La eternidad para nosotros

berserk37

Miembro muy activo
Desde
22 Jun 2023
Mensajes
943
Reputación
4,252
La eternidad para nosotros

Me llamo Duncan y me encontraba en St. Pancras International en Londres esperando al amor de mi vida Akemi, no lo decía por decir, puesto que llevábamos unos mil años juntos y seguía tan enamorado de ella como el primer día. Su belleza era incuestionable una belleza que se convirtió en imperecedera cuando cumplió veinticinco años y su poblado fue atacado perdiendo la vida en aquel ataque, pero como habréis podido deducir no murió si no despertó a la inmortalidad, en mi caso ocurrió algo parecido, pero yo contaba con veintiocho años cuando desperté a la inmortalidad.

Mientras yo me ganaba bien la vida como herrero, Akemi lo hacía como profesora de historia, teníamos dos profesiones que pasado unos años nos permitía desaparecer y empezar de nuevo en otro lugar donde nadie nos conociera con nuevas identidades. En esta ocasión Akemi había ido a un simposio sobre historia como habréis podido imaginar ser profesora de historia le iba como anillo al dedo a una mujer que había vivido durante los últimos mil años.

Había algo que ni mil años fueron capaces de cambiar y era la impuntualidad del amor de mi vida, cosa que me sacaba de mis casillas y a ella parecía divertirle, hace mucho tiempo empece a pensar que llegaba tarde deliberadamente para hacerme rabiar, el sonido de mi móvil hizo que volviera a la realidad.

- Lo siento cariño, me he entretenido, pero es por una buena causa–dijo Akemi con tono de disculpa.

- ¿Akemi me llamas desde el tren verdad?– pregunté desconfiado.

- Claro, tengo una sorpresa para ti–contesto Akemi–. Estoy segura de que te gustara.

Mi móvil empezó a vibrar señal de que me había llegado un mensaje, al abrirlo pude comprobar que era una fotografía de una espada ropera forjada en España por el 1540. Se conservaba en muy buenas condiciones apenas necesitaría más que una mínima restauración, Akemi sabía muy bien como ablandarme.

- Me conoces demasiado bien–dije–. Pero de verdad que agradezco el detalle.

- No es ningún detalle–contesto Akemi–. Es mi regalo por nuestro aniversario, cumplimos mil años juntos, no se te habrá olvidado, ¿verdad?

Claro que no se me había olvidado, Akemi era una enamorada del teatro y en pocas semanas se estrenaría una obra que le hacía mucha ilusión ir a verla, pero para cuando fue a comprar las entradas se habían agotado, por suerte para mí había conseguido dos entradas a cambio de restaurar una espada para un aristócrata inglés que con una llamada me consiguió dos entradas en las primeras filas del teatro.

La verdad que la restauración de aquella espada oxidada por el paso del tiempo y la dejadez valía bastante más que lo que me hubieran costado las entradas, pero ver la cara de felicidad de Akemi no tenía precio, al ser una videollamada pude ver como sus ojos se iluminaron y una preciosa sonrisa crecía en su rostro al abrir la fotografía que yo le había enviado para que la viera.

- Mujer de poca fe–dije–. ¿Mira que pensar que se me olvidaría nuestro aniversario?

- Hoy te voy a dejar seco–dijo Akemi mientras se relamía–. Llegaré sobre las doce, tomate un café calentito en la cafetería de la estación que hoy hace mucho frío.

Después de hablar durante un rato más donde me contó que tal le fue el simposio nos despedimos yendo yo a la cafetería a tomarme un cafecito con leche bien calentito que sería inmortal, pero el frío lo notaba como los demás. Mientras echaba el azúcar en la taza y le daba vueltas me vino a la mente como nos conocimos Akemi y yo, aunque habían pasado mil años lo recordaba como si fuera ayer.

Pertenecía a un clan guerrero de escocia, pero en lo que era bueno de verdad era en forjar espadas, empece a trabajar en la herrería del poblado desde muy jovencito forjando las espadas que llevarían a la batalla los valientes guerreros, no tarde mucho en superar a mi jefe que se pasaba más horas del día borracho que forjando armas, pero eso si a la hora de llevarse el mérito era el primero, yo forjaba y él se llevaba todas las alabanzas, un mundo lleno de justicia claro que sí.

La verdad es que no me quejaba, mi jefe siendo consciente de sus limitaciones y mi buen hacer me pagaba generosamente para que no dejara su forja así que se llevara todo el mérito era un mal menor mientras mi familia tuviera un techo y tres comidas calientes al día. Nuestro clan empezó a ganar notoriedad en los combates y eso hizo que otros clanes empezaran a contratarnos para luchar junto a ellos, hasta que llego aquella fatídica lucha donde todo mi clan y mi familia perecieron y yo desperté a la inmortalidad.

Nuestro clan vecino nos contrató para luchar contra otro clan contra el que llevaban luchando desde hace décadas, si llegara a preguntar como comenzó el conflicto estoy seguro de que ninguno de los dos mandos sería capaz de contestarme, pero hay estaban matándose en cada combate. Aquel clan había contratado a unos guerreros Mongoles dirigidos por un hombre enorme que desprendía un aura que me puso los pelos de punta. Mientras sus hombres llevaban unas armaduras ligeras creadas con placas de metal que los protegerían en combate él llevaba el torso al descubierto, su pecho estaba lleno de horrendas cicatrices dándole la imagen de ser un ser invencible.

Aquel ser porque empezaba a dudar que fuera humano hizo que su caballo diera algunos pasos, mirando al jefe de nuestro clan.

- Si nos entregas al herrero de vuestro pueblo perdonaré la vida a los demás–dijo el líder de los Mongoles.

El jefe de nuestro clan no era un hombre cobarde, pero igual que a mí algo le decía que no viviría para ver otro amanecer y decidió entregar a mi jefe, intente impedirlo, pero de un fuerte puñetazo en el estómago me dejaron claro que lo mejor que podía hacer era estarme calladito y no moverme de mi sitio. Cuando aquel hombre tuvo delante a mi jefe lo decapito sin mediar palabra, pero acto seguido empezó a blasfemar en un idioma que no conocía y mirabolanos como si lo hubiéramos engañado mando a sus hombres que nos masacraran sin piedad.

Lo dicho, no quedo nadie, a mí me mataron clavándome la espada en el estómago como dije guerrear no era mi fuerte, pero sabía usar una espada y esta vez no tuve ni tiempo de desenvainar antes de notar un dolor lacerante en el estómago mientras la estaba me pasaba de lado a lado. Mi vista empezó a nublarse mientras caía al suelo, ese debería haber sido mi último día, pero no fue así, no sé cuanto tiempo habría pasado, pero abrí los ojos mientras respiraba con fuerza.

Al incorporarme vi como dos personas extranjeras me miraban fijamente, yo era incapaz de digerir lo que estaba pasando se supone que había muerto, pero había vuelto a la vida, no soporte más y empece a gritar, uno de los extranjeros se acercó a mí y me callo de un tortazo.

- Gritar no te ayudará–dijo aquel hombre–. Ahora escucha y lo entenderás todo.

La mujer que iba con él me saco la espada de mí, estómago haciéndome mucho daño y una vez hecho eso me curo la herida tapándola con unas hiervas y un fuerte vendaje mientras el hombre me contaba que yo era parte de los inmortales, personas que habíamos nacido con el don de la vida eterna a no ser que nos decapitaran que era la única manera por la que nos podían matar, siendo inmunes a todo lo demás.

Como comprenderéis me empece a reír pensando que esos dos extranjeros estaban locos o peor, el loco era yo, pero la mujer cogiendo la espada que me había sacado a mí se la clavo en el pecho perforándose su propio corazón en el proceso, intente impedírselo, pero aquel hombre me detuvo con tan solo dos movimientos. Una vez aquella mujer cayó al suelo aparentemente muerta el hombre se sentó en frente de mí sin decir absolutamente nada.

No sé cuanto tiempo estuvimos así, pero casi me muero del susto cuando vi que aquella mujer que aparentemente estaba muerta despertó.

- Esto no puede ser real–dije–. Yo estaba muerto, ella estaba muerta y, sin embargo, seguimos vivos, ¡estamos malditos!

- Según se mire–contesto aquel hombre–. Para algunos la inmortalidad es una bendición, pero teniendo en cuenta quien es vuestro enemigo definitivamente podría considerarse una maldición.

- ¿Qué queréis de mí?–pregunte asustado.

- El líder de ese grupo de mongoles es inmortal como vosotros–contesto aquel hombre–. Su tribu lleva intentando destruir nuestro país desde que conoció la profecía.

- ¿Qué profecía?– pregunté.

- Que un miembro de la isla de Yamato (este era el nombre de Japón en la edad media) perpetraría su caída–contesto aquel hombre–. Por eso ha ido matando a todo guerrero que sobresaliera y a todo herrero que pudiera forjar una espada como esta.

