con una dulzura que no había sentido en mi vida.

Nuestros movimientos se fueron acelerando cada vez más mientras el cabecero de la cama golpeaba la pared con más fuerza, menos mal que ella era mi vecina si no nos hubieran sacado cantares, como ya he comentado ya no había dudas, ya no quedaba ni un ápice de miedo, los dos nos amábamos y pondría todo de mi parte para que los dos fuéramos felices ya había sufrido bastante durante todos los meses que habían pasado desde aquella fatídica noche donde Andrea me confesó que me había sido infiel.

Nuestro clímax final llegó mientras un rayo partía los cielos en dos con un sonido tan atronador que ahogo nuestros gritos por completo, pero lo que no fue capaz de ahogar fue la felicidad que palpitaba en nuestros corazones. Helena cayó sobre mi pecho con la respiración agitada, no dijo nada solo sonreía satisfecha, yo cogí el edredón y antes de taparnos besé su frente.

Poco a poco nuestras respiraciones se fueron acompasando hasta que nos dormimos, al día siguiente me levante primero quería preparar el desayuno y llevárselo a la cama, pero Helena se levantó antes de que me diera tiempo a terminar, al mirarla parecía preocupada.

- ¿Qué ocurre?–pregunte–. ¿Helena que te preocupa?

- No has dicho nada desde ayer–contesto Helena–. Llevo horas despierta y te has levantado sin decir nada, ¿no te gusto lo de ayer?

- Claro que me gusto–conteste–. Si no he dicho nada era porque quería sorprender a la mujer de la que me he enamorado llevándole el desayuno a la cama.

El semblante de Helena cambio de forma radical, corriendo hasta donde me encontraba para abrazarme con fuerza mientras me besaba con una pasión inusitada.

- Llevo mucho tiempo esperando escuchar esas palabras de tu boca–dijo Helena.

- ¿Cuánto tiempo?– pregunté.

- Desde que éramos unos renacuajos–contesto Helena–. Entonces no sabía lo que era el amor, pero mi cuerpo ya lo sentía, pero tú no te dabas cuenta de nada.

- Lo siento Helena–dije–. Ya me conoces, soy bastante parado para algunas cosas y muy despistado para otras.

- Ya, ya–contesto Helena–. Aunque una cosa, no seremos novios hasta que me lo pidas bien.

Entonces acercándose a mí me dio un piquito mientras me mordía el labio, después moviendo su precioso culito se dirigió hacia la habitación.

- ¿A dónde vas?–pregunte sabiendo la respuesta.

- A la habitación a hacerme la dormida para que puedas traerme el desayuno como planeabas–contesto Helena.

No pude evitar echarme a reír, tardaría un rato en terminar el desayuno así que no me extrañaría que me la encontrara dormida, la noche fue movidita y no solo por los relámpagos. Tenía claro que tenía que declararme a Helena como era debido, pero era muy malo para expresar lo que sentía, parecía mentira que fuera capaz de exponer un proyecto delante de mucha gente y que no fuera capaz de declararme a la mujer de la que me había enamorado.

Opte por escribirle una carta cogiendo un folio y un bolígrafo me puse manos a la obra.


Después de aquella noche aciaga pensé que me lo habían arrebatado todo, mi alma y mi capacidad de amar dejando un gran vació dentro de mí, llegue a la casa de mi tía sin saber como encauzaría mi vida, pero el destino me tenía una sorpresa preparada, la sorpresa más maravillosa del mundo en forma de una preciosa mujer, pero un poco alocada que ha conseguido que su positividad y buen humor haya infectado mi alma haciendo que recuperara la esperanza, la esperanza de volver a ser feliz.

Una sola vida no alcanza para poder agradecerte todo lo que has hecho por mí, llevo semanas sintiendo algo muy fuerte, algo que está muy por encima de nuestra amistad, pero también he tenido que soportar el peso del miedo a volver a pasar por lo mismo, un miedo en forma de nubarrones que tapaban esa luz que tú emanabas mostrándome el camino hasta ese puerto seguro donde podría llenar ese vació que una traición inesperada creo en mí.


Te quiero Helena, estoy tan enamorado de ti y estoy dispuesto a demostrártelo hasta el final de mis días.

Te quiere tu novio.


