Mi primer vuelo

David Lovia

Miembro muy activo
Desde
27 Jul 2023
Mensajes
359
Reputación
4,656
Hace unos meses escribí un relato erótico cortito, de unas 8000 palabras, que se titulaba Mi primer vuelo. Mi idea era que en un futuro, si gustaba la historia desarrollarla un poco más y hacer un relato más largo. Con lo que no contaba es que al final este relato terminaría en una novela de casi 110.000 palabras.

No sabía muy bien dónde categorizar esta novela, pues tiene un poco de todo, BDSM, sumisión, infidelidad, lésbicos... pero al final la he metido en mi categoría predilecta de infidelidades y cornudos. Primero voy a subir el relato original, y luego iré desarrollando poco a poco la primera parte de la novela, a ver si os gusta.

Espero vuestros comentarios y opiniones y os dejo por aquí la portada también.
 

Archivos adjuntos

  • IMG_20260405_094101.jpg
1



Le encantaba dormir sin ropa. Se estiró en la cama mientras me vestía frente al espejo y mi chico emitió un pequeño ronquido. Ocho años de relación con él y me seguía volviendo loca su espalda desnuda y musculada.

Las sábanas estaban muy revueltas y olía a sexo sucio en la habitación, unas horas antes habíamos follado con tal intensidad que caímos exhaustos en cuanto terminamos. Mira que era guapo el cabrón, pero un inseguro de la hostia, y aunque es verdad, que se escuchaban muchas historias de affairs entre azafatas, pilotos y tripulación de cabina, yo nunca le había dado motivos para desconfiar de mí.

Adoraba a mi chico.

Pensé que el sexo me vendría bien para relajarme, pero no dio los frutos deseados y es que aquella mañana estaba muy nerviosa, pues empezaba a trabajar como auxiliar en una gran compañía y tenía mi primer vuelo.

Madrid-Zurich.

Dos horas y veinte de trayecto, dormir allí y vuelta a Madrid al día siguiente. Me habían hablado muy bien de los dos pilotos, Francisco Lomas, un gran talento e Ismael Lara, un histórico con miles de horas de experiencia, así que en ese aspecto estaba tranquila.

Me tranquilicé un poco en el avión, pero en cuanto comenzaron a llegar los pasajeros el corazón volvió a latir con fuerza. Me situé en una de las entradas y con mi mejor sonrisa les fui dando a todos las buenas tardes y deseándoles un feliz vuelo. Éramos cuatro auxiliares y a mí me habían asignado junto con otra compañera la cabina de tripulación, faltaba la de primera clase y cabina de emergencia.

Por suerte mi compañera era un encanto. Una rubia que tendría mi edad, sobre 28 años, desde el primer momento estuvo muy pendiente de mí, indicándome lo que tenía que hacer. Nos echamos una mirada cómplice cuando el avión cogió velocidad antes del despegue y ella estiró el brazo y me dio la mano, susurrándome un “bienvenida” justo al separarnos del suelo.

Sandra enseguida cogió confianza conmigo, y una vez que el avión se situó en altura de vuelo y con los pasajeros ya atendidos comenzamos a hablar de manera más distendida.

―Oye, me has caído muy bien, tía...
―Tú también y muchas gracias por todo.
―Bueno, Andrea, pues encantada de haberte conocido, y no sé, cuéntame algo más de ti, lo único que sé es que eres un pibonazo y que estás muy buena, ja, ja, ja...
―Ja, ja, ja, lo mismo digo.
―¿Tienes novio, novia...?
―Sí, novio, novio...
―Yo pregunto, que hoy en día no se sabe..., ¿y llevas mucho tiempo con él?
―Sí, hemos cumplido hace poco ocho años...
―¡Guau!, eso es mucho tiempo.
―¿Y tú?, ¿tienes pareja?
―Sí, más o menos, podría decirse que sí, ando tonteando con un chico desde hace un año...
―Entiendo.
―Aunque en viajes como el de hoy, es cuando me arrepiento de tener novio.
―¿Y eso?
―¿Es que no te has fijado en Fran?
―¿En quién?
―¡El piloto!, Francisco Lomas...
―Ah, sí, sí, tampoco es que me haya fijado mucho, entre los nervios y tal...
―¡No me fastidies!, ¿es que no te parece mono?, joder, si es como el hermano gemelo de David Beckham...
―Sí, bueno, si tú lo dices...
―Ya hemos viajado juntos unas cuantas veces... y esta noche espero que no se me escape...
―¿En serio?
―Y tan en serio, pero tienes que acompañarme, tía, me da apuro ir yo sola, después de cenar podemos quedar con los pilotos y tomar algo con ellos, es lo normal...
―¿Ah, sí?
―Sí, claro... siento que el otro sea Ismael...
―A mí me da igual, como si es Brad Pitt, ya te he dicho que tengo nov...
―Es muy buen piloto, pero ya está de vuelta de todo, serio, arisco... y se rumorea que es un puto alcohólico, se le murió una hija de veinte años en un accidente de tráfico y desde entonces no levanta cabeza, eso sí, por lo que me han dicho antes tenía fama de follarse todo lo que se movía...
―¡Madre mía!, no tenía ni idea...
―Para eso estoy yo, nena, para ponerte al día... lo único es que tendremos competencia...
―¿Competencia?
―Sí, nuestras otras dos “compañeras”, Beatriz es maja y tal, esa no me preocupa, pero Leticia, uffff, es que no puedo con ella. ¡Es una arpía!
―¿La que está en primera clase?
―Sí, se cree una diosa, y siempre la ponen en los mejores puestos y destinos, es una “chupapollas” de primera... clase, ja, ja, ja...
―Pues a mí no me ha parecido tan...
―¡Tú hazme caso a mí!, esa va detrás de Fran también, está como loca por que un piloto le haga casito... debería ser más realista, yo sé lo que hay, y tampoco me preocupa, claro que me gustaría salir con Fran y ser su novia, pero hay mucha competencia, muchísima, así que me conformo con echar un polvo con él... ellos buscan otra cosa, no una auxiliar de vuelo, y Leticia se piensa que por ser guapa puede aspirar a un piloto, ja, ja, ja, pobre ilusa...

De repente se encendió una luz y se activó la señal de ponerse los cinturones de seguridad.

―Creo que estamos llegando a una pequeña zona de turbulencias... será unos minutos, ponte el cinto, luego seguimos hablando...

En cuanto pasamos las turbulencias nos volvimos a poner de pie y Sandra me sugirió acercarnos hasta la cabina de los pilotos.

―Vamos a hacerles una visita, así los conoces y hablamos un poco con ellos...
―Ya nos hemos presentado antes... me da apuro.
―Es lo normal, tonta... tú ven conmigo...

Caminamos por el estrecho pasillo hasta llegar a la cabina y al pasar por primera clase Leticia nos miró con mala cara, por lo que Sandra le dedicó una sonrisa falsa y le dijo a su compañera.

―Vamos a ver a estos para que conozcan a Andrea...

La verdad es que impresiona ver el vuelo desde allí y me quedé unos segundos absorta, observando a los dos pilotos manejar el avión. Fran fue mucho más simpático al vernos y se levantó enseguida, dejando los cascos sobre el asiento. El otro, un señor grande y corpulento con el pelo canoso, ni se inmutó, como si no estuviéramos, tratándonos como si fuéramos invisibles.

―¿Y qué tal tu primer vuelo, Andrea? ―me preguntó Fran de manera cortés.

Sandra tenía razón. ¡Joder, qué guapo era el condenado!, alto, pelo castaño con unas mechitas rubias, cara cuadrada, ojos azules, se notaba que estaba en forma y además listo, educado y simpático.

¡Menudo partidazo!

―Bi... bien, muy bien, Sandra me está ayudando mucho... ―tartamudeé como una idiota.
―Has tenido suerte con ella, es de las mejores ―dijo el piloto, pasando una mano por el hombro a mi compañera.

Se notaba que entre ellos había mucha complicidad y que se llevaban muy bien, y ella le correspondió el gesto rodeando la espalda de él con su brazo.

―Te recuerdo que teníamos algo pendiente, eh ―bromeó Fran, haciendo que la cara de Sandra se iluminara al instante.
―Sí, sí, siempre dices lo mismo y luego te me escapas corriendo...
―Bueeeeeno, a ver esta noche qué podemos hacer, a lo mejor la que se escapa eres tú...
―No creo, se lo estaba comentando antes a Andrea, que después de cenar podíamos tomar algo...
―Sí, claro, ya me lo había dicho antes Leticia también, yo por mí ya sabéis que encantado de tomarnos lo que queráis... ―comentó Fran, haciendo que Sandra frunciera el ceño de manera involuntaria.

¿En serio iban a ser así todos los vuelos?

Me parecía increíble la adoración que le tenían mis compañeras a los pilotos, por muy guapos que fueran se estaban comportando como dos niñatas en una lucha de gatas callejeras y por suerte, Ismael terminó aquella conversación que me estaba empezando a dar vergüenza ajena.

―Vamos a comenzar el descenso... ―dijo su voz seria y grave.
―Bueno, chicas, pues allá vamos ―y Fran tomó asiento colocándose los cascos en la cabeza.

Fuimos comprobando que todos los pasajeros llevaban el cinturón puesto y después tomamos asiento en la parte de atrás. Sandra parecía enojada y se quedó unos segundos en silencio.

―¿Estás bien?
―Sí, esa zorra de Leticia se me ha adelantado... ―masculló entre dientes.
―Tú eres mucho más guapa... no te preocupes... además, no sé, parecía que le gustabas a Fran.
―¿Tú crees?
―Yo creo que sí, esas cosas se notan...
―Pues esta noche no se me escapa, y tú tienes que acompañarme, eh...
―Vaaaaale, hecho...

Y el avión fue descendiendo lentamente hasta tocar tierra. Ya estábamos en Zurich.



2



¿Qué se supone que me tenía que poner para cenar en el hotel?

En teoría después íbamos a quedarnos a tomar algo con Fran y las compañeras, pero tampoco me apetecía arreglarme mucho, así que opté por una falda larga de color verde militar y una blusa blanca un poco escotada con tres botones. Un look informal, pero arreglada.

Pasé por la habitación de Sandra y como se retrasaba cinco minutos toqué en la puerta.

―Sí, pasa, tía, que ya estoy terminando ―me pidió retocándose el maquillaje frente al espejo.

Me quedé de piedra al ver que Sandra se había arreglado bastante para bajar a cenar, con un pantalón negro de vestir y una camisa blanca con un par de botones desabrochados, dejando ver unas bonitas tetas operadas. ¡Estaba claro que quería resaltarlas!

―Pensé que era una cena más informal, vas demasiado elegante...
―No, lo normal, yo suelo ir así ―dijo Sandra―. Tú también vas muy guapa...
―Casi ni me he maquillado...
―No te hace falta, cabrona, eres muy guapa y ¡menudo cuerpazo tienes, nena!, ya me hubiera gustado a mí tener esas tetazas, mmmmmm... y ese culo, mejor que disimules las curvas con esa falda, porque si no me levantas a Fran, seguro...
―Por mí no te preocupes, no me interesa, ja, ja, ja...
―Bien, bien, entonces solo me queda Leticia, uffff, y encima nos toca cenar con ella...
―Ah, ¿no cenamos solas?
―No, hemos quedado las cuatro a las 21:30.
―Pues ya vamos cinco minutos tarde...
―¡Qué se esperen...!

Al entrar al restaurante nos estaban esperando las otras dos compañeras. Vimos a los dos pilotos cenando solos; les saludamos con la mano y ni tan siquiera nos acercamos a hablar con ellos. Llegamos a la mesa y Leticia miró su reloj, con un ligero carraspeo por la tardanza, por lo que yo me disculpé.

