La habitación de al lado (Compartir piso con mi hermana universitaria)

Alguna fecha prevista para seguir el relato que nos tiene tan enganchados? 😊
 

33​




Al día siguiente me levanté y todavía no podía creerme lo que había pasado por la noche. Era todo como si todo se tratase de un maravilloso sueño, pero era la realidad.

Me había hecho una paja delante de Paula.

Desayuné tranquilamente y no tuve noticias de ella en toda la mañana, porque no salió de su habitación. Hablé con Sofía por WhatsApp y le recordé que estaba invitada a comer en casa, aunque ella me dijo que sus padres se habían ido a un terreno con unos amigos y tenía que quedarse con su hermano, pero por la tarde sí que iba a venir.

Una vez que ya había pasado lo de Paula, tenía que recuperar el tiempo perdido con ella. Y es que aquel domingo, me levanté con unas ganas locas de follarme a mi novia. A la pobre le había dejado con las ganas unas cuantas veces y me dio mucha pena cuando se me echó a llorar; seguro que se le pasó por la cabeza que ya no me gustaba o que quería terminar mi relación con ella.

Y a la hora de la comida, fue la primera vez que vi a Paula desde la noche anterior. Estaba avergonzada y apenas se atrevía a mirarme a la cara, por lo que no quise hacer mención a lo que había pasado entre nosotros por la noche. Comimos casi en silencio, con una conversación escueta, hablamos de la universidad, los exámenes y poco más.

―Luego va a venir Sofía a casa, vamos a ver una peli, si te parece bien…

―Sí, claro… lo único que hoy no iba a salir, si no te importa, tengo mucho que estudiar…

―Espero que no te importe a ti…

―No, no… A ver si para la semana que viene os puedo dejar solos alguna tarde…

Y después de recoger, se volvió a meter en su habitación.

Sofía llegó sobre las cuatro y media, nos dimos un beso y después fuimos al salón. Era el plan perfecto para una tarde de domingo. Sofá, mantita y peli.

―¿Está Paula?

―Sí…

―Voy a ir a saludarla a su cuarto, por lo menos que sepa que estoy aquí…

―Vale, aquí te espero…

Escuché que charlaban y un minuto más tarde, Sofía regresó conmigo al sofá, nos tapamos y mi chica se hizo un ovillo, abrazándose a mí. Acaricié su pelo y busqué su boca, y lo que comenzó como un beso tierno fue dando paso a un morreo cada vez más intenso, hasta que terminamos metiéndonos la lengua.

―Perdona por lo de estos días atrás, hoy te lo voy a compensar ―le dije a Sofía.

―¿Ah, sí?, ¿y qué piensas hacer? Te recuerdo que está tu hermana en casa…

―Me la suda ―y le cogí la mano y la puse sobre mi paquete. Luego me incliné sobre ella y colé un par de dedos por el elástico de su tanguita―. Joder, Sofi, ya estás empapada…

―Y llevo tu regalito dentro…

―Mmmm, ¿en serio? ―pregunté y palpé su culo, encontrándome con la base del dildo sobresaliendo de su ano―. ¡¡Me encanta!! Uf, hoy vienes muy juguetona, ¿eh?

―Sí. ¿Y sabes una cosa?, esta mañana también hice lo que me pediste…

―¿El qué…?

―¿No te acuerdas?, lo que me dijiste, lo de provocar a mi hermano, ja, ja, ja…

―¿En serio lo has hecho? ¡¡Joder, cuenta, cuenta!!

―Pues mira, estaba estudiando y bueno, esta mañana me ha acordado mucho de ti, tenía muchas ganas de verte y eeeh… en un descansillo me he acariciado…

―¿Estabas cachondita, eh?

―Mucho, la verdad es que llevo toda la mañana que uffff, entonces me acordé de eso de lo que hablamos el otro día y hoy, como estábamos solos en casa, pues he aprovechado y al final… ¡Lo he hecho!

―¿Cómo ha sido?, cuéntamelo con detalle ―le pedí acariciando su coñito mientras ella me sacaba la polla por debajo de la manta y comenzaba a meneármela lentamente.

