La esposa que aprendio a mirarse

Está desatada, se cree empoderada pero lo confunde con haber perdido el control. Va a follarse hasta la portera de su casa y por el camino va a dejar a su marido como víctima.
No creo que él esté preparado para aguantar la que se le viene encima.
 
Última edición:
Me encanta la historia que estás contando y me encanta como van sucediendo los acontecimientos.

Yo discrepo en algun detalle con los compañeros que enfocan las críticas solo en ella y me explico.

Primero la historia ya nos pone en un momento de sus vidas en el que ya fantasean con otros, con exhibición y demás.

Segundo, ella le va avisando que sabe que le gusta fantasear con ello y le pregunta en varias ocasiones si es lo que el quiere y sino recuerdo mal, solo en una conversación hablan de que quieren que no pase de fantasías. Pero en otras tanto ella como el dejan la puerta abierta.

Tercero, aunque en el día de la playa ella provoca una situación incómoda, el podía haberlo parado sin montar ni guna escena delante de sus amigos.

Y por último, el tal Pepe, por mucho que se justifique, no tiene perdón de Dios, yo no tengo amigos así, porque eso no es un amigo.

Por lo demás, creo que una historia que es capaz de generar debate, ya tiene mucho ganado.

Gracias por escribir
 
Deseando de leer nuevos capítulos, esto promete
 
Espero que Javi no sea un patético consentidor y permita que su mujer folle con otros imbéciles como los que han aparecido en este relato.
Como me imaginaba de que iba a ir, no me apetecía mucho leerlo, pero me ha podido la curiosidad de como va a ir la historia.
Solo espero que si le es infiel, la mandé a paseo.
 
Espero que Javi no sea un patético consentidor y permita que su mujer folle con otros imbéciles como los que han aparecido en este relato.
Como me imaginaba de que iba a ir, no me apetecía mucho leerlo, pero me ha podido la curiosidad de como va a ir la historia.
Solo espero que si le es infiel, la mandé a paseo.
No se podia saber.. ni se sabe.. verdad..? En infidelidades... ejejejjejejejejek. K krak eres sevillista me fascinas..
Yo soy imbecil tambien amigo.. y menos de lo deseado..
 
EL PRIMER REEL

Ya estaba listo y esperando a que ella terminara de arreglarse y en esa espera volvi a releer el contrato que ya estaba firmado.

El borrador era profesional, claro y detallado. Aquí va lo principal que nos llamó la atención:
  • Tipo de fotografías: Sesión principal para el catálogo digital y físico (aprox. 25-30 imágenes finales editadas). Estilo sensual-elegante, ropa interior de la marca (corsés, bodies, conjuntos de encaje, ligueros, tangas y accesorios). Poses sugerentes pero sin desnudo total ni explícito: escotes profundos, curvas marcadas, insinuación de piel, miradas intensas. Todo enfocado en resaltar cuerpos reales y curvilíneos de mujeres de 30-45 años.
  • Propiedad y autoría: Las fotos serán propiedad exclusiva de la marca (derechos de uso ilimitado, comercial, publicidad, redes, catálogo, web). La autoría corresponde al equipo de fotografía interno de la marca (un equipo profesional contratado por ellos, con director de arte y retocadores). Gema cede todos los derechos de imagen y explotación comercial a cambio de la compensación. Se incluye una cláusula de no difusión por parte de Gema de las fotos crudas o no aprobadas, salvo acuerdo expreso.
  • Publicidad que se les dará: Uso intensivo en redes sociales de la marca (*********, Facebook, TikTok), web oficial, catálogo impreso (edición limitada para ferias y tiendas asociadas), campañas de email marketing y posibles anuncios en revistas locales de moda íntima. El nombre completo de Gema o un alias (a elegir) aparecerá como “modelo principal” en todas las publicaciones. Posible mención en entrevistas o posts de “detrás de escenas”.
  • Incentivos laborales a percibir:
  • Pago fijo por la sesión principal del catálogo: 1.800 € netos.
  • Bono por exclusividad durante 12 meses: 600 € adicionales.
  • Porcentaje del 3% sobre ventas generadas directamente por campañas donde aparezca su imagen (estimado entre 500-2.000 € en el primer año, según proyecciones).
  • Prendas de la marca gratis (valor aproximado 800-1.200 €) para uso personal y redes.
  • Asistencias a pases de modelo: Obligatoria participación en hasta 3 pases o exhibiciones pequeñas durante los próximos 12 meses (ferias locales de moda íntima, pop-ups en boutiques asociadas, eventos de lanzamiento). Duración aproximada: 1-2 horas por evento. Transporte y catering cubiertos. Pago extra por desfile: 400 € netos por asistencia.
  • Asistencia obligatoria a fiestas de promoción de la marca: Obligatoria asistencia a un máximo de 2 eventos sociales al año (cócteles, cenas de presentación, fiestas privadas para clientes VIP o influencers). Duración: 3-4 horas. Vestimenta proporcionada por la marca. No es desfile, sino presencia como “embajadora”: fotos con invitados, redes sociales en directo, interacción. Pago extra: 300 € netos por evento + gastos cubiertos.

Al final del documento, una cláusula de confidencialidad y otra de cancelación: si Gema se arrepiente antes de firmar, sin penalización. Si firma y luego cancela, devolución proporcional de pagos ya recibidos.

Gema dejó caer el albornoz sobre la cama con un movimiento lento, casi ceremonial, la tela blanca deslizándose por su piel todavía húmeda de la ducha. Respiró hondo, el pecho subiendo y bajando, los pezones endurecidos rozando el aire fresco del dormitorio. Me miró con esos ojos verdes que brillaban como esmeraldas mojadas, brillantes de excitación y un miedo delicioso que le hacía temblar ligeramente las piernas.

