Relatos de mi vida

SritaLPB

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He pensado abrir un hilo para contar relatos de mi vida... he elegido esta categoría porque tengo pareja pero quizá tendría que haber usado una más general. Tengo la cuenta abierta casi desde hace 1 año y a veces no me atrevia, otras me daba pereza, tampoco se si esto lo lee mucha gente, pero bueno, veré que puedo hacer y si me ánimo que no se por dodne empezar.
 
He pensado abrir un hilo para contar relatos de mi vida... he elegido esta categoría porque tengo pareja pero quizá tendría que haber usado una más general. Tengo la cuenta abierta casi desde hace 1 año y a veces no me atrevia, otras me daba pereza, tampoco se si esto lo lee mucha gente, pero bueno, veré que puedo hacer y si me ánimo que no se por dodne empezar.
Claro que sí!
Ánimo y adelante. Seguidores no te faltarán.
Empieza por lo que te resulte más fácil. Despacio y con buena letra
 
He pensado abrir un hilo para contar relatos de mi vida... he elegido esta categoría porque tengo pareja pero quizá tendría que haber usado una más general. Tengo la cuenta abierta casi desde hace 1 año y a veces no me atrevia, otras me daba pereza, tampoco se si esto lo lee mucha gente, pero bueno, veré que puedo hacer y si me ánimo que no se por dodne empezar.
Seguro que público que lo lea no te va a faltar, que seamos más o menos participativos a la hora de comentar dependerá mucho del contenido.
Y si te sirve de algo, yo empezaría por el principio de lo que quieras contar, así es más fácil seguir la linea temporal, si la hay.

Suerte y ánimo.
 
Hola,

Llevo un año leyendo vuestros relatos en los ratos libres de la carrera y me he decidido a registrarme para empezar a subir los míos. Me voy a poner Sara por aquí, tengo 21 años y estudio ADE en la privada de Murcia.

Seguramente si me vierais por la calle o en la uni pensaríais que soy una estirada. Voy siempre impecable, con mis gafas de ver, mi ropa de marca y mi pulsera de V-o-x que no me quito nunca (la llevo mas por hacer rabiar que otra cosa). Me gusta esa imagen de niña bien que proyecto, y de hecho en mi vida normal soy yo la que manda; mi novio hace lo que yo digo y mis amigas me tienen respeto.

Pero cuando estoy en un sitio donde nadie sabe quién soy... la cosa cambia. Hay una parte de mí que solo sale cuando sé que mi imagen y mis apellidos no importan nada. He decidido escribir aquí porque necesito soltar cosas que me han pasado de verdad y que, obviamente, se quedarían conmigo si no fuera por este anonimato.

Quiero empezar contando todo desde el principio, desde aquella primera vez que me di cuenta de que, por mucho que me guste mandar en mi vida normal, lo que de verdad me pide el cuerpo es que alguien me quite el control de golpe y me ponga en mi sitio sin preguntar. Necesito recordar cómo es que te traten de una forma que mi novio ni se imagina. No sé si sabré explicarlo muy bien, pero me sirve para sacarlo de mi cabeza.

No se contar relatos como se debe así que estaré abierta a preguntas para contestar dudas.

Creo que lo más real es contar cómo empezó todo de verdad, sin inventos. Tenía 16 años, estaba en 4º de la ESO y, como ya sabéis, era la típica niña bien que no rompía un plato. Iba siempre con mis gafas, mis brackets y cero pecho. Me sentía una pringada total al lado de la gente "guay".

En mi instituto había un grupo de 2º de Bachiller que eran los típicos que pasaban de todo. Se fugaban de clase casi todos los días para irse a fumar o a casa de alguno. Yo los veía desde lejos como si fueran de otro planeta.

Un martes llegué tarde a primera hora porque me había quedado dormida y me encontré la puerta del instituto cerrada. Me puse súper nerviosa porque pensaba que me iban a poner un parte o que llamarían a mis padres. De repente, vi a tres de esos de Bachiller que estaban fuera, al lado de las motos, preparándose para irse. Uno de ellos, que era el que conocía de vista, porque era guapisimo, mis amigas y yo siempre andabamos detras de el, me miró y se rió: "¿Dónde vas con esas prisas? ¿Te han cerrado la puerta?".

Yo no sabía dónde meterme. Me puse roja y balbuceé un triste "Si". Él me miró de arriba abajo, se fijó en mis gafas y en mi cara de asustada, y me soltó: "Vente con nosotros, no seas tonta. Vamos a casa a mi casa que no están mis padre".