―Me iba a duchar y estaba por la habitación con una sudadera gris y con el tanguita, y me he tumbado en la cama bocabajo y después le he llamado…

―¡Joder, Sofi!, ¡qué morbo!, ¿y qué ha dicho cuando te ha visto así?

―Se ha quedado sin palabras. Y yo diciéndole que tenía que recoger el salón y su habitación, así hablándole como sin darle importancia mientras chateaba contigo, ni tan siquiera le he mirado, pero él estaba allí plantado…

―Seguro que se le ha puesto dura… y luego se ha hecho una paja…

―Ssssh, no corras, que todavía me queda contarte lo que ha pasado. Se ha ido de la habitación y a los cinco segundos ha vuelto preguntándome una bobada, no sé, algo así como si me ayudaba a preparar la comida o a calentarla, bueno… una simple excusa para echarme otra ojeada…

―¡Qué cabroncete!, ¡muy listo!

―¿Crees que ya estaba empalmado?

―En ese momento, tuve mis dudas, pero luego, lo he confirmado. Sí… ¡La tenía dura!

―¿Y cómo lo has confirmado?, ¿ha entrado en la habitación y le has visto?

―No, he salido yo al pasillo y le he dado las gracias y después un abrazo, entonces es cuando lo he notado en mi muslo, ¡me ha rozado con su polla en la pierna! ―dijo orgullosa con una sonrisa lasciva en la boca.

―¡Qué hija de puta eres! ¡¡Uf, pedazo de historia!, me acabas de poner muy muy cachondo, todavía más de lo que estaba…

―¡Ssssh, espera, aaaaah, aaaaah! ―gimió cuando le metí un par de dedos en el coño―. Queda el final…

―Cuenta, cuenta…

―Luego, aaaah, aaaah, me he metido en la ducha, y he dejado el tanguita tirado en el suelo de la habitación…

―No me digas que te lo ha robado mientras te duchabas…

―No del todo, cuando he salido seguía allí, pero yo lo había dejado en una determinada posición y no estaba igual…

―¡¡Lo había cogido!!

―¡Sííííí!

―¡Entonces confirmado!, tu hermano se ha hecho una paja con tu tanguita…

―Eso creo…

―Mmmm, ¿te da morbo eso?

―Creo que no tanto como a ti…

―Joder, Sofi, ¡chúpamela! ―le pedí apartando la manta.

―¿Y tu hermana?

―No va a salir de la habitación, pero me da igual si nos pilla… ―y en cuanto acabé de pronunciar esas palabras, Sofía se agachó en mi regazo y se metió mi polla en la boca.

La historia que me acababa de contar me había puesto muy cerdo. Me encantaba que Sofía fuera tan complaciente e hiciera todas las cosas que le pedía. Y es que, con esa carita de niña buena, era igual o más morbosa que yo.

Me imaginé a su hermano quinceañero lo que pensaría al ver tumbada en la cama a mi novia con una tanguita blanca y mostrándole su excelso culo.

Y allí me la estaba comiendo en el salón, haciéndome una de las mejores mamadas que recordaba. Me retorcía de gusto en el sofá, y aunque la noche anterior me había corrido dos veces, iba a descargar en su boca de un momento a otro.

Entonces miré hacia la puerta y me quedé en estado de shock. ¡¡Paula nos estaba observando desde el pasillo a través del reflejo de uno de los cristales del salón!!

No había entrado, pero la puerta, al estar entornada, reflejaba el pasillo e igual que yo podía verla desde mi posición, ella también podía espiarnos desde allí. No sé el tiempo que llevaría, pero desapareció muy rápido y seguramente volvería a entrar en su cuarto.

Tiré del pelo de Sofía e hice que se levantara. Me miró relamiéndose los labios sin soltarme la polla y me preguntó si quería correrme en su boca.

―No, quiero follarte…

―¿Aquí?

―Sí, ¿es que no te atreves?

―Joder, David, si sale tu hermana nos va a pillar, no nos va a dar tiempo ni a disimular…

―¿Y eso no te pone?, la adrenalina de que nos pueda pillar…

―Tengo pantalón, tendría que quitármelo…

―No hace falta, espera… ―y la recosté bocabajo en el sofá.