—Joder, Javi… es real —susurró, la voz ronca, todavía cargada del orgasmo reciente—. 1.800 por la sesión, bonos por ventas, porcentaje de royalties, desfiles, fiestas VIP… y mi nombre —o un alias que todavía no he decidido— en todo. Fotos mías en lencería por toda la web de la agencia, en catálogos impresos que van a llegar a miles de casas, en redes sociales con hashtags que van a explotar… y la gente de aquí, la familia, los vecinos, los clientes de la cafetería… todos lo van a ver. Me da un vértigo brutal que me revuelve el estómago.

Se acercó un paso, desnuda, el cuerpo todavía brillante por el agua y el sudor, las tetas pesadas moviéndose con cada respiración, entre los muslos un hilo de humedad resbalando despacio por el interior de la pierna.

—¿Estás segura? —pregunté, la voz baja.
— Yo sí —respondió, acercándose más, hasta que sentí el calor de su piel contra la mía—. Creo que estoy descubriendo una inclinación hacia el exhibicionismo que no sabía que tenía… o que llevaba años dormida. Todo me está encantando.
— Me alegro mucho por ti —dije, sincero, aunque la voz me salió entrecortada.
— ¿Solo por mí? —preguntó, inclinando la cabeza, una sonrisa lenta y peligrosa asomando—. ¿Tú no te alegras? Pensaba que todo esto también te gustaba…
—No lo sé —admití, tragando saliva—. Cuando estoy caliente me gusta mucho. Me pone brutal imaginarte posando abierta, mojada, con miles de pollas duras por tu culpa. Pero en frío… me asusta un montón. Todo va muy rápido. Y hay veces que echo de menos nuestra vida de antes, solo nosotros.

Gema se quedó callada un segundo. Luego se acercó más, hasta que sus tetas rozaron mi pecho, los pezones duros como piedras contra mi camisa.

—Para mí eres lo primero —dijo, la voz suave pero firme—. Así que si tú quieres, ahora mismo llamo a la marca y abandonamos todo esto. Borro el email, rompo el contrato digital, y seguimos siendo Javi y Gema, los de siempre.
—No —respondí rápido, casi sin pensar—. Pero eso sería ir en contra de tus deseos también. Y nunca ha pasado por mi mente que tú no puedas desarrollar la tarea que te propongas. No seré yo quien ponga freno a tus aspiraciones, sean las que sean. Aunque me dé miedo… quiero verte brillar.
Sus ojos se humedecieron un instante. Luego sonrió, esa sonrisa tierna que solo me dedicaba a mí, la que me recordaba por qué la quería tanto.

—Ves… por esto eres mi marido y todo lo demás me importa una mierda —susurró, acercándose hasta que sus labios rozaron los míos—. Siempre me pones en valor por encima de todo y todos. Por eso siempre estaremos juntos. Siempre que tú quieras.

Se tiró sobre mí y me besó con ternura, con cariño, con esa dulzura que necesitaba mi alma para recordarme que no era solo un juego. Que detrás de la lencería, los flashes, las miradas, seguía habiendo un nosotros. Nos quedamos abrazados unos instantes en la cama, ella desnuda contra mí, el albornoz a un lado y al otro aquel vestido soez y provocador que pretendía ponerse esa noche.

—Sabes, tengo dos ideas nuevas para ti —me dijo en un susurro pequeño y suave, la boca rozándome la oreja, el aliento caliente haciéndome estremecer.
—¿Qué se te ha ocurrido ahora? —pregunté, riendo bajito—. Que cada vez que esa cabecita tuya piensa…
—Pues lo primero, me gustaría empezar a grabarme reels… y que tú me ayudaras. Que seas mi cámara, mi director, mi cómplice. Que me grabes posando…, que lo subamos juntos, que lo veamos juntos después.
—Pufff… me vas a convertir en tu reportero porno, jaja. ¿Y lo segundo?
— Pues .... me gustaria que fueses tu quien me compraras la ropita ...
— ¿La ropita?
— Siii, tonto, la ropita... la lencería con la que te gustaría que posase. —dijo, bajando la voz hasta que fue casi un ronroneo—. Bueno, lencería o lo que fuese. Tangas diminutos, corpiños que me aprieten las tetas hasta que los pezones asomen por la malla, ligueros que me marquen los muslos… De la ropa del día a día ya me encargo yo. Pero la que me pongo para posar… quiero que la elijas tú. Quiero saber que cada vez que me vean en una foto, estás tú detrás.
—No me jodas, Gema… ahora me voy a tener que hacer un cursillo de ropa erótica… —reí.
—¿Bueno… quieres que vayamos al concierto? ¿O prefieres que nos acomodemos en casa con alguna serie? —preguntó, mordiéndose el labio inferior—. Mañana trabajamos… bueno, trabajas tú, que la cafetería rinde sola.
—Venga anda!!! Ponte lo que sea eso y vámonos —dije, dándole una palmada suave en el culo desnudo—. Ya mañana arrasaré la máquina del café.

Gema se levantó de un salto, riendo, y se giró hacia mí con una mirada traviesa.

—Hoy me haces mi primer reel —dijo, guiñándome el ojo—. Y esta noche… nos quedamos en casa, que después de la ducha me he enfriado... y al final ya no me apetece tanto salir.

—De verdad que no me importa —insistí —. Vamos y lo celebramos. Te lo has ganado.