Al final decidí acompañarles con mi uniforme y mi mochila al hombro. Me moría de ganas de que el chico que me había invitado se fijara en mí. Me sacaba dos años y para mí era como si fuera un hombre de verdad; me hacía sentir súper mayor solo por dejar que fuese a su casa. En mi cabeza de 16 años, yo no era una pringada que se estaba fugando, era una tía interesante que se iba con los repetidores a su casa.

Llegamos al piso de Javi. Estuvimos un rato en el salón con la música a tope, ellos fumaban y jugaban a la consola. Yo no sabía ni dónde poner las manos, pero me esforzaba por no parecer asustada y fuera de lugar. Cuando él me hizo el gesto desde el pasillo para ir a su cuarto, mi corazón iba a mil. No es que tuviera ganas de hacer nada, es que sentía que si le decía que sí, podría romper la imagen que llevaba años creando.

Entramos en el cuarto de Javi y el ambiente era lo peor. Olía a una mezcla de tabaco, ropa sucia y ese desodorante fuerte que usaban los tíos entonces. La cama estaba sin hacer y había ropa tirada por todas partes. Yo estaba allí plantada, con mi mochila todavía al hombro, sintiéndome engañada... Le había idealizado tanto que la realidad estaba mas cerca de Torrente que de Zac efron.

Él ni me miró a los ojos. Se sentó en el borde de la cama, se sacó el móvil del bolsillo y lo dejó en la mesita. "Cierra la puerta", me soltó sin más. Yo obedecí, claro. Me sentía súper importante porque pensaba que me iba a liarme con el chico mas importante del insti, pero lo que vino después no tuvo nada que ver.

Me agarró del brazo y me hizo un gesto hacia el suelo. "Venga, que estas deseando". Me quedé helada. Me di cuenta de que para él yo no era una tía que le gustara, era un entretenimiento. Hinqué las rodillas en la alfombra, que estaba asquerosa, llena de pelusas y de migas de vete a saber qué. Me raspaba la piel, pero estaba tan fuera de lugar y tan desesperada por encajar y que no me echara de allí que no dije nada.

Se bajó el chándal y me la puso delante. Unos 17cm gordita sin depilar, Yo no había visto nada así en mi vida, al menos tan de cerca. Me quedé mirándola con mis gafas de ver resbalándoseme por la nariz por el sudor de los nervios. Él soltó un bufido de impaciencia, me agarró del pelo —pero de verdad, tirando con ganas hacia atrás para que levantara la cara— y me dijo: "Abre, demuestra las ganas que tienes".

Cuando empecé, fue un desastre. No tenía ni idea de qué hacer. Se me saltaban las lágrimas porque me daba la arcada cada dos por tres, ya que no sabía ni cómo respirar, aquello era un cuadro. Él no me ayudaba nada; al revés, se dedicaba a empujarme la cabeza con la mano, metiéndome los dedos entre el pelo y apretando fuerte.

"Usa la lengua, babea más", me decía. Yo intentaba hacerlo lo mejor posible, babeando un montón porque no daba abasto a tragar y sentía cómo me caía un hilo de saliva por la barbilla hasta la camisa del uniforme. Me daba bastante asco imaginarme como el me veia, siento tan patética, pero a la vez me ponía muchísimo que él me mirara desde arriba con esa cara de "Eres lo que necesitaba".

Me obligó a seguir, me dolía la mandíbula. Me atragantaba, se me empañaban las gafas y tenía la cara hecha un cristo, llena de babas y de rímel corrido, pero él seguía a lo suyo. Disfrutaba de ver lo ridícula que era yo allí abajo, esforzándome por complacerle mientras él pasaba de mí totalmente.

Cuando terminó, ni me avisó. Me agarró del pelo hacia el y yo tuve que aguantar la respiración todo lo que pude, no te chorros con mucha presión, estaban super calientes y salados, Mi única alternativa que tuve era tragarlos para no ahogarme. Me quedé allí de rodillas, intentando recuperar el aliento y limpiándome la boca con la manga mientras él se subía el pantalón como si acabara de terminar un examen. Me miró un segundo y se rió: "Vaya carita que se te ha quedado".

Abrió la puerta sin esperar a que yo me arreglara un poco. Tuve que salir de la habitación con el pelo de cualquier manera, la cara roja y los labios hinchados. Al llegar al salón, los otros dos estaban allí sentados, esperándonos.

Se hizo un silencio de dos segundos y de repente se empezaron a reír. Se reían de mí, de la niña buena con gafas que acababa de salir del cuarto de su colega después de hincar las rodillas. Me miraban de arriba abajo con un desprecio que me hacía sentir ridícula. Uno de ellos soltó una burrada que ni recuerdo bien sobre si le había dado las gracias al terminar.

