El Inicio de un Incesto

Yo digo que con tita Carmen está hecho, porque además ella es sabedora de todos los folleteos de su sobrinito, y creo que además le pone que sea un semental. Polvo asegurado. La Marta una pijotera que va usando a los muchachos a su antojo, no veo futuro, pero cuando acaben espero que se vaya al menos con el culo bien roto por Sergio, de recuerdo. En cuanto a mami... Está falta de amor, algo como a su hermana y a ver si acaban igual.
 
Yo digo que con tita Carmen está hecho, porque además ella es sabedora de todos los folleteos de su sobrinito, y creo que además le pone que sea un semental. Polvo asegurado. La Marta una pijotera que va usando a los muchachos a su antojo, no veo futuro, pero cuando acaben espero que se vaya al menos con el culo bien roto por Sergio, de recuerdo. En cuanto a mami... Está falta de amor, algo como a su hermana y a ver si acaban igual.
Me encanta leer estás predicciones!!! Os ánimos a tod@s a hacer lo mismo, a ver quién acierta al final ajjajaja
 
6
Sergio y Marta oficialmente volvieron al de tres días después de su encuentro en la biblioteca. La joven acabó derramando alguna lágrima de felicidad al escuchar que “su chico” la perdonaba y volvía a confiar en ella. El muchacho se había creído las sinceras disculpas y dio por válida la historia de cómo mientras estaba con su ex, Marta solo pensaba en él. En verdad, habían sido tres días porque Sergio había decidido hacerse el duro, o eso pensaba él, porque realmente hubiera aceptado al día siguiente de la conversación.

La primera semana fue un éxtasis de felicidad, los dos sonreían en todo momento y la placidez era lo que primaba en la relación, aunque también otra cosa. Al siguiente fin de semana, fueron a un hotel para en palabras de Marta “recuperar el tiempo perdido” y… lo recuperaron. Estuvieron tanto el sábado como el domingo sin salir de la habitación, solo disfrutando de la cama y el calor mutuo. Probaron la ducha, la cama, la silla, el suelo… incluso lo hicieron en la taza del baño para rememorar su “segunda” primera vez.

Sin embargo, lo que apareció como un huracán, al poco tiempo se disminuyó quedando en una brisa de verano. La fogosidad de los primeros días desapareció a la tercera semana y al mes, la relación volvía a sus orígenes, a como era antes de su ruptura. Rutinaria.

Los paseos sin rumbo y con poco que contar estaban a la orden del día. Los planes casi eran obligatorios para tapar la carencia de la compañía, en resumen, si paraban de hacer cosas, simplemente se aburrían.

Sergio lo fue notando y a comienzos de diciembre, comenzó a darse cuenta de la realidad. El sexo había disminuido, era normal, no podían mantener el ritmo de las primeras semanas, pero volvía a ser tan común como antes, casi similar a cumplimentar un informe. Él solía pasearse por sus bajos para humedecer la zona, se colocaba arriba haciendo que esta terminase y después, ella hacia lo mismo cabalgándole en un silencio sepulcral.

Cada día, veía más claro que la situación no había cambiado en lo absoluto, aunque de momento no le incomodaba. Pensaba que quizá fuera su culpa, que tenía que acomodarse a la nueva vida en pareja que había olvidado, o quizá simple tensión por los exámenes que se aproximaban… cualquier cosa. Lo mejor de todo, o por lo menos así lo veía Sergio, era que el estudio lo sentía como una prioridad. Con los exámenes más o menos cercanos, prácticamente a diario estaban estudiando en la biblioteca, eso sí, jamás volvieron a desatar sus fuegos internos en el baño.

A mitad de diciembre, con las fiestas navideñas a la vuelta de la esquina, salieron a hacer su rictus habitual, dar un paseo cogidos del brazo. Para muchas parejas eso era suficiente para disfrutar, bien pegados y una conversación agradable les bastaba para pasar horas y horas caminando sin rumbo, solo disfrutando de la presencia del otro. Sin embargo, para estos dos no era el caso y cada día el joven tenía más muestras de ello.

Pocos temas trataban y la mayor parte de las conversaciones se centraban en los exámenes. No avanzaban y su complicidad cada vez iba a peor. En uno de esos paseos exasperantes que no terminaban, cerca de la hora de volver a casa, pasaron por un parque cerca de la casa de Marta y el joven vio algo que le llamó la atención.

Observó a lo lejos, que un grupo de adolescentes estaban bebiendo formando un círculo. No era nada raro, en aquel parque el botellón estaba a la orden del día, bien lo sabía Sergio que lo había hecho en muchas ocasiones. Pero lo que más le llamó la atención, fue que dentro de ese grupo de chicas que veía a la lejanía, estaba su hermana.

Movido por un afán de venganza o por buscar un poco de diversión, le comentó a Marta que quería pasar al lado de aquellas chicas. Al principio su novia le miró con cara de extrañeza, tuvo que explicarle que a la que quería ver era a su hermana y no a una cualquiera. Cuando llegó al círculo donde las cinco chicas se encontraban, Laura no se había percatado de lo que estaba a punto de suceder, si no se hubiera dado a la fuga.

—Mi querida hermana, ¿Qué tal estás?