—No, no Javi, de verdad —dijo, acercándose y rozándome el pecho con las tetas desnudas, los pezones duros rozando mi camisa—. Me está dando una pereza tremenda pensar en pillar el coche, ir hasta Marbella, aguantar el tráfico, bailar rodeada de gente…, bueno eso no tanto, jajaja, y luego volver a las tantas. Otro día. Pero mi primer reel lo grabamos hoy, ¿vale?

Solo sonreí. Era como si la humanidad nos hubiera regalado un momento de paz inesperada, y en el fondo lo agradecía con todo mi ser. Así que me limité a asentir con la cabeza, sintiendo cómo la tensión de la tarde se disipaba un poco, dejando espacio para algo más tranquilo… aunque igual de caliente.

Comenzó a vestirse delante de mí, despacio, provocándome sin esfuerzo, primero se puso un tanga negro de encaje ajustándoselo a la perfección, marcando el surco de su coño; luego una falda plisada corta de color crema que apenas le tapaba el culo, tan ligera que cada movimiento dejaba ver el encaje y la curva de las nalgas; por último, una camiseta blanca de tirantes fina, sin sujetador, los pezones endurecidos marcándose claramente bajo la tela, oscuros y prominentes como si estuvieran pidiendo ser chupados.

—¿Lo hacemos dentro o fuera de casa? ¿En los jardines de la urbanización? —preguntó mientras se miraba al espejo, girando sobre sí misma, la falda subiéndose lo justo para mostrar el tanga pegado al coño.
—En un rato comienza a atardecer y la luz del ocaso siempre mejora las fotos —respondí, la voz un poco ronca—. Mejor fuera, ¿no? Esa luz dorada te va a quedar brutal en la piel… .
—Vale —dijo, sonriendo con picardía—. Bueno, pues espérame en el salón, que entonces tengo tiempo para elegir ropa para mi primer vídeo. Quiero que sea… especial. Quiero que salga bien.

Se metió de nuevo en el vestidor, dejando la puerta entreabierta. Oí el roce de telas, cajones abriéndose, perchas tintineando. Cada sonido era una tortura lenta, y yo sentado en el salón, esperando, con la polla dura otra vez, latiendo contra el pantalón, sabiendo que cuando saliera iba a estar vestida para ser deseada, para ser grabada, para ser mía y de nadie más al mismo tiempo.

Me senté en el sofá, el móvil en la mano, listo para grabar. El atardecer empezaba a teñir el cielo de naranja y rosa a través de la ventana. Y yo solo podía pensar en una cosa, en cómo iba a ser verla posar.

Gema tardó lo justo para volver a ponernos al límite, y entonces salió, y joder… se me cortó la respiración.

Llevaba un short vaquero exageradamente pequeño, de esos que son más un cinturón ancho que una prenda, la tela deshilachada apenas cubría la cintura y el inicio de las caderas, dejando todo el culo al aire. Las nalgas grandes, redondas y altas quedaban completamente expuestas, la curva perfecta brillando bajo la luz del atardecer que entraba por la ventana. El short se metía entre las nalgas como si quisiera desaparecer, dejando ver el surco profundo. Delante, la tela era tan corta que solo tapaba el monte de Venus. No llevaba tanga. Nada. Solo piel desnuda, brillante por el aceite corporal que se había echado, los muslos rozándose con cada paso y dejando un brillo sutil de excitación.

Arriba, una camiseta blanca recortada a tijera justo a la altura de los pezones, el corte irregular dejaba ver la parte inferior de las tetas, la curva pesada y llena asomando por debajo, los pezones duros y oscuros rozando el borde de la tela cada vez que respiraba. Si se movía un poco más, los pezones salían completamente, rosados y erectos, pidiendo ser chupados. La camiseta era fina, casi transparente con la luz del ocaso detrás, dejando ver los círculos areolares y el contorno de las tetas temblando con cada paso.

Y en los pies, esos tacones rojos de aguja de doce centímetros, finos como estiletes, haciendo que sus piernas parecieran poderosamente interminables, las pantorrillas marcadas, el culo elevado aún más, proyectado hacia atrás como una invitación obscena.

Se paró en el centro del salón, giró despacio sobre los tacones, la camiseta subiéndose un poco más y dejando ver el borde inferior de las areolas, el short vaquero tan corto que se le metía en su ingle al caminar, marcando el surco de su coño. El culo rebotaba con cada movimiento, las nalgas temblando, la piel bronceada y brillante entre los agujeros de los shorts deshilachados.

—¿Qué tal para el primer reel? —preguntó, la voz ronca, cargada de morbo—. Pensé que si voy a ser modelo… hay que empezar fuerte. Quiero que me grabes así, caminando por el jardín, posando.

Se acercó despacio, los tacones resonando en el suelo, el culo moviéndose hipnóticamente con cada paso. Se detuvo a centímetros de mí, el olor de su excitación llenándome la nariz, jabón de ducha, deseo puro. La camiseta blanca rozaba mis labios cuando se inclinó y los pezones duros casi me tocan boca.

—Grábame —susurró, rozándome el pecho con las tetas, los pezones rozando mi camisa—.

Saqué el móvil con manos temblorosas, abrí la cámara, pulsé grabar.

La luz del atardecer entraba dorada por la ventana, bañándola en un resplandor cálido que hacía que su piel brillara, que la camiseta blanca contrastara brutalmente con sus tetas casi al aire.

—Empieza a caminar —dije, la voz ronca—. Hacia el jardín. Despacio.

Gema sonrió, se dio la vuelta y caminó hacia la puerta corredera que daba al jardín trasero. Cada paso era una provocación, el culo rebotando, la camiseta subiéndose y dejando ver el borde inferior de las tetas, los pezones asomando completamente cuando levantaba los brazos, el short vaquero tan corto que se le metía entre los labios mayores, marcando el surco húmedo y rosado. Abrió la puerta, salió al jardín, la luz del ocaso tiñéndola de naranja y rosa, el aire fresco endureciendo aún más sus pezones hasta que casi dolía mirarlos.