Me sentí pequeñísima. Me di cuenta de que para ellos yo no era "la chica nueva del grupo", era simplemente la tonta de cuarto que se habían llevado a casa para echarse unas risas a mi costa. Javi ni me miró, no hizo por defenderme; se sentó con ellos y se puso a jugar a la Play como si yo fuera un mueble más de la habitación.

Despues de estar en el sofá durante 20 minutos intentando arreglarme, entre risas y miradas, tuve que irme sola de allí. Bajé las escaleras del bloque, sintiendo que todo el mundo me miraba y que se me notaba en la cara lo que acababa de hacer. Me sentía patética, usada y súper humillada por cómo se habían reído de mí. Pero, y esto es lo que no le puedo decir a nadie, mientras caminaba hacia el instituto intentando que no se me saltaran las lágrimas, sentía una electricidad por el cuerpo que no era normal.

Esa humillación, el sentir que no era la mimada, la intocable y que esos tíos se habían reído de mí después de usarme... me puso muchísimo. Ahí entendí que mi parte de "niña bien" odiaba lo que había pasado, pero que había otra parte de mí que necesitaba esa sensación de ser tratada como una basura para sentirse viva.
 
Hola,

Llevo un año leyendo vuestros relatos en los ratos libres de la carrera y me he decidido a registrarme para empezar a subir los míos. Me voy a poner Sara por aquí, tengo 21 años y estudio ADE en la privada de Murcia.

Seguramente si me vierais por la calle o en la uni pensaríais que soy una estirada. Voy siempre impecable, con mis gafas de ver, mi ropa de marca y mi pulsera de V-o-x que no me quito nunca (la llevo mas por hacer rabiar que otra cosa). Me gusta esa imagen de niña bien que proyecto, y de hecho en mi vida normal soy yo la que manda; mi novio hace lo que yo digo y mis amigas me tienen respeto.

Pero cuando estoy en un sitio donde nadie sabe quién soy... la cosa cambia. Hay una parte de mí que solo sale cuando sé que mi imagen y mis apellidos no importan nada. He decidido escribir aquí porque necesito soltar cosas que me han pasado de verdad y que, obviamente, se quedarían conmigo si no fuera por este anonimato.

Quiero empezar contando todo desde el principio, desde aquella primera vez que me di cuenta de que, por mucho que me guste mandar en mi vida normal, lo que de verdad me pide el cuerpo es que alguien me quite el control de golpe y me ponga en mi sitio sin preguntar. Necesito recordar cómo es que te traten de una forma que mi novio ni se imagina. No sé si sabré explicarlo muy bien, pero me sirve para sacarlo de mi cabeza.

No se contar relatos como se debe así que estaré abierta a preguntas para contestar dudas.

Creo que lo más real es contar cómo empezó todo de verdad, sin inventos. Tenía 16 años, estaba en 4º de la ESO y, como ya sabéis, era la típica niña bien que no rompía un plato. Iba siempre con mis gafas, mis brackets y cero pecho. Me sentía una pringada total al lado de la gente "guay".

En mi instituto había un grupo de 2º de Bachiller que eran los típicos que pasaban de todo. Se fugaban de clase casi todos los días para irse a fumar o a casa de alguno. Yo los veía desde lejos como si fueran de otro planeta.

Un martes llegué tarde a primera hora porque me había quedado dormida y me encontré la puerta del instituto cerrada. Me puse súper nerviosa porque pensaba que me iban a poner un parte o que llamarían a mis padres. De repente, vi a tres de esos de Bachiller que estaban fuera, al lado de las motos, preparándose para irse. Uno de ellos, que era el que conocía de vista, porque era guapisimo, mis amigas y yo siempre andabamos detras de el, me miró y se rió: "¿Dónde vas con esas prisas? ¿Te han cerrado la puerta?".

Yo no sabía dónde meterme. Me puse roja y balbuceé un triste "Si". Él me miró de arriba abajo, se fijó en mis gafas y en mi cara de asustada, y me soltó: "Vente con nosotros, no seas tonta. Vamos a casa a mi casa que no están mis padre".

Al final decidí acompañarles con mi uniforme y mi mochila al hombro. Me moría de ganas de que el chico que me había invitado se fijara en mí. Me sacaba dos años y para mí era como si fuera un hombre de verdad; me hacía sentir súper mayor solo por dejar que fuese a su casa. En mi cabeza de 16 años, yo no era una pringada que se estaba fugando, era una tía interesante que se iba con los repetidores a su casa.

Llegamos al piso de Javi. Estuvimos un rato en el salón con la música a tope, ellos fumaban y jugaban a la consola. Yo no sabía ni dónde poner las manos, pero me esforzaba por no parecer asustada y fuera de lugar. Cuando él me hizo el gesto desde el pasillo para ir a su cuarto, mi corazón iba a mil. No es que tuviera ganas de hacer nada, es que sentía que si le decía que sí, podría romper la imagen que llevaba años creando.