Beatriz iba más normalita, como yo, con unos vaqueros y camisa de rayas, pero si Sandra se había arreglado, Leticia estaba en el siguiente nivel, con un vestido de fiesta morado, y una especie de recogido en el pelo. Me pareció ridículo bajar así a cenar, aunque tenía que reconocer que estaba espectacular, eso sí, si estuviéramos en una boda.

Durante la cena se notaba la tensión entre Leticia y Sandra, ¡eran dos rubias de armas tomar!, y Beatriz y yo nos mirábamos en silencio, con una sonrisa cómplice cuando se soltaban una pullita, cada vez con más frecuencia.

―Pues ahora he quedado con Fran para tomar algo ―dijo Leticia terminando los postres, con una insoportable voz altiva y de pito.
―Sí, nosotras también habíamos quedado con él...
―Ah, no lo sabía...
―Yo me voy a subir a descansar ―afirmó Beatriz.
―Y yo también ―salí al paso.
―De eso nada, tía, hoy es un primer destino y eso hay que celebrarlo ―insistió Sandra.
―Está bieeeen, una y me voy, eh...
―Sí, sí, una por lo menos...

En el bar del hotel nos estaban esperando Fran e Ismael. El clon de David Beckham se levantó en cuanto nos vio, pero Ismael ni se inmutó y siguió sentado frente a la barra con su ancha espalda, mirando a la camarera y sin hacernos el menor caso.

―Ya estáis aquí, chicas, ¿qué queréis tomar?, yo invito ―dijo Fran con amabilidad.
―Hoy tenemos que celebrar que es el primer día de Andrea, eh...
―Sí, sí, por supuesto...

Y Fran pidió una botella de champán para hacer un brindis. Fue curiosa la escena, porque Ismael pasó de nosotros y se quedó como si tal cosa, pendiente del móvil y degustando su copa.

Desde luego que era un tipo peculiar, rondaría los sesenta años, durante la cena comentaron que se rumoreaba que ya se iba a jubilar, con el pelo muy blanco, repeinado hacia atrás, muy alto y ancho de hombros, con unas manos enormes, tenía pinta de haber sido un guaperas de joven, pero ahora estaba muy desmejorado, desaliñado con la camisa por fuera, incipiente barriga, con pinta de cansado y unas grandes bolsas en los ojos que todavía le hacían más mayor.

Permanecí callada, y durante media hora tuve que asistir a la lucha entre Leticia y Sandra por ver quién se llevaba el gato al agua. Se comportaban como dos niñatas histéricas, manoseando a Fran, acercándose a él y finalmente quedaron en salir del hotel y tomar algo en la noche de Zurich.

―Yo ya me retiro, chicas, ahora sí...
―Ohhhhh, ¿no te vienes?, qué pena, debería insistir... ―dijo Fran.
―No pasa nada, nos tienes a nosotras ―le interrumpió Leticia, poniéndose delante de mí y se enganchó a un brazo y Sandra al otro antes de salir del restaurante.

Respiré aliviada, pues con el estrés del primer día no veía el momento de subir a la habitación a descansar. Dejé la copa en la barra justo cuando Ismael levantaba el brazo para pedir otro cóctel.

―Me voy, no subas muy tarde, eh... que mañana tienes que llevarnos a todos de vuelta ―quise hacer una pequeña broma, apoyando mi mano en la espalda del piloto.

Entonces y sin que me lo esperara, se giró hacia mí, me miró con indiferencia y contestó sin cambiar el rostro.

―¿Quieres tomar algo? ―me preguntó.

Mi primera reacción fue decirle que no, pero sinceramente sentí pena por aquel tipo, y más después de lo que me había contado Sandra sobre la muerte de su hija. Estaba claro que no se encontraba bien y quizás solo necesitaba un poco de compañía y alguien que le escuchara.

―Eh, sí, claro... ―contesté con una sonrisa amable y tomando asiento a su lado...




3



Por fin se fueron las putas pesadas. Dos minutos más y me hubiera pegado un tiro. Es que no las soportaba, ni a ellas ni su voz histriónica.

Ni lo zorras que eran.

Apuré el Rusty Nail y levanté la mano para pedir otro. Ahora sí, me apetecía tomármelo tranquilamente, sin tener que escuchar a esas dos moscardonas pelearse por Fran. ¡Qué alivio!, creo que hasta se me bajaron las pulsaciones de la mala hostia que me estaban poniendo, cuando justo noté una mano en la espalda.

―Me voy, no subas muy tarde, eh... que mañana tienes que llevarnos a todos de vuelta ―escuché que me decía una voz femenina.

Tuve que girarme para ver quién era y allí estaba. La nueva. Parecía una chica agradable, esas cosas se notan en la cara, pero lo que enseguida me llamó la atención fue el cuerpazo que tenía. De un primer vistazo ya pude intuir unas buenas tetas con esa camiseta escotada y sobre todo un tremendo trasero bajo esa falda hippie, que casi le llegaba hasta el suelo.

―¿Quieres tomar algo? ―fue lo primero que se me ocurrió por mera educación.

No es que me apeteciera mucho tener compañía, a decir verdad prefería estar solo, aunque aquella azafata no era como las otras, la vi amable, y sinceramente pensé que declinaría mi oferta y se subiría la habitación, pero para mi sorpresa tomó asiento a mi lado.

―Eh, sí, claro... ―aceptó.

Fue un momento delicado, porque ni tan siquiera recordaba su nombre.

―Perdona, ya sé que es muy grosero, pero, ¿te llamabas...?
―Andrea ―contestó ruborizándose por mi incómodo olvido, aunque quiso restarle importancia―. Tú ya sé que te llamas Ismael, ja, ja, ja...
―¿Qué tomas?
―Pues no sé, en la cena he bebido un poco de vino, ahora champán, no me apetece mezclar más cosas o...
―Un Cosmopolitan... ―le pedí al camarero sin volver a consultarla―. Prueba esto, seguro que te gusta...
―¿Qué lleva?
―Vodka, es afrutado, zumo de... tú hazme caso y pruébalo...
―Ah, vale, perfecto ―y justo le sonó el móvil―. Disculpa un momento...

Se levantó de la silla y se apartó cinco metros para hablar por teléfono. Era su novio seguro. Lo había visto tantas veces que era lo más típico, y aproveché para pegarle otro buen repaso a aquella morena, que por su aspecto físico debía rondar los 25 años y mediría sobre 1,72.

Mi primera impresión no había sido acertado del todo; quizás me había quedado corto. Sus tetas eran bastante más grandes de lo que me pareció en un principio, por como se le movían al andar se notaba que eran naturales y además, las tenía muy bien puestas, con unas venas marcadas que recorrían la cara interna de sus pechos, pero lo que más me gustó fue el trasero que se adivinaba bajo esa falda ibicenca de color verde militar. Se le pegaba al cuerpo como una segunda piel y se podía vislumbrar perfectamente el contorno de sus caderas.

Apenas pude escuchar lo que hablaba, aunque sí entendí algo así como,“hemos bajado a tomar algo, nada, una copita y enseguida subo a dormir, me han pedido champán para celebrar que era mi primer día, ya mañana te cuento”. Me pareció curioso que en ningún momento le comentara a su pareja que estaba sola conmigo, aunque tampoco pudo explayarse, pues la conversación apenas duró tres minutos.

―Ya estoy de vuelta, disculpa ―y apagó el móvil y lo metió en el bolso―. Así ya no nos interrumpirán más...
―¿Y qué tal tu primer vuelo, Andrea?
―Muy, muy bien, estoy encantada, además he tenido la suerte de que me toque con Sandra y me ha puesto las cosas muy fáciles...
―Sí, es buena chica, he volado con ella unas cuantas veces...
―Ya me lo había dicho.
―Eres muy joven, ¿puedo preguntarte la edad?
―Sí, claro, veintiocho...
―Ah, aparentas algunos menos...
―Muchas gracias, ¿y cuántos aparento?
―No sé, veintidós, como mucho...
―Ah, nunca me habían quitado tantos años, pero gracias, gracias, ja, ja, ja...
―¿Y cómo es que te dio por trabajar de azafata?
―Auxiliar de vuelo...
―Sí, eso... ―dije con desgana, porque aunque le hayan cambiado el nombre, son azafatas de toda la puta vida.
―Por una amiga, me lo recomendó y tal, domino el inglés y el francés, hice un par de cursos y lo vi una buena oportunidad laboral, siempre me había gustado... aunque nunca imaginé que terminaría trabajando en esto...
―Entonces te doy la enhorabuena...
―Gracias, ¿y tú, llevas muchos años?
―Ufffff, bastantes, más de 30, y este es el último, en unos meses me jubilo, la verdad es que ya se me hace muy pesado esto de viajar, pasar noches fuera de casa, preparar la maleta... de joven me gustaba, y he disfrutado mucho, pero...
―Me imagino.
―Recuerdo cuando era como Fran, me veo muy reflejado en él, porque yo hacía lo mismo...
―¿Ah, sí?
―Sí, lo he pasado muy bien, demasiado bien..., pero también se ha llevado por delante otras cosas...
―¿Por ejemplo?
―Tiempo, sobre todo tiempo que no he podido estar con mi familia, mis hijas... y estar tanto tiempo fuera de casa ha sido un desgaste muy importante en mis matrimonios, tampoco quiero decir que las separaciones hayan sido por eso, no he sido ningún santo, eh... Fran hace bien, está soltero y no tiene ningún compromiso, pero yo cuando entré en la compañía ya estaba casado y te imaginarás el resto...
―Me hago una idea, sí...
―¿Y tú tienes pareja?
―Sí, tengo novio desde hace ocho años y llevamos viviendo juntos un par de años... ―dijo cruzando las piernas, y entre la falda asomó un bonito muslo que miré inconscientemente antes de que ella se lo tapara con prisa.

Había sido un gesto involuntario, estaba claro que para nada quería provocarme, pero me encantó ver su pierna, aunque solo fueran un par de segundos y ella me pilló de pleno mirando hacia abajo, lo que hizo que se ruborizara y diera un trago a su cóctel.

―La verdad es que nos va muy bien, pensé que la convivencia sería más difícil, pero de momento no tengo queja... ―siguió hablando, pasándose el pelo por detrás de la oreja y volviendo a beber de la pajita.

Me pareció curioso que me diera explicaciones sobre su relación sin que se las hubiera pedido, como para demostrarme que ella no era como las otras azafatas y quisiera decirme que ni se me ocurriera intentar nada, porque la relación con su chico era perfecta; así que asentí en silencio y enseguida cambié de tema; durante la siguiente media hora tuvimos una conversación fluida y muy entretenida hablando de sus siguientes destinos, de algunos los que países que yo había visitado y lo que más me gustaba de cada uno de ellos.

Cuando nos quisimos dar cuenta ya nos habíamos terminado el cóctel y me apeteció seguir charlando con Andrea.

―Te invito a otro ―le dijo mostrándole mi vaso vacío―, hacía tiempo que no tenía una conversación tan animada y ya había olvidado lo que me gusta tener de compañía a una chica joven y simpática...
―No debería, ya es un poco tarde.
―Yo me voy a tomar otro, te prometo que es el último, que mañana os tengo que llevar a todos de regreso...
―Está biennnnn ―afirmó dubitativa―, aunque ahora invito yo...
―De eso nada, si estás conmigo pago yo... ―y levanté el brazo para que se acercara el camarero―. Lo mismo...
―Muchas gracias ―le dijo ella esbozando una tímida sonrisa por mi descortesía.