Volví a leerla en un par de ocasiones y me levanté a coger un sobre donde meter esta carta que sería mi declaración de amor hacia Helena. Para cuando termine el café ya estaba listo, tenía el zumo, las tostadas y el café como le gustaba a ella, corto de café y largo de leche. Puse todo en una bandeja y me puse en marcha hasta nuestro dormitorio, porque en eso se convirtió la noche anterior y así seguiría siendo de aquí en adelante.

Como me había imaginado Helena se había dormido, pero solo basto el olor a café recién hecho para que abriera sus ojitos y se estirara con una gran sonrisa en el rostro sentándose sobre la cama apoyando su espalda contra el cabecero de la cama, al poner la bandeja sobre la cama en lo primero que se fijó fue en la carta que había colocado apoyada sobre la taza que café y que no tardo en cogerla con alegría y cierta curiosidad.

Una vez la abrió y congio la carta entre sus manos contuve la respiración e intenté disimular la ansiedad que esta situación estaba creando en mí, pero únicamente basto la primera lagrima que empezó a descender por su mejilla para romperme yo también y terminar los dos en un emotivo abrazo.

- Ahora ya puedo considerarte mi novio–dijo Helena–. Bueno no del todo, dependerá de lo bueno que esté el desayuno.

La cabrona empezó a reírse de tal manera que de no coger la bandeja esta se hubiera caído al suelo, me levante yendo a la cocina donde deje la otra bandeja con el mío y me senté a su lado para desayunar junto a ella, después de desayunar nos duchamos a toda prisa, puesto que la hora de ir a la oficina se nos había echado encima.

Lo normal era que estuviéramos fundidos y más con lo poco que habíamos dormido, pero los dos llegamos a la oficina con una sonrisa de oreja a oreja y cogidos de la mano cosa que no paso desapercibida para nadie y menos para Elsa que nos miraba con una amplia sonrisa, no paramos de trabajar desde que llegamos, tuvimos un torrente de ideas nuevas y nos dedicamos toda la mañana a desarrollarlas y pensar como encajarlas en el proyecto.

A media mañana Helena decidió ir a la sala de descanso a por un café, Elsa nos había comprado una cafetera como las que tienen en las cafeterías, yo no tenía ni idea de como se usaba, pero Helena al haber trabajado en la cafetería de la universidad si y fue a por uno. Sin embargo, yo fui a por mi chaqueta y de su bolsillo saqué un Almax, llevaba toda la mañana con un ardor de estomago que aunque no me impedía trabajar sí que era bastante molesto.

Una vez me tome el sobre de almax aproveche para ir al baño que quedaba en el pasillo que llevaba a la sala de descanso, al mirar hacia allí vi como Felipe interceptaba a Helena y mostraba demasiadas confianzas con ella, en el pasado nunca hubiera hecho nada semejante, pero después de lo ocurrido con Andrea me había vuelto una persona mucho más insegura y decidí acercarme, entonces escuche la conversación.

- Ya me he enterado de que vuelves a tener pareja–dijo Felipe–. Eso hace que vuelvas a ser interesante para mí.

Felipe se creía irresistible y era tan egocéntrico que no se fijó con que desprecio le miraba Helena.

- Por mucho que utilices colonias caras estas no enmascararan el olor a podredumbre que desprendes–contesto Helena–. Ahora si no te importa me voy a tomar un café a ver si me quita el mal sabor de boca que me has dejado tú con tu presencia.

Pude ver la mirada de desagrado de Felipe, estaba claro que no estaba acostumbrado a que nadie le rechazara y menos que le hablara como Helena le había hablado. Apretó los puños con fuerza, pero no dijo nada empezando a andar hasta donde me encontraba yo con una sonrisa en el rostro, se paró ante mí mirándome fijamente, yo no me amilane y le sostuve la mirada unos segundos después fue él el que agacho la cabeza y siguió su camino.

No me había dado cuenta de que Helena lo había presenciado todo y se le veía algo preocupada dejando la taza se acercó a mi algo nerviosa.

- He escuchado la conversación y quería pedirte perdón por ello, yo antes no lo hubiera hecho, pero después de lo que paso...–dije–. Aunque lo de la podredumbre me ha gustado.

- No te preocupes, ni por esto, ni por él–contesto Helena–. Ese hombre no tiene nada que me interese.