Entramos en el cuarto de Javi y el ambiente era lo peor. Olía a una mezcla de tabaco, ropa sucia y ese desodorante fuerte que usaban los tíos entonces. La cama estaba sin hacer y había ropa tirada por todas partes. Yo estaba allí plantada, con mi mochila todavía al hombro, sintiéndome engañada... Le había idealizado tanto que la realidad estaba mas cerca de Torrente que de Zac efron.

Él ni me miró a los ojos. Se sentó en el borde de la cama, se sacó el móvil del bolsillo y lo dejó en la mesita. "Cierra la puerta", me soltó sin más. Yo obedecí, claro. Me sentía súper importante porque pensaba que me iba a liarme con el chico mas importante del insti, pero lo que vino después no tuvo nada que ver.

Me agarró del brazo y me hizo un gesto hacia el suelo. "Venga, que estas deseando". Me quedé helada. Me di cuenta de que para él yo no era una tía que le gustara, era un entretenimiento. Hinqué las rodillas en la alfombra, que estaba asquerosa, llena de pelusas y de migas de vete a saber qué. Me raspaba la piel, pero estaba tan fuera de lugar y tan desesperada por encajar y que no me echara de allí que no dije nada.

Se bajó el chándal y me la puso delante. Unos 17cm gordita sin depilar, Yo no había visto nada así en mi vida, al menos tan de cerca. Me quedé mirándola con mis gafas de ver resbalándoseme por la nariz por el sudor de los nervios. Él soltó un bufido de impaciencia, me agarró del pelo —pero de verdad, tirando con ganas hacia atrás para que levantara la cara— y me dijo: "Abre, demuestra las ganas que tienes".

Cuando empecé, fue un desastre. No tenía ni idea de qué hacer. Se me saltaban las lágrimas porque me daba la arcada cada dos por tres, ya que no sabía ni cómo respirar, aquello era un cuadro. Él no me ayudaba nada; al revés, se dedicaba a empujarme la cabeza con la mano, metiéndome los dedos entre el pelo y apretando fuerte.

"Usa la lengua, babea más", me decía. Yo intentaba hacerlo lo mejor posible, babeando un montón porque no daba abasto a tragar y sentía cómo me caía un hilo de saliva por la barbilla hasta la camisa del uniforme. Me daba bastante asco imaginarme como el me veia, siento tan patética, pero a la vez me ponía muchísimo que él me mirara desde arriba con esa cara de "Eres lo que necesitaba".

Me obligó a seguir, me dolía la mandíbula. Me atragantaba, se me empañaban las gafas y tenía la cara hecha un cristo, llena de babas y de rímel corrido, pero él seguía a lo suyo. Disfrutaba de ver lo ridícula que era yo allí abajo, esforzándome por complacerle mientras él pasaba de mí totalmente.

Cuando terminó, ni me avisó. Me agarró del pelo hacia el y yo tuve que aguantar la respiración todo lo que pude, no te chorros con mucha presión, estaban super calientes y salados, Mi única alternativa que tuve era tragarlos para no ahogarme. Me quedé allí de rodillas, intentando recuperar el aliento y limpiándome la boca con la manga mientras él se subía el pantalón como si acabara de terminar un examen. Me miró un segundo y se rió: "Vaya carita que se te ha quedado".

Abrió la puerta sin esperar a que yo me arreglara un poco. Tuve que salir de la habitación con el pelo de cualquier manera, la cara roja y los labios hinchados. Al llegar al salón, los otros dos estaban allí sentados, esperándonos.

Se hizo un silencio de dos segundos y de repente se empezaron a reír. Se reían de mí, de la niña buena con gafas que acababa de salir del cuarto de su colega después de hincar las rodillas. Me miraban de arriba abajo con un desprecio que me hacía sentir ridícula. Uno de ellos soltó una burrada que ni recuerdo bien sobre si le había dado las gracias al terminar.

Me sentí pequeñísima. Me di cuenta de que para ellos yo no era "la chica nueva del grupo", era simplemente la tonta de cuarto que se habían llevado a casa para echarse unas risas a mi costa. Javi ni me miró, no hizo por defenderme; se sentó con ellos y se puso a jugar a la Play como si yo fuera un mueble más de la habitación.

Despues de estar en el sofá durante 20 minutos intentando arreglarme, entre risas y miradas, tuve que irme sola de allí. Bajé las escaleras del bloque, sintiendo que todo el mundo me miraba y que se me notaba en la cara lo que acababa de hacer. Me sentía patética, usada y súper humillada por cómo se habían reído de mí. Pero, y esto es lo que no le puedo decir a nadie, mientras caminaba hacia el instituto intentando que no se me saltaran las lágrimas, sentía una electricidad por el cuerpo que no era normal.