Esperé a que el camarero nos sirviera y después levanté la copa para brindar con ella.

―Chin, chin, por que te vaya muy bien en la compañía... ―y bebimos a la vez mirándonos a los ojos.
―Gracias, Ismael, es una pena que no vayamos a ser compañeros mucho tiempo...
―Sí, aunque también es una suerte que nos hayamos conocido.
―Eso sí...
―¿Te cuento un secreto? ―susurré acercándome a ella y poniéndome interesante.
―Sí, claro, no hay cosa que más me guste que un buen secreto...
―Le has llamado mucho la atención a Fran, me comentó durante el vuelo en la cabina que le parecías muy atractiva, tampoco le hice mucho caso, porque estaba concentrado, aunque ahora veo que no le faltaba razón... seguro que le hubiera encantado que fueras con ellos a tomar esa copa...
―Ya va muy bien acompañado y a mí no me interesa tener nada con... bueno, ya me entiendes, con ninguno de vosotros...
―Sí, claro, tienes novio...

Y ella afirmó con una sonrisa sin decir nada.

―¿Es celoso tu novio?
―No... ¿por...?
―No sé, ¿qué pensaría si te viera a... ―miré el reloj haciendo una pausa―, … a la una de la mañana de copas con un viejo piloto en tu primer día?
―Ja, ja, ja, pues supongo que nada... no tendría por qué molestarse, es solo eso, una copa ―y mostró el vaso poniendo cara de indiferencia.
―Hoy eras la primera opción de Fran, pero como no has querido ir con ellos, eh... ya me entiendes... supongo que se acostará con Sandra...

Levantó la mirada y me miró extrañada, como si no le hubiera gustado mi comentario. Quizás fui demasiado directo.

―Llevan tonteando desde hace tiempo y con Leticia ya ha estado un par de veces, así que hoy le toca a tu amiga...
―Claro para eso estamos las “azafatas”... un par de veces con una y luego otra... ―me reprimió bastante enfadada.
―No quería decirlo así... perdona si te ha molestado...
―¿Ya ha estado con Leticia? ―preguntó indignada negando con la cabeza y bebiendo más deprisa, como si de repente tuviera prisa por terminar el cóctel―, creo que eso Sandra no lo sabía...
―Sí, ya te he dicho que dos o tres veces... aunque hoy eras tú la elegida, pero también me dijo Fran que tenía muchas ganas de follar con Sandra, esta más buena desde que se ha puesto las tetas nuevas... ―le dije de manera más vulgar.
―Casi que prefería no haberlo sabido, no sé, parece que dais por hecho que podéis acostaros con nosotras cuando os dé la gana...
―Eres nueva y ya lo irás viendo; pero la verdad es que sí, esta feo que yo lo diga, y es que la mayoría de veces podemos elegir, que no digo por ti, eh... estoy hablando en general... además, es un hecho que reunimos varias circunstancias que a vosotras os parecen muy atractivas...
―¿Ah, sí?, dime alguna...
―Un trabajo con un alto standing social, un estatus superior al vuestro, con lo que eso conlleva, el uniforme también os encanta, nos tenéis en muy alta estima, aunque sinceramente... viéndome a mí ya te estarás dando cuenta de que no es para tanto...
―¿Y por eso ya caemos rendidas a vuestros pies?
―Si yo te contara...
―¿Has estado con muchas?

Me hizo gracia que quisiera saber eso, pero no le contesté y respondí con otra pregunta.

―Si no tuvieras pareja, ¿hubieras ido con tus compañeras a tomar esa copa con Fran?
―Sinceramente, te digo que no, no me gusta mucho salir y prefiero esto, tomar una copa en un sitio tranquilo y una buena conversación, además es mi primer día y quiero descansar para estar mañana presentable, quizás debería marcharme ya ―y apuró su cóctel hasta el final―. Pensé que esto tenía menos alcohol, pero pega, eh... ―se tambaleó al intentar ponerse de pie.
―Ey, ey, cuidado ―y me incorporé, sujetándola con fuerza entre mi cuerpo.

Andrea se ruborizó, y enseguida retrocedió, sentándose otra vez en la silla.

―Te has levantado demasiado deprisa, ¿estás bien?
―Sí, sí, no te preocupes, me encuentro perfectamente, de verdad...
―Ya no bebas más, que luego no quiero que pienses que he intentado emborracharte, es broma, eh...
―Creo que una mujer puede decidir lo que bebe o no, no te preocupes, que no voy a pensar eso...
―Ey, vale, perdona, oye, ¿no serás una de estas feministas radicales? ―pregunté abriendo los brazos.
―¿Feminista radical?, si fuera una feminista radical ya habría subido a la habitación y te hubiera dejado plantado hace un buen rato, porque no has parado de soltar tópicos machistas uno tras otro, que si azafata, que si estamos rendidas a vuestros pies, que si qué pensaría mi novio si me viera contigo... no sé si eres buen tío o no, pero está claro que no has evolucionado de acuerdo a los tiempos que corren ―me recriminó aquella niñata―. Y tranquilo, que aunque haya sido un poco soez, tampoco me voy a asustar porque utilices palabras como follar con una chica que acabas de conocer...

Vaya, vaya, así que Andrea se había enfadado y acababa de ponerme en mi sitio en tan solo un minuto. Me miró altiva y desafiante, esperando mi respuesta. Yo afirmé con la cabeza y levanté el brazo para que se acercara el camarero.

―Chico, pon otros dos de lo mismo...
―Dijiste antes que era el último... ―me recordó ella.
―Lo sé, pero esto se acaba de poner interesante, me gustan las mujeres con carácter, aunque sinceramente, creo que tú no eres de esas... ¿te gusta mandar o que te manden?
―¡¡¿Perdona?!!
―Pues eso, ¿qué cual de las dos opciones prefieres?... ―insistí cogiendo su nuevo Cosmopolitan y poniéndoselo en la mano.

Andrea aceptó mi invitación y esta vez retiró la pajita, lanzándola al suelo y le pegó un buen trago, apoyando los labios en el cristal y mirándome directamente a los ojos, en lo que meditaba su respuesta.

―Me gusta mandar... a la mierda a gilipollas machistas...
―¿Como yo...?
―Yo no he dicho...
―Está bien, como veo que no me contestas te voy a responder yo, tú eres de las que se creen que llevan el control, vas de feminista, de mujer empoderada y todas esas mierdas, aunque en el fondo te encanta que te digan lo que tienes que hacer y bueno... lo siento por ti, pero tu novio no es de esos...




4



Ya lo que me faltaba. Que encima se metiera con mi novio.

Me había quedado con él porque me daba pena, ni más ni menos. Viéndole en la barra del bar con la mirada perdida, nadie hubiera dicho que ese hombre era un reputado piloto de avión. Es verdad que todavía tenía buena planta, era corpulento y se notaba que había llevado una “buena vida”, pero los excesos le habían terminado pasando factura.

Como decía, tomé una copa con Ismael por mera compasión, y siendo sincera, la primera media hora de la charla había sido muy amena. Casi sin darme cuenta me bebí el cóctel que me ofreció y me dejé llevar, aceptando una nueva invitación.

Pero enseguida sacó a relucir un lado rancio, casposo y anticuado que no me gustó nada. Con cada palabra que salía de su boca se notaba que era un machista de la vieja guardia y además, había tenido que escuchar su lenguaje soez mientras me decía que yo le gustaba a su compañero y que como tenía novio y no había querido irme de fiesta con ellos, Fran se iba a terminar follando a Sandra.

Me repateó la manera de referirse a las auxiliares, como si fuéramos las fulanitas de los pilotos, y ellos pudieran hacer con nosotras lo que les diera la gana. ¿Pero de qué cojones iba este tío?, y ya para terminar de rematar la noche, no se le ocurrió otra cosa que preguntarme, sin venir mucho a cuento tampoco, si me gustaba mandar o no.

¿En serio esa era su manera de ligar?

No me cabía duda de que Ismael, años atrás, debía haber sido un pieza tremendo; y es que con esas pintas de galán trasnochados, no me quería ni imaginar la de mujeres que habrían pasado por su cama, pero ahora estaba de vuelta de todo y se había quedado completamente obsoleto.

Ya no era ni la sombra de lo que debió ser en su día.

Y para colmo, terminó de rematarlo metiéndose con mi novio. Eso sí que no se lo iba a consentir. Ni una falta de respeto más.

―¿Y tú qué narices sabrás cómo es mi novio? ―le pregunté cada vez más enfadada.
―Hombre, no lo sé, pero me hago una idea...
―¿Has estado una hora conmigo y ya te haces una idea del tipo de chico que me gusta?
―Seguro que es un guaperas, en casa hace todo lo que le pides y en la cama folla de maravilla, ¿estoy en lo cierto?
―Pues sí, mira, has acertado, ¡sobre todo en lo de que folla de maravilla!

Entonces el muy cabrón sonrió y afirmó con la cabeza. Enseguida comprendí que había caído en su juego y no solo consiguió enfadarme, sino que además le confesara intimidades con mi pareja, y es que el alcohol que llevaba encima me había desinhibido en parte y ahora me sentía capaz de hacerle frente.

―Aunque antes te has equivocado con él; es de los que les gusta mandar, a mí me gustan muy hombres... ―le confesé realzando las cualidades amatorias de mi chico.
―¡Uy, eso no te pega nada!, me da a mí que me estás engañando... ―sonrió rascándose la barbilla, lo que todavía me enervó más.
―¿Y tú que sabrás?
―Lo que sé es que llevas muchos años con él y seguro que ya lo tienes muy bien adiestrado, sois todas iguales, solo queréis perritos falderos...
―Paso... ―dije apoyando el cóctel en la barra―. No sé cómo ha derivado la conversación en esto, pero no me apetece discutir contigo sobre lo que hago o no con mi novio... ¡faltaría más!
―Y yo solo quiero que nos quitemos las caretas, Andrea... por lo menos podías haber sido sincera... yo lo estoy siendo. Venga, termina el cóctel ―y se puso de pie frente a mí y me devolvió la copa.
―Está bien, lo termino y me voy...
―De acuerdo, y ahora reconoce que te gusta que te manden; ahí dentro... ―dijo haciendo círculos sobre mi frente sin tocarme―, tienes una parte sumisa escondida en algún sitio...
―Y a ti te gustaría encontrarla, ¿no?
―No me importaría, si me dejas, podemos probar...
―Ja, ja, ja, en tus sueños...

Y cogió con el palillo una de las aceitunas que nos habían puesto para picar y me la acercó a la boca. Me rozó los labios y de manera involuntaria los abrí, sacando con timidez la lengua hasta dejar que reposara en ella la aceituna, para después masticarla sin dejar de mirarle a los ojos y finalmente darle un trago a mi Cosmopolitan.

Sonrió satisfecho y se arremangó una vuelta más las mangas de su camisa, después se dejó caer en el taburete, sentándose de nuevo con una mirada arrogante. Y yo como una estúpida, me arrepentí al instante por lo que acababa de pasar, bajando la cabeza avergonzada.

¿Por qué había hecho eso?

Volvía a beber, e Ismael permaneció callado unos treinta segundos, observándome con detalle, poniéndome cada vez más nerviosa con su silencio.

