Él vació

berserk37

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Él vació

Me llamo Marc y en estos momentos estoy pasando uno de los peores momentos de mi vida y no es otro que el de perder a la persona que más he amado. Esa persona se llama Andrea y no ha muerto, simplemente tomo la decisión de engañarme con otro hombre y eso hace incompatible que ella y yo sigamos juntos.

Por mi trabajo tenía que viajar de Barcelona a Madrid varias veces al mes, sabía perfectamente que a Andrea no le gustaba quedarse sola en casa, pues le daba mucho miedo, lo hable con mis jefes y ellos estuvieron de acuerdo en que ella me acompañara. Andrea tenía un trabajo en el que solía teletrabajar así que mientras tuviera su portátil podía trabajar desde cualquier punto del país sin ningún problema.

Recuerdo aquel viernes cuando llegue a casa y la vi intranquila porque sabía que ese mismo sábado salía de viaje por una semana, una semana que tendría que pasar sola siete noches hasta que yo regresara de ese viaje. Andrea era hija única y sus padres fallecieron años atrás y todas sus amigas estaban casadas así que no podían dejar a su familia durante una semana para pasarla con ella, al entrar por la puerta me miro a los ojos.

- Andrea tengo una buena noticia para ti–dije.

- ¿Se ha cancelado el viaje?–pregunto una ansiosa Andrea.

- No, el viaje sigue en pie–conteste–. Les he comentado a mis jefes que me gustaría que me acompañaras en los viajes.

El rostro de Andrea había cambiado de la decepción a la alegría en un instante.

- ¿Y qué te han contestado?–pregunto Andrea.

- Que no hay ningún problema–conteste–. Han reservado una habitación doble para los dos.

Andrea empezó a dar saltos de alegría y me abrazo con tal intensidad que por un instante pensé que me rompería todas las costillas, lo que en ese momento no sabía era que ese gesto que había tenido con ella iba a ser el final de nuestro matrimonio, si aquel entonces hubiera sabido lo que sé ahora me hubiera reído a mandíbula partida, pero como se suele decir la realidad supera la ficción y a mí la realidad me había pasado por encima.

Mi empresa colaboraría con otra empresa de Madrid para llevar un proyecto en conjunto, cada vez que viajaba a Madrid solía reunirme con Felipe mi contraparte y solíamos contrastar el trabajo que nuestras empresas habían realizado durante las semanas que pasaban entre viaje y viaje. Felipe tenía cuarenta y cinco años, diez años más que yo y quince más que Andrea. Era un hombre atractivo y se notaba que se machacaba en el gimnasio, puesto que debajo de los trajes que llevaba se intuía un cuerpo bien formado, en mi caso solía correr todas las mañanas antes de ir a trabajar y eso me había proporcionado un cuerpo normal, pero saludable, en cuanto a mi apariencia no era ni guapo ni feo, vamos que tenía un rostro que no desagradaba, pero pasaba desapercibido en la mayoría de las ocasiones.

No sé cómo se enteró, pero estaba esperándonos en el aeropuerto cuando Andrea y yo bajamos del avión, la verdad es que me sorprendió, pero no le di más importancia. Andrea y él se quedaron mirándose por un momento hasta que Felipe le alargo la mano y se la estrecho, después de eso la interacción entre los dos se podía calificar como normal.

Como el proyecto iba viento en popa nuestras empresas decidieron hacer una fiesta donde tendríamos una cena y después tendríamos música para las parejas que desearían bailar. Andrea decidió ponerse un vestido rojo largo de fiesta que tenía la espalda descubierta no me pareció raro por dos motivos, uno era su vestido preferido y dos, solía ponérselo en muchas ocasiones que nosotros salíamos a bailar. Nos sentaron en la misma mesa que Felipe y su mujer, mientras Andrea estaba disfrutando de la fiesta la mujer de Felipe estaba muy seria.

No le dimos más importancia y empezamos a cenar la deliciosa cómoda que estaban sirviendo, después vino el infierno, solo a mí se me podía ocurrir estrenar unos zapatos nuevos para ir a esa fiesta, después de estar un rato bailando con Andrea me empezaron a doler mucho los pies y si a eso le sumábamos el calor que hacía en esa sala decidí salir un rato a la gran terraza que se encontraba contigua a la sala.

Una vez fuera me senté en uno de los bancos de piedra que adornaba el barandado y quitándome el zapato pude comprobar que me había salido una ampolla bastante fea. Andrea salió detrás de mí, pues se había preocupado.

- ¿Estás bien Marc?–pregunto Andrea.

- Si no te preocupes–conteste.

Detrás de ella apareció Felipe que parecía que tenía una conversación tensa con su mujer, pero que zanjo antes de llegar hasta donde Andrea y yo nos encontrábamos, viendo esto la mujer de Felipe decidió volver a la fiesta a por una copa parecía más enfadada aún de lo que estaba antes.

- ¿Te importa si me llevo a Andrea a Bailar?–pregunto Felipe.

- No, me parece bien–conteste–. No quiero que una ampolla le chafe la noche.

- ¿Estás seguro Marc?–pregunto Andrea.

- Sí, claro–conteste–. En cuanto se me calme un poco el dolor vuelvo a entrar.