Aquel hombre sacó una espada curvada de un solo filo que jamás había visto, pero que me pareció fascinante. Estaba tan afilada que teniéndola en tus manos parecía que serías capaz de cortar incluso una montaña en dos.

- ¿Qué queréis de mí?–pregunte–. Porque de no querer nada ya os hubierais marchado.

- Necesito que aprendas a forjar una katana como esta–dijo aquel hombre–. Eres el único herrero con vida con la destreza suficiente para hacerlo.

- Tu también eres herrero–conteste–. Lo sé únicamente con mirarte a las manos, ¿por qué no la forjas tú?

- Porque a diferencia de vosotros yo no soy inmortal–dijo aquel hombre–. Y Akemi necesitará un forjador que le forje la katana con la que acabara con ese monstruo y yo no dispongo de mucho más tiempo, como ves ya tengo una edad avanzada.

- ¿Ella es…?– pregunté.

- Así es, ella es la guerrera destinada a vencer a ese monstruo–contesto aquel hombre–. Pero necesitará de tu ayuda para conseguirlo.

- ¿Por qué la katana es más eficaz que nuestras espadas?–pregunte.

- Es por la geometría del filo–contesto aquel hombre–. La geometría de vuestros filos es más ancha, vuestras espadas cortan más por el golpe que por el filo, el filo de la katana corta con un simple movimiento.

- Entiendo–dije–. Estoy dispuesto a aprender.

Hiro (que así se llamaba ese hombre) me explico que aquel guerrero de Mongolia llevaba una armadura ligera en su cuerpo, pero la parte del cuello estaba reforzada y se lo cubría por completo. Viendo nuestro combate pudo comprobar como nuestras espadas lograban abollarlo, pero no conseguían penetrarlo y si no conseguíamos cortar su cuello, estaríamos perdidos.

Sin embargo, en Yamato uno de los guerreros fue capaz de infligirle una herida en el cuello con el filo de una katana, esta fue capaz de penetrar su protección, pero el golpe no fue lo suficientemente fuerte como para separar su cabeza del su cuerpo. Si la katana era tan efectiva aprendería su método de forjado, según empezó a explicármelo supe que no sería algo sencillo, pero al ser yo herrero tendría más facilidad para conseguirlo.

- Primer paso: Tamahagane

Todo comenzaba utilizando un horno de arcilla llamado Tatara, en él durante tres días se fundía una arena ferrosa con carbón vegetal, de esta manera se conseguía acero con distintos niveles de carbono.

-Segundo paso: Purificación y Plegado

El herrero selecciona los mejores trozos para calentarlos para martillearlos plegándolos repetidamente unas 15 a 16 veces.

Con este proceso se conseguía:

Eliminar impurezas, homogeneizar el carbono y crear el Hada.

- Tercer paso: Construcción del Núcleo

Las katanas no estaban hechas de un solo acero y se empleaba un diseño en sándwich para crearlas.

Kawagane (Acero duro)

Shigane (Acero blando)


- Cuarto paso: Recubrimiento de Arcilla y Temple (Yaki-ire)

Antes de templar la hoja se ponía un recubrimiento de arcilla, arena y polvo de carbón sobre la hoja, poniendo una capa gruesa sobre el lomo de la hoja y una capa fina sobre el filo.

Al sumergir la hoja bruscamente en el agua, el filo se enfría rápido adquiriendo una gran dureza y el lomo al enfriarse más lentamente adquiría flexibilidad, además que el choque térmico le daba esa curvatura natural a la hoja.

- Quinto paso: Acabado y Montaje

Se pule la hoja durante semanas con piedras de diferentes granos para revelar la belleza del acero y sacar el filo y por último se añaden la empuñadura (Tsuka), la guarda (Tsuba) y la funda (Saya) para completar el arma.

Tenía claro cuáles eran los pasos y como seguirlos al pie de la letra, empezaría a forjar mi primera katana y después veríamos los resultados, teniendo en cuenta que tardaría mas de 18 meses en fabricarla mas me valía que los resultados fueran buenos. Durante las mañanas Hiro y Akemi me sometieron a un infernal adiestramiento, tenia que aprender el arte de esgrima de Yamato para poder blandir la katana como era debido, de no hacerlo mi cabeza terminaría lejos de mi cuerpo, por las tardes me dedicaba a forjar mi primera katana.

Fueron dieciocho meses durísimos, como la tribu Mongola andaba por los alrededores nos teníamos que mover constantemente y casi no teníamos tiempo para descansar, por muy inmortal que fuera mi cuerpo sentía como el cansancio se iba acumulando día tras día.

- Estás haciendo una trabajo muy bueno–dijo Hiro–. Pronto tendrás la Katana terminada y veremos tus progresos en la herrería y tu destreza con la espada.

Puse una cara de susto que hizo reír a Akemi.

- Aunque te lo haya dicho con ese rostro que da miedo te está elogiando–dijo Akemi–. Te has tomado la forja y el adiestramiento muy en serio, has trabajado sin descanso y eso es algo muy importante para mi abuelo, has demostrado sacrificio y humildad.

- Si algunos de nuestros guerreros hubieran demostrado el sacrificio y la humildad que tu estás demostrando otro gallo nos hubiera cantado–dijo Hiro–. Veremos cuantos de mis golpes puede soportar la katana que estás creando.

¿Cómo que cuantos golpes?, me estaba diciendo que sabía que mi katana se rompería con unos cuantos golpes, de ocurrir eso demostraría lo verde que estaba en este estilo de forja, pero su mirada me indicaba lo mucho que confiaba en mí y se lo recompensaría creando una katana sin igual. Por fin el año y medio paso y tuve la katana lista, mi destreza con el estilo de esgrima de Yamato todavía no estaba a la altura de mis dos maestros así que seria Akemi quien pondría a prueba mi creación.

Akemi cogió la katana y pude ver como sonreía y se le iluminaban los ojos cuando la desenvaino y pudo ver la hoja brillar con los primeros rayos del sol. Después miro a su abuelo, envaino la katana y se colocó en una postura de ataque. Su movimiento fue tan rápido que no vi nada hasta que las dos katanas chocaron sacando chispas, para mi alegría había aguantado el primer golpe y menudo golpe.

Akemi era una mujer de un metro sesenta centímetros y aunque tenia el cuerpo fibrado su abuelo era mas alto y mas corpulento, pero la violencia del choque de espadas demostró que los dos le imprimieron una fuerza casi similar aunque su abuelo demostró tener mas fuerza. Eso no fue una desventaja para Akemi que utilizo la fuerza que su abuelo imprimió al golpe en su contra aflojando la fuerza de su brazo, haciendo que su abuelo perdiera el equilibrio cayendo hacia adelante.

Como Akemi aflojo la fuerza de su brazo eso le permitió poder hacer un contraataque contra su abuelo que de darle de lleno lo mataría, en ese momento me preocupe porque veía que Akemi no aflojaría el golpe, pero dicen que el diablo sabe mas por viejo que por diablo. Hiro conociendo muy

bien la maniobra de su nieta apoyo uno de sus pies en el suelo hacinado fuerza recuperando la verticalidad y de esa manera pudo bloquear el golpe haciendo que saltaran chispas cuando los dos filos se tocaron. Dos golpes y mi katana seguía con vida. Seguía el combate con suma atención y no podía cerrar la boca de lo asombrado que estaba, intuía que los dos era muy buenos, pero estaba siendo testigo de un combate que me tenia los pelos de punta y mi corazón latía desbocado por la emoción.

Algo me quedo claro si Hiro y Akemi hubieran atacado a mi clan nos hubieran matado a todos, no tenia ninguna duda de ello, los dos eran buenos, pero a Hiro se le empezaba a notar su avanzada edad, sus movimientos eran cada vez mas lentos y sus reflejos también, cuando llevaban unos diez golpes de espada Hiro resbalo y Akemi paro la estocada a escasos milímetros de su abuelo mientras miraba la hoja.

- El combate ha terminado–dijo Akemi–. Has ganado abuelo.

- ¿Cómo que ha ganado?–pregunte.

- Mira la hoja de mi katana, tiene una grieta en el filo–contesto Akemi–. De seguir el combate la hoja se rompería dejándome a su merced.

- Pero si le ibas a dar el golpe de gracia al cuello–dije–. Era imposible que tu abuelo esquivara eso.

- ¿Eso crees?–pregunto Akemi–. Mira con mas atención.

Hiro había sacado una espada corta llamada Kodachi con la que consiguió detener el golpe de Akemi y había mellado el filo de mi katana, entonces Hiro se levantó y me miro.

- No está mal, tu primera katana ha aguantado diez golpes–dijo Hiro–. Sabía que no me defraudarías, la siguiente será mejor y así hasta que creés la mejor de las katanas.

- Ya, pero para entonces tu...–conteste.

- No estés triste–dijo Hiro–. Ya he hecho mi trabajo, has aprendido a forjar katanas ahora depende de ti pulir tu destreza hasta llegar a la perfección, da igual si muero, sé que lo conseguirás.

Akemi e Hiro estaban en otra liga, ni siendo inmortal conseguiría llegar a su altura.