Después de decirme eso me dio un piquito y cogiéndome de la mano me llevo hasta mi despacho, según me contaba por el pasillo se le había ocurrido una forma para poder implementar todas las ideas que habíamos tenido en el proyecto. La verdad es que fue un día muy productivo, esa misma tarde cuando salimos de trabajar fuimos a una cafetería a tomarnos un cafecito y mientras lo hacíamos me contó que el viernes una amiga suya de la universidad cumplía años y los dos estábamos invitados.

- ¿Cómo me has presentado?–pregunte–. Porque te lo he pedido bien.

- Como novio por su puesto–contesto Helena mientras se reía–. Pero no sé si pedirlo por carta se puede catalogar como bien.

- La carta era bonita–dije–. Eso no me lo negarás, ¿verdad?

- No lo niego–contesto Helena–. La verdad es que me gusto mucho.

Una vez dicho esto nos dimos un tierno beso para después ponerme en antecedentes de quienes estarían en la fiesta, me fue describiendo a todos sus amigos de la universidad, todos parecían buena gente menos uno del que me advirtió.

- Sebas es un gilipollas–dijo Helena–. Tiene la boca más grande que el cerebro, ignóralo.

Estando sobre aviso eso sería lo que haría ignorarlo, por fin llego el viernes y mientras nos preparábamos para ir a la cena me puse un poco nervioso, el don de gentes no era mi fuerte y tenía miedo de meter la pata. Una vez listos decidimos coger un taxi para ir a la cena, de esa manera si bebíamos más de la cuenta no tendríamos que conducir, al llegar Helena me presento a la cumpleañera primero, su nombre era Silvia. Era una mujer más o menos de la estatura de Helena, de cabello rubio y muy guapa como mi novia, la siguiente fue Nerea, más bajita que Helena y Silvia de pelo castaño rizado, pero igual de hermosa que las otras dos y por último me presento a Lucia, otra mujer de bandera y banda de música con el cabello de color negro azabache hasta media espalda.

Las tres me parecieron unas mujeres majísimas y me cayeron muy bien igual que sus novios, pero llego el petardo del grupo él tal Sebas, se notaba que se pasaba todo el día en el gimnasio, también se notaba que estaba pagado de sí mismo y se creía irresistible, me tendió la mano y yo se la apreté con educación, pero no tarde en ver una media sonrisa en su rostro mientras apretaba mi mano con tanta fuerza que creí que me la terminaría rompiendo.

Viendo que no tenía intención de soltar, golpee en la articulación acromioclavicular de su hombro derecho con mi mano izquierda haciendo que me soltara. Mire a Helena, ella sabiendo que ese capullo habría hecho una de las suyas fue a decirle algo, pero el novio de Silvia se lo llevo a un lado para hablar con él.

- Sebas sigue igual–dijo una molesta Helena–. No le pienso pasar ni una más.

- No te preocupes mi novio a ido a hablar con él–contesto Silvia–. Sabes que es de los pocos al que Sebas respeta y hace caso.

Teniendo en cuenta que el novio de Silvia era un armario empotrado como para no hacerle caso, pasado ese incómodo momento entramos en el restaurante, Helena se las arreglo para que quedáramos lo suficientemente lejos de Sebas para que no nos molestase en toda la cena, pero esa tranquilidad duro hasta que fuimos a un local a tomar algo, las chicas nos cogieron y nos llevaron a la pista de baile, a mí no se me daba nada bien y pise a la pobre Helena en más de una ocasión, pero mi novia se lo tomaba con humor.

En un momento dado todas las chicas decidieron ir a la barra a tomar una consumición y yo decidí aprovechar para ir al baño a descargar la vejiga, por suerte no había nadie. Los baños se encontraban al final de un estrecho pasillo a un lado de la pista de baile. Por suerte no había nadie y no tuve que hacer cola, pero la cosa se complicó cuando salí y me encontré de frente con Sebas.

- ¡Déjame pasar!–dije de forma contundente.

- Vamos Marc–dijo Sebas–. Los dos sabemos que Helena es mucha mujer para ti, lo que deberías hacer es conformarte con una mujer de tu estatus y no soñar con una diosa como Helena.

- ¿Soñar?– pregunté–. No necesito soñar Helena es mi novia.

- ¿Por cuánto tiempo?–pregunto Sebas–. Algún día se dará cuenta de tu mediocridad y querrá algo mejor.

- Algo mejor como tú, ¿verdad?–pregunte.

- Pues si–contesto–. Para que negarlo, Helena aunque se haga la dura está loquita por mí.