Alguno pensará que soy la persona más estúpida del mundo, pero hasta ese momento Andrea no me había dado ni un solo motivo para desconfiar de ella y sabía lo mucho que le gustaba bailar, ¿qué podía salir mal? En el bolsillo interior de mi americana siempre llevaba unas tiritas por si me ocurría algo como esto, me puse una, el dolor seguía, pero por lo menos podía pisar sin cojear así que decidí entrar adentro, entonces vi que alguien se acercaba a mí, era la mujer de Felipe, una mujer de unos cuarenta años muy bien llevados la verdad es que era una mujer muy atractiva.

- Te voy a dar un consejo–dijo la mujer–. Desconfía de mi marido.

- Bueno, solo están bailando–conteste–. No creo que sea para tanto.

- Yo ya te he avisado–. Volvió a decir la mujer.

- No me has dicho tu nombre–dije.

- Me llamo Elsa y tu Marc, ¿no es así?–pregunto Elsa.

- Así es–conteste–. Tendré en cuenta tu consejo, pero confió plenamente en Andrea.

Elsa me sonrió con la sonrisa más triste que hubiera visto en mi vida, fui a preguntarle, pero no me dio tiempo, pues se dio la vuelta volviendo a la fiesta, Una vez entre, vi como Felipe y Andrea hablaban amigablemente en la barra mientras bebían algo, fui hacia ellos entrando en la conversación y pudiendo comprobar que nada extraño estaba pasando, después de un rato el dolor volvió y Andrea y yo decidimos volver a la habitación de hotel a descansar que al día siguiente los dos tendríamos mucho trabajo, pero antes de irnos nos despedimos de Felipe y Elsa que volvían a tener una conversación tensa, conversación que la cortaron una vez nos tuvieron cerca despidiéndose de nosotros amablemente, eso si no me paso desapercibida la mirada que me echo Elsa antes de salir por la puerta.

Entendí perfectamente lo que quería decirme con esa mirada, me decía que no olvidara lo que me había dicho antes. La semana paso y volvimos a Barcelona y nuestra vida volvió a la normalidad, como yo esperaba llegue a sonreír pensando que Elsa se estaba equivocando. En el departamento en el que yo trabajaba y era el supervisor cometió un error con uno de los proyectos la fecha de entrega se acercaba y tuvimos que meter muchas horas extras para poder solucionarlo antes de que llegara la fecha límite.

Cuando se lo conté a Andrea pensé que se enfadaría, pero no fue así.

- Siento que tengas que estar sola algunas noches–dije–. Estás pagando unos platos rotos que no te corresponden.

- No te preocupes–contesto Andrea–. Sé que si te quedas es porque no tienen más remedio además de que al estar los dos en la misma ciudad no tengo tanto miedo, estás a una llamada de mí.

Bese a Andrea en los labios y me fui a dar una ducha estaba muy cansado y todavía quedaba mucho para reparar el problema que la dejadez de algunas personas habían causado. Andrea no se quejó ni una sola vez apoyándome en todo. Seguíamos haciendo el amor, pero no tanto como a los dos nos gustaría, siendo su entrega la misma de siempre teniendo claro que una vez el problema estuviera solucionado sé lo compensaría.

Una de las noches habiendo pasado dos meses desde que volvimos de Madrid me encontraba en mi oficina absorto mirando los informes que no me di cuenta de que alguien había entrado en mi despacho, no fui consciente hasta que esa persona carraspeo un par de veces obligándome a levantar la cabeza, era Andrea.

- ¿Que haces aquí?–pregunte extrañado.

- Marc tengo que contarte algo–dijo Andrea–. Pensé que podría vivir con ello, pero no puedo seguir ocultándotelo.

- ¿Ocultarme el qué?–pregunte temiéndome lo peor viendo como era incapaz de mirarme a los ojos.

- Felipe y yo...–dijo Andrea.

- ¡Cállate!, ¡no quiero saber más!–conteste–. ¿Desde cuándo?

- Desde hace unas semanas–dijo Andrea.

- ¡No me lo puedo creer Andrea!–dije muy enfadado–. ¡La mujer de Felipe me lo advirtió en aquella fiesta y yo confié ciegamente en ti!

Andrea se secó las lágrimas y frotándose las manos de forma nerviosa me miro sabiendo que lo que me iba a contar a continuación destruiría nuestro matrimonio. Empezó a relatarme que en aquella fiesta sintió algo por él en cuanto lo tuvo delante, pero que al principio no le dio más importancia, pero según fue pasando la noche se dio cuenta de que era un hombre divertido y tenía muchos temas de conversación además de gustarle bailar tanto como le gustaba a ella, la verdad es que su curiosidad por seguir conociendo a Felipe fue creciendo, pero ella me amaba a mí y pensó que era una tontería pasajera.

Cuando las cosas en mi empresa se complicaron y tuve que empezar a meter muchas más horas al no poder viajar, Felipe empezó a venir a Barcelona para supervisar que el proyecto siguiera su curso y que el problema que había surgido en mi división no estuviera entorpeciéndolo. No sabe como, pero consiguió su teléfono y una noche le invito a cenar. Andrea estuvo tentada a llamarme para decírmelo, pero viendo lo estresado que andaba pensó que no quería preocuparme por una tontería, además salir una noche le vendría bien viendo lo mal que lo pasaba sola en casa.