Se giró hacia mí, apoyó la espalda contra la pared de la casa, levantó los brazos por encima de la cabeza, arqueando la espalda, las tetas se elevaron, los pezones saliendo por completo del corte de la camiseta, duros y rosados bajo la luz dorada.

—Graba —susurró—. Esto es para ti —dijo, la voz temblorosa—.

Yo grababa, sabiendo que ese reel iba a ser publicado en breve. Mientras ella seguía posando, yo la seguía con el móvil en alto, grabando cada movimiento, cada contoneo.

Entonces se oyó la voz desde el seto que separaba nuestro jardín del de al lado.

—Buenas tardes, vecinos.

Gema se detuvo en seco, giró la cabeza despacio. Yo bajé el móvil un instante, el corazón me asalto la garganta.

Era don Manuel, el vecino de sesenta y tantos que vivía tres casas más arriba. Jubilado, viudo, siempre con esa sonrisa amable y un poco boba cuando veía a Gema pasar por la calle. Llevaba una camisa de cuadros descolorida, pantalón de pinza y zapatillas de casa. Se había asomado por encima del seto bajo, apoyando los codos en la valla de madera, y se había quedado congelado, los ojos abiertos como platos, la boca entreabierta en una sonrisa de oreja a oreja que no podía disimular.

Miraba a Gema como si estuviera viendo un milagro. No dijo nada más durante unos segundos eternos. Solo miró. Y sonrió. Y tragó saliva audiblemente.

Gema no se tapó. No se movió para cubrirse. Al contrario, se giró despacio hacia él, apoyando una mano en la cadera, arqueando la espalda un poco más para que las tetas se elevaran y los pezones quedaran aún más expuestos.

—Buenas tardes, don Manuel —dijo ella con esa voz dulce y ronca que ponía cuando quería jugar—. ¿Qué tal?

Él carraspeó, sin apartar los ojos de su cuerpo.

—Espero que os queden bien las fotos… porque la modelo lo merece —dijo al fin, la voz temblorosa pero sincera, la sonrisa ampliándose aún más, los ojos brillando con una mezcla de admiración y deseo puro—. Estás… espectacular, Gema. De verdad.

Gema rió bajito, un sonido que me puso la piel de gallina y la polla aún más dura.

—Gracias, don Manuel. Estamos haciendo una prueba para un proyecto nuevo. ¿Le gusta lo que ve?

Él asintió despacio, sin pestañear.

—Mucho… mucho. Nunca pensé que viviría para ver algo así desde mi jardín.

Gema miró hacia mí, los ojos brillantes de morbo, y luego volvió a mirar al vecino.

—¿Quiere salir un segundo y ver mejor? —preguntó, la voz suave pero cargada—. Estamos grabando un reel. Puede ser… parte del público.

Don Manuel se quedó quieto un segundo, como si no se creyera lo que acababa de oír. Luego, con una lentitud casi cómica, abrió la puertecita del seto y salió a nuestro jardín. Vestido con sus zapatillas y su camisa de jubilado, se acercó hasta quedar a unos metros, los ojos clavados en Gema, en las tetas casi al aire, en el culo desnudo y alto, en el coño marcado bajo el short diminuto.

Yo volví a levantar el móvil, pulsé grabar otra vez.

Gema sonrió a la cámara —y al vecino— y empezó a posar de nuevo, se giró de espaldas, arqueó la espalda, levantó los brazos por encima de la cabeza, el culo en pompa, el short subiéndose más y dejando ver todo, las nalgas separadas brillando bajo la luz del atardecer. Luego se inclinó hacia delante, las tetas colgando bajo la camiseta recortada, los pezones saliendo completamente por el borde, duros y oscuros, pidiendo ser chupados.

Don Manuel se quedó paralizado, la respiración acelerada, la mano derecha bajando instintivamente a la entrepierna, rozando la erección que ya se marcaba en el pantalón de pinza.

Gema se giró de nuevo hacia la cámara —hacia mí—, se mordió el labio.

—Esto es para el reel… —susurró, mirándome directamente a los ojos—. Pero también es para usted, don Manuel. Para que lo recuerde cuando esté solo en su casa esta noche.

El vecino tragó saliva, la mano apretando la erección por encima del pantalón.

Yo grababa, la polla empezaba a ponérseme dura, y es que en ese momento me di cuenta de las apariencias de Gema, que bien podría pasar por una puta de las que se venden en callejones oscuros.

Gema se acercó a mí, me quitó el móvil de las manos sin dejar de mirar al vecino, y me susurró al oído, ¿A que esto te gusta? Y me dio un profundo beso.

La luz ya comenzaba a caer profusamente, tiñendo el jardín de un azul oscuro y profundo, las primeras estrellas asomando tímidamente sobre la urbanización.

Yo la miraba grabando con el móvil. Entonces se me ocurrió la idea, como un fogonazo sucio y caliente que me subió desde los huevos hasta la cabeza.

— ¿Qué te parece si nos acercamos al polígono que hay aquí al lado? —dije, bajando el móvil un segundo, la voz ronca, cargada.

Gema se detuvo, giró despacio hacia mí, el culo rebotando ligeramente con el movimiento. Me miró con esos ojos verdes que brillaban en la penumbra, una sonrisa lenta y peligrosa curvándole los labios hinchados.