- Deja de darle vueltas–dijo Akemi–. Si sigues tomándotelo tan en serio como hasta ahora para cuando te des cuenta podrás plantarme cara en un combate.

Akemi me abrazo y pude notar como sus pechos se clavaban en el mío, no eran muy grandes, pero si estaban duros y podía notar unos pezones duros y grandes. No pude evitar tener una erección que disimule lo mejor que pude, porque si Hiro nos veía en esta tesitura era capaz de cortarme por la mitad y no sé yo si mi inmortalidad sería capaz de revertir esa situación.

Día tras día mi relación con Akemi se fue estrechando cada vez mas y eso no le hacía gracia a Hiro que cada vez nos miraba con un semblante mas serio.

- ¿Hiro tanto te molesta que Akemi y yo nos llevemos bien?–pregunte–. Entiendo que somos de países distintos y tal vez en vuestra cultura este mal visto.

- ¡Que dices de cultura!–contesto un cabreado Hiro–. ¡Me preocupa que os enamoréis y no por lo que piensas, el amor hará que perdáis la concentración y eso os costara la vida!

Hiro no estaba en contra de nuestra relación por ser de continentes distintos, sino porque temía que al enamorarnos descuidáramos nuestro adiestramiento. Es verdad que nuestro enemigo solo pensaba en el poder que ganaría al cortarnos la cabeza, ¿pero qué tenia de malo sentir amor por otra persona?, pare mis pensamientos en seco, era la primera vez que pensaba en Akami en ese sentido y me había salido de forma natural y me gusto mucho pensar en ello.

Aquella noche partimos del poblado donde estábamos, teníamos que movernos constantemente para que la tribu Mongola no nos alcanzara, según Hiro mis espadas cada vez eran mas perfectas, pero de momento estaban lejos de serlo y Akemi todavía no había dominado el estilo de esgrima de su familia y sin tener todo ese poder no podría ganar a aquel guerrero inmortal que nos acechaba.

Andamos durante varias horas, hacia un poblado que había en las montañas, sus habitantes marcharon contra la tribu Mongola y perecieron hasta el último de ellos lo que hacía especial a aquel poblado era que sus herreros hacían una de los mejores aceros de toda Escocia y tenían fama de tener la mejor forja del continente, a mí me vendría bien, porque sería mas fácil adecuar esa forja al estilo de forja de Yamato que tener que construir una desde cero como la última vez.

Sería media noche cuando llegamos, una vez estuve delante de aquella magnífica forja estuve a puntito de echarme a llorar era enorme y estaba bien servida de herramientas y carbón con el que hacer el mejor acero para las katanas que vencerían a aquel monstruo. Durante todo el viaje no abrí la boca pensando en que de verdad me había enamorado de Akemi, todo esto era nuevo para mí jamás había sentido nada igual y tenia miedo.

Cerca del poblado había un pequeño lago y me fui para allí, necesitaba estar solo para meditar con calma, tan absorto estaba en mis pensamientos que no sentí como Akemi se acercaba a mí, si llega a ser el enemigo me hubieran cortado la cabeza sin esfuerzo.

- ¡Menudo susto me has dado Akemi!–dije.

- Lo siento–contesto Akemi–. No era mi intención.

- Llevas toda la noche muy callada–dije–. ¿Estás enfadada por algo?

- Mi abuelo–contesto Akemi–. Me ha dado un discurso que me ha cabreado.

- Te ha dicho que nos dejemos a amoríos que eso puede desconcentrarnos y costarnos la vida, ¿verdad?–dije–. A mí me ha soltado el mismo discurso.

- Sabes Duncan, no he sido feliz ni una vez en toda mi vida–dijo Akemi–. En mi aldea todos sabían que era inmortal y todos huían de mí como si estuviera maldita.

- ¿Y tu abuelo?– pregunté–. ¿Qué opinaba de eso?

- Mi abuelo no es muy cariñoso como habrás podido comprobar–contesto Akemi–. A él solo le preocupa que sobreviva y cuando llegue el momento venza a ese monstruo, lo demás le sobra en mi vida.

- Joder y yo me quejaba de mi vida–dije–. Yo por lo menos tenia unos padres y una hermana que me querían.

- ¿No tenias una esposa?–pregunto Akemi.

- Las mujeres de mi poblado no hacían cola para emparejarse con el herrero–conteste–. Ellas preferían a los fuertes guerreros.

- Pues ellas se lo perdieron–dijo Akemi–. A mí me pareces un hombre muy atractivo.

Me puse rojo como un tomate después de escuchar esas palabras de Akemi mientras temblada viendo como sus labios se acercaban a los míos inexorablemente, lo único que pude hacer fue cerrar los ojos y esperar a que Akemi me besara. Fue una sensación muy agradable, pero lo fue mucho mas cuando después de besarnos durante un rato Akemi dio dos pasos atrás y empezó a desnudarse hasta que me mostró su cuerpo desnudo, era perfecta.

Aunque tenia musculatura debido al adiestramiento con la espada no perdía ni un ápice de feminidad y me resultaba imposible dejar de mirar ese cuerpo que tenia delante, era el primer cuerpo desnudo que veía y menudo cuerpo. Me costó un rato salir de mi sopor, no fue hasta escuchar la preciosa risa de Akemi que empece a quitarme yo mi ropa, la verdad es que estaba entre avergonzado y preocupado, ¿qué haría si mi cuerpo no le gustaba?

No paso nada de eso, miro mi desnudo cuerpo con mucha atención mientras se mordía el labio inferior de una manera que me estaba poniendo cardiaco, mi instinto me gritaba que me tapara, pero no lo hice y fue un acierto.

- Nací como un arma y lo acepto–dijo Akemi–. Pero también quiero ser feliz.

Después de decirme eso me beso, llevando mi mano a su sexo, que estaba caliente y muy húmedo, en cuanto sintió mi contacto emperezo a jadear. Mientras su otra mano se cerraba al rededor de mi sexo proporcionándome un placer que jamás había sentido y que me estaba gustando muchísimo. Akemi fue tirando de mí hasta que se sentó sobre una roca abriendo las piernas y enseñándome su coñito en todo su esplendor, la verdad que no sabía lo que tenia que hacer así que decidí guiarme por mi instinto y lo primero que hice fue acercar mi nariz a ese frondoso coñito, el olor me embriago y para cuando me di cuenta tenia mi lengua lamiendo su coñito entre los gemidos que Akemi intentaba silenciar mordiéndose la mano.

Después de estar un rato degustando su sexo al que el sabor me había gustado mucho observe como el cuerpo de Akemi empezaba a convulsionar y un líquido empezó a salir mojándome toda la cara, me quede quieto, Akemi parecía catatónica y me asuste pensando que le había pasado algo, en ese momento ni me acordaba que los dos éramos inmortales. Fue ella la que me tranquilizo una vez recupero la respiración y se levantó besándome con mucha intensidad mientras rebañaba sus propios jugos de mi cara con la lengua.

Al separarnos vi que Akemi también estaba roja como un tomate, pero también vi como una preciosa sonrisa empezó a dibujarse en su precioso rostro. Cogiendo mi herramienta con la mano me llevo hasta la misma piedra donde había estado ella hace pocos minutos sentándome sobre ella. Abrí las piernas para dejarle acceso, entonces vi como Akemi iba acercando su boca a mi polla hasta que empezó a pasar su lengua por la punta. Jamás en mi vida había sentido nada igual. Después de un rato se metió mi polla en su boca empezando a succionar con una intensidad que creí que me succionaría hasta la vida, tenia distintas emociones, pero todas ellas muy buenas y llegado un punto empece a sentir un placer que recorría toda mi espalda y de mi polla empezó a salir un líquido blanco y espeso que mancho el rostro de Akemi.

La verdad es que salió mucha cantidad dejándonos a los dos atónitos, pero eso, duro hasta que estallamos en una carcajada, decidimos meternos en el lago para limpiarnos un poco mientras nos frotábamos el uno al otro, Akemi pego un saltito cruzando sus piernas por mi cintura y de un movimiento ayudada de su mano inserto mi polla dentro de su coñito, note cierta resistencia y después de un rato de incomodidad para Akemi lo que impedía mi paso cedió dejándome entrar dentro de esa cueva caliente y húmeda que apretaban mi polla dándome un placer indescriptible, después Akemi me contaría que ella perdió su virginidad en ese momento a la vez que yo también lo hice.

Pose mis manos sobre su precioso culo levantándola y bajándola en un ritmo torpe, nadie nace sabiendo, pero nuestro instinto era fuerte y dejándonos llevar por él empezamos a acompasar nuestros movimientos, por desgracia no duramos mucho ninguno de los dos, pero esta experiencia nos sirvió para demostrarnos el amor que sentíamos el uno por el otro, un sentimiento que hasta ese momento nos era ajeno.