Bajé un poco el pantalón de su chándal gris y me situé sobre ella, metiéndole la polla entre las piernas. Con un golpe de cadera se la clavé recostada en su espalda y en esa posición comencé a follármela, con embestidas duras y secas.

Nos corrimos bastante rápido, casi los dos a la vez, Sofía pegando la cara al sofá y dejando que se le cayera un hilillo de saliva mientras descargaba dentro de ella. Yo creo que el morbo de que nos pudiera pillar Paula hizo que mi chica todavía tuviera un orgasmo más intenso.

Pero eso no fue suficiente.

Luego seguimos viendo la película sin dejar de tocarnos bajo la manta. Sofía agarrándome la polla y yo sobando sus tetitas y su coño. Así casi una hora hasta que terminó y después nos metimos en mi habitación. Nada más cerrar la puerta, eché el cerrojo y me desnudé por completo delante de mi novia.

―Ahora sí que te voy a follar en condiciones…

―Ssssh, calla ―me pidió poniéndose el dedo en la boca y haciendo un gesto con la cabeza señalando hacia la pared que daba al cuarto de Paula.

―¡Desnúdate! ―y Sofía se me quedó mirando y allí de pie, en medio de la habitación, primero se quitó la sudadera, la camiseta, el top y por último se bajó los pantalones y el tanguita.

Caminó hasta mi escritorio y se inclinó en él, dándome la espalda y ofreciéndome su culazo. Tiró de uno de sus glúteos y me mostró el dildo que sobresalía de su ano. Con una gran habilidad consiguió sacárselo y terminó moviendo sus caderas de lado a lado con mucha gracia.

―¿Vas a follarme?

―No, ¡voy a darte por el culo!

―Sssssh, calla, cabrón…

―¡¡VOY A DARTE POR EL CULO!! ―dije más alto para que Paula me escuchara―. Vamos, súbete a la cama, zorra…

Y Sofía se situó en todo el centro, colocándose a cuatro patas. Se metió la mano entre las piernas, se mojó los dedos pasándoselos por su empapada rajita y se los clavó en el culo, para dilatárselo todavía un poquito más.

Cuando me subí a la cama, ya lo tenía listo.

No tuve que hacer nada, apoyar mi capullo en su pequeña entrada y empujar. Y mi polla se coló hasta el fondo de su culo. El polvazo que pegamos fue de los que no se olvidan. Más de media hora percutiendo su trasero, follándomela con fuerza, tirando de su pelo, y Sofía se corrió por lo menos tres veces más antes de que yo eyaculara dentro de ella, gimiendo bien alto para anunciarlo a los cuatro vientos.

Y un rato más tarde, volvimos a follar en mi cama, misionero, Sofía me montó un rato, de medio lado, bocabajo, mamadas, 69, casi otra hora más… No podíamos parar. Le eché las últimas reservas que me quedaban en la boca y, por último, le comí el coño hasta que mi chica volvió a llegar al clímax.

¡Menuda tarde de sexo nos pegamos!

Ni se atrevió a despedirse de mi hermana y ya de noche, la acompañé de la mano hasta su casa y luego me volví solo. Al regresar, se me hizo tarde, Paula ya había cenado y me había dejado un plato de albóndigas en la encimera.

Cené solo y, cuando terminé, le piqué en su puerta.

―¿Sí?

―Oye, Paula, muchas gracias por la cena, me voy a la cama que estoy muerto… ―le dije asomándome a su habitación.

―Vale, yo me voy a quedar un rato estudiando…

―Bueno, eeeeh ―me quedé pensativo, y dudé si pedirle perdón por el espectáculo acústico que le habíamos brindado durante la tarde, pero al final no le dije nada.

No hacía falta.

Esa noche no escuché a Paula corriéndose, no sé si se masturbaría o no, porque en cuanto me metí en la cama, caí rendido. El finde había sido demasiado intenso.

Y ahora se avecinaba una nueva semana, que prometía muchas emociones. Ya tenía a Paula justo donde quería, pero mi hermana no es de las que ceden tan fácilmente y, un par de días más tarde, sin que me lo esperara, me devolvió el golpe…​
 

33​




Al día siguiente me levanté y todavía no podía creerme lo que había pasado por la noche. Era todo como si todo se tratase de un maravilloso sueño, pero era la realidad.