Mire severamente a Andrea, entonces ella me aclaró que no me estaba culpando de nada, pero que yo ya sabia que tenía miedo a quedarse sola en casa y que una cena no significaba nada, pero con una mirada me dejo claro que ella misma había subestimado aquella cena. Según transcurría la cena Andrea se dio cuenta de que tenía más en común con Felipe que conmigo, además estaba resultando un hombre atento y muy agradable y le encantaba bailar cosa que aprovecho llevándola a un local de moda, Andrea me dejo claro que esa noche no paso nada más.

Ya en casa después de ducharse y analizar la noche fue consciente que seguir viendo a ese hombre sería peligroso porque la atraía como una llama a una polilla, pero cuando tuvo el número de teléfono de Felipe en la pantalla de su móvil con la tecla de borrar a punto de pulsarla no lo hizo y eso fue el principio del fin.

Empezaron a hablar todas las noches que yo me quedaba en la empresa, aumentando el interés por él hasta que empezó a tener sueños húmedos, sueños que empezaron a tenerla en un estado de excitación constante que intentaba calmar conmigo las pocas veces que lo hacinamos, pero no fue suficiente y la siguiente vez que Felipe vino a Barcelona y le volvió a invitar a cenar, cena que tendría que haber rechazado, pero no lo hizo y ocurrió lo inevitable.

Después de una deliciosa cena fueron a bailar al mismo local de la otra vez, solo que en esta ocasión Felipe fue mucho más atrevido, le besaba el cuello mientras rozaba sus nalgas con su erecta herramienta haciendo que su coñito estuviera cada vez más empapado llegando un momento que para cuando se dio cuenta se encontraba en el callejón trasero de aquel local con la falda en la cintura y las bragas colgando de uno de sus tobillos mientras recibía las embestidas de Felipe.

Después de esa confesión Andrea se quedó callada, yo intentaba calmarme porque tenía el corazón a mil y temía que me terminara dando un infarto. Esta confesión acababa de destruir nuestro matrimonio haciendo que sintiera un vacío dentro de mí como si me hubieran arrancado el alma.

- Andrea te voy a pedir que me dejes la mañana de mañana para recoger mis cosas–dije abatido.

- No quería que las cosas acabaran así–contesto Andrea–. Tienes que creerme.

- Da igual si te creo o no Andrea, el daño ya está hecho–dije mirándola fijamente a los ojos–. El problema es que tú has cometido la falta y lo pagaremos los dos.

- Lo siento de verdad, pero en los sentimientos no se manda–contesto Andrea–. Ojalá no hubiera sentido nada, pero al conocerle algo se ha removido dentro de mí y quería ser sincera contigo, te merecías por lo menos eso.

- Veo que lo tienes claro–comente mientras miraba por la ventana–. Espero que sepas lo que haces.

- Sé que lo más probable es que me termine estampando contra una pared–dijo Andrea–. Pero si no lo intento sé que me arrepentiré el resto de mi vida.

Andrea se levantó con la intención de abrazarme al ver lo mal que me encontraba, intente con todas mis fuerzas ocultar el daño que me había casado su confesión no pudiendo hacerme a la idea que mi matrimonio se acababa de convertir en cenizas sin que yo pudiera hacer nada. Mire severamente a Andrea mientras daba dos pasos para atrás dejándole claro que lo mejor que podía hacer es marcharse.

- Recuerda, necesito la casa solo para mi mañana por la mañana–dije intentando aguantar las lágrimas–. Después serás libre para hacer lo que quieras, mi abogado se pondrá en contacto contigo para firmar los papeles del divorcio.

- ¿Que aremos con la casa?–pregunto Andrea.

- Puedes pagarme la parte que me corresponda y quedarte con ella–. Conteste–. O podemos venderla y repartimos el dinero, me da lo mismo.

- ¿Tú no quieres la casa?–pregunto Andrea mientras su labio temblaba.

- No, mañana será la última vez que pise esa casa–conteste mientras los diques cedieron y las lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas.

Andrea se dio la vuelta con la intención de acercarse y darme un abrazo, pero puse mi mano entre ella y yo en clara señal de que no sé acercarse más, a ella no le quedo más remedio que agachar la cabeza darse media vuelta y salir de mi despacho dejándome junto a unos sentimientos que me estaban aplastando.

Intente seguir trabajando, pero me fue imposible concentrarme y decidí acercarme a un pequeño hotel que quedaba cerca de mi trabajo con la esperanza de poder reservar una habitación para pasar la noche. Una vez en recepción tuve suerte, una de las habitaciones había tenido una cancelación de última hora, por lo menos tendría una habitación donde pasar la peor noche de mi vida.

Para ir hacia los ascensores había que pasar por el bar y para mi fortuna seguía abierto, entre sentándome en uno de los taburetes en medio de la barra y mire al camarero.

- Un whisky bien cargado, por favor–dije.

- ¿Un mal día señor?–pregunto el camarero.

- El peor–conteste.