Laura se dio la vuelta sin notar la presencia de su hermano mayor, quedándose de piedra cuando este se agachó y la abrazó delante de sus amigas. La muchacha no dijo nada, solo abrió los ojos lo más que pudo, era la primera vez que la veían bebiendo y en casa no lo sabían, el corazón se le heló.

—Qué poco te alegras de verme.

—Sergio… —se levantó inquieta y con unas buenas formas que no eran las comunes— no… no te había visto.

—Bueno, ahora ya me ves, no vas a darme un abrazo… de esos enormes que me das en casa.

La joven abrió los brazos al tiempo que escuchaba unas joviales risitas a su espalda.

—¿Qué haces aquí? —le señaló con gracia mirando las botellas a la par que se separaban y reía de la forma más maligna que conocía— No sabía que bebieras ¿mamá y papá lo saben?

—No… si yo no bebo… son solo ellas, yo estoy aquí… acompañándolas, nada más. —tenía claros síntomas de nerviosismo y un olor proveniente de su aliento que no podía enmascarar.

—Sí, claro… —dijeron dos amigas al unísono detrás de ella.

—Uy… qué mal, qué mal… —negando lentamente con la cabeza— Tendré que decírselo —añadía el joven tratando de aguantarse la risa.

—Sergio… —escuchó como su novia con una media sonrisa le miraba para que terminara con la broma, su hermana parecía que se estaba agobiando.

Laura saltó hacia donde se encontraba Marta, una chica preciosa que era la primera vez que veía y no entendía cómo podía estar con Sergio. La sujetó de las manos y con cara de pena, trató de buscar una aliada para que terminara aquella tortura.

—Marta, ¿verdad? Soy su hermana, Laura. Lo siento por esta presentación… pero, llévatelo, ¡por favor! —estiró la última vocal a tono de súplica y ruego. Su “cuñada” se rio al tiempo que acariciaba la cabeza a la joven.

—Tranquila, ahora nos vamos. Aunque primero… parece que se está presentando a tus amigas. —no pareció darle importancia y le preguntó a la joven— ¿Qué es la primera vez que bebes?

—No… pero, en casa todavía no lo saben. Me da cosa decirlo, no quiero que me echen una bronca, además apenas bebo. Solo cuando salgo de fiesta y no soy de las que más toma.

Marta miró las tres botellas de ron que las cinco chicas compartían y no pudo evitar pensar que seguro que bebía más de lo que afirmaba.

—No te preocupes, Sergio no va a decir nada, ya me encargo yo de eso. Eso sí, no le molestes en casa que haber si se le va a escapar la lengua… si pasa, me lo dices.

Le guiñó un ojo para después sonreírla con sus dientes perfectamente alineados y blanquecinos que le resultaron encantadores a la hermana de Sergio.

Detrás de ellas, justo cuando Laura se acercaba a Marta para pedir que se llevasen a su hermano, Sergio se presentaba a las cuatro amigas de su hermana.

—Buenas noches, chicas, cuidar de mi hermana. Que no beba mucho y vacilarla un poco con el abrazo que me ha dado ¿okey?

—Síííí —afirmaron todas a la vez como si estuvieran en medio de una clase del instituto.

Una de las chicas se le quedó mirando mientras se volvía a poner de pie. Sergio se percató de la mirada, le resultaba ciertamente familiar, pero no sabía de qué. Los ojos casi negros de la muchacha le penetraban y sin cortarse le dijo.

—¿No te acuerdas de mí? —la miró analizando cada centímetro de piel, pero no encontraba similitudes que le dieran una pista. Movió la cabeza y antes de añadir que no, ella contestó— Soy Alicia, hace mucho que no paso por tu casa, pero no veas las veces que he jugado allí con tu hermana.

—¡Vaya, Alicia! —dijo Sergio echándose una mano a la cabeza— Menudo cambio has dado, si contigo he jugado a tomar el té con las muñecas. —las demás chicas se rieron y ella se tapó los ojos por vergüenza—Si no me lo llegas a decir no te hubiera reconocido, has crecido mucho. Aunque bueno es lo normal, la gente crece cuando pasan los años…

—Sergio… —llamó Marta desde atrás para que dejara de molestar al grupo de su hermana— Vámonos, cariño. Deja un poco en paz a tu hermana pequeña.

Asintió con la cabeza viendo como Laura fruncía el ceño. “Bueno, esto por esas malas caras de todos los días” pensó observándola enfurruñada junto a su novia. Volteó la cabeza y se despidió de todas con un saludo, mirando de nuevo a Alicia para decirla.

—Me ha alegrado mucho el verte. Igual coincidimos otro día.

Volvió caminando unos tres pasos donde su novia que le miraba conteniéndose la risa y sosteniendo a su “cuñada” por los hombros en señal de defensa.

—Ya me voy, Laura, pero antes… dame un beso, anda.

—Sergio —le volvió a decir Marta esta vez soltando una pequeña carcajada.

—Bueno, vale… sin beso. Ya te los daré al llegar a casa.

—Como te odio, de verdad. —bajo el manto protector de Marta, su hermana parecía un bebe hinchado de rabia.

—Yo creo que no me odias. Me amas muchísimo.

Sergio le alborotó el pelo en señal de cariño para que su hermana después de despedirse educadamente de Marta, se alejara del joven tanto como pudo, mientras sonreía victorioso.

—Te has pasado un poco, estaba con la cara roja como un tomate —le comentó su novia unos pasos más adelante sin borrársele la mueva de felicidad.