―Estarías más imponente con otro botón desabrochado, sería lo ideal para mostrarte sensual, pero sin parecer vulgar ―me soltó confiado señalando mi escote.
―Me parece muy bien, pero no lo pienso hacer y menos por darte el gusto...
―Ooooh, qué pena... ya casi lo tenía ―dijo cerrando el puño y moviendo el brazo―. Pensé que te había gustado...
―¿El qué...?
―La sensación de sentirte dominada... ―y se volvió a incorporar, avanzando un par de pasos hasta plantarse delante de mí, como si quisiera intimidarme con su altura―. ¿Por qué has abierto la boca antes? ―preguntó acercando su mano a mi camiseta―. Solo sería este botón...
―¡Ey!, ¿qué haces?

Y con una habilidad asombrosa consiguió desabrochármelo, sin apenas rozarme, regresando de inmediato a su sitio.

―Mucho mejor, así, ¿no te parece?

Apenas tuve tiempo de reaccionar, y al mirar hacia abajo me encontré con mis pechos duros, hinchados, mostrándose de manera impúdica, pero elegantes, ante la cínica sonrisa de Ismael.

―La verdad es que no me extraña que Fran quisiera follarte, ¡estás bastante buena! ―y de repente se giró hacia la barra y levantó la mano, pidiendo otra copa para él solo―. ¡Chico, ponme otro Rusty Nail!

Menuda falta de respeto, ni tan siquiera tuvo la cortesía de preguntarme y sin venir mucho a cuento, casi me había dado la espalda, dejándome allí plantada, con los tres botones de la blusa desabrochados.

―No querías nada más, ¿no? ―soltó sin tan siquiera mirarme.

Dejé el cóctel en la barra, me levanté de la silla, y me acerqué a él furiosa, situándome a su lado.

―No te he dado motivos para que te cojas esas confianzas conmigo, así que te pediría que de ahora en adelante no vuelvas a hacer ninguna mención sobre mi físico, ¿entendido?
―Entonces, ¿te quedas o no?

La desfachatez de Ismael no tenía límites, yo le estaba regañando por sus impertinencias y a él no se le ocurrió otra cosa que preguntarme si me tomaba otra copa con él.

―Por supuesto que no, ahí te quedas...

Y de repente me rodeó con su gran brazo por la cintura, impidiendo que me moviera y atrayéndome contra su cuerpo, en un gesto que pudo parecer grosero, pero a la vez fue muy cortés.

―¡No te vayas así!, y te prometo que me disculpo contigo...

Aquel hombre era enorme, y encontrarme así, entre sus brazos, me hizo sentir pequeña, pero a la vez protegida. Apoyó su manaza en mi cintura, demasiado cerca de mi culo y un calor me subió por la boca del estómago, haciendo que me ruborizara al instante.

Ni esperó a que contestara. Otra vez levantó la mano que tenía libre y me pidió otro Cosmopolitan.

―Te he dicho que no quería nada más, ya me voy... ―y con suavidad, para que no pareciera algo violento, me liberé de su brazo.
―Está bien, puedes irte si quieres, pero ahora te vas a correr pensando en mí en cuanto llegues a la habitación..., y lo sabes, je, je,je... se te han puesto las tetas duras y apostaría a que ya estás mojada...
―¡Vete a la mierda, imbécil!
―Ja, ja, ja, buenas noches, Andrea, y si cambias de opinión aquí voy a estar un rato más, eso sí, cuando vuelvas tienes que hacerlo sin ropa interior, eh, me gusta más cuando vais sin nada, esa blusa te quedaría mucho mejor sin sujetador y no me parece muy erótico cómo se te marcan las costuras por debajo de la falda, ¡ese culazo luciría mucho mejor sin las braguitas!

Me quedé con las ganas de lanzarle a la cara lo que me quedaba en la copa, pero preferí no montar ningún numerito en la cafetería del hotel, así que con las pulsaciones a mil, cogí el bolso y me dirigí hacia el ascensor. Entré en la habitación deprisa, demasiado nerviosa por lo que acababa de pasar y me senté en la cama tratando de tranquilizarme.

Tendría que denunciar a ese hijo de puta por lo que me acababa de hacer, y mi primera reacción fue coger el móvil. ¿A quién podía llamar? Lo normal hubiera sido hablar con mi novio y contárselo, pero me dio mucha vergüenza que eso sucediera en mi primer día de trabajo, además, yo le había dejado que me metiera la aceituna en la boca y que me desabrochara el botón de la blusa.

A parte de eso, ¿qué más había pasado? Me tocó la cintura y me dijo un par de impertinencias; si denunciaba eso parecería una estúpida niñata calientapollas y me tocaría revivir lo sucedido en un juzgado delante de mucha gente. ¿Qué pensarían de mí? La típica auxiliar de vuelo tonteando con el piloto, los dos solos, a la una de la mañana en la cafetería del hotel.

Me desmaquillé la cara, me pegué una ducha relajante y ya más calmada y con el pijama puesto, me dispuse a meterme en la cama, cuando de repente, escuché ruidos en la habitación de al lado.

Era Sandra.

Iba acompañada por un hombre y enseguida me di cuenta de que era Fran, se estaban riendo y luego me pareció percibir que comenzaban a besarse. Sentí un calor inusual en la entrepierna con los primeros jadeos; no me parecía normal ponerme tan cachonda por tan solo escuchar unos besos y sus respiraciones aceleradas, y cuando me quise dar cuenta, ya había colado un par de dedos por el elástico del pijama...




5



Todo fue muy deprisa. Risas, suspiros y después un gemido hondo y profundo de Fran.

―Sííííí, eso es, Sandra, aaaaaah, muy bien, aaaah, joderrrrr, aaaaaah, eso es, no pares, no pares, mmmmm, ¡chúpamela!

No llevaban ni dos minutos en la habitación y mi compañera ya se estaba esforzando al máximo en satisfacer al guaperas. Se había llevado el gato al agua en su lucha con Leticia y no iba a desaprovechar la oportunidad de estar con Fran.

Alcancé mi coñito con la yema de los dedos y me sorprendió lo húmedo que lo tenía. Me acaricié despacio escuchando los gimoteos de Fran y no pude evitar por un segundo, imaginar que yo podría haber sido la que estuviera de rodillas delante de él. Y a juzgar por sus jadeos, Sandra le debía estar haciendo una mamada de diez.

Arqueé la espalda, levantando el culo de la cama, y con la otra mano me acaricié un pecho. También estaba hinchado y muy sensible y se me escapó un pequeño gemido, subiendo y bajando las caderas.

―Para o me corro, joderrrr...

Entonces vi sobre la silla, la blusa y la falda que había llevado durante la cena y entonces recordé las palabras de Ismael sobre que me hubiera quedado mejor sin la ropa interior. Me levanté sigilosa de la cama para no hacer ruido y durante cinco segundos pegué la oreja en la pared.

―Ponte ahí, eso es... ahora no te muevas ―le ordenó Fran a mi compañera y se escuchó la cama como si se hubieran subido encima.

Yo me desnudé deprisa y sin pensármelo me vestí con la falda ibicenca y la blusa blanca, pero sin las braguitas ni el suje, y desabroché los tres botones para que mi escote luciera más poderoso. Me miré en el espejo de la habitación y me giré a ambos lados, comprobando cómo se me marcaba el culo sin nada debajo.

Ismael tenía razón, quedaba mucho más sugerente sin la ropa interior y con la boca abierta y jadeando, me acaricié las tetas por encima de la camiseta.

“Uf, estoy demasiado caliente”

Entonces volví a escuchar a la parejita de al lado, esta vez fue Sandra la que gimió.

―Aaaaaah, síííííí... eeeeeh, ¿qué haces?, por ahí no, cabrón...
―Sssssssh, cállate, zorra, ¡voy a darte por el culo!

Y esas palabras todavía me pusieron más cachonda.

Pensé que Sandra protestaría más o incluso que se negaría. Era su primer encuentro, llevaban cinco minutos escasos en la habitación, y ya le había comido la polla; y ahora parecía dispuesta a dejarse encular.

―¡¡Aaaaaah, despacio, despacio, despacito, aaaaaah, AAAAAAH, AAAAAAH!! ―chilló Sandra cuando Fran penetró su culo.

Me dejé caer de rodillas en el suelo con las piernas temblorosas y me puse a cuatro patas en medio de la habitación. Levanté la falda para desnudarme de cintura para abajo y apunté con el culo hacia el espejo. Fue muy morboso girarme y verme en esa postura tan impúdica, justo cuando Fran comenzaba a sodomizar a mi compañera.

Colé una mano entre las piernas y miré mi coño a través del espejo antes de retroceder y pegar mis glúteos en el cristal.

El cabrón del guaperas se la follaba a muy buen ritmo y Sandra no dejaba de gritar y pedirle que lo hiciera un poquito más despacio, pero un minuto después ella ya gemía descontrolada.

―¡¡Diossssss, qué rico, sigueeeeeee, sigueeeeeee!!

Yo me movía delante y atrás, chocando con mi trasero contra el frío cristal, masturbándome al ritmo del folladón que se estaban pegando a tres metros escasos de mí y de repente, y sin que me lo esperara, escuché un profundo gemido de Fran y a continuación anunció su inminente corrida.

¿¿¿Yaaaaaa????

―¡¡Me corrooooo, joderrrrr, aaaaah, me corrooooo, aaaaah, aaaaah, aaaah, síííííííí, sííííííí, toma zorra, tomaaaaaa, aaaaaaah, zorraaaaaaaa!! ―y unas últimas embestidas acompañaron sus chillidos de placer.

Me quedé gimoteando al borde del orgasmo y un minuto más tarde sentí la cadena del baño y a Fran que se despedía de Sandra.

―Mañana nos vemos, buenas noches...

Como mucho había estado quince minutos en la habitación y en ese momento sentí pena por mi amiga. La acababan de utilizar para un mal polvo y me la imaginé en la cama, desnuda y bocabajo. Sin embargo seguía con los dedos pegados al coño, y yo también tenía muchas ganas de llegar al orgasmo después de un día de tanta tensión.

Di un par de embestidas contra el espejo y agaché la cabeza, sacando más las caderas y arqueando la espalda, en un postura todavía más lasciva. Descansé unos segundos y después me giré, sentándome frente al espejo con las piernas abiertas. Fui tirando de la tela hasta verme el coño y me dejé caer hacia atrás, recostándome con los codos apoyados en el suelo.

En ese momento me acordé de Ismael. ¿Qué pensaría si me viera así? Ya me lo había advertido cuando me despedí de él, “te vas a correr pensando en mí en cuanto llegues a la habitación..., y lo sabes, je, je,je... se te han puesto las tetas duras y apostaría a que ya estás bien mojada”.

Lo que más me fastidiaba es que tenía razón e incluso me puse de pie con el corazón latiendo a toda velocidad. Me miré al espejo cada vez más nerviosa, quería eliminar ese pensamiento de mi cabeza, pero no podía dejar de imaginarme lo que pasaría si volvía a bajar al restaurante vestida de esa manera sin mi ropa interior.

Me excitaba mucho fantasear en lo siguiente que me pediría Ismael si me viera arrastrarme así ante él. Tenía la respiración entrecortada y la boca abierta, me costaba tomar aire, con una sensación de morbo que jamás había experimentado. Y cuando me acerqué a la puerta y apoyé una mano en el pomo, todavía se me aceleró más el corazón.

“No, no lo hagas, no lo hagas”.

Pero abrí la puerta y con las piernas temblorosas salí de la habitación. Recorrí los escasos metros del pasillo y la espera hasta que llegó el ascensor se me hizo eterna. Dudé otra vez antes de pulsar el botón de la planta baja y cuando lo hice noté que se me humedecía más la cara interna de los muslos.

Fue muy humillante verme en el espejo del ascensor. Tenía las mejillas encendidas y los pechos jodidamente hinchados. Se me marcaban los pezones a través de la blusa y salí del trance en el que me encontraba cuando sonó el timbre al bajar las tres plantas.