Entonces vi como dejaba en su sito la botella de whisky que había elegido para servirme y cogía otra de una estantería de más arriba.

- No es necesario, el anterior whisky era más que necesario–dije.

- Agame caso, este whisky es muy bueno–contesto el camarero–. Me lo agradecerá.

La verdad es que no sé cuanto tiempo estuve en el bar del hotel y cuantos whiskys me tome, pero la verdad es que durante unas horas pude aliviar en parte ese dolor que me oprimía el pecho, pero llego la hora de cierre y no me quedo más remedio que volver a mi habitación a batallar con ese vació que se había instaurado dentro de mí tumbándome en la cama mirando al techo intentando discernir que es lo que había hecho mal para terminar así, pero también se me paso por la cabeza si alguna vez Andrea me quiso y no fui un premio de consolación para ella mientras hacía tiempo por algo mejor.

Empecé a ver como los primeros rayos de sol entraban por la ventana, me levante dándome una larga ducha para después ir a la que fue mi casa a recoger mis pertenencias. Por suerte para mí no era una persona que acumulaba cosas y mis pertenencias ocuparían como mucho tres cajas. Pase por la empresa para pedir la mañana libre y coger mi coche, pero no me veía en condiciones de conducir y opte por coger un taxi. Al llegar al portal el corazón se encogió y no pude evitar ponerme a llorar, por suerte para mí a esas horas la mayoría de mis vecinos seguían durmiendo y no tendría que dar ninguna explicación.

Una vez dentro de la que fue mi casa la recorrí por última vez recordando los buenos momentos que pase allí, momentos que no se volverían a repetir, pero que necesitaba atesorar. La última parada fue el dormitorio, Andrea cumplió su palabra y no se encontraba allí, tal vez ni siquiera paso la noche en ella, eso ya no era de mi incumbencia, solo quería recoger mis cosas lo antes posible y largarme de allí.

Recogí todas mis pertenencias exceptuando tres, un sobre que contenía la carta con la que me declare a Andrea, me ponía tan nervioso cuando la tenía delante que no me salían las palabras así que decidí escribirle una carta donde le relataba lo mucho que significaba para mí y lo enamorado que estaba de ella. Cuando se la entregue me temblaban tanto las manos que se me cayó al suelo siendo la misma Andrea quien se agachó a recogerla y después se dispuso a leerla cayéndosele las lágrimas según iba pasando los párrafos.

Recuerdo que me miro y me dijo que si, ese fue uno de los momentos más felices de mi vida, esa carta durante muchos años había significado el amor que sentía por ella, pero después de su confesión su significado cambio a uno mucho más triste, pasando a representar el desamor más absoluto.

Otro de los objetos era mi alianza, todavía recuerdo como si fuera ayer lo nervioso que estaba en el altar esperando a que ella entrara en la iglesia, mi corazón latía con tal fuerza que sentía que en cualquier momento saldría disparado de mi pecho, pero eso no fue nada comparando a cuando la vi entrar con aquel precioso vestido, todo mi cuerpo tembló, mis manos empezaron a sudar y se me seco la boca llegando a pensar que no sería capaz de decir mis botos, pero solo vasto que ella me cogiera la mano para saber que todo saldría bien. Durante dos años ese anillo ha sido la definición de la fidelidad, pero después de anoche su definición había cambiado a infidelidad, deslealtad y traición.

El último objeto era la llave de la que fue nuestra casa, me recorrí toda la ciudad intentando encontrar la casa perfecta para ir a vivir juntos ante de casarnos y cuando ya estaba a punto de tirar la toalla di con la que ha sido nuestra casa los últimos años, dos de novios y dos de casados, recuerdo perfectamente como le puse una venda en los ojos y la lleve hasta allí con la intención de darle una sorpresa, jamás se me olvidara como le brillaban los ojos cuando se quitó la venda y vio por primera vez la que iba a ser nuestra nueva casa y lo fuerte que me abrazo llorando de alegría, esa llave durante los últimos cuatro años ha significado el compromiso, pero después de su confesión había adquirido otro significado muy distinto, el de la deslealtad y el abandono.

Deje los tres objetos sobre la cama uno al lado del otro, Andrea me conocía muy bien y entendería el mensaje que le quería dejar con esos tres objetos, mire la casa por última vez antes de cerrar la puerta y dirigirme a mi coche, el palo había sido gordo, no me quedaba otra que lamerme las heridas y mirar hacia adelante con la esperanza de que algún día volviera a llenar ese vació.

FIN.
 
Última edición:
Uf compi, te ha pasado de verdad? Teniendo en cuenta que esto es un foro porno y aquí no hay nada sexual se me queda mal cuerpo si es tu historia real... 😞
 
Él vació

Me llamo Marc y en estos momentos estoy pasando uno de los peores momentos de mi vida y no es otro que el de perder a la persona que más he amado. Esa persona se llama Andrea y no ha muerto, simplemente tomo la decisión de engañarme con otro hombre y eso hace incompatible que ella y yo sigamos juntos.