—Ya la pediré perdón, pero espero que me dé ese beso, si no a mis padres que va.

Los dos acabaron riéndose mientras el chico acompañaba a su novia a casa en vísperas navideñas. Las luces colgadas entre fachadas daban un color precioso a la calle, el clima frío hacia que ambos cuerpos se apretaran más y el ambiente de felicidad se respiraba en cada esquina. Dos enamorados riendo a la luz de la Navidad, podía ser un momento para el amor, para las nuevas oportunidades, pero en realidad sería de las últimas veces que reirían juntos.

7
El día siguiente fue sábado y Sergio se desperezó algo más tarde de lo normal, no tanto como su hermana que hasta pasado el mediodía no dio señales de vida. Daba la sensación de que se lo había pasado bien.

Lo curioso del día sucedió pronto, nada más mirar el móvil mientras seguía tirado en la cama. Tenía un mensaje de su novia, el último te quiero antes de meterse en cama, más por cortesía, que por amor, o eso era lo que pensaba, aunque no se desencaminaba de la realidad. Sin embargo, otra cosa le llamó mucho más la atención que ese pobre mensaje. Era una notificación de *********, alguien le había comenzado a seguir.

Entró en su perfil y acercando la vista de la foto, confirmó lo que el nombre de usuario le delató, era Alicia. Con un movimiento rápido de dedos, antes de pensarlo la aceptó y la siguió. Tampoco tenía ninguna razón para no hacerlo, pero su mano fue más rápida que su mente, sobre todo a las mañanas tenía las de ganar.

A los pocos segundos, ella le confirmó la petición y Sergio, aún tirado en la cama envuelto entre las sabanas, comenzó a ver las fotos de la muchacha. La vista no le desagradó, tenía diecisiete años, la misma edad que su hermana, si la memoria no le fallaba, era su amiga desde preescolar.

Había un montón de fotos de fiesta, de vacaciones, disfrazada, de “postureo”… incluso alguna en bikini en la que Sergio se detuvo un poco a cotillear. Lo que veía no estaba nada mal, un cuerpo menudo, pero en forma, con unos senos bien puestos que se notaban algo voluminosos dentro del bañador, seguramente del mismo tamaño que los de Marta.

Justo al salirse de esa foto, algo le sorprendió de una forma que casi le hace saltar en la cama. Una notificación de mensaje le había llegado, ¡Alicia le había escrito!

—Holaaaaa.

—¿Qué tal? —contestó Sergio pensando a que vendría ese saludo.

—Nos hiciste pasar ayer una noche entretenida.

—¿Y eso?

—Laura sufrió unos cuantos vaciles, todo fue unas risas.

—Me alegro, aunque no por mi hermana, igual lo pasó mal.

—No, si acabó riéndose y todo. —envió ese mensaje y mientras la chica escribía Sergio pensaba en su pobre hermana “¿igual me pasé?”— Eres muy enrollado, bueno siempre lo has sido.

—¿Sobre todo cuando jugábamos a tomar el té?

—Jajajaja me encantaba cuando te ponías a jugar con nosotras.

—Pues apenas me acordaba. Cuando me lo recordaste ayer me vino más a la memoria, pero que va. Es más si no me dices que eres tú, no te hubiera reconocido, estás muy cambiada.

—Espero que para mejor.

—Sí, sí, claro. Aunque bueno es normal, tenía tu imagen de niña y has crecido. —el tono de la conversación daba la sensación de ser muy distendido.

—Suele pasar… la gente crece. —le añadió un icono sacando la lengua y Sergio sonrió ante la pequeña broma que rememoraba su propia frase.

—Está bien que me lo recuerdes… ¿Qué tal ayer, os lo pasasteis bien?

—Muy bien, había bastante fiesta.

—Qué envidia, hace como un mes que no salgo, estoy ahora estudiando para los exámenes e imposible.

—Pues oye, eso no está bien, tienes que salir. Así te relajas y coges fuerzas para estudiar —Sergio recordó como en su época de instituto eso sería posible. Sin embargo en la universidad, salir equivalía a perder un valioso día de estudio. Alicia siguió en otro mensaje— La próxima vez, te quedas con nosotras, igual a tu hermana le da algo.

Sergio sintió que su experiencia y los años de ventaja con la jovencita, le hacían saltar un pequeño aviso dentro de su cabeza. Aquello podía ser un pequeño coqueteo, todavía no tenía pruebas, pero la situación se encaminaba hacia ello. Unos pequeños temblores se apoderaron de su cuerpo y se tapó aún más, casi quedando por completo debajo del edredón.

—No estaría mal… pero es verdad, no creo que a Laura le haga mucha gracia. ¿Por dónde soléis salir? —le preguntó mientras su mente le decía “no le estás mintiendo a Marta, no lo haces…”.

—Por el pueblo, que aquí podemos entrar en todos los bares.

—Nosotros, también. Raro que no hayamos coincidido, aunque últimamente con lo poco que salgo…

—Pues la próxima vez a ver si nos vemos ¿no? —“si mi instinto no me falla, esta pregunta es menos inocente de lo que parece” decía con un cosquilleo que le comenzaba a rodear los genitales.

—No estaría mal.