Caminé despacio hasta el restaurante, deseando que hubieran cerrado o que Ismael ya no se encontrara allí, pero me lo encontré tal cual lo había dejado, y avancé despacio, sentándome en el taburete que estaba a su lado.

Levanté la mano y llamé al camarero.

―Un Cosmopolitan...




6



Ismael sonrió sin tan siquiera mirarme.

―Vienes sin ropa interior, ¿verdad?
―Sí... ―contesté en un susurro casi imperceptible―. He escuchado a Fran y Sandra desde mi habitación, tu compañero se ha comportado como un cabrón...
―Los dos son adultos, y ella ya sabía lo que había..., y tú, ¿por qué has bajado otra vez?
―No lo sé...
―No voy a follarte...
―Tampoco te lo he pedido, ni quiero...
―¿Entonces?, ¿es para que vea cómo vas vestida?
―No...
―¿Te has corrido pensando en mí? ―me soltó mirando los últimos restos de su copa mientras giraba el vaso.
―No...
―Pero te has tocado, y ahora estás que te subes por las paredes...
―No he hecho nada...
―Te he dicho antes que me gusta que seas sincera, seguro que los dedos todavía te huelen a coño, je, je, je... pero bueno, si no te has corrido mejor, no quiero que lo hagas, así mañana estarás todavía más cachonda, quiero que en el vuelo de vuelta no te pongas la ropa interior... tu novio me lo agradecerá cuando llegues a casa...

Y se levantó de la silla y me pegó un buen repaso de arriba abajo.

―Anda, deja eso y vámonos... ya hemos bebido bastante por hoy ―dijo soltando un billete de veinte euros y dejándolo en la barra.

Caminamos juntos y en silencio hasta el ascensor y permanecimos callados hasta que se abrieron las puertas. Entramos dentro e Ismael pulsó el número 3. Reconozco que iba muy nerviosa y ese fue el momento que él aprovechó para pegarme otro buen repaso visual e incluso hizo que me girara, para mirarme el culo.

Intentaba hacerse el duro, pero al bajar la mirada comprobé que tenía el paquete muy marcado. Me gustó saber que él no había podido evitar excitarse, y comprobar que aquel hombretón iba empalmado bajo los pantalones todavía me encendió más.

―Lo que yo decía, esa falda te queda mejor sin braguitas ―y se situó detrás mí, mirándonos a través del espejo del ascensor.

Su polla rozó de manera imperceptible mis trasero y cuando eché las caderas hacia atrás para que me la incrustara entre los glúteos, él se retiró, apartándose de mí, pero me después me soltó un tremendo azote en la nalga derecha.

¡¡PLASSSS!!

Sonó seco y contundente e incluso se me escapó un gemido. Justo se abrió la puerta del ascensor y él se giró, dejándome allí plantada.

―Te he dicho que no iba a follarte. Buenas noches, Andrea y no olvides lo que te he pedido, eh...

Caminé hasta la habitación temblorosa, asustada, y muy avergonzada por mi comportamiento. Enseguida me desnudé, observando en el espejo la manaza de Ismael marcada a fuego en mi glúteo y colé una mano entre mis muslos, acariciándome con suavidad, pero enseguida caí en la cuenta de lo que me había pedido.

“No quiero que lo hagas, así mañana estarás todavía más cachonda, quiero que en el vuelo de vuelta no te pongas la ropa interior... tu novio me lo agradecerá cuando llegues a casa”.

Me fastidió mucho tener que meterme en la cama en ese estado, incluso tardé en conciliar el sueño un par de horas, moviéndome de lado a lado, retorciéndome de placer, sintiendo el calor que emanaban mis muslos y reprimiendo una imperiosa necesidad de correrme.

Al día siguiente me pegué una ducha y me puse el uniforme de auxiliar, pero sin la ropa interior, como me había pedido Ismael. Sandra pasó a buscarme por la habitación para desayunar algo rápido y en su cara vi que para ella tampoco había sido una noche fácil.

―¿Qué tal ayer? ―la pregunté.
―Muy bien, tía, terminé con Fran... ―me confesó sin entrar mucho en detalles, como si no supiera que los había escuchado a través de la pared.

Entonces me llegó un correo del trabajo con mis próximos vuelos y la tripulación. No podía ser. La semana siguiente volvía a volar con Ismael. Otra vez el mismo destino.

Madrid-Zurich.

Y cuando entramos en la cafetería del hotel lo vi sentado junto a Fran, tomando un café, perfectamente repeinado y en aparente buen estado. Me puso muy nerviosa la mirada que me pegó y después sonrió.

Él también había visto el correo...
 
Este es el relato original.

A partir de él he creado una novela saliéndome un poco de mi zona de confort, pues esta temática de BDSM y sumisión no la controlo mucho, aunque por suerte he tenido ayuda de unos cuantos "expertos" en la materia, y al final creo que ha salido un libro muy redondo. La verdad es que estoy muy muy contento con el resultado.

La semana que viene comienzo a subir los primeros capítulos.
 
MI PRIMER VUELO


INTRO



Quedaron en una cafetería en el centro de Madrid y su compañera de trabajo llegó cinco minutos tarde, como de costumbre. Iba impecable con su melena rubia suelta, un pantalón vaquero blanco y un suéter de color rosa.

―Muchas gracias por haber venido ―dijo Andrea.
―Pues tú dirás... ―le apremió en un tono bastante seco.
―Solo quería pedirte perdón por lo que hice... por favor, escúchame, ya sé que me pasé y entiendo que estés enfadada conmigo.
―Tú y yo no tenemos nada más de que hablar, ya te lo dejé bien claro la última vez que nos tocó trabajar juntas...
―Lo siento, lo siento de verdad, solo quiero decirte que esa Andrea no era yo, lo que pasó es muy difícil de explicar y como no vas a querer escucharme, por eso te he traído esto... ―y sacó un libro.
―Mi primer vuelo, de Andrea Carrillo... ―leyó en alto la rubia al ver la portada―. ¿Qué es esto?, ¿quién es Andrea Carrillo?
―Soy yo, es un seudónimo, no quería sacar este libro con mi verdadero nombre. Por favor, no se lo digas a nadie, confío en ti para que guardes este pequeño secreto y solo te pido que lo leas cuando puedas, y si después no quieres seguir hablándome, lo entenderé y no te volveré a molestar nunca más. Es muy importante para mí, prácticamente lo he escrito para que me perdones...
―¿En serio?
―Sí...
―Está bien, lo leeré ―dijo poniendo cara de curiosidad―. No sabía que escribías novelas...
―Y no lo hago... bueno, es mi primer libro y necesitaba hacerlo para sacar fuera toda esta historia y... empezar otra vez de cero, sobre todo contigo. Me fastidia mucho que termináramos así. Eres..., eras mi mejor amiga.
―A mí también me jodió mucho, no me lo esperaba de ti. Bueno, Andrea, me tengo que ir...
―¿No te quedas ni a tomar un café?
―Lo siento..., entenderás que no me apetezca mucho después de lo que pasó, pero al menos te prometo que lo leeré ―dijo tintineando con los dedos en la portada del libro.
―De acuerdo.
―Nos vemos, Andrea.
―Hablamos... y muchas gracias...



PARTE 1


1



Se estiró en la cama mientras me vestía frente al espejo y emitió un pequeño ronquido. A mi novio le encantaba dormir sin ropa, y después de ocho años de relación, me seguía volviendo loca su melena de surfero y esa espalda desnuda y musculada.

Las sábanas estaban revueltas y olía a sexo en la habitación, y es que unas horas antes habíamos follado con tal intensidad que caímos exhaustos en cuanto terminamos. Me quedé unos segundos observando lo bueno que estaba, ¡mira que era guapo el cabrón!, pero un inseguro de la hostia, y aunque es verdad, que se escuchaban muchas historias de affairs entre azafatas y pilotos, yo nunca le había dado motivos para desconfiar de mí.

Adoraba a mi chico.

Pensé que el sexo me vendría bien para relajarme, pero no dio los frutos deseados y aquella madrugada me desperté muy nerviosa una hora antes de que sonara el despertador. El motivo; comenzaba a trabajar como tripulante de cabina (auxiliar o azafata) en una gran compañía y tenía mis primeros vuelos.

Madrid-Zurich. Ida y vuelta y otra vez ida por la tarde. Dos horas y veinte por cada trayecto, dormir allí y vuelta a Madrid al día siguiente.

Me pegué una ducha que no despertó a mi chico y después me vestí frente al espejo. Me encantaba el uniforme con aquella minifalda azul marina y camisa de manga corta en tono celeste, que junto con los zapatos de tacón, todavía realzaban más mi estilizada figura. Era alta, bastante alta, a decir verdad, cerca del 1.80, lo que siempre me había acomplejado durante el colegio y el instituto, hasta que en la etapa universitaria dejé atrás esos estúpidos complejos y me di cuenta de que era toda una mujer espectacular.

Estaba guapa y radiante frente al espejo, y es que a mis 28 años puedo decir que me encontraba en mi mejor momento físico, personal y profesional. Recogí mi preciosa melena en un moño y me maquillé lo justo para corregir esas pequeñas imperfecciones en mi cara que solo yo veía.

Antes de salir, desperté a Sebas arañando su espalda y me senté a su lado en la cama.

―Cariño, tengo que irme...
―¿Qué hora es?
―Pronto, tú sigue durmiendo, todavía te quedan un par de horitas...
―En cuanto llegues me llamas, eh...
―Vale, no te preocupes, ya te voy diciendo.
―Mmmmm, estás muy guapa con ese uniforme ―murmuró frotándose los ojos―, te lo tenías que haber puesto ayer...
―Sí, claro, y hoy no sé en qué estado estaría, ja, ja, ja..., me sienta bien, ¿verdad? ―le pregunté levantándome y mostrándome delante de él con los brazos en jarra.
―¡Joder, Andrea!, ya lo creo, ¡estás buenísima! ―exclamó dándose la vuelta y flexionando una rodilla―. ¿Segura que tienes que irte ya? ―me dijo con un tono insinuante.
―No seas malo ―murmuré fijándome en cómo se le marcaba el paquete por debajo de la fina sábana―. Sí, tengo que salir ahora mismo...
―Oh, ¡qué pena! ―protestó y yo me incliné sobre él y le di un beso, antes de que se tapara hasta el cuello y se diera media vuelta.
―Llámame, eh...
―Que sí...

Llegué al punto de encuentro con más de veinte minutos de antelación para tener el briefing de la tripulación de cabina. Era una reunión, en la que la sobrecargo nos daba las tareas, la asignación de puestos y los procedimientos del servicio, y aunque pensé que era muy pronto, ya estaban allí también los dos pilotos charlando y tomando un café; Francisco Lomas, un joven y gran talento que apenas llevaba tres años en la compañía e Ismael Bueno, todo un histórico con miles de horas de experiencia, que además, era el Comandante del vuelo.

Casi no pude hablar con ellos, salvo las típicas presentaciones cordiales y desde el principio me ayudó en todo Sandra, con la que hice buenas migas nada más conocernos.

―Tú no te preocupes, que vas a estar conmigo ―me aseguró quedándose a mi lado, presentándome al resto de compañeras, incluida Leticia, la sobrecargo, una rubia muy atractiva, pero para mi gusto demasiado altiva y con una voz desagradable.