—¿El polígono? —repitió, la voz baja, casi un ronroneo—. ¿El de al lado… el que está a dos calles? Ese donde por las noches se oyen coches parando, luces apagándose, y mujeres esperando en los callejones…

Asentí. Mi mente ya lo veía, los polígonos industriales de las afueras, casi adyacentes a la urbanización, con sus naves cerradas, farolas amarillentas parpadeando, callejones oscuros y silenciosos donde, en las horas nocturnas, algunas chicas trabajaban en la calle. Putas de carretera, de polígono, esperando clientes en minifaldas cortas, tacones altos, cuerpos expuestos bajo luces tenues. Y yo imaginaba a Gema allí, posando como una de ellas, el short vaquero apenas tapando nada, la camiseta recortada dejando las tetas casi al aire, el culo desnudo brillando bajo las farolas, las piernas abiertas contra una pared de ladrillo sucio, el coño húmedo y abierto para la cámara… para mí.

Gema se mordió el labio inferior, los ojos brillando con morbo puro.

—Joder, Javi… —susurró, acercándose hasta que sentí el calor de su cuerpo contra el mío, los pezones duros rozándome el pecho a través de la camiseta—. ¿Quieres que pose como una puta de polígono? ¿Qué me ponga en un callejón oscuro, contra una pared llena de grafitis, con el culo en pompa, mientras tú grabas como si fuera una de esas chicas que esperan coche?

Asentí, la voz apenas un gruñido.

—Quiero verte así. Quiero grabarte fingiendo que esperas cliente…

Gema respiró hondo, el pecho subiendo y bajando rápido, los pezones rozando la tela fina hasta endurecerse aún más.

—Vamos —dijo, la voz temblorosa de excitación—. Pero graba todo. Desde el momento en que salgamos de aquí. Quiero ver después cómo me muevo.

Cogió una chaqueta fina para cubrirse un poco al salir de la urbanización —no quería que los vecinos la vieran salir así—, pero la dejó abierta, dejando ver la camiseta recortada y los pezones duros. Salimos por la puerta trasera, caminando rápido por las calles silenciosas de la urbanización hasta llegar al límite con el polígono, una valla baja, un paso peatonal mal iluminado, y al otro lado los primeros callejones oscuros, naves cerradas, farolas amarillentas que apenas alumbraban el asfalto agrietado.

Entramos. El polígono estaba desierto a esa hora, solo el zumbido lejano de algún coche en la autovía, el eco de nuestros tacones en el asfalto, el olor a aceite, metal y noche fresca. Gema se detuvo en el primer callejón estrecho, entre dos naves cerradas, una farola parpadeante iluminándola desde arriba.

Se quitó la chaqueta, la dejó caer al suelo sucio. Se giró hacia mí, apoyó las manos en una señal de tráfico, arqueó la espalda, levantó el culo hacia mí, el short vaquero subiéndose más, dejando ver las nalgas separadas.

—Graba —susurró, la voz temblorosa—. Como si estuviera esperando cliente. Como si fuera una puta de polígono… tuya.

Pulsé grabar. La cámara capturó cada detalle, gema se giró despacio, se apoyó en la pared con la espalda, abrió las piernas, metió una mano dentro del short.

—Esto me está poniendo… —susurró a la cámara—.

Gema continuó posando en el polígono, cada vez más suelta, más descarada, como si el riesgo del lugar la encendiera aún más. La luz amarillenta de las farolas parpadeantes le bañaba el cuerpo en un tono sucio y caliente, haciendo que la piel brillara con sudor y aceite corporal.

Se apoyaba en las paredes, arqueaba la espalda, ponía el culo en pompa hacia la cámara, abría las piernas lo justo para que el short se subiera. Se tocaba despacio, pasando sensualmente las manos sobre su cuerpo de forma provocativa o llevándoselos a la boca mientras me miraba a los ojos.

—Algunas tomas… serán solo para nosotros —susurró, la voz ronca y temblorosa—. Esas no las subiremos nunca. Serán nuestras.

Cruzó la calle de acera a acera. Yo me quedé parado en la esquina, revisando los vídeos en la pantalla del móvil para ver si estaban saliendo bien, la luz del atardecer había sido perfecta, el encuadre capturaba cada detalle sucio y caliente, cada gota de sudor, cada temblor de sus nalgas.

Gema siguió andando, separándose de mí unos metros, sola en el callejón mal iluminado.

Entonces apareció el coche.

Un vehículo negro, lento, con los cristales tintados. Se detuvo a su lado con un ronroneo suave, el motor apagándose. La ventanilla del copiloto bajó despacio.

Gema se detuvo, giró la cabeza hacia el coche, luego hacia mí. Me buscó con la mirada, los ojos abiertos, una mezcla de sorpresa y morbo puro. Yo me quedé quieto, medio oculto en la sombra de una nave, el móvil todavía en la mano… comencé de nuevo a grabar.

Hice como que no la veía al principio. Dejé que la escena se desarrollara. Quería ver qué pasaba.
El conductor —un hombre al que apenas veía, parecia tener pinta de ejecutivo— asomó la cabeza. Le dijo algo que no pude oír desde donde estaba. Gema se acercó un poco más al coche, apoyando una mano en la ventanilla abierta, inclinándose ligeramente. El short diminuto apenas le tapaba nada. La luz amarilla de la farola les daba la iluminación justa para que pudiera ver desde lejos. El hombre la miró de arriba abajo, los ojos deteniéndose en las tetas casi al aire, en los pezones duros asomando por la camiseta recortada y en el culo perfectamente expuesto.

Gema giró la cabeza otra vez hacia mí. Esta vez me vio. Nuestros ojos se encontraron en la penumbra. Le hice un gesto con la cabeza desde lejos, un leve movimiento, una señal clara.

Continúa charlando.

