Creo que no es una cuestión de si eres poco, medio, o mucho hombre. Lo es el que no te conviertas en un estorbo inservible para ella y sus ganas de disfrute, y más aún si le pones continuamente problemas o inconvenientes a ello.
Puedes ser más o menos sumiso siempre que formes, de algún modo, parte de su espectro afectivo-sexual. Si al llegar a casa y verte piensa: ¡Coño! Ya está aquí el pesado inútil este que va a venir a darme el coñazo sobre qué he hecho y cómo lo he hecho. Entonces mala cosa. Si en cambio piensa: voy a disfrutar un rato con el cornudo viendo cómo se pajea y se corre mientras le cuento cómo me ha follado mi macho. Entonces hay partido.
También, señalar que para que ella llegue a dar el paso de dejar al cornudo, tendrá que disponer de alternativa, bien poder vivir por su cuenta o que el macho corneador le ofrezca formar pareja. En este último caso, dejaría de ser técnicamente un corneador, no hay que olvidarlo, y con ello se perdería, en mayor o menor medida, el morbo de estar con pareja ajena.