Por mi trabajo tenía que viajar de Barcelona a Madrid varias veces al mes, sabía perfectamente que a Andrea no le gustaba quedarse sola en casa, pues le daba mucho miedo, lo hable con mis jefes y ellos estuvieron de acuerdo en que ella me acompañara. Andrea tenía un trabajo en el que solía teletrabajar así que mientras tuviera su portátil podía trabajar desde cualquier punto del país sin ningún problema.

Recuerdo aquel viernes cuando llegue a casa y la vi intranquila porque sabía que ese mismo sábado salía de viaje por una semana, una semana que tendría que pasar sola siete noches hasta que yo regresara de ese viaje. Andrea era hija única y sus padres fallecieron años atrás y todas sus amigas estaban casadas así que no podían dejar a su familia durante una semana para pasarla con ella, al entrar por la puerta me miro a los ojos.

- Andrea tengo una buena noticia para ti–dije.

- ¿Se ha cancelado el viaje?–pregunto una ansiosa Andrea.

- No, el viaje sigue en pie–conteste–. Les he comentado a mis jefes que me gustaría que me acompañaras en los viajes.

El rostro de Andrea había cambiado de la decepción a la alegría en un instante.

- ¿Y qué te han contestado?–pregunto Andrea.

- Que no hay ningún problema–conteste–. Han reservado una habitación doble para los dos.

Andrea empezó a dar saltos de alegría y me abrazo con tal intensidad que por un instante pensé que me rompería todas las costillas, lo que en ese momento no sabía era que ese gesto que había tenido con ella iba a ser el final de nuestro matrimonio, si aquel entonces hubiera sabido lo que sé ahora me hubiera reído a mandíbula partida, pero como se suele decir la realidad supera la ficción y a mí la realidad me había pasado por encima.

Mi empresa colaboraría con otra empresa de Madrid para llevar un proyecto en conjunto, cada vez que viajaba a Madrid solía reunirme con Felipe mi contraparte y solíamos contrastar el trabajo que nuestras empresas habían realizado durante las semanas que pasaban entre viaje y viaje. Felipe tenía cuarenta y cinco años, diez años más que yo y quince más que Andrea. Era un hombre atractivo y se notaba que se machacaba en el gimnasio, puesto que debajo de los trajes que llevaba se intuía un cuerpo bien formado, en mi caso solía correr todas las mañanas antes de ir a trabajar y eso me había proporcionado un cuerpo normal, pero saludable, en cuanto a mi apariencia no era ni guapo ni feo, vamos que tenía un rostro que no desagradaba, pero pasaba desapercibido en la mayoría de las ocasiones.

No sé cómo se enteró, pero estaba esperándonos en el aeropuerto cuando Andrea y yo bajamos del avión, la verdad es que me sorprendió, pero no le di más importancia. Andrea y él se quedaron mirándose por un momento hasta que Felipe le alargo la mano y se la estrecho, después de eso la interacción entre los dos se podía calificar como normal.

Como el proyecto iba viento en popa nuestras empresas decidieron hacer una fiesta donde tendríamos una cena y después tendríamos música para las parejas que desearían bailar. Andrea decidió ponerse un vestido rojo largo de fiesta que tenía la espalda descubierta no me pareció raro por dos motivos, uno era su vestido preferido y dos, solía ponérselo en muchas ocasiones que nosotros salíamos a bailar. Nos sentaron en la misma mesa que Felipe y su mujer, mientras Andrea estaba disfrutando de la fiesta la mujer de Felipe estaba muy seria.

No le dimos más importancia y empezamos a cenar la deliciosa cómoda que estaban sirviendo, después vino el infierno, solo a mí se me podía ocurrir estrenar unos zapatos nuevos para ir a esa fiesta, después de estar un rato bailando con Andrea me empezaron a doler mucho los pies y si a eso le sumábamos el calor que hacía en esa sala decidí salir un rato a la gran terraza que se encontraba contigua a la sala.

Una vez fuera me senté en uno de los bancos de piedra que adornaba el barandado y quitándome el zapato pude comprobar que me había salido una ampolla bastante fea. Andrea salió detrás de mí, pues se había preocupado.

- ¿Estás bien Marc?–pregunto Andrea.

- Si no te preocupes–conteste.

Detrás de ella apareció Felipe que parecía que tenía una conversación tensa con su mujer, pero que zanjo antes de llegar hasta donde Andrea y yo nos encontrábamos, viendo esto la mujer de Felipe decidió volver a la fiesta a por una copa parecía más enfadada aún de lo que estaba antes.

- ¿Te importa si me llevo a Andrea a Bailar?–pregunto Felipe.

- No, me parece bien–conteste–. No quiero que una ampolla le chafe la noche.

- ¿Estás seguro Marc?–pregunto Andrea.

- Sí, claro–conteste–. En cuanto se me calme un poco el dolor vuelvo a entrar.

Alguno pensará que soy la persona más estúpida del mundo, pero hasta ese momento Andrea no me había dado ni un solo motivo para desconfiar de ella y sabía lo mucho que le gustaba bailar, ¿qué podía salir mal? En el bolsillo interior de mi americana siempre llevaba unas tiritas por si me ocurría algo como esto, me puse una, el dolor seguía, pero por lo menos podía pisar sin cojear así que decidí entrar adentro, entonces vi que alguien se acercaba a mí, era la mujer de Felipe, una mujer de unos cuarenta años muy bien llevados la verdad es que era una mujer muy atractiva.