Esa humillación, el sentir que no era la mimada, la intocable y que esos tíos se habían reído de mí después de usarme... me puso muchísimo. Ahí entendí que mi parte de "niña bien" odiaba lo que había pasado, pero que había otra parte de mí que necesitaba esa sensación de ser tratada como una basura para sentirse viva.
Por como lo describe pareció un poco desagradable, pero a la vez morboso, tienes alguna experiencia más? Aquí tienes un seguidor
 
Hola,

Llevo un año leyendo vuestros relatos en los ratos libres de la carrera y me he decidido a registrarme para empezar a subir los míos. Me voy a poner Sara por aquí, tengo 21 años y estudio ADE en la privada de Murcia.

Seguramente si me vierais por la calle o en la uni pensaríais que soy una estirada. Voy siempre impecable, con mis gafas de ver, mi ropa de marca y mi pulsera de V-o-x que no me quito nunca (la llevo mas por hacer rabiar que otra cosa). Me gusta esa imagen de niña bien que proyecto, y de hecho en mi vida normal soy yo la que manda; mi novio hace lo que yo digo y mis amigas me tienen respeto.

Pero cuando estoy en un sitio donde nadie sabe quién soy... la cosa cambia. Hay una parte de mí que solo sale cuando sé que mi imagen y mis apellidos no importan nada. He decidido escribir aquí porque necesito soltar cosas que me han pasado de verdad y que, obviamente, se quedarían conmigo si no fuera por este anonimato.

Quiero empezar contando todo desde el principio, desde aquella primera vez que me di cuenta de que, por mucho que me guste mandar en mi vida normal, lo que de verdad me pide el cuerpo es que alguien me quite el control de golpe y me ponga en mi sitio sin preguntar. Necesito recordar cómo es que te traten de una forma que mi novio ni se imagina. No sé si sabré explicarlo muy bien, pero me sirve para sacarlo de mi cabeza.

No se contar relatos como se debe así que estaré abierta a preguntas para contestar dudas.

Creo que lo más real es contar cómo empezó todo de verdad, sin inventos. Tenía 16 años, estaba en 4º de la ESO y, como ya sabéis, era la típica niña bien que no rompía un plato. Iba siempre con mis gafas, mis brackets y cero pecho. Me sentía una pringada total al lado de la gente "guay".

En mi instituto había un grupo de 2º de Bachiller que eran los típicos que pasaban de todo. Se fugaban de clase casi todos los días para irse a fumar o a casa de alguno. Yo los veía desde lejos como si fueran de otro planeta.

Un martes llegué tarde a primera hora porque me había quedado dormida y me encontré la puerta del instituto cerrada. Me puse súper nerviosa porque pensaba que me iban a poner un parte o que llamarían a mis padres. De repente, vi a tres de esos de Bachiller que estaban fuera, al lado de las motos, preparándose para irse. Uno de ellos, que era el que conocía de vista, porque era guapisimo, mis amigas y yo siempre andabamos detras de el, me miró y se rió: "¿Dónde vas con esas prisas? ¿Te han cerrado la puerta?".

Yo no sabía dónde meterme. Me puse roja y balbuceé un triste "Si". Él me miró de arriba abajo, se fijó en mis gafas y en mi cara de asustada, y me soltó: "Vente con nosotros, no seas tonta. Vamos a casa a mi casa que no están mis padre".

Al final decidí acompañarles con mi uniforme y mi mochila al hombro. Me moría de ganas de que el chico que me había invitado se fijara en mí. Me sacaba dos años y para mí era como si fuera un hombre de verdad; me hacía sentir súper mayor solo por dejar que fuese a su casa. En mi cabeza de 16 años, yo no era una pringada que se estaba fugando, era una tía interesante que se iba con los repetidores a su casa.

Llegamos al piso de Javi. Estuvimos un rato en el salón con la música a tope, ellos fumaban y jugaban a la consola. Yo no sabía ni dónde poner las manos, pero me esforzaba por no parecer asustada y fuera de lugar. Cuando él me hizo el gesto desde el pasillo para ir a su cuarto, mi corazón iba a mil. No es que tuviera ganas de hacer nada, es que sentía que si le decía que sí, podría romper la imagen que llevaba años creando.

Entramos en el cuarto de Javi y el ambiente era lo peor. Olía a una mezcla de tabaco, ropa sucia y ese desodorante fuerte que usaban los tíos entonces. La cama estaba sin hacer y había ropa tirada por todas partes. Yo estaba allí plantada, con mi mochila todavía al hombro, sintiéndome engañada... Le había idealizado tanto que la realidad estaba mas cerca de Torrente que de Zac efron.