Volvimos al poblado con una expresión de no haber roto un plato, pero como dije Hiro sabía mas por viejo que por diablo y empezó a negar con la cabeza, mientras se daba media vuelta y se metía en una de las chozas refunfuñando algo en su idioma que por suerte no entendí. Akemi espero hasta que su abuelo se metiera en la choza para empezar a reírse. A Hiro no le quedo mas remedio que aceptar que no amábamos, su entrenamiento se intensificó, si no le íbamos a hacer caso con lo de dejar los enamoramientos a un lado teníamos que estar lo mejor preparados posible para cuando llegara la hora y tuviéramos que luchar contra ese monstruo.

Ya había pasado medio año, meses atrás hablé con Hiro para decirle que seguiría con mi entrenamiento en esgrima, pero que mi prioridad era la herrería, que eso era lo que de verdad mas me gustaba.

-Eso lo sé desde el principio–dijo Hiro–. Pero necesitabas aprender el estilo de esgrima para poder mantenerte con vida, Akemi no vencerá a ese monstruo sola, no solo te necesita como herrero, sino también como guerrero.

- Vamos a ser serios–conteste–. Jamás llegaré a ser tan bueno como Akemi, no sé si seré mas un estorbo que otra cosa.

- No te subestimes–dijo Hiro–. Akemi lleva prácticamente toda su vida adiestrándose, tu únicamente llevas unos años y ya eres capaz de entablar un combate con nosotros.

- Bueno, combate lo que se dice un combate no es–conteste–. No os he ganado ni una sola vez.

- No se trata de vencer–dijo Hiro–. Si no de sobrevivir, necesitas manejar bien la espada para no romperle el corazón a mi nieta.

- Hiro yo...–conteste.

- ¡No me hicisteis caso ninguno de los dos!–dijo Hiro enfadado–. No fuiste capaz de renunciar a ella, pero tienes que ser capaz de sobrevivir por ella y a Akemi le toca exactamente lo mismo respecto a ti.

- Entendido–conteste.

- Duncan a mí no me queda mucho–dijo Hiro–. Tenéis que estar lo mejor preparado posible para cuando ese momento llegue y es mi responsabilidad llevarlo a cabo.

Durante el siguiente año seguí creando tres katanas y otras tres kodachis, me pasaba las mañanas forjando y las tardes entrenando, Akemi entrenada durante la mañana y tarde. Su velocidad, reflejos y agilidad iban aumentando día tras día, pero el problema que Akemi respecto a ese monstruo era que su fuerza era muy superior a la de ella, por eso a Akemi no le quedaba otro remedio que dominar una técnica de combate cuyo nombre era “Raijin”, en honor al dios del trueno y del relámpago.

Esa técnica le confería una gran velocidad, pero necesitaba reforzar sus músculos para que estos no colapsaran dejando vendida a Akemi en frente de su adversario. Todas las noches Akemi solía ir al lago para bañarse y relajar sus músculos después de todo un día de entrenamiento junto a su abuelo, sé que diréis que parezco un mirón, pero el cuerpo de Akemi se veía precioso bañado con la luz de la luna.

Sabía que ella había detectado mi presencia y lo sabía por la sonrisa que se dibujaba en su rostro y el color rojo que adquirían sus mejillas.

- Te gusta verme desnuda, ¿verdad?–pregunto Akemi.

- No es lo que crees, bueno si en parte–conteste–. La verdad es que el reflejo de la luz de la luna en tu cuerpo hace que se vea precioso.

Akemi se ruborizó, entonces acerque mis labios a los suyos y la bese reaccionando Akemi al instante devolviéndome el beso hasta que alguien carraspeo a nuestra espalda, era Hiro, estaba realmente cabreado, yo me quede bloqueado, pero Akemi monto en cólera.

- ¡Abuelo!–dijo Akemi–. ¡Ni Duncan, ni yo hemos desatendido nuestras obligaciones por muy enamorados que estemos!

- Akemi si no quería que os enamorarais no era solo porque eso puede distraeros de vuestro entrenamiento–contesto Hiro–. ¿Sabes por qué los inmortales no pueden tener hijos?

- ¿No podemos tener hijos?–pregunto Akemi con un rostro repleto de tristeza.

- No podéis, lo descubrí cuando investigue todo lo que había escrito sobre la inmortalidad–contesto Hiro–. Creo que la naturaleza tuvo un gesto de misericordia con vosotros.

Akemi se levantó de su asiento como si este tuviera un resorte, tuve que sujetarla del cabreo que se cogió, a mí también me sentaron mal las palabras de Hiro, de verdad que se estaba pasando y mucho.

- Estáis malinterpretando mis palabras–dijo Hiro–. Imaginaos que vuestro hijo no fuera inmortal, tendríais que ver como envejecería y moriría con el tiempo, la naturaleza con ese gesto os ha evitado ese dolor y os aseguro que es uno de los dolores mas duros que un ser humano tiene que sufrir, lo experimente en mis propias carnes cuando tus padres murieron.

Akemi viendo como a su abuelo le empezaron a caer lágrimas por el rostro se levantó y lo abrazo, siendo ese abrazo correspondido por Hiro. Llegue a pensar que ese hombre no había conocido la palabra cariño, pero simplemente era duro como el pedernal y frío como un glacial por nuestro bien.

- Abuelo perdóname–dijo Akemi–. Como dices he malinterpretado tus palabras y lo siento, no quería hacerte recordar la muerte de mis padres.
- Sé que tus padres al igual que nuestra aldea no fueron justos contigo–contesto Hiro–. Pero aunque te querían el miedo a que hubieras estado maldecida fue superior al cariño.

- En tu caso no fue así–dijo Akemi con resentimiento.

- Sabes que te vi peleando con ese monstruo en mis sueños–contesto Hiro–. Así que para mí creer que tu inmortalidad era un don en vez de una maldición fue mas sencillo.

Se volvieron a abrazar y cuando rompieron el abrazo Hiro volvió a ser la persona fría y dura de siempre, pero después de esa noche Akemi y yo pudimos empezar una relación esta vez con el beneplácito de su abuelo. Para Akemi eso fue muy importante y se lo note en la sonrisa de oreja a oreja que llevaba todo el día, incluso después de unos de los entrenamientos de su abuelo.

Todo cambio una de esas noches en la que fuimos al lago a dar rienda suelta a nuestro amor, una vez terminamos nos quedamos un rato en el agua hacía buena temperatura y decidimos quedarnos allí refrescándonos un rato y borrando las pruebas del crimen, que por mucho que nos hubiera dado su bendición no era plan de restregárselo por la cara. No sé cuanto tiempo llevaríamos cuando vimos como un humo negro saliendo de donde estaba el poblado, salimos corriendo del agua y después de vestirnos corrimos hasta allí.

Al llegar vimos como aquel monstruo cuyo nombre era Ganbaatar tenia a Hiro ensartado con su espada y levantado sobre su cabeza mientras Hiro gritaba de dolor. Mire a Akemi, temí que se lanzara a lo loco contra aquel mongol gigantesco, pero aunque los ojos de Akemi destilaban odio no se dejó llevar por este y cogiendo su katana y su kodachi se puso en frente de Ganbaatar que la miraba con una sonrisa maliciosa.

- Como tardabais en llegar–dijo Ganbaatar–. He tenido que pasar el rato con tu abuelo, la verdad es que su destreza con la espada es sobresaliente, lástima que la edad no lo acompañe.

Empezó a reírse con toda la intención de hacer saltar a Akemi, pero ella no se dejaba arrastras a donde Ganbaatar quería llevarla. Viendo esto Ganbaatar lanzo por los aires a Hiro haciendo que este se estrellara contra un árbol agravando la herida que le había hecho con su espada. Akemi y yo corrimos hasta llegar a él, cuando Akemi apoyo el cuerpo de su abuelo contra el árbol y vio la gravedad de su herida no pudo evitar empezar a llorar, entonces miro fijamente a Ganbaatar y después me miro a mí.

- Duncan quédate al lado del abuelo–dijo Akemi–. No permitas que nadie se la acerque.

- ¿Y qué piensas hacer tu?–pregunte.

- Acabar con esto–contesto Akemi–. Quiero que el abuelo vea como separo la cabeza de ese monstruo de sus hombros antes de que muera.

No intente detenerla era inútil, Akemi cogiendo su katana y su kodachi se las puso en el cinto en el lado izquierdo de su cintura caminando hacia donde estaba Ganbaatar esperando con impaciencia. Para nuestra desgracia empezó a llover con mucha fuerza haciendo que el suelo se convirtiera en un lodazal, las técnicas de Akemi necesitaban tener un buen apoyo del pie y en ese suelo sería mucho mas complicado.

Una vez se situó en posición de ataque, Akemi agarro la vaina con la izquierda y la empuñadura de su katana con la derecha, el ataque fue tan rápido que para cuando Ganbaatar se dio cuanta de lo que había ocurrido Akemi casi había cortado su cuerpo en dos. Muchos pensarán el porqué no ataco directamente al cuello, pero para ser sinceros era la parte que siempre tenia protegida Ganbaatar, tanto con su espada como con la armadura, por lo cual Akemi opto por atacar primero al cuerpo para acto seguido atacar al cuello, pero el suelo estaba demasiado resbaladizo haciendo que el pie de apoyo de Akemi resbalara cayendo al suelo. Viendo esto Ganbaatar ataco raudo el cuello de Akemi desde arriba previendo las intenciones de nuestro enemigo me adelanté parando su estocada con mi katana, pero este le imprimió tanta fuerza que mi katana se rompió en mil pedazos dejándome a merced de su espadazo que penetro desde el hombro hasta medio pulmón.