- Te voy a dar un consejo–dijo la mujer–. Desconfía de mi marido.

- Bueno, solo están bailando–conteste–. No creo que sea para tanto.

- Yo ya te he avisado–. Volvió a decir la mujer.

- No me has dicho tu nombre–dije.

- Me llamo Elsa y tu Marc, ¿no es así?–pregunto Elsa.

- Así es–conteste–. Tendré en cuenta tu consejo, pero confió plenamente en Andrea.

Elsa me sonrió con la sonrisa más triste que hubiera visto en mi vida, fui a preguntarle, pero no me dio tiempo, pues se dio la vuelta volviendo a la fiesta, Una vez entre, vi como Felipe y Andrea hablaban amigablemente en la barra mientras bebían algo, fui hacia ellos entrando en la conversación y pudiendo comprobar que nada extraño estaba pasando, después de un rato el dolor volvió y Andrea y yo decidimos volver a la habitación de hotel a descansar que al día siguiente los dos tendríamos mucho trabajo, pero antes de irnos nos despedimos de Felipe y Elsa que volvían a tener una conversación tensa, conversación que la cortaron una vez nos tuvieron cerca despidiéndose de nosotros amablemente, eso si no me paso desapercibida la mirada que me echo Elsa antes de salir por la puerta.

Entendí perfectamente lo que quería decirme con esa mirada, me decía que no olvidara lo que me había dicho antes. La semana paso y volvimos a Barcelona y nuestra vida volvió a la normalidad, como yo esperaba llegue a sonreír pensando que Elsa se estaba equivocando. En el departamento en el que yo trabajaba y era el supervisor cometió un error con uno de los proyectos la fecha de entrega se acercaba y tuvimos que meter muchas horas extras para poder solucionarlo antes de que llegara la fecha límite.

Cuando se lo conté a Andrea pensé que se enfadaría, pero no fue así.

- Siento que tengas que estar sola algunas noches–dije–. Estás pagando unos platos rotos que no te corresponden.

- No te preocupes–contesto Andrea–. Sé que si te quedas es porque no tienen más remedio además de que al estar los dos en la misma ciudad no tengo tanto miedo, estás a una llamada de mí.

Bese a Andrea en los labios y me fui a dar una ducha estaba muy cansado y todavía quedaba mucho para reparar el problema que la dejadez de algunas personas habían causado. Andrea no se quejó ni una sola vez apoyándome en todo. Seguíamos haciendo el amor, pero no tanto como a los dos nos gustaría, siendo su entrega la misma de siempre teniendo claro que una vez el problema estuviera solucionado sé lo compensaría.

Una de las noches habiendo pasado dos meses desde que volvimos de Madrid me encontraba en mi oficina absorto mirando los informes que no me di cuenta de que alguien había entrado en mi despacho, no fui consciente hasta que esa persona carraspeo un par de veces obligándome a levantar la cabeza, era Andrea.

- ¿Que haces aquí?–pregunte extrañado.

- Marc tengo que contarte algo–dijo Andrea–. Pensé que podría vivir con ello, pero no puedo seguir ocultándotelo.

- ¿Ocultarme el qué?–pregunte temiéndome lo peor viendo como era incapaz de mirarme a los ojos.

- Felipe y yo...–dijo Andrea.

- ¡Cállate!, ¡no quiero saber más!–conteste–. ¿Desde cuándo?

- Desde hace unas semanas–dijo Andrea.

- ¡No me lo puedo creer Andrea!–dije muy enfadado–. ¡La mujer de Felipe me lo advirtió en aquella fiesta y yo confié ciegamente en ti!

Andrea se secó las lágrimas y frotándose las manos de forma nerviosa me miro sabiendo que lo que me iba a contar a continuación destruiría nuestro matrimonio. Empezó a relatarme que en aquella fiesta sintió algo por él en cuanto lo tuvo delante, pero que al principio no le dio más importancia, pero según fue pasando la noche se dio cuenta de que era un hombre divertido y tenía muchos temas de conversación además de gustarle bailar tanto como le gustaba a ella, la verdad es que su curiosidad por seguir conociendo a Felipe fue creciendo, pero ella me amaba a mí y pensó que era una tontería pasajera.

Cuando las cosas en mi empresa se complicaron y tuve que empezar a meter muchas más horas al no poder viajar, Felipe empezó a venir a Barcelona para supervisar que el proyecto siguiera su curso y que el problema que había surgido en mi división no estuviera entorpeciéndolo. No sabe como, pero consiguió su teléfono y una noche le invito a cenar. Andrea estuvo tentada a llamarme para decírmelo, pero viendo lo estresado que andaba pensó que no quería preocuparme por una tontería, además salir una noche le vendría bien viendo lo mal que lo pasaba sola en casa.

Mire severamente a Andrea, entonces ella me aclaró que no me estaba culpando de nada, pero que yo ya sabia que tenía miedo a quedarse sola en casa y que una cena no significaba nada, pero con una mirada me dejo claro que ella misma había subestimado aquella cena. Según transcurría la cena Andrea se dio cuenta de que tenía más en común con Felipe que conmigo, además estaba resultando un hombre atento y muy agradable y le encantaba bailar cosa que aprovecho llevándola a un local de moda, Andrea me dejo claro que esa noche no paso nada más.