Contestó dejando el móvil en la cama, su corazón golpeaba con dureza y su miembro comenzaba a recibir sangre de todos los lugares. Había sido una respuesta simple, sin dobles interpretaciones, una conversación normal, entre dos conocidos, ¿o no?

La respuesta de la chica fue un guiño en forma de icono. Las pistas que veía una mente calenturienta como la de Sergio, le podían hacer pensar que la jovencita pretendía algo más. Sin embargo, lo que más le preocupaba era que algo en su interior le hacía sentirse realmente mal. Todavía tenía el mal sabor de la traición muy reciente, esa penosa sensación de haber sido engañado por alguien a quien quieres.

Su cabeza le decía que si la amiga de su hermana quería algo, no debería ni pensárselo y rechazarla en el acto. Pero su cerebro situado entre sus piernas, le hablaba de otra manera, diciéndole todo lo contrario.

Abrió de nuevo el móvil, dirigiéndose a alguien que de seguro podría ayudarle, porque él en su momento hizo lo mismo con ella. Comenzó a apretar los botones de la pantalla y en un momento, estaba en la conversación con su Tía Carmen.

—¿Te pillo bien, tía?

—Por supuesto. Tú, siempre.

—Tengo una cosa que me acaba de asaltar, no es que sea realidad del todo, es una suposición hipotética.

—Demasiadas vueltas… dime, Sergio, ¿Qué pasa?

—Una chica creo que ha comenzado a coquetear conmigo.

—Entiendo con lo que me vas a venir. ¿Qué tal con Marta?

—Muy sin más, apenas hacemos cosas, paseamos casi sin hablar o solo de los estudios. Fueron unas buenas semanas, nos reíamos y tal… pero ha vuelto todo a lo mismo.

—Hijo, ¿Qué se te ha pasado por la cabeza?

—Si esa chica me dijera para quedar, ¿Qué debería hacer?

Lo que Sergio buscaba en esta ocasión, aunque él no lo reconociera, era el beneplácito de alguna persona. Su tía era la idónea, habían hablado de un tema similar y ella había engañado a su marido con el joven, no podía haber mucha diferencia en lo que hacía ella a lo que pretendía Sergio. Además que solo eran suposiciones, Alicia no quería nada con él, aunque la posibilidad de que “sí quisiera” aumentaba en su cabeza a cada minuto. Su subconsciente quería que así fuera.

—Primero háblalo con tu novia y segundo, si crees que esa chica te gusta, pues inténtalo.

—No me gusta, tía. Digamos que está en mi clasificación, pero no en el 5% que te conté.

—Jajajajaja tus clasificaciones… qué buenos recuerdos… —Carmen hablando desde su cocina, miró al jardín recordando los pocos días de verano que pasó con su sobrino. En ese momento, un escalofrío muy sentido le recorrió toda la columna teniendo que respirar hondo para serenarse— Si solo es para una noche, ¿crees que merece la pena cortar con Marta?

—No lo sé… quizá si lo hago sin que ella se entere…

—No. Eso no lo hagas. Si se acaba enterando habrá mucho dolor y no creo que te guste.

—Tía, al fin y al cabo ella me lo hizo primero.

—No estás con ella para devolverle las cosas —su tía tenía mucha razón, aunque el joven quisiera creer más lo que le gritaban sus partes nobles. Acabó por sentenciar— para eso, no haber vuelto.

—Carmen, pero no hay nada de malo en que lo haga. —a este punto quería llegar, donde su tía seguro que se ablandaba y convertía lo que rondaba por su mente en algo más… “Legal”— Tú lo hiciste conmigo y no creo que te sientas mal.

—Eso, Sergio, sabes que estuvo mal. Nos lo pasamos de maravilla y lo volvería a hacer porque te amo. Sin embargo, no quiero que copies mis errores, una cosa es lo que yo haga, pero tú no te tienes que escudar en mí para pensar que querer engañar a tu pareja está bien.

El joven cerró los ojos con el cuerpo algo agitado. Su calentura mañanera, le había hecho cometer el error de querer a toda costa la “bendición” de su tía. Esperaba ganarse el sí, sin embargo, su contestación había sido un portazo en los morros.

—Tienes razón, tía. Siento si te moleste, perdona.

—Nunca molestas, cariño. Yo ya cometí el error, tú puedes elegir. —Carmen sintiendo que la conversación podía dar lugar a un cambio de opinión en Sergio, le dejó una cosa clara— Eso sí, una cosa te digo. Si tienes pensado hacer algo como engañar a tu pareja… solo te lo permito si coges el coche, vienes aquí y pasas la tarde conmigo, de ninguna otra manera, ¿entiendes?

—O sea… —Sergio escribía mientras se reía— ¿contigo sí, pero con otras no?

—Exacto, ¿algún problema? —paró para volver a escribir— Por cierto, me compré una taza de café nueva, le dije a Pedro que me la habías regalado, ¿te gusta?

La foto llegó y Sergio contempló una taza de color negro con unas letras en dorado que decía “para la mejor tía del mundo”. Aunque la frase era lo de menos, la camiseta básica que llevaba como pijama, había sido bajada por debajo de los senos y uno de sus pechos escapaba. Se veía tan magnífico como el joven los recordaba, tan perfecto, tan redondo, tan mullido. La taza de café de la mujer echaba humo sin parar debido al ardiente café y a kilómetros de distancia, Sergio también estaba que ardía.

—ME ENCANTA. Te echo tanto de menos.