- Tú te sobrestimas demasiado–dijo alguien a la espalda de Sebas.

Era Helena que había escuchado toda la conversación estaba muy cabreada, sus ojos echaban fuego y daba mucho miedo.

- ¡Ya me he cansado de tus tonterías!–dijo Helena–. Al que no quiero en mi vida es a ti mamarracho, ¿te enteras?

Sebas se quedó blanco sin saber que decir, lo que menos esperaba su frágil ego era una contestación de tal magnitud y la acuso, Helena aparto a Sebas de un empujón acercándose a mí, después de besarme me dijo que nos fuéramos a casa que ese imbécil le había quitado las ganas de divertirse.

Una vez en la pista de baile Helena hablo con las chicas que miraron a Sebas de una manera muy severa, pero nada comparado de como le miro el novio de Silvia en cuanto se enteró de lo ocurrido, todos y cada uno de ellos se disculparon por el comportamiento de ese imbécil y nos invitaron a una futura fiesta donde se resarcirían de la imagen que Sebas había dejado, una vez estuvimos fuera intentamos llamar a un taxi, pero a esas horas sería complicado, hacía frío y aunque Helena se había traído un plumífero era uno de esos finos más apropiado para primavera que para principios de invierno. Quitándome el chaleco de forro polar que llevaba debajo de mi chaqueta se lo di para que se lo pusiera por debajo de su plumífero, no era mucho, pero la verdad es que hizo su función.

Tardamos más de una hora, pero al final conseguimos un taxi que nos llevaría hasta casa, Helena apoyo su cabecita sobre mi hombro quedándose dormida, no es que bebiéramos mucho, pero la verdad es que con el movimiento del coche y el calorcito que hacia dentro era difícil que no te entrara la modorra.

Tuve que despertar a Helena cuando llegamos a casa y cogerla en brazos, subir las escaleras con ella en brazos fue una odisea, entre que yo estaba medio borracho y las escaleras eran muy estrechas nos podríamos haber matado, pero por suerte entramos en mi casa sanos y salvos y justo me dio tiempo de meter a Helena en la cama cuando el móvil empezó a sonar al mirar la pantalla aparecía un número desconocido, pero algo dentro de mí me decía que tenía que contestar.

- ¿Dígame?– pregunté.

- ¿Es usted Marc?–pregunto una voz.

- Si, ¿ha sucedido algo?–volví a preguntar.

- Andrea ha tenido un accidente–contesto la voz–. Y usted está en su ficha del hospital como número de emergencia.

Pregunte de qué hospital estaban llamando una vez me dieron la dirección fui a donde Helena para contarle lo ocurrido.

- Cariño me acaban de llamar–dije–. Andrea ha tenido un accidente.

- ¿Es grabé?–pregunto Helena con tono de preocupación.

- No lo sé–conteste–. Voy para el hospital.

- Espera que te acompaño–dijo Helena–. Pero primer me voy a dar una ducha rápida y tú también deberías darte una.

Helena me dio las llaves de su casa para que usara su ducha de esa manera nos ducharíamos a la vez y saldríamos antes para el hospital, la ducha y el café cargado que nos tomamos y el susto hizo que la borrachera prácticamente desapareciera, pero decidimos tomar otro taxi por si acaso, un descuido en la carretera y podríamos tener un accidente fatal. Una vez que llego el taxi no tardamos en llegar al hospital, estaba cerca de donde vivíamos.

Al entrar preguntamos por Andrea y después de identificarme como su exmarido nos indicaron que esperáramos en una de las salas de espera. Estuvimos horas esperando, Andrea me había hecho mucho daño, pero no quería que este fuera su final y tenía un mal presentimiento de lo ocurrido, una vez que el médico nos atendió y nos explicó lo ocurrido tuve la certeza que mis miedos se habían hecho realidad.

- Usted también cree que ha atentado contra su vida, ¿verdad?–pregunto el médico ante la mirada horrorizada de Helena.

- A Andrea nunca le gusto conducir, lo hacía para poder cumplir con su trabajo–conteste–. Siempre conducía a la velocidad mínima que marcaba la ley, no veo otra explicación.

El médico nos indicó que Andrea tenía una fractura en el brazo, y tres costillas rotas, viendo el aparatoso accidente había tenido suerte, pero la tendrían en observación unos días. Según nos dijo el médico un facultativo de siquiatría le haría una evaluación y después podríamos entrar a verla.