Me tenia a su merced y sin poder hacer nada para evitar lo que iba a ocurrir, con el siguiente golpe me cortaría el cuello, estaba a punto de morir y no me arrepentía de haber entregado mi inmortalidad por la mujer que amaba. Cerré los ojos esperando lo inevitable cuando escuche como dos metales se golpeaban con violencia y al abrir los ojos ahí estaba Akemi, delante de mí sujetando la katana que tenia la hoja mirando al suelo con la mano derecha mientras la empuñadura se posaba en su antebrazo izquierdo para poder blocar el poderoso golpe que Ganbaatar había lanzado con toda la intención de cortarme la cabeza.

Con mucho esfuerzo, pero Akemi había conseguido detener ese golpe de espada, pero la presión estaba siendo monstruosa sobre la hoja y esta termino cediendo rompiéndose en pedazos, dando como resultado que la hoja de la espada de ese monstruo terminara clavándose en el costado de Akemi que acuso el golpe hincando la rodilla. Ganbaatar viéndose ganador levanto los brazos en gesto de victoria desentendiéndose del combate y ese fue un gran error que estuvo a punto de pagar muy caro.

Akemi uso la hoja de mi catana rota para tener un punto de apoyo sólido y desenvainando su kodachi lanzo un golpe rápido y preciso al cuello de Ganbaatar que por primera vez estaba desprotegido. El filo de la kodachi corto la armadura como si fuera mantequilla y se puso a hacer lo propio con el cuello de nuestro adversario, pero teniendo en cuenta su tamaño y la musculatura de este la hoja de la kodachi resulto insuficiente al no tener el mismo peso y longitud que la katana que Ganbaatar había roto momentos antes.

Fue un corte profundo, pero insuficiente para separar su cabeza de sus hombros, por primera vez vimos miedo en los ojos de aquel gigantesco mongol ya no parecía tan invencible, pero estábamos demasiado heridos como para terminar la lucha y mas cuando tendríamos que vencer a todos sus hombres. La verdad es que estábamos en un aprieto, pero la suerte nos sonrió, contra todo pronóstico Ganbaatar grito a todos sus hombres que se retiraran y él hizo lo propio mientras nos miraba a los dos, una mirada llena de miedo, pero también de rencor.

Estuvimos un rato en la misma postura hasta que nuestras heridas empezaron a sanarse, si seguíamos poniendo a prueba nuestra inmortalidad de esa manera terminaríamos por desgastarla, cuando las heridas se cerraron nos acercamos a donde Hiro que había fallecido, pero con una gran sonrisa en el rostro, yo, sin embargo, no estaba satisfecho, las dos katanas que había forjado no habían estado a la altura.

Cogiendo uno de los trozos en mi mano lo apreté hasta que empece a sangrar copiosamente, Akemi puso su mano sobre la mía mirándome fijamente.

- Mi abuelo tardo muchos años en forjar una katana que no se rompiera–dijo Akemi–. Además, veo en tus ojos que sabes el porqué y lo mas importante sabes como arreglarlo.

- El templado del filo era correcto, pero no el del lomo, mientras que el filo tiene que ser muy duro, el lomo tiene que ser flexible para poder soportar los golpes sin romperse–conteste–. A la hora de forjar el equilibrio entre dureza y tenacidad no estaba compensado, eso no volverá a pasar.

Akemi poso su mano sobre mi rostro y me beso los labios con suavidad, después cavamos una tumba para Hiro dándole sepultura usando los ritos funerarios de la aldea de Akemi, no solté la mano de una hundida Akemi que no podía dejar de llorar, Hiro era un hombre duro y frío, pero fue el único miembro de su familia que se preocupó por ella y le mostró cariño, a su manera, pero cariño al fin y al cabo.

Los altavoces del aeropuerto me volvieron a traer al presente, el avión de Akemi estaba a punto de aterrizar, apure el café que se había quedado frío y me dirigí a recogerla. Los pasajeros del vuelo donde venía Akemi empezaron a aparecer, mi novia como de costumbre apareció la última con una parsimonia que sacaría de quicio a cualquiera, pero después de mil años a su lado ya estaba mas que acostumbrado, lo primero que hizo al tenerme delante fue echarme los brazos al cuello y besarme con tal intensidad que casi me absorbe hasta la vida.

- Así es imposible enfadarse contigo–dije sonriendo.

- He perdido el anterior vuelo por una buena razón–contesto Akemi.

- Has dado con él, ¿verdad?– pregunté–. Han pasado casi mil años desde que casi consigues cortarle la cabeza, si ha dado señales de vida es porque ya está preparado para la confrontación final.

- Me intercepto dentro de una iglesia a la que había entrado para admirar su arquitectura–dijo Akemi–. Si hace mil años era gigantesco ni te imaginas como esta ahora.

- Tal vez eso juegue a nuestro favor–conteste–. Contra mas grande mas pesado y eso ralentizará sus movimientos.

- Así es–dijo Akemi–. Pero hay un problema.

Akemi me cogió del brazo llevándome otra vez a la cafetería donde había estado durante las últimas dos horas, pidió dos cafés con leche y me empezó a contar que noto como alguien se acercaba a ella y se puso en guardia, pero al ser tierra sagrada no podían luchar, era una ley ancestral que ningún inmortal había roto jamás, pero veía a Ganbaatar muy capaz de hacerlo, pero para su sorpresa se sentó en uno de los bancos con toda la tranquilidad del mundo.

El gigantesco Mongol le relato como había acabado con los restantes inmortales y como ninguno de ellos estuvo a su altura. Akemi fue la única que estuvo a punto de decapitarlo, que hasta ese momento jamás había sentido terror en su vida y era un sentimiento que no quería volver a sentir, para eso tanto ella como yo deviamos morir.

Akemi pudo fijarse en la cicatriz que su estocada había dejado en su cuello, como el cuello era nuestro único punto débil las heridas no terminaban de cicatrizar correctamente y a Ganbaatar se le notaban los puntos rudimentarios que le dieron para que la herida pudiera cerrarse, acto seguido empezó a relatarle lo mucho que disfruto desviviendo Hiro y lo mucho que lamento que ella no estuviera allí para poder ver su expresión mientras su espada lo empalaba de lado a lado.

Akemi viendo que no era mas que una burda provocación sonrió y le dijo que la siguiente vez no fallaría en cortarle la cabeza. Ganbaatar comenzó a reírse diciéndola que nos había dejado para el final para que ella pudiera ser testigo de como exhalaba mi último aliento viendo que como guerrero no era mas que un inútil a diferencia de ella que demostró una destreza capaz de cortarle la cabeza.

Después se levantó riéndose y diciendo que pronto nos veríamos y tendríamos nuestro combate final.

- No se equivoca con lo de que soy un inútil con una espada en la mano–dije–. Pero no se puede decir lo mismo de mi destreza dentro de una forja, hablando de eso tengo una sorpresa para ti.

- Dos regalos, no eta nada mal–contesto Akemi–. Menos mal, porque después del regalado que te he traído yo.

Akemi no podía parar de reír, la verdad es que me gustaba verla así, llevábamos mil años juntos y nunca me cansaba, no me equivocaba si decía que cada día que pasaba estaba mas enamorado de ella.

- Una cosa es el regalo de aniversario que tengo para ti y otra muy distinta la sorpresa que he forjado para ti.

Después de escuchar eso a Akemi se le iluminaron los ojos y una expresión de sorpresa y mucho orgullo empezó a aparecer en su rostro.

- No me digas que al final as conseguido forjarla–dijo Akemi.

- No lo sé–conteste–. Juzgarlo tu misma cuando la veas.

El arma que había forjado era un Urumi, una espada con una hoja larga y flexible que se podía usar como si fuera un látigo, era un arma que fue creada por los forjadores en Hindustan, nombre por la que se conocía a la India en la antigüedad, Hiro con la intención de mejorar su destreza como forjador de espadas viajo por todo el mundo aprendiendo las distintas forjas y al llegar a Hindustan se quedó maravillado por el arma que habían creado allí.

Quiso que el forjador de aquella maravilla le contara cuál era el secreto para poder forjar una hoja tan flexible, pero se negó en redondo y a Hiro no le quedo mas remedio que volverse autodidacta. Por aquel entonces no había tanta información como hay hoy en día, internet y las bibliotecas ayudan mucho, pero por aquel entonces había muy poco información e Hiro no fue capaz de forjar ninguno espada Urumi de calidad.