Ella sonrió despacio, esa sonrisa sucia y traviesa que me volvía loco. Volvió a mirar al conductor, se inclinó un poco más, dejando que las tetas se acercaran al cristal abierto, los pezones rozando el borde de la camiseta. El hombre le dijo algo más. Ella río bajito, una risa que me llegó amortiguada por la distancia pero que me puso la polla aún más dura. Se tocó el pelo, se mordió el labio inferior, arqueó la espalda para que el culo se elevara más, para que el coño quedara más expuesto.

Yo imaginaba la conversación. No oía nada, pero lo sabía,

—Buenas noches… ¿estás trabajando? —Puede… .
—¿Cuánto? —Depende de lo que quieras… y de lo que me pongas. —Sube. Hablamos en el coche. —Aquí estoy bien… de momento. Enséñame qué tienes.

Gema se inclinó más, apoyando los codos en la ventanilla, el culo en pompa hacia mí, las nalgas separadas brillantes, visibles desde mi posición. El hombre sacó algo del bolsillo —quizás dinero, quizás el móvil para grabar—, y se lo mostró. Ella rió otra vez, se enderezó un poco, se tocó el pecho por encima de la camiseta, pellizcando un pezón que asomó por completo por el borde recortado.

Yo seguía grabando. El morbo me quemaba, mi mujer, vestida como una puta de polígono, charlando con un desconocido en un coche parado, ofreciéndose sin ofrecerse del todo, dejándose mirar.
Gema giró la cabeza una última vez hacia mí, me miró directamente, y me hizo un gesto con los ojos, ¿sigo?

Asentí despacio.


Gema se inclinó aún más hacia la ventanilla. El conductor no podía apartar los ojos, primero de las tetas casi al aire, luego del culo perfecto y desnudo.

Ella lo provocó más. Con una lentitud deliberada, levantó las manos y se subió la camiseta blanca hasta justo debajo de la barbilla. Las tetas quedaron completamente expuestas, pesadas, redondas, con los pezones duros y oscuros apuntando hacia delante, hinchados por la excitación. Los círculos areolares rosados se veían perfectamente bajo la luz amarilla, los pezones tan erectos que parecían doler.

El hombre tragó saliva audiblemente. Extendió la mano derecha por la ventanilla abierta, los dedos temblando ligeramente, intentando rozarle un pecho, quizas pellizcarle un pezón.

Gema se separó de golpe, retrocediendo un paso, la camiseta cayendo de nuevo sobre las tetas, pero sin cubrir del todo los pezones que seguían duros y visibles. Rió bajito, una risa ronca y juguetona que me llegó amortiguada por la distancia.

—No, no… —dijo, negando con la cabeza despacio, los ojos brillantes de morbo—. Solo mirar. Nada de tocar.

El hombre insistió, la voz saliendo más grave, más urgente,

—Sube al coche. Hablamos mejor dentro. Te pago bien… lo que pidas. Solo un rato.

Gema volvió a negar con la cabeza, esta vez más firme, pero sin perder la sonrisa. Se mordió el labio inferior, se pasó la lengua por los labios, y dio otro paso atrás, dejando que el hombre viera bien cómo se le marcaba el coño bajo el short diminuto.

—No, gracias —dijo, la voz dulce pero tajante—. Creo que voy a declinar tu oferta.

Se giró despacio, el culo rebotando con el movimiento, y caminó hacia mí sin prisa, los tacones resonando en el asfalto agrietado del polígono. El hombre se quedó dentro del coche, la mano todavía extendida, la cara desencajada entre deseo y frustración. Arrancó el motor con un rugido seco y se volvió a acercar a ella.

— Venga anda, de acuerdo te pago 300 pavazos solo por la mamada. Entra al coche.

Lo pude escuchar perfectamente, el tipo le ofrecía 300 euros por una mamada, y ese precio era la respuesta a una propuesta. Estaba claro que era una propuesta que ella le debía haber hecho anteriormente.

Ya estaban a escasos metros de donde yo me situaba.

Gema volvió a pararse, se volvió a apoyar sobre la puerta del vehículo, se inclinó lo suficiente como para poder casi meter la cabeza dentro de aquella ventanilla. Ahora si lo pude ver, un tipo de unos cuarenta años, bien vestido con traje de chaqueta, de su mano colgaba un reloj grande, ocupaba el interior de aquel Volvo. Y ella con la cabeza a medio entrar en esa ventanilla, metió su brazo dentro del coche, y por el gesto me imagino que para tocarle el rabo y le respondió.

— Te has equivocado de Puta, soy de las que hacen la oferta una vez, si no la pillas la pierdes. Si es por mi esta noche te quedas con el rabo como lo tienes. Puedes probar con otra compañera o puedes buscarme otro día.
— Hija de puta, me vas a dejar a si, 400 eurazos, por una tía como tu pago lo que quieras.
— Anda tira, que ya te he contestado y me espera otro cliente en la esquina – dijo mirándome y refiriéndose a mi - Veras como este no se lo piensa dos veces.

Gema se separó de aquel putero, dejándolo allí parado. El tipo se quedó viendo cómo se marchaba mi mujer, desconociendo que todo había sido un juego. El mirándole descaradamente el culo, le dio una voz “Ese culo lo busco mañana y te lo follo, por mis muertos que me lo follo. Mañana te busco.”


Gema llegó hasta mí corriendo los últimos metros, riendo con esa risa profunda y liberada que me volvía loco. Me cogió de la mano, tiró de mí hacia atrás, hacia las sombras de la urbanización, y salimos corriendo del polígono entre risas ahogadas, los tacones golpeando fuerte contra el suelo, el culo rebotando bajo el short diminuto, las tetas temblando bajo la camiseta recortada.