Me había hecho una paja delante de Paula.

Desayuné tranquilamente y no tuve noticias de ella en toda la mañana, porque no salió de su habitación. Hablé con Sofía por WhatsApp y le recordé que estaba invitada a comer en casa, aunque ella me dijo que sus padres se habían ido a un terreno con unos amigos y tenía que quedarse con su hermano, pero por la tarde sí que iba a venir.

Una vez que ya había pasado lo de Paula, tenía que recuperar el tiempo perdido con ella. Y es que aquel domingo, me levanté con unas ganas locas de follarme a mi novia. A la pobre le había dejado con las ganas unas cuantas veces y me dio mucha pena cuando se me echó a llorar; seguro que se le pasó por la cabeza que ya no me gustaba o que quería terminar mi relación con ella.

Y a la hora de la comida, fue la primera vez que vi a Paula desde la noche anterior. Estaba avergonzada y apenas se atrevía a mirarme a la cara, por lo que no quise hacer mención a lo que había pasado entre nosotros por la noche. Comimos casi en silencio, con una conversación escueta, hablamos de la universidad, los exámenes y poco más.

―Luego va a venir Sofía a casa, vamos a ver una peli, si te parece bien…

―Sí, claro… lo único que hoy no iba a salir, si no te importa, tengo mucho que estudiar…

―Espero que no te importe a ti…

―No, no… A ver si para la semana que viene os puedo dejar solos alguna tarde…

Y después de recoger, se volvió a meter en su habitación.

Sofía llegó sobre las cuatro y media, nos dimos un beso y después fuimos al salón. Era el plan perfecto para una tarde de domingo. Sofá, mantita y peli.

―¿Está Paula?

―Sí…

―Voy a ir a saludarla a su cuarto, por lo menos que sepa que estoy aquí…

―Vale, aquí te espero…

Escuché que charlaban y un minuto más tarde, Sofía regresó conmigo al sofá, nos tapamos y mi chica se hizo un ovillo, abrazándose a mí. Acaricié su pelo y busqué su boca, y lo que comenzó como un beso tierno fue dando paso a un morreo cada vez más intenso, hasta que terminamos metiéndonos la lengua.

―Perdona por lo de estos días atrás, hoy te lo voy a compensar ―le dije a Sofía.

―¿Ah, sí?, ¿y qué piensas hacer? Te recuerdo que está tu hermana en casa…

―Me la suda ―y le cogí la mano y la puse sobre mi paquete. Luego me incliné sobre ella y colé un par de dedos por el elástico de su tanguita―. Joder, Sofi, ya estás empapada…

―Y llevo tu regalito dentro…

―Mmmm, ¿en serio? ―pregunté y palpé su culo, encontrándome con la base del dildo sobresaliendo de su ano―. ¡¡Me encanta!! Uf, hoy vienes muy juguetona, ¿eh?

―Sí. ¿Y sabes una cosa?, esta mañana también hice lo que me pediste…

―¿El qué…?

―¿No te acuerdas?, lo que me dijiste, lo de provocar a mi hermano, ja, ja, ja…

―¿En serio lo has hecho? ¡¡Joder, cuenta, cuenta!!

―Pues mira, estaba estudiando y bueno, esta mañana me ha acordado mucho de ti, tenía muchas ganas de verte y eeeh… en un descansillo me he acariciado…

―¿Estabas cachondita, eh?

―Mucho, la verdad es que llevo toda la mañana que uffff, entonces me acordé de eso de lo que hablamos el otro día y hoy, como estábamos solos en casa, pues he aprovechado y al final… ¡Lo he hecho!

―¿Cómo ha sido?, cuéntamelo con detalle ―le pedí acariciando su coñito mientras ella me sacaba la polla por debajo de la manta y comenzaba a meneármela lentamente.

―Me iba a duchar y estaba por la habitación con una sudadera gris y con el tanguita, y me he tumbado en la cama bocabajo y después le he llamado…

―¡Joder, Sofi!, ¡qué morbo!, ¿y qué ha dicho cuando te ha visto así?

