"De Tuin der Lusten" Hieronymus Bosch
En este detalle de la tabla central del tríptico "El Jardín de las Delicias", las frutas que aparecen repartidas por el panel como fresas, cerezas o frambuesas y los pájaros, entre ellos los petirrojos y abubillas, funcionan como símbolos del deseo sexual y la herejía, además de todo un bestiario exótico de distintos animales arrojados al desmadre. Todas las figuras representadas se abandonan a un placer pasajero, ignorando cualquier advertencia sobre la salvación y sometidas por completo al pecado de la lujuria.
La desnudez generalizada de los personajes elimina cualquier diferencia social: no distingue entre ricos y pobres, hombres y mujeres, nobles y plebeyos, negros y blancos ni entre personas de distintos orígenes representando quizás ese "desenfreno espiritual" anterior al pecado original en el que el fornicio estaba libre de todo sentimiento de culpabilidad. Todos participan por igual en esta rueda frenética que gira sobre un mundo de placer desmedido, avaricia carnal y concupiscencia.
Sin embargo, hay dos personajes que parecen apartarse de esa escena en el margen inferior derecho, como dos viejas del visillo. Están vestidos y medio ocultos dentro de una especie de cueva. La mujer sostiene con su mano derecha lo que parece ser una manzana, mientras el hombre la señala con gesto acusador. Muchos estudiosos interpretan que se trata de Adán y Eva, encubiertos y rodeados de matraces simbólicos (¿infertilidad?), avergonzados tras haber sido expulsados del Paraíso observando desde un ávido segundo plano El Gran Putiferio.