Cuando llegamos a una calle más tranquila, se paró, jadeando, todavía riendo, el pecho subiendo y bajando rápido, los pezones duros rozando la tela fina.

—¿Qué te ha dicho? —pregunté, la voz ronca, notaba mi rabo pidiendo aire.

Gema se acercó, me rodeó el cuello con los brazos, las tetas apretadas contra mi pecho, los pezones duros clavándose en mí.

—Primero me ha preguntado si estaba trabajando —susurró, la boca rozándome la oreja—. Le he dicho que “Podía ser… ”. Me ha mirado las tetas, el culo, el coño marcado bajo el short… y me ha dicho que “subiera, que me pagaba bien”. Que “lo que pidiera”. Que “solo un rato”. Que “tenía un sitio discreto cerca”.

Cuando me he acercado a la ventanilla me ha dicho.

—Mira esta polla —gruñó, la voz ronca y cargada—. Mira cómo me la pones. Era gruesa, venosa, con la cabeza hinchada y goteando. Me ha dicho que eso era solo por verme el culo.
—¿Te ha enseñado la polla?
—Si, ya la traía fuera, pero cállate que te sigo contando.
—Joder Gema, te han enseñado dos pollas en dos días, ayer Pepe y hoy el tipo este.
—Que te calles!!, que o no sigo contándote.
— Me ha insistido en que subiera al coche, Te pago lo que sea. Me ha estado preguntado que si era nueva en la zona, y luego lo que le gustaría hacer conmigo, que si follarme el culo a cuatro en el asiento trasero, que si me escupiría en el ano rosado que debo tener y luego me lo chuparía, lamiéndote el culo mientras me metía tres dedos en el coño y te hago chorrear como una fuente. No se la cantidad de guarradas que me ha dicho en un momento. Que, si quería llenarme el culo de su leche caliente y luego me ha preguntado cuánto le costaba por todo eso.
— Le miré la polla un segundo y me relamí los labios despacito, para recalentarlo y le respondí —joder… qué gorda y qué fea la tienes. Pero no subo. Si quieres algo… negocia bien, cerdo.
— El hombre gimió fuerte y comenzó a meneársela delante mía, fue cuando te busque y me hiciste señas para que continuara. - Me figure que la situación te estaba poniendo guarro a ti también.
—Te doy 600 —dijo, casi suplicando—. Sube, me la chupas un rato, te follo el coño 15 minutos, te meto tres dedos en el culo y te dejo 600. Venga… mira cómo la tengo. Mira cómo gotea por ti. Te la metería hasta que te corrieras gritando “más, papi, lléname el coño”.
— En ese instante le dije que no, pero deje que la camiseta se subiera más y que pudiera verme los pezones, que te confieso que los tenía duros de todo aquello.

La interrumpí, -¿me estas contando que se estaba pajeando delante tuya? -

— Callate!!!, me ordeno.- y continuo contándome....
—No —dije, con una voz firme y juguetona—. Por una mamada… 500. Te la chupo aquí mismo, con la puerta abierta y hasta te miro a los ojos mientras me la meto hasta la garganta, me trago todo lo que me eches, te chupo los huevos peludos y sudados si quieres… pero nada de follar. Nada de metérmela por el coño ni por el culo. Solo boca. 300. Ni un euro menos. O te quedas con las ganas y te pajeas solo pensando en mi boca tragándome tu lechecita
— El tipo gruñó frustrado, meneándosela con furia, la cara roja de deseo y rabia. Y me respondió, ¿300 por una mamada? Eso es carísimo, puta —dijo, casi gritando—. En cualquier polígono te la chupan por 80 o 100. Te doy 250. Última oferta. Sube un momento, me la chupas 5 minutos, te traga todo y te dejo 250. Venga… sube. Te la meto hasta la garganta y te hago ahogarte con mi leche.
— Reí suave, me separé del coche un par de pasos y dejé que me viera bien. No, cariño 300 o nada, le dije. Fue el momento en que me levante la camiseta. Ha sido cuando ha querido tocármelas, y le he dicho que la mercancía no se toca sin pagar antes, así que continue enseñándole las tetorras mientras me pellizcaba los pezones y diciéndole - como veo que no llegamos a un acuerdo… me voy que tengo otros clientes esperando. Que tengas buena noche… -
— Luego ha sido cuando venía hacia ti, eso lo has visto mejor. Ha vuelvo a acercarse para decirme que aceptaba pagar los 300 euros, y ha sido cuando me metido el brazo dentro del coche, le he cogido la polla, se la he sacudido dos veces y le he dicho que había perdido su oportunidad, que yo no era una puta como las demás. Que si quería volver a intentarlo que lo hiciera mañana. Y se acabó!!!, eso ha sido todo.
—¿Lo has oído todo? —susurró, rodeándome el cuello con los brazos, las tetas apretadas contra mi pecho—. Me ha enseñado la polla… gorda, venosa, fea, goteando como un grifo. Se la meneaba delante mía mirándome el culo y las tetas, diciendo que me iba a follar el coño y el culo hasta llenarme de leche, que me iba a dejar chorreando por los muslos. Me ha ofrecido 250 por una mamada… y yo le he dicho 300 o nada. Se ha quedado con las ganas, pajeándose en el coche mientras me veía irme, corriéndose solo pensando en mi boca tragándoselo todo.
—Joder Gema!!! Joder ... joder!!!, no tenemos solución, tu viendo pollas por el mundo, y yo dejando que las veas..., creo que tenemos un problema mental...
—Lo que tú quieras, llámalo como te dé la gana, pero a ti te flipa que los tíos suspiren los aires por tu mujercita, y a mí me pone muy guarra todo esto.