―Se ha quedado sin palabras. Y yo diciéndole que tenía que recoger el salón y su habitación, así hablándole como sin darle importancia mientras chateaba contigo, ni tan siquiera le he mirado, pero él estaba allí plantado…

―Seguro que se le ha puesto dura… y luego se ha hecho una paja…

―Ssssh, no corras, que todavía me queda contarte lo que ha pasado. Se ha ido de la habitación y a los cinco segundos ha vuelto preguntándome una bobada, no sé, algo así como si me ayudaba a preparar la comida o a calentarla, bueno… una simple excusa para echarme otra ojeada…

―¡Qué cabroncete!, ¡muy listo!

―¿Crees que ya estaba empalmado?

―En ese momento, tuve mis dudas, pero luego, lo he confirmado. Sí… ¡La tenía dura!

―¿Y cómo lo has confirmado?, ¿ha entrado en la habitación y le has visto?

―No, he salido yo al pasillo y le he dado las gracias y después un abrazo, entonces es cuando lo he notado en mi muslo, ¡me ha rozado con su polla en la pierna! ―dijo orgullosa con una sonrisa lasciva en la boca.

―¡Qué hija de puta eres! ¡¡Uf, pedazo de historia!, me acabas de poner muy muy cachondo, todavía más de lo que estaba…

―¡Ssssh, espera, aaaaah, aaaaah! ―gimió cuando le metí un par de dedos en el coño―. Queda el final…

―Cuenta, cuenta…

―Luego, aaaah, aaaah, me he metido en la ducha, y he dejado el tanguita tirado en el suelo de la habitación…

―No me digas que te lo ha robado mientras te duchabas…

―No del todo, cuando he salido seguía allí, pero yo lo había dejado en una determinada posición y no estaba igual…

―¡¡Lo había cogido!!

―¡Sííííí!

―¡Entonces confirmado!, tu hermano se ha hecho una paja con tu tanguita…

―Eso creo…

―Mmmm, ¿te da morbo eso?

―Creo que no tanto como a ti…

―Joder, Sofi, ¡chúpamela! ―le pedí apartando la manta.

―¿Y tu hermana?

―No va a salir de la habitación, pero me da igual si nos pilla… ―y en cuanto acabé de pronunciar esas palabras, Sofía se agachó en mi regazo y se metió mi polla en la boca.

La historia que me acababa de contar me había puesto muy cerdo. Me encantaba que Sofía fuera tan complaciente e hiciera todas las cosas que le pedía. Y es que, con esa carita de niña buena, era igual o más morbosa que yo.

Me imaginé a su hermano quinceañero lo que pensaría al ver tumbada en la cama a mi novia con una tanguita blanca y mostrándole su excelso culo.

Y allí me la estaba comiendo en el salón, haciéndome una de las mejores mamadas que recordaba. Me retorcía de gusto en el sofá, y aunque la noche anterior me había corrido dos veces, iba a descargar en su boca de un momento a otro.

Entonces miré hacia la puerta y me quedé en estado de shock. ¡¡Paula nos estaba observando desde el pasillo a través del reflejo de uno de los cristales del salón!!

No había entrado, pero la puerta, al estar entornada, reflejaba el pasillo e igual que yo podía verla desde mi posición, ella también podía espiarnos desde allí. No sé el tiempo que llevaría, pero desapareció muy rápido y seguramente volvería a entrar en su cuarto.

Tiré del pelo de Sofía e hice que se levantara. Me miró relamiéndose los labios sin soltarme la polla y me preguntó si quería correrme en su boca.

―No, quiero follarte…

―¿Aquí?

―Sí, ¿es que no te atreves?

―Joder, David, si sale tu hermana nos va a pillar, no nos va a dar tiempo ni a disimular…

―¿Y eso no te pone?, la adrenalina de que nos pueda pillar…

―Tengo pantalón, tendría que quitármelo…

―No hace falta, espera… ―y la recosté bocabajo en el sofá.