Al entrar nos encontramos a una Andrea que miraba al techo con la mirada más triste que hubiera visto en mi vida, se me encogió el corazón, pero tenía que ser fuerte.

- ¿Por qué lo has hecho Andrea?–pregunte–. ¡Esa es una salida cobarde!, ¡tienes que luchar por seguir adelante, por internar ser feliz!

- He destruido dos vidas, la tuya y la mía–contesto Andrea–. Yo no sé cómo arreglarlo, pensé que de esta manera me redimiría ante ti.

- ¡Pero qué majaderías estás diciendo!–conteste muy enfadado–. ¡Crees de verdad que tu muerte te redime ante mí, las personas se redimen en vida, no con la muerte!

Andrea no dijo nada más, los calmantes que le habían administrado habían empezado a hacer efecto y se fue quedando dormida, esa noche la pasamos en el hospital a su lado, Andrea no tenía a nadie y aunque el dolor que me había causado todavía seguía hurgando dentro de mí también fui muy feliz a su lado y decidí dejar el rencor a un lado, por su bien, pero también por el mío y el de Helena.

Me había enamorado de Helena y si queríamos construir una vida juntos no podía estar sustentada en el rencor. Andrea durmió toda la noche y se sorprendió al vernos cuando despertó. Deje el pequeño sofá que había en la habitación a Helena y yo dormí en la silla, por lo menos lo intente, pero lo único que conseguí fue un fuerte dolor de espalda.

Las enfermeras entraron junto con el doctor y nos hicieron salir, una vez hablaron con ella el doctor nos comunicó que estaría en observación unos días y después le darían el alta y tendría que ir a que le quitaran las escayola a su ambulatorio. Los dos primeros días estuvo callada, pero el tercero no aguanto más y nos contó como le dolió tener que confesarme que me había sido infiel, pero dentro de ella habían surgido sentimientos nuevos que necesitaba explorar.

Felipe le había hecho muchas promesas, entre ella que dejaría a Elsa por ella y por eso decidió confesármelo, no quería empezar una relación nueva sin haber sido sincera conmigo reconociendo que lo hizo tarde, tuvo que hacerlo en el mismo instante que empezó a tener esos sentimientos, pero no quería herirme y tomo la errónea decisión de callárselo.

Según parece después de hablar conmigo fue a donde él para decirle que ya me lo había contado y que una vez dejara a Elsa nada le impediría empezar esa vida que él le había prometido, La sonrisa se borró del rostro de Felipe que aludiendo a que no se sentía bien decidió irse a casa quedando con Andrea para otro día, Andrea no era tonta, sabia perfectamente que algo había cambiado, pero no se iba a dar por vencida y más cuando lo había dejado todo por él.

La mitad de las llamadas quedaban sin respuesta y las que Felipe se dignaba a contestar solo era un monólogo de su parte con monosílabos como respuesta por parte de él, los mensajes que ella le enviaba más de lo mismo, para cuando Felipe se dignaba a contestarlos habían pasado días. Andrea viendo el cambio tan radical que había dado Felipe decidió darle su espacio y dejar de llamarlo, pero siempre teniendo el móvil cerca y la esperanza de recibir una llamada intacta y eso ocurrió pasadas unas semanas.

El móvil sonó y al descolgar volvió a oír esa voz de Felipe que la había enamorado, volvía a ser el Felipe atento y cariñoso de antes y aunque había una parte de ella que le decía que no se fiase ella decidió ignorarla aceptando su invitación para cenar. Se preparó a conciencia y se dispuso a llamar a un taxi llegando al restaurante puntual como un reloj suizo.

Al llegar vio que Felipe no se encontraba solo, a su lado se encontraba un hombre más o menos de su edad, al llegar Felipe se lo presento y empezaron a cenar, según parecía era un cliente que no estaba del todo convencido para que firmara un contrato con su empresa y según Felipe necesitaba un pequeño empujón,

Andrea que no era tonta se dio cuenta enseguida que ese pequeño empujón era ella y se negó.

- Mira niñata–dijo un furioso Felipe–. Si esto sale mal por tu culpa te arruino la vida.

- ¡Pero tú de que vas!–contesto Andrea–. He dejado mi vida por ti.

- Nadie te pidió que lo hicieras–contesto Felipe–. Podías haber seguido al lado de ese cornudo, pero tenías que abrir la boca.