Ya en casa después de ducharse y analizar la noche fue consciente que seguir viendo a ese hombre sería peligroso porque la atraía como una llama a una polilla, pero cuando tuvo el número de teléfono de Felipe en la pantalla de su móvil con la tecla de borrar a punto de pulsarla no lo hizo y eso fue el principio del fin.

Empezaron a hablar todas las noches que yo me quedaba en la empresa, aumentando el interés por él hasta que empezó a tener sueños húmedos, sueños que empezaron a tenerla en un estado de excitación constante que intentaba calmar conmigo las pocas veces que lo hacinamos, pero no fue suficiente y la siguiente vez que Felipe vino a Barcelona y le volvió a invitar a cenar, cena que tendría que haber rechazado, pero no lo hizo y ocurrió lo inevitable.

Después de una deliciosa cena fueron a bailar al mismo local de la otra vez, solo que en esta ocasión Felipe fue mucho más atrevido, le besaba el cuello mientras rozaba sus nalgas con su erecta herramienta haciendo que su coñito estuviera cada vez más empapado llegando un momento que para cuando se dio cuenta se encontraba en el callejón trasero de aquel local con la falda en la cintura y las bragas colgando de uno de sus tobillos mientras recibía las embestidas de Felipe.

Después de esa confesión Andrea se quedó callada, yo intentaba calmarme porque tenía el corazón a mil y temía que me terminara dando un infarto. Esta confesión acababa de destruir nuestro matrimonio haciendo que sintiera un vacío dentro de mí como si me hubieran arrancado el alma.

- Andrea te voy a pedir que me dejes la mañana de mañana para recoger mis cosas–dije abatido.

- No quería que las cosas acabaran así–contesto Andrea–. Tienes que creerme.

- Da igual si te creo o no Andrea, el daño ya está hecho–dije mirándola fijamente a los ojos–. El problema es que tú has cometido la falta y lo pagaremos los dos.

- Lo siento de verdad, pero en los sentimientos no se manda–contesto Andrea–. Ojalá no hubiera sentido nada, pero al conocerle algo se ha removido dentro de mí y quería ser sincera contigo, te merecías por lo menos eso.

- Veo que lo tienes claro–comente mientras miraba por la ventana–. Espero que sepas lo que haces.

- Sé que lo más probable es que me termine estampando contra una pared–dijo Andrea–. Pero si no lo intento sé que me arrepentiré el resto de mi vida.

Andrea se levantó con la intención de abrazarme al ver lo mal que me encontraba, intente con todas mis fuerzas ocultar el daño que me había casado su confesión no pudiendo hacerme a la idea que mi matrimonio se acababa de convertir en cenizas sin que yo pudiera hacer nada. Mire severamente a Andrea mientras daba dos pasos para atrás dejándole claro que lo mejor que podía hacer es marcharse.

- Recuerda, necesito la casa solo para mi mañana por la mañana–dije intentando aguantar las lágrimas–. Después serás libre para hacer lo que quieras, mi abogado se pondrá en contacto contigo para firmar los papeles del divorcio.

- ¿Que aremos con la casa?–pregunto Andrea.

- Puedes pagarme la parte que me corresponda y quedarte con ella–. Conteste–. O podemos venderla y repartimos el dinero, me da lo mismo.

- ¿Tú no quieres la casa?–pregunto Andrea mientras su labio temblaba.

- No, mañana será la última vez que pise esa casa–conteste mientras los diques cedieron y las lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas.

Andrea se dio la vuelta con la intención de acercarse y darme un abrazo, pero puse mi mano entre ella y yo en clara señal de que no sé acercarse más, a ella no le quedo más remedio que agachar la cabeza darse media vuelta y salir de mi despacho dejándome junto a unos sentimientos que me estaban aplastando.

Intente seguir trabajando, pero me fue imposible concentrarme y decidí acercarme a un pequeño hotel que quedaba cerca de mi trabajo con la esperanza de poder reservar una habitación para pasar la noche. Una vez en recepción tuve suerte, una de las habitaciones había tenido una cancelación de última hora, por lo menos tendría una habitación donde pasar la peor noche de mi vida.

Para ir hacia los ascensores había que pasar por el bar y para mi fortuna seguía abierto, entre sentándome en uno de los taburetes en medio de la barra y mire al camarero.

- Un whisky bien cargado, por favor–dije.

- ¿Un mal día señor?–pregunto el camarero.

- El peor–conteste.

Entonces vi como dejaba en su sito la botella de whisky que había elegido para servirme y cogía otra de una estantería de más arriba.

- No es necesario, el anterior whisky era más que necesario–dije.

- Agame caso, este whisky es muy bueno–contesto el camarero–. Me lo agradecerá.