—Y yo a ti, cariño. Hablamos ¿vale? Tengo que vestirme.

—Yo voy a la ducha que necesito pensar en ti.

—Dios… Sergio… Te amo.

—Y yo.

El joven cumplió su palabra y en la ducha, gracias a la foto de su tía y los recuerdos vividos de sus vacaciones, descargó con unas ganas que le dejaron tembloroso. Tuvo que pausar su cuerpo bajo el agua caliente, y sintiendo que todo volvía a la normalidad, se duchó con calma recordando lo mucho que quería a su tía.

La conversación con Carmen le había tranquilizado en sus pensamientos de infidelidad, “total solo son suposiciones” se decía una y otra vez en su cabeza. “Solo eran palabras que malinterpreté, quizá por la falta de buen sexo…”. Sin embargo, otra cosa luchaba desde lo profundo de su cuerpo, esa foto en bikini que tanto le había gustado. Alicia posaba con gafas de sol para una cámara deseosa por más instantáneas, y en su plena juventud era todavía un fruto por abrir, “la niña… no está nada mal…”.

8

A Sergio le encantaban las fechas navideñas, el decorado en las calles, en los balcones… era fantástico y por algún motivo la gente parecía más alegre y amable que de costumbre. El día de Navidad siempre había sido el más especial junto a su cumpleaños, fue así desde que tenía uso de consciencia. Aquel día el joven también estaba feliz, aunque se sumaba otro motivo.

Desde el primer día que le habló, había mantenido una más o menos fluida conversación con Alicia. Sabía que no debía, sin embargo, le era imposible no hablar con ella. A diario se preguntaban cosas de su día a día, hablaban de casi todo, salvo un tema, ni Alicia ni Sergio hablaban de sus amoríos. En el caso de la chica había poco que contar, solo había tenido una relación “seria” con un chico y hacía meses que lo había dejado. En el caso de Sergio, siempre que iba a quedar con Marta, le mencionaba a su amiga que tenía planes, era una especie de lenguaje secreto con el que no tenía que mencionar la palabra novia.

Aquella tarde como solía ser tradición, Sergio quedó con sus amigos a tomar algo, para que más tarde se uniera Marta y estar un poco por la zona de bares. Entre cerveza y cerveza, hacía parones en las conversaciones con sus amigos, para intercambiar mensajes con la amiga de su hermana.

—¿Vas a salir después? —le comentó Sergio.

—Qué va. No me gusta salir en Navidad, prefiero Año Nuevo. Hoy me quedaré en casa con la family. Nos ponemos guapos y fiesta. —contestaba Alicia casi en un suspiro.

—Eso está bien. Nosotros nada, mi padre trabaja. O sea que estaré con Laura y mi madre.

—Estás muy bien rodeado.

—Pues sí —Sergio se tentó a escribir algo como “solo faltas tú” o “contigo mejor”. No obstante sus dedos no obedecieron sus primeros impulsos. Menos mal— Si te parece, ¿hablamos luego? Ahora tengo planes.

—Entiendo. Háblame luego cuando puedas, estaré atenta al móvil.

Era casi la hora en la que Marta le dijo que se pasaría, por lo que prefería no arriesgar. Como siempre borró la conversación, en parte por un leve sentimiento de culpa y otro, por si en algún momento a su pareja le daba por espiar. Se sentía fatal cuando lo hacía, porque aunque no se dijeran nada inapropiado, sabía que los mensajes ocultaban otras intenciones y eso le hacía que el estómago le diera un vuelco.

Al de dos minutos Marta apareció cerca del grupo de amigos. Saludó uno a uno a todos y les felicitó las fiestas. Siempre había sido una chica muy agradable y a sus amigos les caía bien, también porque no les había contado lo de los cuernos, simplemente que le había dejado y después, había empezado con otro. No quería que sus amigos le preguntaran queriendo obtener más detalles, aunque vistas las buenas sensaciones logradas al hablarlo con Carmen y con su madre, lo mejor hubiera sido confiar en ellos.

—¿Qué tal, cariño? —le dijo Sergio después de saludarla con un beso en los labios.

—Bien, he acompañado a mis padres donde mis abuelos, ¿al final tu padre trabaja?

—Sí, pero bueno, estamos Laura, Mari y yo, fiesta asegurada. —sabía que no— ¿Te pido una cerveza?

—No. Mejor un vino, que ya he tomado dos con mis padres y por no mezclar.

—¡Qué sofisticada! —bromeó Sergio adentrándose en el bar, mientras Marta se incrustaba en conversaciones que surgían en el grupo de chicos.

La primera copa de vino Marta se la terminó volando y después de la segunda, Sergio notó como su pareja seseaba levemente. El alcohol había hecho mella en ella, aunque sin estar borracha, lo bien llamado “el puntillo” lo había conseguido.

—Cielo, —se acercó Sergio a su novia para hablarla— ¿vas bien?

—Me pediría otra, pero creo que me voy a emborrachar. —rio mostrando su dentadura blanca ahora manchada levemente por el tono rosado del vino.

—Por mí no te cortes, lo decía por si vas perjudicada luego a cenar con tu familia.

—No, no, así está bien. Como te preocupas por mí.