- Tú me prometiste que dejarías a tu mujer para irte conmigo–dijo Helena–. Y yo fui tan estúpida que te creí.

- Sí que fuiste estúpida–contesto Felipe–. Tú solo eres un coñito más, no significas nada para mí, pero eso puede cambiar si me haces este favor y te lo follas bien follado.

- ¡No!–dijo Andrea–. Follátelo tú si tanto deseas que firme ese contrato.

Andrea cogió el abrigo y se dispuso a salir por la puerta del restaurante cuando Felipe le cogió por el brazo diciéndole que se lo pensara dos veces porque con una llamada podía hacer que perdiera ese trabajo del que se sentía tan orgullosa. Andrea no cedió y cuando algunas personas que se encontraban en el restaurante se levantaron para comprobar lo que pasaba, Felipe la soltó dejando que se fuera.

- Ayer me llamo mi jefe para darme la noticia–dijo Andrea– Un cliente lo suficiente influyente llamo quejándose de mi desempeño y únicamente puso una condición para no rescindir su contrato, que me despidieran.

- Felipe está detrás–dijo Helena–. Conmigo lo intento, pero por suerte para mi jefa también es mi mejor amiga y no le hizo ni caso.

- Ahora lo entiendes Marc–contesto Andrea–, ya no me quedaba nada y todo por mi culpa.

Helena y Andrea se miraron entonces mi novia me miro y me dijo que iría a tomarse un café en la cafetería.

- Entiendo que te hayas enamorado–dije–. ¿Pero por qué engañarme?, ¿hice algo mal?

- No hiciste nada mal–contesto Andrea–. Fui muy feliz contigo.

- Entonces...–conteste.

- Sé en lo que estás pensando y eso no fue ningún problema–dijo Andrea–. De hecho eres bastante mejor que él en la cama, para todo el bombo que se dio fue bastante simplón y tengo que reconocer que eso si fue decepcionante.

- Lo que quiero que entiendas es que al conocerle se despertaron dentro de mí unos sentimientos nuevos que no pude controlar–volvió a decir Andrea–. Eran unos sentimientos que necesitaba experimentar, pero te engañe y nada me excusa de ese hecho.

- Nunca te mire como te mira Helena–comento Andrea–. Y a el sí que lo miraba así, aposte y perdí, esa es la realidad y lo peor es que esa mala apuesta la pagamos entre los dos.

-¡No es razón suficiente para intentar quitarte la vida!–conteste.

- Fue un momento de debilidad–contesto Andrea–. No sabía como salir en el lío en el que me había metido, pero te prometo que no volverá a suceder.

Andrea y yo seguimos hablando un rato, durante todo ese tiempo pude comprobar que aunque seguía enfadado con ella, el rencor que sentía poco a poco iba disminuyendo, Helena no tardo en volver con tres cafés, como ella decía los pacientes también tenían derecho a tomar un café decente. Al final la herida que le provoco la fractura del brazo se le infectó y tuvo que pasar un par de meses más ingresada.

Otro de los problemas que alargo su ingreso fue que el hueso no estaba soldando correctamente y no les quedo más remedio que operarlo, Helena y yo seguimos subiendo al hospital y estuvimos a su lado hasta que le dieron el alta. Una vez con el alta en las manos nos contó que su antiguo jefe la había llamado para decirle que le había conseguido una entrevista en la filial de Londres donde necesitaban gente.

Andrea volvía a estar ilusionada y me alegraba por ello, le dije que si quería le acompañábamos al aeropuerto.

- No es necesario Marc, ya habéis hecho mucho más por mí de lo que me merecía–dijo Andrea–. Tengo que empezar un nuevo camino y lo tengo que hacer sola.

Después miro a Helena.

- Cuídalo como yo no supe hacerlo–dijo Andrea–. Y protegerlo que es demasiado bueno.

Helena se rio y le dijo que no se preocupara que yo me encontraba en buenas manos, una vez nos despedimos de Andrea volvimos a nuestra rutina y esta no era otra que terminar el proyecto, pero por suerte ya lo teníamos encarrilado y no tendríamos problemas para tenerlo listo antes de la fecha prevista.

El tiempo pasa volando y la fecha llego, la presentación se haría en uno de los hoteles del cliente, me tiré una hora eligiendo el traje que me pondría, el gris, el azul marino, la verdad es que ninguno me terminaba de convencer y al final fue Helena quien eligió el gris. Ella se decidió por un conjunto Blazer de color negro, para ella no era una fiesta, sino trabajo y se vestiría como lo solía hacer cada día de labor.