La verdad es que no sé cuanto tiempo estuve en el bar del hotel y cuantos whiskys me tome, pero la verdad es que durante unas horas pude aliviar en parte ese dolor que me oprimía el pecho, pero llego la hora de cierre y no me quedo más remedio que volver a mi habitación a batallar con ese vació que se había instaurado dentro de mí tumbándome en la cama mirando al techo intentando discernir que es lo que había hecho mal para terminar así, pero también se me paso por la cabeza si alguna vez Andrea me quiso y no fui un premio de consolación para ella mientras hacía tiempo por algo mejor.

Empecé a ver como los primeros rayos de sol entraban por la ventana, me levante dándome una larga ducha para después ir a la que fue mi casa a recoger mis pertenencias. Por suerte para mí no era una persona que acumulaba cosas y mis pertenencias ocuparían como mucho tres cajas. Pase por la empresa para pedir la mañana libre y coger mi coche, pero no me veía en condiciones de conducir y opte por coger un taxi. Al llegar al portal el corazón se encogió y no pude evitar ponerme a llorar, por suerte para mí a esas horas la mayoría de mis vecinos seguían durmiendo y no tendría que dar ninguna explicación.

Una vez dentro de la que fue mi casa la recorrí por última vez recordando los buenos momentos que pase allí, momentos que no se volverían a repetir, pero que necesitaba atesorar. La última parada fue el dormitorio, Andrea cumplió su palabra y no se encontraba allí, tal vez ni siquiera paso la noche en ella, eso ya no era de mi incumbencia, solo quería recoger mis cosas lo antes posible y largarme de allí.

Recogí todas mis pertenencias exceptuando tres, un sobre que contenía la carta con la que me declare a Andrea, me ponía tan nervioso cuando la tenía delante que no me salían las palabras así que decidí escribirle una carta donde le relataba lo mucho que significaba para mí y lo enamorado que estaba de ella. Cuando se la entregue me temblaban tanto las manos que se me cayó al suelo siendo la misma Andrea quien se agachó a recogerla y después se dispuso a leerla cayéndosele las lágrimas según iba pasando los párrafos.

Recuerdo que me miro y me dijo que si, ese fue uno de los momentos más felices de mi vida, esa carta durante muchos años había significado el amor que sentía por ella, pero después de su confesión su significado cambio a uno mucho más triste, pasando a representar el desamor más absoluto.

Otro de los objetos era mi alianza, todavía recuerdo como si fuera ayer lo nervioso que estaba en el altar esperando a que ella entrara en la iglesia, mi corazón latía con tal fuerza que sentía que en cualquier momento saldría disparado de mi pecho, pero eso no fue nada comparando a cuando la vi entrar con aquel precioso vestido, todo mi cuerpo tembló, mis manos empezaron a sudar y se me seco la boca llegando a pensar que no sería capaz de decir mis botos, pero solo vasto que ella me cogiera la mano para saber que todo saldría bien. Durante dos años ese anillo ha sido la definición de la fidelidad, pero después de anoche su definición había cambiado a infidelidad, deslealtad y traición.

El último objeto era la llave de la que fue nuestra casa, me recorrí toda la ciudad intentando encontrar la casa perfecta para ir a vivir juntos ante de casarnos y cuando ya estaba a punto de tirar la toalla di con la que ha sido nuestra casa los últimos años, dos de novios y dos de casados, recuerdo perfectamente como le puse una venda en los ojos y la lleve hasta allí con la intención de darle una sorpresa, jamás se me olvidara como le brillaban los ojos cuando se quitó la venda y vio por primera vez la que iba a ser nuestra nueva casa y lo fuerte que me abrazo llorando de alegría, esa llave durante los últimos cuatro años ha significado el compromiso, pero después de su confesión había adquirido otro significado muy distinto, el de la deslealtad y el abandono.

Deje los tres objetos sobre la cama uno al lado del otro, Andrea me conocía muy bien y entendería el mensaje que le quería dejar con esos tres objetos, mire la casa por última vez antes de cerrar la puerta y dirigirme a mi coche, el palo había sido gordo, no me quedaba otra que lamerme las heridas y mirar hacia adelante con la esperanza de que algún día volviera a llenar ese vació.

FIN.
Como que fin?
No, no y no. Esto no puede terminar así.
Te conozco bien y los malos pagan las consecuencias.
Todavía queda que Andrea pague el error gravísimo que ha cometido con un golfo como es Felipe y yo veo una posible historia con la mujer de Felipe previo divorcio de este golfo.
 
Como que fin?
No, no y no. Esto no puede terminar así.
Te conozco bien y los malos pagan las consecuencias.
Todavía queda que Andrea pague el error gravísimo que ha cometido con un golfo como es Felipe y yo veo una posible historia con la mujer de Felipe previo divorcio de este golfo.

Como ya he dicho mas arriba tengo otro relato casi terminado cuando termine ese veremos lo que hago, de todas maneras ya me he dejado hecho el esquema de la segunda parte de este relato por si acaso.
 
Como ya he dicho mas arriba tengo otro relato casi terminado cuando termine ese veremos lo que hago, de todas maneras ya me he dejado hecho el esquema de la segunda parte de este relato por si acaso.
Segunda parte si o si.
No te quiero presionar, tomate tú tiempo y publícalo cuando quieras, pero creo que sería justo un buen final para Marcos y la ex de Felipe, porque doy por hecho que termina con este sinvergüenza.
 
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