Él ni me miró a los ojos. Se sentó en el borde de la cama, se sacó el móvil del bolsillo y lo dejó en la mesita. "Cierra la puerta", me soltó sin más. Yo obedecí, claro. Me sentía súper importante porque pensaba que me iba a liarme con el chico mas importante del insti, pero lo que vino después no tuvo nada que ver.

Me agarró del brazo y me hizo un gesto hacia el suelo. "Venga, que estas deseando". Me quedé helada. Me di cuenta de que para él yo no era una tía que le gustara, era un entretenimiento. Hinqué las rodillas en la alfombra, que estaba asquerosa, llena de pelusas y de migas de vete a saber qué. Me raspaba la piel, pero estaba tan fuera de lugar y tan desesperada por encajar y que no me echara de allí que no dije nada.

Se bajó el chándal y me la puso delante. Unos 17cm gordita sin depilar, Yo no había visto nada así en mi vida, al menos tan de cerca. Me quedé mirándola con mis gafas de ver resbalándoseme por la nariz por el sudor de los nervios. Él soltó un bufido de impaciencia, me agarró del pelo —pero de verdad, tirando con ganas hacia atrás para que levantara la cara— y me dijo: "Abre, demuestra las ganas que tienes".

Cuando empecé, fue un desastre. No tenía ni idea de qué hacer. Se me saltaban las lágrimas porque me daba la arcada cada dos por tres, ya que no sabía ni cómo respirar, aquello era un cuadro. Él no me ayudaba nada; al revés, se dedicaba a empujarme la cabeza con la mano, metiéndome los dedos entre el pelo y apretando fuerte.

"Usa la lengua, babea más", me decía. Yo intentaba hacerlo lo mejor posible, babeando un montón porque no daba abasto a tragar y sentía cómo me caía un hilo de saliva por la barbilla hasta la camisa del uniforme. Me daba bastante asco imaginarme como el me veia, siento tan patética, pero a la vez me ponía muchísimo que él me mirara desde arriba con esa cara de "Eres lo que necesitaba".

Me obligó a seguir, me dolía la mandíbula. Me atragantaba, se me empañaban las gafas y tenía la cara hecha un cristo, llena de babas y de rímel corrido, pero él seguía a lo suyo. Disfrutaba de ver lo ridícula que era yo allí abajo, esforzándome por complacerle mientras él pasaba de mí totalmente.

Cuando terminó, ni me avisó. Me agarró del pelo hacia el y yo tuve que aguantar la respiración todo lo que pude, no te chorros con mucha presión, estaban super calientes y salados, Mi única alternativa que tuve era tragarlos para no ahogarme. Me quedé allí de rodillas, intentando recuperar el aliento y limpiándome la boca con la manga mientras él se subía el pantalón como si acabara de terminar un examen. Me miró un segundo y se rió: "Vaya carita que se te ha quedado".

Abrió la puerta sin esperar a que yo me arreglara un poco. Tuve que salir de la habitación con el pelo de cualquier manera, la cara roja y los labios hinchados. Al llegar al salón, los otros dos estaban allí sentados, esperándonos.

Se hizo un silencio de dos segundos y de repente se empezaron a reír. Se reían de mí, de la niña buena con gafas que acababa de salir del cuarto de su colega después de hincar las rodillas. Me miraban de arriba abajo con un desprecio que me hacía sentir ridícula. Uno de ellos soltó una burrada que ni recuerdo bien sobre si le había dado las gracias al terminar.

Me sentí pequeñísima. Me di cuenta de que para ellos yo no era "la chica nueva del grupo", era simplemente la tonta de cuarto que se habían llevado a casa para echarse unas risas a mi costa. Javi ni me miró, no hizo por defenderme; se sentó con ellos y se puso a jugar a la Play como si yo fuera un mueble más de la habitación.

Despues de estar en el sofá durante 20 minutos intentando arreglarme, entre risas y miradas, tuve que irme sola de allí. Bajé las escaleras del bloque, sintiendo que todo el mundo me miraba y que se me notaba en la cara lo que acababa de hacer. Me sentía patética, usada y súper humillada por cómo se habían reído de mí. Pero, y esto es lo que no le puedo decir a nadie, mientras caminaba hacia el instituto intentando que no se me saltaran las lágrimas, sentía una electricidad por el cuerpo que no era normal.

Esa humillación, el sentir que no era la mimada, la intocable y que esos tíos se habían reído de mí después de usarme... me puso muchísimo. Ahí entendí que mi parte de "niña bien" odiaba lo que había pasado, pero que había otra parte de mí que necesitaba esa sensación de ser tratada como una basura para sentirse viva.
Te voy siguiendo y lo relatas bien, se agradece la verdad que este bien escrito con gramática y signos puntuación.
Además, dentro de que la situación no debió ser agradable según la describes y con esa edad, la linea futura que se intuye pinta bien.
Gracias por escribir.
 