El corazón me latió muy deprisa en cuanto subimos al avión, pero enseguida comenzaron a llegar los pasajeros y ya me relajé, concentrándome en lo que tenía que hacer. Me situé en una de las entradas y con mi mejor sonrisa les fui dando a todos los “buenos días”, deseándoles un feliz vuelo. Éramos cuatro auxiliares (tripulantes de cabina, contando la sobrecargo) y a mí me habían asignado junto a Sandra la cabina de tripulación; faltaba la de primera clase y la de emergencia.

Por suerte, mi compi era todo un encanto. Una rubia que tendría mi edad y en todo momento estuvo muy pendiente de mí, sin perderme un segundo de vista, indicándome lo que tenía que hacer. Nos echamos una mirada cómplice cuando el avión cogió velocidad antes del despegue y ella estiró el brazo y me dio la mano, susurrándome un “bienvenida” justo al separarnos del suelo.

Enseguida cogió confianza conmigo, y una vez que el avión se situó en altura de vuelo y con los pasajeros ya atendidos, nos sentamos detrás y comenzamos a hablar de manera más distendida.

―Oye, me has caído genial, tía... ―me confesó Sandra.
―Tú también y muchas gracias por todo, estaba muy nerviosa al principio....
―Lo has hecho muy bien, Andrea y ahora que ya podemos relajarnos un poco, no sé, cuéntame algo más de ti, lo único que sé es que eres un pibonazo y que mides dos metros, ja, ja, ja...
―Ja, ja, ja, lo mismo digo, y no mido dos metros, solo 1.80...
―Bueno, ¿qué te ha parecido la primera toma de contacto?
―Bien, bien, mejor de lo que pensaba...
―Aquí lo único malo, es que vas pasar mucho tiempo fuera de casa, ¿tienes novio, novia...?
―Sí, novio, novio...
―Yo solo pregunto..., ¿y llevas mucho tiempo con él?
―Sí, hemos cumplido ocho años hace poco...
―¡Guau!, eso es mucho.
―¿Y tú?, ¿tienes pareja?
―Sí, más o menos, podría decirse que sí, estoy con un chico desde hace un año y medio..., aunque es una relación complicada...
―Entiendo ―dije sin querer profundizar mucho más.
―Y en viajes como el de hoy, es cuando me arrepiento de tener novio... ―me susurró acercándose un poco a mí.
―¿Y eso?
―¿Es que no te has fijado en Fran?
―¿En quién?
―¡El piloto!, Francisco Lomas...
―Sí, sí, Francisco, bueno, tampoco es que me haya fijado mucho, entre los nervios y tal, estaba un poco sobrepasada en el briefing...
―¡No me fastidies!, ¿es que no te parece mono?, ¡joder, si es como el hermano gemelo de David Beckham!
―Sí, bueno, si tú lo dices, ja, ja, ja...
―Ya hemos viajado juntos unas cuantas veces... y esta noche en Zurich, después de cenar, es tradición tomar algo todos juntos, las compis y los pilotos, ya me entiendes... y sobre todo hoy, que es tu primer día...
―Haré el esfuerzo, después de tres vuelos no creo que me apetezca mucho tomar algo...
―¡No seas sosa, Andrea!, ya verás cómo lo pasamos bien, además, hoy lo mismo Fran y yo... ya me entiendes, espero que no se me escape...
―¡¿En serio?!, no sabía que te llevaras tan bien con él...
―Y tan en serio, algún día hemos cenado, hemos tomado una copa, y ya sabes, lo típico, un poco de tonteo, pero nada más y hoy tienes que acompañarme, tía, me da apuro quedarme sola con ellos si se van Beatriz y Leticia... después de cenar solemos tomar algo con los pilotos, es bastante normal...
―Ah, ¿sí?
―Sí, claro, me haces de acompañante... aunque siento que el otro sea Ismael...
―A mí me da igual, como si es Brad Pitt, ya te he dicho que tengo nov...
―Es muy buen piloto ―me interrumpió Sandra―, pero ya está de vuelta de todo, serio, arisco... parece que lleva un palo metido por el culo, se rumorea que es alcohólico; se le murió una hija de veinte años en un accidente de tráfico y desde entonces no levanta cabeza, eso sí, por lo que me han dicho, hace años tenía fama de follarse todo lo que se movía...
―¡Madre mía!, no tenía ni idea...
―Para eso estoy yo, nena, para ponerte al día de todos los chismes... lo único es que tendremos competencia...
―¿Competencia?
―Sí, las otras dos “compañeras”, Beatriz es maja y tal, está casada, y es buena tía, ella no me preocupa porque no va de ese palo, pero Leticia, uffff, es que no puedo con ella. ¡Es una puta arpía!
―¿La sobrecargo?
―Sí, se cree una diosa, y siempre se pone en primera clase, es una “chupapollas” de primera... “clase”, ja, ja, ja...
―Pues a mí no me había dado esa impresión, tampoco es que sea miss simpatía, pero...
―¡Tú hazme caso a mí!, esa va detrás de Fran también, está como loca porque un piloto le haga un poco de casito... aunque debería ser más realista, yo sé lo que hay, y tampoco me preocupa, mira, no soy tonta, claro que me gustaría salir con Fran y ser su novia, pero hay mucha competencia, muchísima, así que me conformo con echar un polvo con él... ellos, para tener algo serio buscan otra cosa, no una tripulante de cabina como nosotras, y Leticia se piensa que por ser guapa puede aspirar a un piloto, ja, ja, ja, ¡pobre ilusa!

De repente se encendió una luz y se activó la señal de los cinturones de seguridad.

―¡Tranquila!, estamos llegando a una pequeña zona de turbulencias... vamos a comprobar que todos los pasajeros lleven puesto el cinturón de seguridad, será unos minutos, luego seguimos hablando...

En cuanto pasamos ese mal rato, que apenas duró diez minutos, nos volvimos a poner de pie y Sandra me sugirió acercarnos hasta la cabina de los pilotos.

―Vamos a hacerles una visita, así los conoces y hablamos un poco con ellos...
―Ya nos hemos presentado antes... me da apuro.
―Es muy normal, tonta... tú ven conmigo...

Caminamos por el estrecho pasillo hasta llegar a la cabina y al pasar por primera clase, Leticia nos fulminó con la mirada, a lo que Sandra le dedicó una sonrisa falsa y le soltó.

―Vamos a ver a estos para que conozcan a Andrea...

La verdad es que una vez dentro de la cabina, impresiona ver el vuelo desde allí y me quedé unos segundos absorta, observando a los dos pilotos manejar el avión. Fran fue mucho más simpático y al vernos se levantó enseguida, dejando los cascos sobre el asiento. El otro, un señor grande y corpulento con el pelo canoso, ni se inmutó, como si fuéramos invisibles.

―¿Y qué tal tu primer vuelo, Andrea? ―me preguntó Fran de manera cortés.

Sandra tenía razón. ¡Qué atractivo era el condenado!, alto, pelo castaño con unas mechitas rubias, cara cuadrada, ojos azules, y además de listo, educado y simpático, se notaba que estaba en muy buena forma.

―Bi... bien, muy bien, Sandra me está ayudando mucho... ―tartamudeé como una idiota.
―Has tenido suerte con ella, es de las mejores ―dijo el piloto, pasando una mano por el hombro a mi compañera.
―La mejor ―afirmó Sandra.

Se notaba que entre ellos había complicidad y que se llevaban muy bien, y la rubia le correspondió el gesto, rodeando la espalda de él con su brazo.

―Te recuerdo que teníamos algo pendiente, eh... ―bromeó Fran, haciendo que la cara de Sandra se iluminara al instante.
―Sí, sí, siempre dices lo mismo y luego te escapas corriendo...
―Bueeeeeno, a ver esta noche qué podemos hacer, a lo mejor la que se escapa eres tú...
―No creo, mira, se lo estaba comentando antes a Andrea, que después de cenar podíamos salir a tomar algo...
―Sí, claro, ya me lo había dicho antes Leticia también, yo por mí ya sabéis que podéis contar conmigo... ―comentó Fran, haciendo que Sandra frunciera el ceño.

Yo miraba absorta la conversación, y me parecía increíble el juego y el tonteo descarado que se traían y además, la adoración que mis compañeras le procesaban a ese piloto. Por muy guapo que fuera se estaban comportando como dos niñatas en una lucha de gatas callejeras y por suerte, Ismael terminó aquella conversación que me estaba empezando a dar vergüenza ajena.

―Vamos a comenzar el descenso... ―dijo con su voz seria y grave.
―Bueno, chicas, pues allá vamos ―y Fran tomó asiento colocándose los cascos en la cabeza.

Fuimos comprobando que todos los pasajeros llevaban de nuevo el cinturón puesto y después tomamos asiento en la parte de atrás. Sandra se quedó unos segundos en silencio y al mirar hacia ella me pareció verla enfadada.

―¿Estás bien?
―Sí, aunque esa zorra de Leticia se me ha adelantado... ―masculló entre dientes.
―Tú eres mucho más guapa... no te preocupes... además, no sé, a mí me ha dado la impresión de que le gustas a Fran.
―¿Tú crees?
―Yo creo que sí, esas cosas se notan...
―Pues entonces esta noche no se me escapa, y tú tienes que acompañarme, eh...
―¿Yo?
―Sí, tía, después de cenar quedamos con Fran para tomar algo, además es tu primer día, no me puedes decir que no...
―Vaaaaale, hecho... cuenta conmigo.

Aunque no es que me apeteciera mucho, ya tenía plan para mi primera noche en el destino y después el avión fue descendiendo lentamente hasta tocar tierra en un aterrizaje suave y perfecto.

Ya estábamos en Zurich.
 
Hace unos meses escribí un relato erótico cortito, de unas 8000 palabras, que se titulaba Mi primer vuelo. Mi idea era que en un futuro, si gustaba la historia desarrollarla un poco más y hacer un relato más largo. Con lo que no contaba es que al final este relato terminaría en una novela de casi 110.000 palabras.
...
Espero vuestros comentarios y opiniones y os dejo por aquí la portada también.

Como referencia La tentación de Sara fueron cerca de 140 mil palabras, unas 450 páginas.
Tal extensión da para que sucedan muchas cosas, como me gusta.
Una portada que promete turbulencias. :cool:
Esta versión original formó parte de la antología que publicaste un año atrás, "Relatos eróticos".

Páginas desdeRelatos eroticos - DAVID LOVI.png
 
Última edición:
2



Después de tres vuelos en un día, lo último que me apetecía era salir a tomar una copa, pero se lo había prometido a Sandra, así que en cuanto me pegué una ducha, llamé a Sebas, estuve un ratito hablando con mi chico tirada en la cama e hice un esfuerzo supremo por bajar a cenar.

No quería arreglarme mucho, tampoco es que hubiera llevado demasiada ropa, y aun así tuve serias dudas de qué ponerme; al final opté por unas sandalias, falda larga de color verde militar, y una camisetita blanca de tirantes que me sentaba genial.

Un look informal, pero arreglada.

Pasé por la habitación de Sandra y toqué en la puerta.

―Sí, pasa, tía, que ya estoy terminando ―me pidió abriendo apresurada y volviendo al baño para retocarse el maquillaje frente al espejo.

Me quedé de piedra al ver que ella se había arreglado más de lo que pensaba. Yo a su lado parecía que iba a un concierto y ella estaba para ir de boda, con un pantalón negro de vestir y una camisa blanca con un par de botones desabrochados, dejando ver el nacimiento de unas bonitas tetas.

¡Estaba claro que quería resaltarlas!