Marta se acercó hasta su pareja, rodeando su cuello con ambos brazos y delante de sus amigos con una calle abarrotada, le dio un beso de lo más pasional. Las muestras de afecto no solían ser muy comunes, aunque cuando tomaba alguna copa la cosa cambiaba. Sergio lo recibió con mucho agrado, quitándole el mal sabor de boca que le había dejado borrar la conversación con Alicia.

La lengua de la joven revoloteaba con frenesí dentro del chico, que la seguía a la velocidad que podía. Le había pillado de tal sopetón, que puso ambas manos en el cuerpo de Marta y la apartó con cuidado, dándose cuenta de que no podían encontrarse en un sitio más público.

Uno de sus amigos les lanzó una mirada jocosa, incluso alguno que otro hizo un movimiento de cejas insinuando cosas que podrían pasar a posteriori. Marta se limpió los labios porque algo de saliva le rondaba resbalando por una de sus comisuras, se rio e hizo gestos para que la dejaran de mirar mientras sonreía a los amigos de Sergio.

—¿Y eso? —comentó el joven para que solo su novia pudiera escuchar.

—Me apetecía, ¿te parece mal? —lanzándole una mirada pícara que pocas veces había visto.

—Me encantó, pero tú y los besos en público no soléis ir de la mano.

—Pues hoy sí… ¡Oye! Se hace algo tarde. —sacó el móvil de su bolso, eran las siete y media de la tarde— ¿Me acompañas?

Por una parte no le apetecía ir hasta la casa de los abuelos de Marta, quedaba lejos e implicaba que ya no volvería donde sus amigos. Sin embargo, otros factores pesaron más. Primero el motivo de que su pareja había bebido un poco más de la cuenta y segundo, que la culpa aún le comía, tenía que quitársela del todo.

Felicitaron las fiestas a todos de nuevo y marcharon poco a poco saliendo de la tan transitada calle. En verdad el paisaje era especial para dar un paseo. La gente reía, los niños saltaban y las parejas, como ellos, paseaban bajo luces navideñas de lo más variopintas. En ese momento, Sergio se dio cuenta de lo mal que hacía, de lo estúpido que era, no debía tratar de engañar a su pareja ni aunque fuera con mensajes.

Cambiaron de ruta mientras Sergio la admiraba. Con la lengua algo suelta, Marta a la par que caminaba, hablaba sobre los estudios, sobre los amigos de Sergio, un poco de todo, cuando tomaba par de copas cambiaba radicalmente.

Los ojos del joven se habían posado en ella y no dejaban de mirarla. Bajo esas luces artificiales, se veía realmente hermosa, su cabello sedoso al viento gélido era magnífico. Incluso podía ver a través del abrigo de color beis que tenía, “¿Por qué conectamos tan poco?” Pensó el joven. Ese parecía el principal problema entre ambos, se querían, pero su química no era la de antes. La belleza de Marta era innegable, sus piernas delgadas dentro de las medias que llevaba, al muchacho le hacían perder la cabeza.

Sin embargo, la mentalidad de ambos era diferente y los cables que tenían que conectar no lo hacían. Se lo podían pasar bien en días sueltos como estos, pero los demás, solían ser tardes aburridas en las que no hacían nada más que comer pipas.

Cuando Marta se cayó un momento, Sergio perdió el hilo de sus pensamientos y vio donde estaban. Habían llegado caminando a la casa de la joven, donde no debían estar, se habían desviado de la ruta hacia casa de la abuela. El joven le miró extrañado, no le había comentado nada de parar allí.

—Sube un momento, cojo una cosa y vamos —“como se tenga que arreglar, llegó justo para la cena” pensó.

Subieron a la casa y Marta le dijo que le esperase viendo la tele, no tardaría nada, solo era una cosa y ya. Sergio ajeno al motivo de porque estaba allí, se sentó y puso los deportes. Se quedó mirando embobado un partido de futbol en diferido de la liga alemana, en su casa no tenían canal de pago, por lo que aprovechó.

De pronto un sonido le sorprendió, era Marta que estaba en la puerta y le había llamado por su nombre. Todavía mirando el partido sin saber si ya estaba lista o no le contestó con un simple.

—¿Dime, cielo?

Unos pasos de los cuales ni se percató cruzaron la sala. Entre la televisión y su visión algo se interpuso, era una persona, más bien… una chica en ropa interior. Alzó la vista tan rápido como pudo, Marta estaba delante de él con la cabeza ladeada y los brazos en jarra, mirándole fijamente.

Había aparecido en ropa interior, una de color rosa que no conocía. Parecía de encaje, de un tacto sedoso que solo el verlo le hizo que el vello se le pusiera de punta.

—Cielo… ¿Qué haces? —Sergio abrió los ojos de par en par, no se podía mover de la sorpresa.

—He pensado que podría felicitarte la Navidad.

La cara de Marta no era la habitual. Sergio no reconocía esos ojos de pasión, su novia no era la de siempre, aunque cuando lo pensó bien, solo unas veces contadas habían bebido juntos y menos tener relaciones sexuales.

La joven se lanzó al sofá, quitando la tele y abrazando a su novio. Un beso rápido encontró los labios de Sergio que todavía sorprendido abrió la boca por la actitud decidida de su pareja, nunca la había visto así. Una mano felina descendió por el jersey navideño del chico para llegar a su pantalón y aferrar el bulto que de una forma pasmosa estaba ya erecto.