Bajé un poco el pantalón de su chándal gris y me situé sobre ella, metiéndole la polla entre las piernas. Con un golpe de cadera se la clavé recostada en su espalda y en esa posición comencé a follármela, con embestidas duras y secas.

Nos corrimos bastante rápido, casi los dos a la vez, Sofía pegando la cara al sofá y dejando que se le cayera un hilillo de saliva mientras descargaba dentro de ella. Yo creo que el morbo de que nos pudiera pillar Paula hizo que mi chica todavía tuviera un orgasmo más intenso.

Pero eso no fue suficiente.

Luego seguimos viendo la película sin dejar de tocarnos bajo la manta. Sofía agarrándome la polla y yo sobando sus tetitas y su coño. Así casi una hora hasta que terminó y después nos metimos en mi habitación. Nada más cerrar la puerta, eché el cerrojo y me desnudé por completo delante de mi novia.

―Ahora sí que te voy a follar en condiciones…

―Ssssh, calla ―me pidió poniéndose el dedo en la boca y haciendo un gesto con la cabeza señalando hacia la pared que daba al cuarto de Paula.

―¡Desnúdate! ―y Sofía se me quedó mirando y allí de pie, en medio de la habitación, primero se quitó la sudadera, la camiseta, el top y por último se bajó los pantalones y el tanguita.

Caminó hasta mi escritorio y se inclinó en él, dándome la espalda y ofreciéndome su culazo. Tiró de uno de sus glúteos y me mostró el dildo que sobresalía de su ano. Con una gran habilidad consiguió sacárselo y terminó moviendo sus caderas de lado a lado con mucha gracia.

―¿Vas a follarme?

―No, ¡voy a darte por el culo!

―Sssssh, calla, cabrón…

―¡¡VOY A DARTE POR EL CULO!! ―dije más alto para que Paula me escuchara―. Vamos, súbete a la cama, zorra…

Y Sofía se situó en todo el centro, colocándose a cuatro patas. Se metió la mano entre las piernas, se mojó los dedos pasándoselos por su empapada rajita y se los clavó en el culo, para dilatárselo todavía un poquito más.

Cuando me subí a la cama, ya lo tenía listo.

No tuve que hacer nada, apoyar mi capullo en su pequeña entrada y empujar. Y mi polla se coló hasta el fondo de su culo. El polvazo que pegamos fue de los que no se olvidan. Más de media hora percutiendo su trasero, follándomela con fuerza, tirando de su pelo, y Sofía se corrió por lo menos tres veces más antes de que yo eyaculara dentro de ella, gimiendo bien alto para anunciarlo a los cuatro vientos.

Y un rato más tarde, volvimos a follar en mi cama, misionero, Sofía me montó un rato, de medio lado, bocabajo, mamadas, 69, casi otra hora más… No podíamos parar. Le eché las últimas reservas que me quedaban en la boca y, por último, le comí el coño hasta que mi chica volvió a llegar al clímax.

¡Menuda tarde de sexo nos pegamos!

Ni se atrevió a despedirse de mi hermana y ya de noche, la acompañé de la mano hasta su casa y luego me volví solo. Al regresar, se me hizo tarde, Paula ya había cenado y me había dejado un plato de albóndigas en la encimera.

Cené solo y, cuando terminé, le piqué en su puerta.

―¿Sí?

―Oye, Paula, muchas gracias por la cena, me voy a la cama que estoy muerto… ―le dije asomándome a su habitación.

―Vale, yo me voy a quedar un rato estudiando…

―Bueno, eeeeh ―me quedé pensativo, y dudé si pedirle perdón por el espectáculo acústico que le habíamos brindado durante la tarde, pero al final no le dije nada.

No hacía falta.

Esa noche no escuché a Paula corriéndose, no sé si se masturbaría o no, porque en cuanto me metí en la cama, caí rendido. El finde había sido demasiado intenso.

Y ahora se avecinaba una nueva semana, que prometía muchas emociones. Ya tenía a Paula justo donde quería, pero mi hermana no es de las que ceden tan fácilmente y, un par de días más tarde, sin que me lo esperara, me devolvió el golpe…​

Casi que incluso me conformo con una Sofia en mi vida 🤣
 
Atrás
Top Abajo