Tengo que decir que aun habiendo conseguido el secreto de forjado no me resulto nada fácil forjar una hoja tan flexible que no se rompiera en un par de movimientos, he tardado décadas en conseguirlo y lo he hecho en secreto con la intención de darle una sorpresa a Akemi. Hiro no fue capaz de crear la espada, pero sí que fue capaz de crear un estilo de esgrima diferente al que usaban en Hindustan, en el estilo de Hiro se utilizaba el giro de muñeca para cambiar la dirección de la hoja haciendo que eta fuera imprevisible y alcanzara al enemigo al estar este desprevenido.

Akemi que después de descubrir esto se moría de ganas de verla apuro el café y nos pusimos en marcha hacia nuestra casa que se encontraba a las afueras de Londres, una bonita casa con la forja pegada a ella. Dentro de esta se encontraba expuesta la espada Urumi, a su lado se encontraba una especie de coraza de cuero que se colocaba en la cintura llegando hasta la parte de arriba del estómago, una vez colocado la espada Urumi se enrollaba sobre ella pudiendo llevarla debajo de la ropa sin que nadie se diera cuenta.

Para que fuera factible la espada no llevaba guarda y la empuñadura era mas fina, a Akemi le brillaban los ojos al verla, se acercó a ella y la cogió con sumo cuidado como si le diera miedo romperla. Sabiendo que la querría probarla coloque varias ramas de bambú recubiertas con lino que utilizaba para probar los filos de los cuchillos y espadas que había ido forjando durante los últimos mil años. Akemi cogió la empuñadura del Urumi con firmeza y empezó a hacer movimientos con los que la hoja de la espada se movía a su alrededor, pero sin tocarla, entonces de un rápido movimiento de muñeca dirigió la hoja hacia una de las ramas cortándola con suma felicidad. Después dio dos pasos hacia delante y empezó a mover la espada como si fuera un látigo hasta que alcanzo la velocidad deseada, una vez fijo los puntos que quería atacar todo paso muy rápido, todas las ramas restantes estaban cortadas y había sido todo tan rápido que no fui capaz de verlo.

- Eres un genio Duncan–dijo Akemi–. ¿cómo has conseguido que el filo tenga tanta flexibilidad?

- Bueno, Todo radica en la hoja que al ser tan fina se vuelve muy flexible, el filo se templa de la misma manera solo que es mucho mas complicado debido a la largura de la hoja y pasa lo mismo con el revenido que es lo que le otorga la tenacidad a la hoja sin sacrificar la flexibilidad–conteste–. No ha sido nada fácil y veo que ya la tienes dominada.

- No te creas–dijo Akemi–. Por muy delgada que sea la hoja sigue pesando mas que un látigo y me tengo que acostumbrar a ese peso extra, pero únicamente es cuestión de práctica.

- Bueno como veo que esta sorpresa te ha gustado mucho veamos que te parece la siguiente–conteste.

De mi cazadora de cuero saque un sobre que coloque sobre sus temblorosas manos, parecía mentira que esas manos hubieran empuñado la Urumi hace escasos segundos con tal destreza. Una vez tuvo el sobre abierto y pudo ver las entradas de la función de teatro que tanto deseaba ver que no pudo aguantar el llanto, entregándome el sobre para no mojar las entradas con sus lágrimas mientras se llevaba las manos al rostro.

- Ya me había hecho a la idea de que no la podría ver al estar las entradas agotadas hacía mucho–dijo Akemi–. Menuda sorpresa me has dado, esta noche ya te puedes preparar.

Esa última frase me la soltó con un brillo en los ojos que me dio miedo, menos mal que era inmortal porque tenia la sensación de no serlo no pasaría de esa noche, no pude evitar echarme a reír contagiando a una Akemi que estaba sobrepasada por la emoción. Una vez se tranquilizó me hizo entrega de mi regalo, espada ropera forjada en España por el 1540.

Los españoles tenían fama de forjar un acero de muchísima calidad siendo uno de los mejores del mundo, había estado en Toledo en alguna ocasión, pero ningún herrero quiso compartir conmigo el secreto de este buenísimo acero así que esperaba que estudiando esta espada podría desvelarlo e implementarlo en mi forja.

Las entradas del teatro eran para esa noche, Akemi se preparó a conciencia se puso un vestido noche negro con la espalda al aire sin sujetador, estaba realmente preciosa, yo me puse un traje, pero sin corbata, era una prenda que odiaba profundamente y no me la ponía si no era estrictamente necesario. Cogí las entradas guardándomelas en el bolsillo interior de mi chaqueta y besé al amor de mi vida que con ese vestido estaba realmente arrebatadora.

Si fuera por mí le hubiera arrancado el vestido en ese mismo instante y le hubiera demostrado lo mucho que la amaba, pero como Akemi amaba tanto el teatro tendría que guardarme las ganas para mas tarde. Al mirar el móvil pude ver que tenia un mensaje de Angus, él era mi mejor amigo y el hombre que me conseguía el polvo de hierro con el que forjaba mis cuchillos y espadas.

Angus era el descendiente del mismo hombre que me conseguía el hierro con el que forjaba las espadas que usaban los guerreros de mi clan y también fue mi mejor amigo, Angus era su viva imagen, es como si mi amigo hubiera sido inmortal y se lo hubiera tenido callado todos estos siglos, de no ser porque Angus era bastante mas alto que su antepasado podría haber sido perfectamente, me decía que él no podría traerme el polvo de hierro, puesto que le había surgido algo de última hora, pero que Lisa se encargaría de traérmelo a la hora que habíamos acordado. Lisa era la hija de Angus, su madre se marchó al poco de nacer ella y fue su padre quien tuvo que criarla, la verdad es que no lo hizo nada mal teniendo en cuenta que la hija es mucho mas responsable que el padre.

Le contesté que sin ningún problema, una vez hecho este quite el sonido al móvil y bese a Akemi con sumo cariño y después bajamos al garaje para coger el coche. Menos mal que salimos con tiempo, porque había bastante tráfico, Akemi se empezó a poner nerviosa temía que nos perdiéramos el principio, si os digo la verdad a mí me daba igual, el teatro me aburría profundamente, si iba era porque sabía lo mucho que disfrutaba Akemi, pero esta noche me había propuesto en esforzarme en no dormirme como en otras ocasiones.

Decidí arriesgarme y tomar un atajo entre calles y la verdad es que acerté, puesto que llegamos justo a tiempo. Entramos en el teatro que tengo que decir que era una verdadera maravilla para la vista, llegando a nuestros asientos y nos sentamos para que Akemi disfrutara del espectáculo y yo luchara contra el sopor. La función comenzó y con el mi aburrimiento, pero todo cambio cuando deje de fijarme en el escenario y empece a fijarme en Akemi, cada gesto, cada emoción.

La verdad es que disfrute viéndola disfrutar a ella y para cuando me di cuenta la función había llegado a su fin. Akemi estaba encantada y eso se notaba en su rostro que indicaba que no me iba a dejar dormir en toda la noche. Empezaba a pensar que su intención aquella noche era poner a prueba mi inmortalidad. Akemi cancelo la reserva del restaurante, según ella lo único que le apetecía cenar era a mí.

Me dijo eso mientras metía su lengua en mi oreja y fue suficiente para que se me pusiera mas dura que el acero templado. Me puse tan cachondo que no acertaba intentando meter la marcha para poder salir con el coche del aparcamiento del teatro. Fue Akemi la que tuvo que poner su mano sobre la mía para que la marcha entrara. Una vez la marcha entro aceleré a tope saliendo del teatro casi derrapando, éramos inmortales y un accidente no nos mataría, pero no era razón para provocar un accidente y matar a un inocente, así que decidí frenar y conducir a una velocidad mas adecuada.

Akemi no me lo estaba poniendo nada fácil, pues tenia metida su mano dentro de mi bragueta proporcionándome tanto placer que incluso la vista se me nublaba, viendo en el estado en el que nos encontrábamos los dos decidí parar en una zona donde las parejas jóvenes solían ir a desfogarse. Una vez había aparcado el coche en un lugar discreto Akemi saco mi polla de su pantalón y metiéndosela en la boca me hizo la mejor mamada de mi vida.

Apretaba el volante con fuerza para poder aguantar lo mas posible sin correrme de lo mucho que me estaba haciendo disfrutar. Al final sucumbí descargando dentro de su garganta mientras pude escuchar como Akemi fue capaz de tragarse todo si desperdiciar ni una gota, una vez me la dejo limpia se sentó en el asiento del copiloto abriendo las piernas y levantándose la parte de abajo del vestido para enseñarme que había salido de casa sin ropa interior.