Fue cuando me fijé bien en ella, era algo más bajita que yo, pero tampoco mucho, mediría sobre 1.73, pelo largo rubio muy rizado y unos preciosos ojos verdes algo separados, que le proporcionaban una belleza muy exótica. Además de sus pechos, era una mujer de curvas, buenas caderas, un culo grande y proporcionado que resaltaba todavía más por lo estrecho de su cinturita.

―Pensé que era una cena más informal, vas demasiado elegante...
―No, lo normal, yo suelo ir así ―dijo Sandra―. Tú también vas muy guapa... ¡jo, tía, qué pelazo tienes, cabrona! ―y entonces caí en la cuenta de que era la primera vez que me veía con la melena suelta, pues en el avión nos tocaba hacernos un recogido.
―Casi ni me he maquillado...
―No te hace falta, eres muy guapa y ¡menudo cuerpazo tienes, mmmm!, ya me gustaría a mí tener tu tipín y sobre todo, ¡esas piernas kilométricas!, mmmmmm...
―Siempre he sido un poco bicho-palo, aunque mi novio dice que estoy buena, ja, ja, ja...
―¿Bicho-palo?, pero si eres muy sexy, y tienes un culazo perfecto, tía, se nota que es de esos duros, apuesto a que te matas a hacer sentadillas y búlgaras... ―afirmó dándome una pequeña cacheta en el glúteo.
―Ja, ja, ja... tú sí que tienes buenas curvas, y unas tetas muy bien puestas...
―¿Te gustan? ―preguntó apretándoselas frente al espejo―. Me las operé el año pasado, ¡estoy muy contenta con el resultado!
―Sí, son muy bonitas...
―¡Las tuyas también!
―Pero son muy pequeñitas...
―¡Qué envidia me das!
―¿Y eso? ―le pregunté a mi compañera.
―Porque se nota que no tienes complejos, y te encanta lucirlas, o no irías sin sujetador ―dijo mirándome detenidamente―. ¡Ala, tía!, ¿llevas un piercing en ese pezón?
―Sí, ¿se nota mucho?
―Bueno, sí, un poco, mmmm, me encanta, ¡te queda genial!, ¿ves?, ¡lo que yo te decía!, las tienes pequeñas, pero preciosas y ese piercing le da un toque muy, pero que muy morboso...
―Quizás debería ponerme el suje para bajar a cenar, es mi primer día y tampoco quiero llamar la atención...
―Lo mismo sí, a mí me da igual, eh, pero Leticia y Beatriz no sé, son más tradicionales...
―Pues me lo voy a poner, voy a la habitación y ahora vuelvo, no tardo nada...
―Vale, yo ya termino, eh... tres minutos, ¡joder, Andrea, qué guapa eres, de verdad!, menos mal que no te has arreglado, porque si no me levantas a Fran, seguro...
―Por mí no te preocupes, no me interesa, ja, ja, ja...
―Bien, bien, entonces mi única rival es Leticia, uffff, y encima nos toca cenar con ella...
―Ah, ¿no cenamos solas?
―No, hemos quedado las cuatro a las 20:00.
―Pues ya vamos cinco minutos tarde...
―¡Que se esperen...!
―Está mal que unas tripulantes de cabina lleguen tarde, ¡tendríamos que ser muy puntuales!, ja, ja, ja... ahora vuelvo, venga, ¡date prisa!

Al entrar al restaurante ya nos estaban esperando las otras dos compañeras. Vimos a los dos pilotos cenando solos, apartados en un lado del salón, les saludamos con la mano y pasamos de largo. Llegamos a la mesa y Leticia miró su reloj, con un ligero carraspeo por la tardanza, por lo que me disculpé.

Beatriz iba más normalita, como yo, con unos vaqueros y camisa de rayas, se notaba que era algo más mayor que nosotras, sobre 35 años, también rubia con media melena por encima de los hombros, 1.68, tenía la cara muy cuadrada y una nariz algo aguileña, pero era muy atractiva y además, se notaba que es de las que van al gym, con unos muslos gruesos y fibrados y sobre todo, un culo excepcional, redondo y prominente que llamaba mucho la atención.

Y si Sandra se había arreglado, Leticia estaba en el siguiente nivel, con un vestido de fiesta morado, y una especie de recogido en el pelo como si fuéramos a un gran evento. Me pareció ridículo bajar así a cenar en el hotel, aunque tenía que reconocer que la sobrecargo estaba espectacular. Rondaría los 30 años, alta y delgada como yo, tenía una cara de mala hostia muy afilada y también los pechos operados, como mi compañera.

Durante la cena se notaba la tensión entre Leticia y Sandra, ¡eran dos rubias de armas tomar!, y Beatriz y yo nos mirábamos en silencio, con una sonrisa cómplice cuando se soltaban alguna pullita, cada vez con más frecuencia.

―Pues ahora he quedado con Fran para tomar algo ―dijo Leticia terminando los postres, con su insoportable y altiva voz de pito.
―Sí, nosotras también ―le contestó Sandra.
―Ah, no lo sabía...
―Yo me voy a subir a descansar ―afirmó Beatriz.
―Y yo también ―salí al paso.
―De eso nada, tía, hoy es tu primer día y eso hay que celebrarlo ―insistió Sandra, dirigiéndose a mí.
―Está bieeeen, pero una y me voy, eh...
―Sí, sí, una por lo menos...

En el bar del hotel nos estaban esperando Fran e Ismael. El clon de David Beckham se levantó en cuanto nos vio, pero Ismael ni se inmutó y siguió sentado en la barra dándonos su enorme espalda, mirando a la camarera y sin hacernos el más mínimo caso.

―Ya estáis aquí, chicas, ¿qué queréis tomar?, yo invito ―se ofreció Fran con amabilidad.
―Hoy tenemos que celebrar el estreno de Andrea, eh...
―Sí, sí, por supuesto...

Y Fran pidió una botella de champán para hacer un brindis. Fue curiosa la escena, porque Ismael pasó de nosotros y se quedó como si tal cosa, pendiente del móvil y degustando su copa.

Desde luego que era un tipo muy peculiar, durante la cena comentaron las compañeras que se rumoreaba su inminente jubilación, rondaría los 60 años, voz grave y varonil, con el pelo blanco, repeinado hacia atrás, muy alto, sobre 1.90, ancho de hombros, con unas manos enormes, debía haber sido un guaperas de joven, pero ahora estaba muy desmejorado, desaliñado con la camisa por fuera, incipiente barriga, con pinta de cansado y unas grandes bolsas en los ojos que todavía le hacían más mayor.

Permanecí callada con mi copa de champán, y durante media hora tuve que asistir a la lucha entre Leticia y Sandra por ver quién se llevaba el gato al agua. Se comportaban como dos niñatas histéricas, manoseando a Fran, acercándose a él y finalmente quedaron en salir del hotel y tomar algo en la noche de Zurich.

―Yo me retiro, chicas, ahora sí... ―me excusé de nuevo.

Pasaba de seguir viendo aquella ridícula escena entre Leticia y Sandra.

―Ohhhhh, ¿no te vienes?, qué pena, si insisto, ¿podría convencerte?... ―dijo Fran.
―Bueno, no pasa nada, deja que se vaya, nos tienes a nosotras ―le interrumpió Leticia, poniéndose delante de mí y se enganchó a un brazo y Sandra al otro antes de salir del restaurante del hotel.

Respiré aliviada, pues con el estrés del primer día no veía el momento de subir a la habitación a descansar, dejé la copa en la barra justo cuando Ismael levantaba el brazo para pedir otro cóctel.

―Me voy, no subas muy tarde, eh... que mañana tienes que llevarnos a todos de vuelta ―quise hacer una pequeña broma, apoyando mi mano en la espalda del Comandante.

Entonces y sin que me lo esperara, se giró hacia mí, me miró con indiferencia y contestó sin cambiar el rostro.

―¿Quieres tomar algo? ―me preguntó.

Mi primera reacción fue decirle que no, pero sinceramente sentí pena por aquel tipo, y más después de lo que me había contado Sandra sobre la muerte de su hija. Estaba claro que no se encontraba bien y quizás solo necesitara un poco de compañía y alguien que le escuchara.

―Eh, sí, claro... ―contesté con una sonrisa amable, tomando asiento a su lado...




3



Por fin se fueron las putas pesadas. Dos minutos más y me hubiera pegado un tiro. Es que no las soportaba, ni a ellas ni su voz histriónica.

Ni lo zorras que eran.

Apuré el Rusty Nail y levanté la mano para pedir otro. Ahora sí, me apetecía tomármelo tranquilamente, sin tener que escuchar a esas dos moscardonas pelearse por Fran. ¡Qué alivio!, creo que hasta se me bajaron las pulsaciones de la mala hostia que me estaban poniendo, cuando justo noté una mano en la espalda.

―Me voy, no subas muy tarde, eh... que mañana tienes que llevarnos a todos de vuelta ―escuché que me decía una voz femenina.

Tuve que girarme para ver quién era y allí estaba. La nueva. Parecía una chica agradable, esas cosas se notan en la cara, pero lo que enseguida me llamó la atención fue su pelo tan largo y esas piernas kilométricas.

―¿Quieres tomar algo? ―fue lo primero que se me ocurrió por mera educación.

No es que me apeteciera mucho que se quedara, a decir verdad prefería estar solo, aunque aquella azafata no era como las otras, tenía una cara amable y atractiva y sin haber cruzado dos palabras con ella, deduje que podía ser una compañía interesante; sinceramente pensé que declinaría mi oferta y se subiría la habitación, pero para mi sorpresa tomó asiento a mi lado.

―Eh, sí, claro... ―aceptó.

Fue un momento delicado, porque ni tan siquiera recordaba su nombre después de haber hecho tres vuelos con ella.

―Perdona, ya sé que es muy grosero, pero, ¿te llamabas...?
―Andrea ―contestó ruborizándose por mi incómodo olvido, aunque quiso restarle importancia―. Tú ya sé que te llamas Ismael, ja, ja, ja...
―¿Qué tomas?
―Pues no sé, en la cena he bebido un poco de vino, ahora champán, no me apetece mezclar más cosas o...
―Un Cosmopolitan... ―le pedí al camarero sin volver a consultarla―. Prueba esto, seguro que te gusta...
―¿Qué lleva?
―Vodka, es afrutado, zumo de... tú hazme caso y pruébalo...
―Ah, vale, perfecto ―y justo le sonó el móvil―. Disculpa un momento...

Se levantó de la silla y se apartó cinco metros para hablar por teléfono. Era su novio seguro. Lo había visto tantas veces que era lo más típico, y aproveché para pegarle otro buen repaso a aquella morena, que por su aspecto físico debía rondar los 25 años y el metro ochenta.

Observé sus movimientos de manos armoniosos, y su melena, que casi le llegaba hasta el final de la espalda y que no dejaba de acariciarse con los dedos. Sus piernas eran larguísimas y además, era bien guapa, con una cara muy natural, en la que apenas llevaba maquillaje. Se le transparentaba el sujetador negro debajo de la camiseta de tirantes blanca y era evidente que tenía muy poco pecho, pero en ella se veía muy bien y armonioso con el resto de su cuerpo y cuando se dio la vuelta, me quedé mirando el trasero que se adivinaba bajo esa falda ibicenca de color verde militar. Se le pegaba al cuerpo como una segunda piel y se podía vislumbrar perfectamente el contorno de sus caderas.

La tal Andrea estaba muy buena.

Apenas pude escuchar lo que hablaba, aunque sí entendí algo así como,“hemos bajado a tomar algo, nada, una copita y enseguida subo a dormir, me han pedido champán para celebrar que era mi primer día, ya mañana te cuento”. Me pareció curioso que en ningún momento le comentara a su pareja que estaba sola conmigo, aunque tampoco pudo explayarse, pues la conversación apenas duró tres minutos.