En este último mes, no se le había puesto ni una vez así de rápido en el estado óptimo, últimamente incluso… le costaba. Al final los coitos solían ser algo pobres en su opinión, en algunos sin llegar al orgasmo, al menos siempre trataba de que Marta los alcanzara.

Su pareja ladeó su cabello dejando su vista clara y trató de soltar el dichoso botón del pantalón con ambas manos. Sergio lo vio esperanzado, apenas desde la vuelta solo había tenido una única felación y le apetecía otra. Ver a su novia a su lado, arrodillada con las piernas posadas en el sofá, las manos en su pantalón al tiempo que se apartaba el pelo le dio pistas de que se avecinaba lo inevitable.

Ayudó a sacarse esa parte de su ropa, con ansias logró bajarlo hasta los tobillos donde quedó aprisionada sin salir debido a sus zapatillas, daba lo mismo, lo mejor estaba más arriba. Su miembro, duro como una roca, estaba listo para lo que Sergio se imaginaba que sería una ducha de saliva. Quería más que ninguna otra cosa un buen lavado dentro de la boca de Marta.

Se recostó colocando su trasero cerca del final del sofá y Marta agarró con cuidado el miembro totalmente duro de su pareja.

—Se ve que estabas listo —puntualizó Marta comenzando a subir y bajar la piel del pene.

—Lo espero con ganas.

Marta le sonrió con dulzura y le volvió a besar con fogosidad a la vez que subía y bajaba la piel del pene. Fue entonces que soltó sus labios después de un pequeño mordisco y le miró como nunca le había mirado. Su novia quería sexo.

Sin embargo no iba a ser como el chico esperaba. Levantando una pierna la colocó al otro lado de las del joven, dejando el pene de este apuntando a su vagina aún tapada por la tela rosa. Introdujo su dedo índice por la zona baja de la braga y con su uña pintada de rojo, la retiró, dejando paso a la parte más dura de Sergio.

La entrada fue limpia, algo raro. Casi siempre tenía que hacer trabajos orales en el sexo de la chica para que aquella herramienta fluyera de forma cómoda. Pero esta vez, quizá debido a la calentura por el alcohol la cosa había cambiado.

Los movimientos de Marta no se hicieron esperar, primero de adelante a atrás para coger ritmo y cada vez más rápido. Sergio agarró con algo de fuerza sus caderas para que imprimiera más velocidad y darle un apoyó, así no se cansaría demasiado rápido.

—¿Qué te pasa hoy, mi vida? —soltó Sergio contemplando el precioso cuerpo que le montaba como buena amazona.

—No sé, quizá el vino se me ha subido a la cabeza. —Marta no le miraba, es más, no miraba a nada, tenía ambos ojos cerrados.

—¿Habrá que tomar vino más veces? —Marta sonrió y después dibujó una O con sus labios— ¿Te gusta?

Muy pocas veces hablaban cuando tenían relaciones, se limitaban a ordenar si querían más rápido o más lento, y si estaban al borde del orgasmo, de allí no solían pasar. Sin embargo a Sergio era una cosa que le gustaba y vio que ese día podría tener una oportunidad que no debía desperdiciar.

—Sí. —la joven seguía sin abrir los ojos.

—¿Te entra bien dentro?

Los ojos de Sergio no perdían detalle de como los pechos menudos de su pareja botaban dentro del sujetador y como la jovencita apoyada en sus hombros hacía lo mismo.

—Sí, muy dentro.

Su voz sonaba algo artificial, era la primera vez que mantenía una conversación tan extensa mientras lo hacía y no era su modus operandi. Pero cierto es que el pene de Sergio la horadaba tan profundo como de costumbre, a la joven le encantaba y esa pizca de alcohol en su cuerpo la estaba haciendo que lo notase mucho más.

—Creo que ya… —dijo de pronto Marta.

—¿Cómo que ya? ¿Te…? —no solía usar esta palabra, sino frases como “te vas”, “terminas” o similares, pero sintió que podía hacerlo— ¿Te corres?

—Sí, eso es…

La velocidad de Marta se aceleró. Comenzó a botar con muchas ganas sobre el pene del joven que estaba calado como hacía mucho que no lo sentía. “Esta sensación me recuerda a Carmen” pensó al notar una humedad sin igual en el tronco de su miembro.

Marta se aferró con fuerza al cuello del joven y apretó sus dientes conteniendo lo que llegaba, pero era imposible. La marea la golpeó con fuerza y ahogó un grito en su garganta gracias a unas venas que de hincharse más podrían explotar.

Se estremeció como nunca y dejó caer su trasero insertando todo lo que su pareja le ofrecía, moviéndola después en círculos para completar su maravilloso orgasmo. El líquido fluía de su interior y se sorprendió al notar que la zona de la cadera del joven estaba totalmente bañada.

—Estuvo bien… —miró a Sergio con un rostro enrojecido y con unos ojos brillantes y le añadió— Faltas tú.

—¿Quieres seguir? —Marta asintió y volvió a moverse encima de su novio— Si lo tuyo no se ha dilatado mucho… no creo que tarde.

—No hables de mi cosita, que me da vergüenza. —sonrió más desfogada mientras volvía a besarle.

Algunos minutos pasaron, el movimiento lento de su pareja había cambiado demasiado y su orgasmo, como solía ser habitual dejó demasiado dilatado su zona sexual. El roce ya no era el mismo y el pene de Sergio necesitaba un cambio de aires para poder llegar al clímax.