Eso me puso a cien y no dude ni un instante en meter mi cabeza entre sus piernas listo para degustar mi manjar, mi lengua jugueteaba con sus clítoris haciendo que Akemi convulsionara y apretara mi cabeza contra su coñito cada vez con mas fuerza. No tardo en correrse, pero en vez de esperar a recuperar el aliento hizo que me pasara al asiento del copiloto sentándose ella sobre mí metiéndose mi polla dentro de su encharcado coñito, Akemi seguía teniendo un coñito muy estrecho que solo la sensación de abrirse camino dentro de él ya nos proporcionaba a los dos un placer indescriptible. Akemi empezó a subir y bajar acompasando sus movimientos a los míos de esa manera las penetraciones estaban siendo fuertes y profundas. Pasando sus brazos por detrás de mi cuello me acerco a ella para de esa manera besarme mientras me decía lo mucho que me quería. Fue un polvo salvaje en el que no guardamos nada con la única intención de disfrutar al máximo, pero todo lo bueno llega a su final y no aguantamos mas corriéndonos dando un alarido brutal.

Mi polla seguía dentro de ella y nuestras miradas seguían fijas la una en la otra mientras nuestras respiraciones estaban desbocadas.

- Llévame a casa–dijo Akemi–. Quiero seguir devorándote en la comodidad de nuestra cama.

En ese momento sus deseos eran órdenes para mí, arranque poniendo rumbo a nuestra casa, una vez llegamos allí fue un no parar en toda la noche, parecíamos una pareja de recién enamorados, no parecía que lleváramos siendo pareja durante casi mil años. Menos mal que puse el despertador para cuando llegara Lisa porque no dormimos ni dos horas. Al levantarme medio muerto lo primero que hice fue preparar dos cafés bien cargaditos y después nos dimos una ducha, no hicimos nada y no por falta de ganas, pero teníamos nuestros sexos en carne viva.

La hora en la que quede con Angus llego y no había ni rastro de Lisa y eso era extraño, porque Lisa siempre era muy puntual. Aunque Akemi tenia mil años tenia un cuerpo de una mujer de veinticinco años y Lisa tenia veinte así que se hicieron muy buenas amigas, solían ir a hacer compras y en muchas ocasiones solían salir de fiesta y jamás había llegado tarde.

- Lisa se retrasa y ella jamás llega tarde–dijo Akemi–. Tengo un mal presentimiento Duncan.

Entonces escuché como mi móvil sonaba y al abrir el mensaje que me había llegado era un video, al darle al play se veía a Angus y Lisa colgados con una lanza traspasándolos de lado a lado, acto seguido aparecía Ganbaatar con una sonrisa de oreja a oreja. Sabíamos que Angus no era inmortal, Lisa era la prueba viviente de ello, por lo cual de ser ciertas las palabras de Ganbaatar tendría que ser Lisa.

Ganbaatar había conseguido su cometido y no era otro que cabrearnos para que no pudiéramos pensar fríamente, si Lisa era inmortal despertaría a un mundo con ventajas, pero también con desventajas muy dolorosas y si no era inmortal, ese monstruo había matado a nuestros amigos. Sabía perfectamente que Akemi estaba tan cabreada como lo estaba yo, pero no dejaba que esos sentimientos la controlaran.

Sin embargo, yo no lo estaba consiguiendo y Akemi se dio cuenta.

- Tenemos que mantener la calma–dijo Akemi–. Por muy enfadados que estemos no podemos darle semejante ventaja.

- De momento hemos perdido a nuestros amigos–conteste–. Y si Lisa es inmortal, despertará a una vida que no es tan idílica como los cuentos la pintan.

- No sé cómo eres capaz de mantener la calma–dije.

- Llevamos mil años perdiendo seres amados–contesto Akemi–. Ese es el precio de la inmortalidad.

Tenia razón, yo era el mayor de los dos y era siempre ella la que me aconsejaba y me calmaba Las coordenadas de donde tenían a Lisa y Angus no quedaban nada cerca y tardaríamos unas horas en llegar. Por suerte Lisa tardaría bastantes horas en despertar y hasta entonces Ganbaatar no podría tocarla, al meter las coordenadas del lugar en un buscador dimos con el lugar, pero también dimos con algo mas, era una vieja nave industrial que había sido construida sobre un viejo cementerio.

- ¿Crees que sabe que está sobre suelo sagrado?–pregunte–. Aunque tampoco podemos confiar en que él respete esa ley ancestral.

- Lo hará, inmortales mas poderosos que nosotros lo hicieron en el pasado–contesto Akemi–. No sabemos que puede ocurrir si eso ocurriera.

- Espero que tengas razón–dije–. Antes de irnos pondré todas las armas a punto.

Me costó una hora, pero quería cerciorarme que en esta ocasión todas nuestras armas si pudieran aguantar los poderosos golpes de Ganbaatar, estaba seguro de ello con todas menos con una, la espada Urumi, esta no había sido probada en combate y era toda una incógnita cuál sería su desempeño. Otra cosa que me tenia preocupado era que Akemi dominaba el estilo de esgrima para poder sacar el máximo rendimiento a la espada, pero el problema radicaba en que Akemi solo la había utilizado una vez y eso fue hace unas horas.

No estaba acostumbrada a su peso y esto podía ser un problema, pero no me quedaba otra que confiar en su destreza. La suerte ya estaba echada, nos montamos en el coche y pusimos rumbo al punto donde indicaban las coordenadas. Después de unas horas al volante llegamos, Akemi fue la primera en bajarse del coche acomodándose su katana y su kodachi en el cinturón, yo hice exactamente lo mismo con la mía y nos pusimos en marcha hasta adentrarnos en esa nave industrial que había tenido mejores años.

Una vez dentro nos esperaban Ganbaatar y algunos de sus acólitos, Ganbaatar durante el último milenio había creado un culto que lo adoraban como si fuera un dios, tal vez él se creía uno, pero nada mas lejos de la realidad.

- Habéis tardado en llegar–dijo Ganbaatar–. Pero lo bueno se hace esperar.

Akemi y yo miramos a donde se encontraban Angus y Lisa, entonces el cuerpo de Lisa empezó a convulsionar saliendo un grito desgarrados de su garganta. Ganbaatar no nos había mentido, Lisa era inmortal. Al mirar a aquel monstruo tenia una sonrisa malévola y cogiendo su gran espada de doble hoja se dispuso a decapitar a Lisa, pero Akemi detuvo esa espada con su Katana.

- Eres mucho mas rápida que la vez anterior–dijo Ganbaatar con agrado–. Veremos si eres lo suficientemente rápida.

- ¿Qué crees que estás haciendo?–pregunto Akemi–. Estás en suelo sagrado.

- ¡Eso es imposible!–contesto Ganbaatar–. Mis hombres se cercioraron de eso.

- Pues no hicieron un buen trabajo–dijo Akemi.

Después de decir eso, tiro los planos que habíamos imprimido para que viera que no le estábamos intentando engañar, Ganbaatar se agachó para mirar los planos y después de cerciorarse de que sus hombres habían metido la pata se acercó a donde uno de ellos para pedirle explicaciones. Aquel hombre fue incapaz de contestar, pues era presa del pánico que le invadía todo el cuerpo.
Ganbaatar viendo que su hombre no era capaz de abrir la boca lo ensarto con su gran espada y miro al resto para que supieran cuál sería el precio del fracaso.

- No sabía que eras un cobarde–dijo Akemi–, ¿en serio necesitas el poder de Lisa para vencerme?

- ¿Cómo dices?–pregunto Ganbaatar.

- Este cobarde es el hombre que adoráis como un dios–dijo Akemi–. No creo que se lo merezca.

Una vez dicho esto Akemi se acercó a donde me encontraba yo.

- ¿Crees que es prudente cabrearlo?–pregunte.

- Contra mas cabreado este mas atacará por pura rabia–contesto Akemi–. Y eso juega a mi favor.

- Duncan, descuelga a Angus y Lisa y cuida de Lisa–dijo Akemi–. Yo me encargaré de este mastodonte de una vez por todas.

Akemi miro a Ganbaatar y empezó a caminar en dirección de la salida, dentro de esa nave no podrían luchar, pero si fuera que todavía quedaban unas horas hasta que se pusiera el sol, yo me acerque a donde estaban colgados Lisa y Angus, Los hombres de Ganbaatar no hicieron el mas mínimo movimiento para detenerme mientras bajaba los cuerpos de mis amigos, el cuerpo de Angus estaba frío, llevaba bastante tiempo muerto, no pude evitar derramar lágrimas por él.

Me sentía culpable, puesto que él había sido un daño colateral de una estúpida guerra ancestral, Lisa poco a poco empezó a volver en sí y lo primero que vio fue a su padre muerto a su lado, toco su rostro con sus manos temblorosas mientras lágrimas de extremo dolor recorrían su rostro, entonces mirando al cielo grito con todas sus fuerzas como si quisiera soltar todo el dolor que le oprimía el pecho.

Después me miro a mí, tenia una mirada llena de odio, pero también de no entender que estaba ocurriendo, como era posible que ella estuviera viva.

- ¿Cómo es posible que siga con vida?–pregunto Lisa.

- Eres inmortal–conteste–. Como lo somos Akemi y yo.

- ¿Desde cuándo?–pregunto Lisa.

- Desde hace mil años–conteste.

- ¿Mi padre lo sabía?–pregunto lisa.

- Si, lo sabía–conteste.