Nuestro jefe nos mandó un coche de la empresa que nos llevó hasta el hotel, mientras Helena tenía un semblante tranquilo yo estaba que me comía las uñas de lo nervioso que estaba. Helena viendo mi estado me cogió de la mano y la apretó mientras me sonreía con su preciosa sonrisa. Al entrar en el hotel nos llevaron hasta una sala enorme donde había mesas distribuidas por toda la sala y otras mesas con comida y bebida.

Uno de los camareros nos ofreció una copa de champán que Helena y yo rechazamos con educación, teníamos que hacer una presentación y lo que menos necesitábamos era que el alcohol entrara en nuestro cuerpo. La primera en acercarse a nosotros fue Elsa, se le veía algo nerviosa, pero confiaba plenamente en nuestro proyecto, mis jefes y el padre de Elsa tanto de lo mismo. El único que no se le veía nada contento era Felipe que se acercó a nosotros con cara de pocos amigos.

- ¡Me habéis robado mi momento de gloria!–dijo Felipe con rabia–. ¡Veremos quien ríe el último!

Helena y yo decidimos ignorarlo no ganábamos nada enfrascándonos en una discusión con él, según nos contó Elsa primero cenaríamos y después haríamos la presentación. La gente parecía alegre, incluso Helena se reía con las ocurrencias de Elsa, pero yo estaba muy tenso, aunque se me daba bien nunca me gustaron las presentaciones donde tenía que hablar delante de tanta gente y la verdad es que aunque no tenía mucha hambre me obligue a comer algo.

Una vez terminamos de cenar Helena y yo fuimos al escenario para encender los portátiles y enchufar a estos el proyector probándolo para cerciorarnos que todo funcionaba correctamente. Entonces escuchamos una discursivo en la zona de los baños y vimos como salían dos personas de estos forcejeando, al fijarnos mejor nos dimos cuenta de que eran Felipe y el cliente para el que teníamos que hacer la presentación.

Detrás de ellos salió una chica que lloraba mientras se tapaba la cara con las manos, al acercarnos para ver lo que había pasado el cliente le gritaba a Felipe por como se había atrevido a follarse a su hija. Felipe ayudado por su mayor envergadura empujo al cliente contra una de las mesas que cedió por el peso de su cuerpo haciendo que toda la comida y la bebida se derramara sobre el cliente mientras Felipe se reía.

Después miro a Elsa y se acercó a ella.

- ¿Creíais que me quedaría de brazos cruzados?–pregunto Felipe–. Si yo no gano no gana nadie.

Mire al suelo y apreté los puños tan fuerte que casi me hago sangre.

- Ya podemos ir a casa y sacar brillo a nuestros currículums, este gilipollas nos ha jodido, pero bien–dije–. ¡Me caguen mi puta vida!

Sin embargo, Helena se mantenía serena.

- No hay mal que por bien no venga–contesto Helena–. La gota que ha derramado él vaso.

Acto seguido vimos como Elsa le soltaba un tortazo a Felipe con tal intensidad que este dio dos pasos para atrás.

- ¡Mañana a primera hora quiero tu dimisión sobre mi mesa!–dijo Elsa–. ¡En unos cuantos días mi abogado se pondrá en contacto contigo para que firmes los papeles del divorcio!

A Felipe se le cambió el semblante plantándose frente a Elsa desafiante.

- Tu padre me protege, yo soy el futuro de esta empresa–dijo Felipe–. Por eso puedo hacer lo que me dé la gana.

Después de soltar semejante perorata Felipe levanto la mano con la intención de golpear a Elsa, Helena y yo corrimos hacia ella, pero no llegaríamos a tiempo, entonces dos armarios empotrados aparecieron de la nada apresando a Felipe estampando su cara contra una de las mesas y sujetándolo con fuerza para que no se moviera.

Según parece eran los guardaespaldas del cliente, el cliente no los hizo entrar porque pensó que en esa presentación no corría ningún peligro, pero después de ser agredido por Felipe este los hizo llamar.

- ¡Crees que después de lo que has hecho esta noche te vas a ir de rositas!–dijo el cliente–. ¡Te voy a joder la vida y no vas a volver a levantar la cabeza en lo que te queda de vida!