Hola,

Llevo un año leyendo vuestros relatos en los ratos libres de la carrera y me he decidido a registrarme para empezar a subir los míos. Me voy a poner Sara por aquí, tengo 21 años y estudio ADE en la privada de Murcia.

Seguramente si me vierais por la calle o en la uni pensaríais que soy una estirada. Voy siempre impecable, con mis gafas de ver, mi ropa de marca y mi pulsera de V-o-x que no me quito nunca (la llevo mas por hacer rabiar que otra cosa). Me gusta esa imagen de niña bien que proyecto, y de hecho en mi vida normal soy yo la que manda; mi novio hace lo que yo digo y mis amigas me tienen respeto.

Pero cuando estoy en un sitio donde nadie sabe quién soy... la cosa cambia. Hay una parte de mí que solo sale cuando sé que mi imagen y mis apellidos no importan nada. He decidido escribir aquí porque necesito soltar cosas que me han pasado de verdad y que, obviamente, se quedarían conmigo si no fuera por este anonimato.

Quiero empezar contando todo desde el principio, desde aquella primera vez que me di cuenta de que, por mucho que me guste mandar en mi vida normal, lo que de verdad me pide el cuerpo es que alguien me quite el control de golpe y me ponga en mi sitio sin preguntar. Necesito recordar cómo es que te traten de una forma que mi novio ni se imagina. No sé si sabré explicarlo muy bien, pero me sirve para sacarlo de mi cabeza.

No se contar relatos como se debe así que estaré abierta a preguntas para contestar dudas.

Creo que lo más real es contar cómo empezó todo de verdad, sin inventos. Tenía 16 años, estaba en 4º de la ESO y, como ya sabéis, era la típica niña bien que no rompía un plato. Iba siempre con mis gafas, mis brackets y cero pecho. Me sentía una pringada total al lado de la gente "guay".

En mi instituto había un grupo de 2º de Bachiller que eran los típicos que pasaban de todo. Se fugaban de clase casi todos los días para irse a fumar o a casa de alguno. Yo los veía desde lejos como si fueran de otro planeta.

Un martes llegué tarde a primera hora porque me había quedado dormida y me encontré la puerta del instituto cerrada. Me puse súper nerviosa porque pensaba que me iban a poner un parte o que llamarían a mis padres. De repente, vi a tres de esos de Bachiller que estaban fuera, al lado de las motos, preparándose para irse. Uno de ellos, que era el que conocía de vista, porque era guapisimo, mis amigas y yo siempre andabamos detras de el, me miró y se rió: "¿Dónde vas con esas prisas? ¿Te han cerrado la puerta?".

Yo no sabía dónde meterme. Me puse roja y balbuceé un triste "Si". Él me miró de arriba abajo, se fijó en mis gafas y en mi cara de asustada, y me soltó: "Vente con nosotros, no seas tonta. Vamos a casa a mi casa que no están mis padre".

Al final decidí acompañarles con mi uniforme y mi mochila al hombro. Me moría de ganas de que el chico que me había invitado se fijara en mí. Me sacaba dos años y para mí era como si fuera un hombre de verdad; me hacía sentir súper mayor solo por dejar que fuese a su casa. En mi cabeza de 16 años, yo no era una pringada que se estaba fugando, era una tía interesante que se iba con los repetidores a su casa.

Llegamos al piso de Javi. Estuvimos un rato en el salón con la música a tope, ellos fumaban y jugaban a la consola. Yo no sabía ni dónde poner las manos, pero me esforzaba por no parecer asustada y fuera de lugar. Cuando él me hizo el gesto desde el pasillo para ir a su cuarto, mi corazón iba a mil. No es que tuviera ganas de hacer nada, es que sentía que si le decía que sí, podría romper la imagen que llevaba años creando.

Entramos en el cuarto de Javi y el ambiente era lo peor. Olía a una mezcla de tabaco, ropa sucia y ese desodorante fuerte que usaban los tíos entonces. La cama estaba sin hacer y había ropa tirada por todas partes. Yo estaba allí plantada, con mi mochila todavía al hombro, sintiéndome engañada... Le había idealizado tanto que la realidad estaba mas cerca de Torrente que de Zac efron.

Él ni me miró a los ojos. Se sentó en el borde de la cama, se sacó el móvil del bolsillo y lo dejó en la mesita. "Cierra la puerta", me soltó sin más. Yo obedecí, claro. Me sentía súper importante porque pensaba que me iba a liarme con el chico mas importante del insti, pero lo que vino después no tuvo nada que ver.