—¿Marta te importa si cambiamos?

—¿No estás bien?

—Sí, cariño, pero ya sabes roza poco. ¿Te pones aquí y yo detrás?

—Bueno… Vale.

Cambiaron de postura colocándose Marta “a cuatro patas” sobre el sofá y Sergio detrás, dirigiendo su poderosa herramienta a la abertura de su pareja.

—Tranquilo. ¿Vale, cariño? —le soltó la joven al notar como entrada toda en su interior.

—Sí, sí, tú me dices.

Sergio no comenzó unos movimientos rápidos como habría hecho si fuera Carmen la que estaba en el sofá, si no unos más lentos que su pareja prefería. El roce era mayor y algún que otro gemido salía de la boca de la muchacha, pero el chico no conseguía su tan ansiado orgasmo. Aceleró un poco el ritmo, cogiendo con fuerza la cintura de Marta e introduciendo más de lo normal su pene en el interior.

—Cuidado, Sergio, más despacio.

—Es que a este ritmo no sé si me voy a ir…

—Seguro que sí, cariño.

El joven prosiguió, pero aquello no había manera de poder terminar. Quería acabar, no obstante su sexo no llegaba al límite deseado. Entonces algo sucedió.

Su móvil vibró, notándolo en el tobillo como el pequeño aviso delataba un mensaje. De pronto algo le vino a la mente, “¿quizá sea Alicia?”. En su interior un sentimiento de placer le recorrió, pensar en aquella chica le ponía la carne de gallina. Mirando la espalda color blanquecina de Marta, volvió a sujetar con fuerza la cintura, pero esta vez, cerró los ojos.

La foto que tenía la muchacha en bikini apareció en su mente, aquel cuerpo delgado y escandaloso que parecía tallado en mármol. Se imaginó que intercambiaba papeles y la que estaba postrada ante él no era su pareja, sino su “amante”. Aquella idea le sacudió por dentro, se estremeció al pensar en tal posibilidad y de pronto un estallido resonó en sus partes bajas.

—Me corro —dijo con un tono elevado al notar tal sensación.

Incrementó algo el ritmo de penetración y en su cabeza, el cuerpo de Alicia era el que recibía el ataque. Escuchó de fondo como de la boca de Marta, alguna que otra respiración acelerada se escapaba sin remedio, sin embargo para Sergio su pareja no estaba allí, sino la amiga de su hermana.

La cabeza de la muchacha se giraba en pleno coito y le preguntaba si era mejor follársela a ella o a Marta. Sergio bufó al imaginarse tal cosa, jamás hubiera escuchado esa frase de los labios de su pareja, ese no era su estilo, pero Alicia… era un mundo nuevo por descubrir.

Sintió la contracción de su zona genital e introdujo todo lo que pudo su miembro para descargar en el interior de Alicia… bueno, de Marta. Esta dio un grito al sentir como los dieciocho centímetros de su novio la alcanzaban una zona que poco le gustaba y después desparramaba todo su jugo en el interior.

Sergio se dejó caer hacia atrás una vez completada su tarea y retorció su espalda dejando que los espasmos camparan a sus anchas por su cuerpo. Había sido glorioso, de los mejores orgasmos desde el viaje con su tía, y todo… gracias… ¿A quién?

Cuando se pudo rehacer se vistió solo en la sala, mientras Marta lo hacía en su cuarto, poniéndose la ropa que allí había dejado. Bajaron en silencio por el ascensor y ya en la calle, mientras el joven aún pensaba en lo bueno que había sido su eyaculación, su pareja le dijo.

—Al final, te has venido muy arriba.

—¿Por qué lo dices? —Sergio que volvió a la realidad estaba perdido.

—Has entrado, muy a dentro… ya sabes que eso no me mola mucho.

—¿No te gustó? Si has gemido ¿no?

—No. Me ha dado un poco de impresión, es una sensación de dolor y placer y no me va, pero como estabas a punto no te dije nada.

—Lo siento. Perdóname, no me he dado cuenta. —Sergio no lo veía para tanto, apenas la había metido entera y ya. Pero si a ella no le gustaba, tenía que pedirla perdón y punto.

—No pasa nada, solo que… no lo hagas otra vez… y cariño, no me digas que te vas a correr, qué vergüenza…

Ambos sonrieron, pero Sergio se sintió mal. Era la sonrisa más falsa que había puesto nunca. Su cuerpo había viajado al paraíso no gracias a su novia, sino por una tercera, aquello le hacía sentirse fatal. Pero más aún, saber que su relación no podía tener mucho futuro, no compaginaban, tenían una distancia insalvable, y sobre todo en el sexo, no conectaban.

Marta anudó su brazo al de su novio y ya sin ese puntillo de alcohol en el cuerpo caminaron hacia la casa de su abuela. Esta vez, a Sergio el paseo se le hizo tan rutinario como eran todos los demás. La sensación especial, junto con la sensación de haber estado con Alicia, había desaparecido.


CONTINUARÁ...
 
O sea también le va a dar a la hermana, a la amiga de la hermana, la tía y la madre? Va a quedar alguna mujer sin inseminar por el toro Sergio?? :eek:
Jajajajajja eso está por ver, pero buf, demasiada inseminación no? Alguna se tendrá que librar ajajajja
 
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