―Ya estoy de vuelta, disculpa ―y apagó el móvil y lo metió en el bolso―. Así ya no nos interrumpirán más...
―¿Y qué tal tu primer día, Andrea?
―Muy, muy bien, estoy encantada, además he tenido la suerte de que me toque con Sandra, me ha puesto las cosas muy fáciles...
―Sí, es buena chica, he volado con ella unas cuantas veces...
―Ya me lo había dicho.
―Eres muy joven, ¿puedo preguntarte la edad?
―Sí, claro, veintiocho...
―Ah, pues aparentas algunos menos...
―Muchas gracias, ¿y cuántos aparento?
―No sé, veintidós o así, como mucho...
―Ja, ja, ja, sí, claro, nunca me habían quitado tantos años, pero gracias, gracias, ja, ja, ja...
―¿Y cómo es que te dio por trabajar de azafata?
―Ejem...
―Auxiliar de vuelo...
―Ejem, ejem...
―Tripulante de cabina... ―afirmé con desgana, porque aunque le hayan cambiado el nombre mil veces, para mí seguían siendo azafatas de toda la puta vida.
―Eso sí... pues una amiga me lo recomendó y tal, domino el inglés y el francés, hice un par de cursos y lo vi una buena oportunidad laboral, siempre me había gustado... aunque nunca imaginé que terminaría trabajando en esto...
―Entonces, ¿te doy la enhorabuena o no?... es un trabajo muy sacrificado, nos pasamos la mayor parte del tiempo fuera de casa.
―Yo creo que sí...
―Pues enhorabuena...
―Gracias, ¿y tú, llevas muchos años?
―Ufffff, bastantes, más de 30, y este es el último, en unos meses me jubilo, la verdad es que ya se me hace muy pesado esto de viajar, pasar noches fuera de casa, preparar la maleta... de joven me gustaba, y he disfrutado mucho, pero...
―Me imagino.
―Recuerdo cuando era como Fran, me veo muy reflejado en él, porque yo hacía lo mismo...
―Ah, ¿sí?
―Sí, lo he pasado muy bien, demasiado bien..., pero también se ha llevado por delante otras cosas...
―¿Por ejemplo?
―Tiempo, sobre todo el tiempo que no he podido estar con mi familia, mis hijas... eso ya no lo puedo recuperar, y estar tanto fuera de casa ha sido un desgaste muy importante en mis matrimonios, tampoco quiero decir que las separaciones hayan sido por eso, no he sido ningún santo, eh... Fran hace bien, está soltero y no tiene ningún compromiso, pero yo cuando entré en la compañía ya estaba casado y..., te imaginarás el resto...
―Me hago una idea, sí...
―¿Y tú tienes pareja?
―Sí, tengo novio...
―¿Lleváis mucho tiempo?
―Sí, desde hace ocho años y llevamos viviendo juntos un par de años... ―dijo cruzando las piernas, y entre la falda asomó un bonito muslo que miré inconscientemente antes de que ella se tapara.

Había sido un gesto involuntario, estaba claro que para nada quería provocarme, pero me encantó ver su pierna, aunque solo fueran un par de segundos y ella me pilló de pleno mirando hacia abajo, lo que hizo que se ruborizara y diera un trago a su cóctel.

―La verdad es que nos va muy bien, pensé que la convivencia sería más difícil, pero de momento no tengo queja... ―siguió hablando, pasándose el pelo por detrás de la oreja y volviendo a beber de la pajita.

Me pareció curioso que me diera explicaciones sobre su relación sin que se las hubiera pedido, como para demostrarme que ella no era como las otras azafatas y además, quisiera decirme que ni se me ocurriera intentar nada, porque la relación con su chico era perfecta; así que asentí en silencio y enseguida cambié de tema; durante la siguiente media hora tuvimos una conversación fluida y muy entretenida hablando de sus posibles destinos, de algunos los que países que yo había visitado y lo que más me gustaba de cada uno de ellos.

Cuando nos quisimos dar cuenta ya nos habíamos terminado el cóctel y me apeteció seguir charlando con Andrea.

―Te invito a otro ―le dije mostrándole mi vaso vacío―, hacía tiempo que no tenía una conversación tan animada y ya había olvidado lo que me gusta la compañía de una chica joven y simpática...
―No debería, es un poco tarde.
―Yo me voy a tomar otro, te prometo que es el último, que mañana os tengo que llevar a todos de regreso sanos y salvos...
―Está biennnnn ―afirmó dubitativa―, aunque ahora invito yo...
―De eso nada, si estás conmigo pago yo... ―y levanté el brazo para que se acercara el camarero―. Lo mismo...
―Muchas gracias ―le dijo Andrea al chico, esbozando una tímida sonrisa por mi descortesía.

Esperé a que el camarero nos sirviera y después levanté la copa para brindar con ella.

―Chin, chin, por que te vaya fenomenal en tu nuevo trabajo... ―y bebimos a la vez mirándonos a los ojos.
―Gracias, Ismael, es una pena que no vayamos a ser compañeros mucho tiempo... ¡me has caído muy bien!
―Sí, aunque es una suerte que nos hayamos conocido, ¿no?
―Eso sí...
―¿Te cuento un secreto? ―susurré acercándome a ella y poniéndome interesante.
―Sí, claro, no hay cosa que más me guste que un buen secreto...
―Le has llamado mucho la atención a Fran, me comentó durante el vuelo que le parecías muy atractiva.
―Ah, ¿sí? ―dijo ruborizándose.
―Tampoco le hice mucho caso, porque estaba concentrado, aunque ahora veo que no le faltaba razón... seguro que le hubiera encantado que fueras con ellos a tomar esa copa...
―Ya va muy bien acompañado y a mí no me interesa tener nada con... bueno, ya me entiendes, con ninguno de vosotros...
―Sí, claro, tienes novio...

Y ella afirmó con una sonrisa sin decir nada.

―¿Es celoso tu novio?
―No... ¿por...?
―No sé, ¿qué pensaría si te viera a... ―miré el reloj haciendo una pausa―, … casi a la una de la mañana de copas con un viejo piloto en tu primer día?
―Ja, ja, ja, pues supongo que nada..,. no tendría por qué molestarse, es solo eso, una copa ―y mostró el vaso poniendo cara de indiferencia.
―Hoy eras la primera opción de Fran, pero como no has querido ir con ellos, eh... ya me entiendes... supongo que terminará con Sandra, porque con la otra ya ha estado un par de veces ―le comenté y ella se sobresaltó al escuchar esas palabras.

Levantó la mirada y me miró extrañada, como si no le hubiera gustado mi comentario. Quizás había sido demasiado directo e intenté matizar mis palabras.

―Llevan tonteando desde hace tiempo y con Leticia ya ha estado, así que hoy le toca a tu amiga...
―Claro para eso estamos las “azafatas”... un par de veces con una y luego otra... ―me soltó bastante enfadada.
―No quería decirlo así... perdona si te ha molestado...
―Entonces, Fran, ¿ya ha estado con Leticia? ―preguntó indignada negando con la cabeza y bebiendo más deprisa, como si de repente tuviera prisa por terminar el cóctel―, creo que eso no lo sabía Sandra...
―Sí, ya te he dicho que dos o tres veces... aunque hoy eras tú la elegida, pero también me dijo que tenía muchas ganas de follar con Sandra...
―Casi que prefería no haberlo sabido, no sé, parece que dais por hecho que podéis acostaros con nosotras cuando os dé la gana...
―Eres nueva y ya lo irás viendo; pero la verdad es que sí, esta feo que yo lo diga, y es que la mayoría de veces podemos elegir, que no lo digo por ti, eh... estoy hablando en general... además, es un hecho que reunimos varias circunstancias que a vosotras os parecen muy atractivas...
―Ah, ¿sí?, dime alguna...
―Un trabajo con un alto standing social, un estatus superior al vuestro, con lo que eso conlleva, el uniforme también os encanta, nos tenéis en muy alta estima, aunque sinceramente... viéndome a mí, ya te estarás dando cuenta de que no es para tanto...
―¿Y por eso ya caemos rendidas a vuestros pies?
―Si yo te contara...
―¿Tú has estado con muchas?, bueno... es evidente que sí...

Me hizo gracia que quisiera saber eso, pero no le contesté y respondí con otra pregunta.

―Si no tuvieras pareja, ¿hubieras ido con tus compañeras a tomar esa copa con Fran?
―Sinceramente, te digo que no, no me gusta mucho salir y prefiero esto, tomar una copa en un sitio tranquilo y una buena conversación, además, es mi primer día y quiero descansar para estar mañana presentable, quizás debería marcharme ya ―y apuró su cóctel hasta el final―. Pensé que esto tenía menos alcohol, pero pega, eh... ―se tambaleó al intentar ponerse de pie.
―Ey, ey, cuidado ―y me incorporé, sujetándola con fuerza contra mi cuerpo.

Andrea se ruborizó, y enseguida retrocedió, sentándose otra vez en la silla.

―Te has levantado demasiado deprisa, ¿estás bien?
―Sí, sí, no te preocupes, me encuentro perfectamente, de verdad...
―Ya no bebas más, que luego no quiero que pienses que he intentado emborracharte...
―Creo que una mujer puede decidir lo que bebe o no, no te preocupes, que no voy a pensar eso...
―Ey, vale, perdona, oye, ¿no serás una de esas feministas radicales? ―pregunté abriendo los brazos.
―¿Feminista radical?, si fuera una feminista radical ya habría subido a la habitación y te hubiera dejado plantado hace un buen rato, porque no has parado de soltar tópicos machistas uno tras otro, que si azafata, que si caemos rendidas a vuestros pies, que si qué pensaría mi novio si me viera contigo... no sé si eres buen tío o no, pero está claro que no has evolucionado de acuerdo a los tiempos que corren ―me recriminó aquella niñata―. Y tranquilo, que aunque hayas sido un poco soez, tampoco me voy a asustar porque utilices palabras como follar con alguien que acabas de conocer...

Vaya, vaya, así que Andrea se había enfadado y acababa de ponerme en mi sitio en tan solo un minuto. Me miró altiva y desafiante, esperando mi respuesta. Yo afirmé con la cabeza y levanté el brazo para que se acercara el camarero.

―Chico, pon otros dos de lo mismo...
―Dijiste antes que era el último... ―me recordó ella―, me tengo que ir...
―Lo sé, pero esto se acaba de poner interesante, me gustan las mujeres con carácter, aunque sinceramente, creo que tú no eres de esas... ¿te gusta mandar o que te manden?
―¡¡¿Perdona?!!
―Pues eso, ¿cuál de las dos opciones prefieres?... ―insistí cogiendo su nuevo Cosmopolitan y poniéndoselo en la mano.

Andrea aceptó mi invitación y esta vez retiró la pajita, lanzándola al suelo, le pegó un buen trago, apoyando los labios en el cristal y mirándome directamente a los ojos mientras meditaba su respuesta.

Y en ese momento lo vi. Andrea era la siguiente en mi lista.

―Me gusta mandar... a la mierda a gilipollas machistas...
―¿Como yo...?
―Yo no lo he dicho... eso lo has dicho tú...
―Está bien, como veo que no me contestas te voy a responder yo, tú eres de las que se creen que nos imponen a los “tíos” por ser muy alta, eres de las que quieren llevar el control, vas de feminista, de mujer empoderada y todas esas mierdas, aunque en el fondo te encanta que te digan lo que tienes que hacer y bueno... lo siento por ti, pero tu novio no es de esos...
 
Atrás
Top Abajo