Me agarró del brazo y me hizo un gesto hacia el suelo. "Venga, que estas deseando". Me quedé helada. Me di cuenta de que para él yo no era una tía que le gustara, era un entretenimiento. Hinqué las rodillas en la alfombra, que estaba asquerosa, llena de pelusas y de migas de vete a saber qué. Me raspaba la piel, pero estaba tan fuera de lugar y tan desesperada por encajar y que no me echara de allí que no dije nada.

Se bajó el chándal y me la puso delante. Unos 17cm gordita sin depilar, Yo no había visto nada así en mi vida, al menos tan de cerca. Me quedé mirándola con mis gafas de ver resbalándoseme por la nariz por el sudor de los nervios. Él soltó un bufido de impaciencia, me agarró del pelo —pero de verdad, tirando con ganas hacia atrás para que levantara la cara— y me dijo: "Abre, demuestra las ganas que tienes".

Cuando empecé, fue un desastre. No tenía ni idea de qué hacer. Se me saltaban las lágrimas porque me daba la arcada cada dos por tres, ya que no sabía ni cómo respirar, aquello era un cuadro. Él no me ayudaba nada; al revés, se dedicaba a empujarme la cabeza con la mano, metiéndome los dedos entre el pelo y apretando fuerte.

"Usa la lengua, babea más", me decía. Yo intentaba hacerlo lo mejor posible, babeando un montón porque no daba abasto a tragar y sentía cómo me caía un hilo de saliva por la barbilla hasta la camisa del uniforme. Me daba bastante asco imaginarme como el me veia, siento tan patética, pero a la vez me ponía muchísimo que él me mirara desde arriba con esa cara de "Eres lo que necesitaba".

Me obligó a seguir, me dolía la mandíbula. Me atragantaba, se me empañaban las gafas y tenía la cara hecha un cristo, llena de babas y de rímel corrido, pero él seguía a lo suyo. Disfrutaba de ver lo ridícula que era yo allí abajo, esforzándome por complacerle mientras él pasaba de mí totalmente.

Cuando terminó, ni me avisó. Me agarró del pelo hacia el y yo tuve que aguantar la respiración todo lo que pude, no te chorros con mucha presión, estaban super calientes y salados, Mi única alternativa que tuve era tragarlos para no ahogarme. Me quedé allí de rodillas, intentando recuperar el aliento y limpiándome la boca con la manga mientras él se subía el pantalón como si acabara de terminar un examen. Me miró un segundo y se rió: "Vaya carita que se te ha quedado".

Abrió la puerta sin esperar a que yo me arreglara un poco. Tuve que salir de la habitación con el pelo de cualquier manera, la cara roja y los labios hinchados. Al llegar al salón, los otros dos estaban allí sentados, esperándonos.

Se hizo un silencio de dos segundos y de repente se empezaron a reír. Se reían de mí, de la niña buena con gafas que acababa de salir del cuarto de su colega después de hincar las rodillas. Me miraban de arriba abajo con un desprecio que me hacía sentir ridícula. Uno de ellos soltó una burrada que ni recuerdo bien sobre si le había dado las gracias al terminar.

Me sentí pequeñísima. Me di cuenta de que para ellos yo no era "la chica nueva del grupo", era simplemente la tonta de cuarto que se habían llevado a casa para echarse unas risas a mi costa. Javi ni me miró, no hizo por defenderme; se sentó con ellos y se puso a jugar a la Play como si yo fuera un mueble más de la habitación.

Despues de estar en el sofá durante 20 minutos intentando arreglarme, entre risas y miradas, tuve que irme sola de allí. Bajé las escaleras del bloque, sintiendo que todo el mundo me miraba y que se me notaba en la cara lo que acababa de hacer. Me sentía patética, usada y súper humillada por cómo se habían reído de mí. Pero, y esto es lo que no le puedo decir a nadie, mientras caminaba hacia el instituto intentando que no se me saltaran las lágrimas, sentía una electricidad por el cuerpo que no era normal.

Esa humillación, el sentir que no era la mimada, la intocable y que esos tíos se habían reído de mí después de usarme... me puso muchísimo. Ahí entendí que mi parte de "niña bien" odiaba lo que había pasado, pero que había otra parte de mí que necesitaba esa sensación de ser tratada como una basura para sentirse viva.
Buen relato, confirmas que es real al 100%? Me gusta y entiendo lo que te paso, he conocido varias mujeres y una es la típica estirada de misa fifi refinada y la he hecho de todo lo que su marido ni se le pasaría por la cabeza y en su casa. Así que no me extraña tú historia para nada. Sigue contando, gracias.
 
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