- ¿Por qué no me dijisteis nadad?–pregunto una furiosa Lisa–. ¿No os fiabais de mí?

- Tu padre nos lo prohibió–conteste–. Quería mantenerte fuera de toda esta locura.

- Pues no lo consiguió–dijo Lisa–. Ahora eso no importa tenemos que ir a ayudar a Akemi.

Lisa se dispuso a ponerse en pie, pero las detuve.

- ¿Qué haces?–pregunto Lisa–. No piensas ayudar a Akemi.

- Lisa, tu y yo no seriamos mas que un estorbo–conteste–. Estos dos juegan en otra liga muy superior.

Lisa vio en mi rostro que era lo que mas deseaba, pero era consciente que mi destreza radicaba en crear acero no blandirlo, lo único que podía hacer era proteger a Lisa y confiar en el estilo de esgrima de Akemi que había sido perfeccionado por mil años. Los hombres de Ganbaatar estaban petrificados, pero solo basto una mirada de su amo para que nos atacaran, desenvainando mi katana elimine a dos de ellos suficiente para que los demás se quedaran quietos temblando de terror.

- Los demás se han quedado petrificados después de ver tu destreza con la katana, no eres tan malo como crees–dijo Lisa–. Sigo pensando que deberías salir ahí y ayudar a Akemi.

- Veremos si sigues pensando igual cuando los veas combatir–conteste–. Si me quedo aquí no es por miedo, créeme estoy haciendo lo mejor para ella.

- Otra cosa que no entiendo es, ¿por qué no nos atacan?–pregunto Lisa–. ¿No temen a su amo?

- Creo que en este momento todos se han puesto del lado de Akemi–conteste–. Todos están rezando para que gane ella, de no ser así su castigo será muy cruel.

Lisa y yo nos acercamos a la entrada de esa nave industrial para ver el mejor combate a espada de la historia, Akemi no perdió el tiempo y adoptando su postura de ataque desenvaino su katana a la vez que movía su cuerpo hacia adelante en un golpe certero y extremadamente veloz, pero la espada de Ganbaatar era tan grande que lo cubría prácticamente. Ese ataque dejó a Akemi vendida, pero gracias a sus reflejos y gran velocidad no sufrió una herida mortal, entonces empezaron los problemas para Akemi que lo único que podía hacer era defenderse de una espada tan larga que no la permitía acercarse para poder atacar y lo único que podía hacer era bloquear las fuertes embestidas de Ganbaatar.

- El herrero no me ha decepcionado–dijo Ganbaatar–su acero posiblemente sea el mejor del mundo, lástima que seamos enemigos.

Akemi no dijo nada, pero para bloquear las estocadas de Ganbaatar tenia que usar mucha energía y cada vez se le veía mas agotada. Entonces hizo algo que nos dejó a todos sorprendidos incluso a Ganbaatar, envainando su katana se acercó a donde estábamos nosotros y me la entrego.

- Es una maravilla Duncan, pero con esta katana no podre darle el golpe mortal–dijo Akemi–. Como no puedo atacar de cerca tendré que hacerlo desde lejos.

Lisa miró a Akemi como si se hubiera vuelto loca, pero lo comprendió todo cuando Akemi se quitó el haori dejando a la vista el Urumi que tenia arrollada en su cintura. Otro que se sorprendió fue Ganbaatar que giro para mirarme asintiendo con la cabeza reconociendo mi mérito al haber sido capaz de forjar una espada como esa.

- Es hora de la verdad–dijo Akemi–. Después de pasarme toda mi vida inmortal entrenando y perfeccionando mi estilo de esgrima estoy a punto de comprobar si a válido la pena o no.

Akemi desenrollo la espada y empezó a caminar en dirección hacia Ganbaatar, este estaba expectante y Akemi no pensaba decepcionarlo empezando a mover su brazo y muñeca cada vez con mas velocidad, haciendo que la hoja flexible de la Urumi creara un escudo impenetrable alrededor del amor de mi vida, Ganbaatar convencido de esa delgada hoja no soportaría un golpe de su poderosa espada se dispuso a atacar a Akemi, los dos filos cocaron y el resultado no fue el esperado por Ganbaatar. La fina hoja de Akemi se movía como si fuera una serpiente, de esta manera no solo era capaz de sujetar toda la inercia de la espada de Gambaatar, sino que conseguía repelerla haciendo que la espada de ese monstruo saliera rechazada con mucha fuerza.

Eso no era todo, con simples movimientos de la muñeca de Akemi la punta de la espada adquiría una gran velocidad que Ganbaatar no podía contrarrestar percibiendo heridas que poco a poco estaban dificultando sus movimientos. Ganbaatar se vio en una encrucijada, no podía penetrar el escudo que los movimientos de esa flexible hoja creaban y tampoco podía contrarrestar los rápidos ataques que Akemi asestaba.

Por segunda vez pude ver el terror dibujado en el rostro de Ganbaatar que se veía impotente contra un contrincante que podía defenderse y atacar a la vez, pero hizo lo único que podía hacer seguir atacando aunque esto no sirviera para nada, con ataques cada vez mas lentos e imprecisos. Akemi fue produciendo mas cortes hasta que Ganbaatar hinco la rodilla incapaz de seguir luchando, entonces de un rápido movimiento de muñeca la hoja de la espada de Akemi se enrolló en el cuello de Ganbaatar.

Todos sus acólitos estaban siendo testigos que su dios no lo era tanto y estaba a punto de sucumbir, Ganbaatar no pidió clemencia, había perdido y estaba preparado para su final. Akemi de un rápido movimiento separo la cabeza de los hombros de Ganbaatar, el monstruo había sido vencido, yo empecé a saltar y gritar de júbilo mientras Lisa miraba a Akemi con asombro, orgullo y agradecimiento por haber vengado la muerte de su padre. Al final el abuelo de Akemi había tenido razón en parte, fue un guerrero de Yamato quien acabo con Gambaatar, pero no fue una Katana lo que acabo con él, sino una espada Urumi, seguro que se estaba revolviendo en su tumba.

De repente el cuerpo de Ganbaatar empezó a elevarse saliendo relámpagos de él, era la energía vital del derrotado que pasaba a ser parte del vencedor, pero en esta ocasión esa energía no fue a parar solo a Akemi, su deseo fue que fuera repartida entre su familia, Lisa y yo, porque Lisa paso a formar parte de nuestra familia una vez se convirtió en inmortal y por la lamentable perdida de su padre.

Akemi podría cumplir su deseo de ser madre, bueno mas bien el de mejor amiga y consejera al igual que yo. Mientras iba a nuestro coche a por una manta para cubrir el cuerpo de Angus pude observar como miraba Lisa a Akemi, con admiración, orgullo y cierto temor. Temor que se disipó cuando Akemi se acercó a ella y la abrazo como una madre abrazaría a su hija con la única intención de consolarla, Lisa no pudiendo evitar contener mas el llanto lloro llena de dolor por la perdida de su padre.

Fue Lisa quien cubrió el cuerpo de su padre con la manta mientras rezaba una oración en gaélico escocés antiguo. Ahora solo quedaba cumplir el último deseo de Angus, ser enterrado en el poblado donde vivieron él y todos sus antepasados.

Por fin éramos libres, ya no habría mas luchas, puesto que los últimos tres inmortales así lo habíamos decidido, ahora nos quedaba toda la eternidad para ser felices.

EPÍLOGO

Han pasado muchos años desde que viajamos al poblado de Angus para hacerle a el el funeral que se merecía, resulto que en ese poblado conocían la existencia de los inmortales así que podríamos vivir allí sin tener que escondernos. Akemi dejo la lucha y aprendió herrería, tengo que admitirlo, esta mujer es increíblemente buena en todo lo que hace, aprendió muy rápido y hoy en día sus cuchillos rivalizan con los míos, digamos que sustituyo la emoción del combate con una sana rivalidad conmigo eso todavía nos unió mas y somos inmensamente felices. Lisa se enamoró perdidamente de uno de los chicos de la aldea, hasta ese momento había conocido la parte buena de la inmortalidad, pero estaba a punto de conocer la parte mas amarga. Lisa estuvo al lado del chico que amaba hasta que este exhalo su último aliento, siempre le fue fiel y lloro amargamente su muerte. Su relación duró noventa y dos años, toda una vida para él y un suspiro para ella.

De esa manera Lisa comprendió que un ser inmortal estaba condenado a ver morir a todos sus seres queridos, solo que en el caso de Lisa siempre estaríamos a su lado y eso hacia ese dolor mas llevadero, creíamos que solo quedábamos nosotros tres como inmortales, pero no teníamos ninguna certeza de ello y eso dio alas a Lisa para creer que todavía quedaba un amor como el que teníamos Akemi y yo reservado para ella.

Soñar era libre y nosotros tres podríamos hacerlo por siempre.

FIN.
 
Última edición:
Los inmortales junto a el cuervo son de mis películas preferidas, como van hacer un remake de los inmortales he decidido crear este relato como tributo a ello.
 
Atrás
Top Abajo