- En cuanto a vosotros–mirando a nuestros jefes y a Elsa–. La presentación se acabó, no me interesa lo que tenéis para ofrecerme.

Ya está, el trabajo de tantos meses a la mierda por culpa de un gilipollas, el único consuelo fue ver como lo sacaban a patadas del hotel junto con la promesa de una denuncia por parte del cliente, Helena fue a consolar a Elsa mientras yo salí a la terraza del hotel a tomar un poco de aire fresco, estaba muy cabreado, como era inviernos y hacía frío decidí coger el abrigo, lo único que faltaba era que cogiera un resfriado.

Una vez fuera me fijé que la hija del cliente se encontraba sentada en uno de los bancos de piedra mientras lloraba amargamente, solo llevaba un fino vestido y temblaba de frío.

- Deberías de entrar–dije–. Aquí afuera hace mucho frío.

- No puedo–dijo la hija del cliente mientras seguía llorando amargamente.

Cogiendo mi abrigo se lo eché por encima.

- Por lo menos ponte esto, te abrigará–conteste.

No me dio tiempo a decir nada más, puesto que su padre golpeando la gran cristalera con los nudillos me mando llamar.

- ¿Qué le ha dicho mi hija?–pregunto.

-Decir no me ha dicho nada–conteste–, pero no ha hecho falta, siente una profunda tristeza y mucha vergüenza, yo le aconsejaría que hable con ella, pero quien soy yo para darle consejos.

- ¡Hablar con ella!, ¡después de lo que ha hecho!–dijo el cliente–. Claro ahora me dirá que no es para tanto, que seguro que en su juventud usted hizo cosas peores.

- Si le soy sincero–conteste–. Yo era muy soso a su edad.

Después de decir eso me despedí de él yendo a una de las mesas con intención de meterme un copazo entre pecho y espalda cuando el cliente me detuvo.

- Me gustaría ver la presentación–dijo el cliente–. ¿Podrían hacer la presentación?

- Claro–conteste–. Ya lo tenemos todo listo.

Fui corriendo donde Elsa y Helena para decirles que el cliente había cambiado de opinión y quería ver la presentación, a Elsa, su padre y mis jefes se les cambio la cara, Helena y yo respiramos hondo he hicimos la mejor presentación de nuestras vidas para cuando terminamos no hacía falta que el cliente dijera nada, solo con ver su cara sabíamos que le había encantado, Cito a Elsa, su padre y mis jefes para el día siguiente para firmar el contrato.

EPILOGO

Han pasado nueve meses desde aquella alocada presentación y me encuentro en una habitación de hospital con mi hija en brazos mientras su madre duerme después del titánico esfuerzo que realizo para traer a este mundo a nuestra preciosa hija, entonces miro a Helena y veo que se ha despertado y nos mira a los dos con lagrimas en los ojos y esas lagrimas de felicidad se acentúan cuando coloco a nuestra hija en su regazo, el último año había sido duro, pero cada momento pasado había valido la pena, puesto que me había traído a este momento tan feliz.

Nuestras empresas se fusionaron y desde ese momento Elsa paso a ser nuestra jefa directa, la verdad es que siempre nos apoya y se ha convertido en una amiga muy querida, desde que se divorcio de Felipe era otra persona, según nos contó había conocido a alguien, de momento no era nada serio, pero el tiempo lo diría.

Aunque la empresa nos ofreció una casa, decidimos fusionar nuestras dos casas, allí habíamos vivido tiempos muy felices y estábamos convencidos de que era el sitio idóneo para vivir junto a nuestra hija.

Andrea se quedo a vivir en Londres donde conoció a un hombre al que mira como Helena me mira a mí, se alegro muchísimo por el embarazo de Helena y no sé por qué me da que será ella la siguiente en ser madre.

Por último he dejado a Felipe, el cliente cumplió su amenaza y este no ha vuelto a levantar cabeza no pudiendo encontrar ni un solo trabajo, no solo en la ciudad, si no fuera de ella también, después de denunciarlo fueron a juicio saliendo este perdedor y teniendo que pagarle una indemnización muy grande por daños y perjuicios y al no tener manera de pagarlo todos sus vienes fueron embargados quedándose en la calle con una mano delante y otra detrás.

Él vació que me dejo Andrea fue muy grande, pero Helena ha sabido como llenarlo haciéndome el hombre más feliz del mundo.

FIN.
 
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