Me besó con hambre, la lengua enredándose con la mía, las manos bajando a mi entrepierna, apretando la polla tiesa por encima del pantalón.
Note que estaba tan mojada que sentía sus flujos bajándole por los muslos —susurró contra mi boca—. Pensaba en ti grabando desde lejos… en que me estabas viendo… en que me deseaba un desconocido y tú estabas ahí, mirando ¿Te hubiese gustado que se la comiera?

— No lo sé, puede... no lo se.
— Aun estoy a tiempo.... si es lo que quieres pídemelo!!!, por ti hago lo que quieras.
— Joder Gema... .¿Lo harías?
— Si tú lo quieres, claro que lo haría, le cobraria los 300 euros y dejaría que se corriera dentro de mi boca. ¿Lo quieres?

Me apretó más fuerte, frotando la palma contra mi erección.

—Vamos a casa —dije, con la voz temblorosa—
— ¿Estás seguro?, mira que esta puta no da dobles oportunidades. Si dices que no, no te doy otra oportunidad.
— Mañana!! Mañana y no incumples tu promesa de zorra. Mañana regresamos si quieres, pero ahora vámonos a casa. Quiero follarte ahora mismo.

Caminamos rápido de vuelta a casa, ella delante, el culo rebotando con cada paso, el short diminuto apenas tapando nada. Esta vez ni tan siquiera se tapó, la camiseta recortada dejando ver sus pezones duros y oscuros sin pudor alguno.





Llegamos a casa jadeando, la puerta se cerró de un portazo que resonó en el silencio del salón. El corazón me latía en la garganta, tenia la polla superdura y dolorosa contra el pantalón, el recuerdo del polígono golpeaba mi frente de forma continua. Gema apoyada en la ventanilla del coche, el culo en pompa, el short vaquero diminuto metido entre las nalgas. El hombre sacando la polla gorda y venosa, meneándosela con furia mientras le decía guarradas, ofreciéndole dinero como si fuera una puta de carretera, cómo ella le había enseñado las tetas, cómo él había intentado tocarla, cómo ella se había apartado riendo y le había dicho “solo mirar”. Y cómo, al final, él se había quedado allí.

Gema se giró hacia mí, los ojos todavía brillantes de morbo y adrenalina, el short vaquero empapado en el centro, la camiseta recortada pegada a las tetas por el sudor, los pezones duros y oscuros asomando por el borde como si quisieran romper la tela. No hubo palabras al principio. Solo nos miramos. Y en esa mirada estaba todo: el coche parado, la polla que ella había visto de cerca, cómo la había mirado mientras él se la meneaba, cómo le había ofrecido dinero por follarla como una zorra, cómo la había tratado de puta.

Gema se acercó despacio, me empujó contra la pared del salón con una fuerza que no esperaba. Su boca chocó contra la mía en un beso hambriento, saboreando todavía el morbo de la noche.

—Fóllame como si fueras él —susurró contra mis labios, la voz rota y temblorosa—. Trátame como la puta del coche. Dime guarradas. Hazme sentir que soy una zorra de polígono que cobra por abrirse de piernas….

La giré de golpe, la puse de cara a la pared, le bajé el short de un tirón violento. El tanga no existía; el coño quedó expuesto, hinchado, mojado, ya estaba chorreando por los muslos. Le di una palmada fuerte en el culo ¡plaf!, el sonido rebotó en el salón.

—Abre las piernas, puta —gruñí, la voz baja y sucia—. Abre ese coño que ese cabron queria follarte en el coche. Te mojas solo de pensar en lo zorra que eres.

Gema gimió, abrió las piernas más, apoyó las manos en la pared, arqueó la espalda, el culo en pompa hacia mí. Le separé las nalgas con las manos, el ano rosado y apretado asomando, el coño goteando como un grifo.

—Primero te voy a comer el culo —le dije, arrodillándome detrás de ella—. Como él quería hacerte. Como quería meterte la lengua por el ano mientras te abría con los dedos.

Le escupí directamente en el ano, le ensalive bien caliente el culo, el sudor y mi saliva le caía sobre el agujero rosado. Luego acerqué la boca y lamí despacio , la lengua plana recorriendo el surco, metiendo la punta en el ano apretado , sintiendo cómo se contraía alrededor de mí. Gema gimió fuerte aaaahhh, empujando el culo hacia atrás, pidiéndome más.

—Joder… sí… méteme la lengua… lame el culo que ese cabrón quería follarse… —jadeaba—. Imagínatelo, al guarro ese comiendomelo.

Le metí la lengua más profunda, follándole el ano con movimientos rápidos, mientras le metía dos dedos en el coño, sintiendo cómo me apretaba, cómo la humedad me chorreaba por la mano . Ella se corría ya, las piernas temblando, el cuerpo convulsionando contra la pared .

—Ahora te voy a follar el culo —gruñí, poniéndome de pie detrás de ella—. Como él quería. Como quería meterte la polla gorda por detrás y llenarte de leche.
—Si hazlo!!! Eres un guarro, ¿Te hubiera gustado verdad?

Me bajé el pantalón, mi polla era imposible que estuviese mas dura, pero ese no era el problema, el problema era el tamaño de el rabo que ella necesitaba. Le escupí copiosamente en el ano otra vez, puse la cabeza de la polla contra el agujero apretado y empujé despacio. Gema gimió largo y roto aaaahhh!!!! cuando la cabeza entró, el ano se abrió al instante, a ese culo le daba igual el tamaño. Empujé más, centímetro a centímetro, hasta que estuve dentro del todo y mis huevos pegados a su coño húmedo.

—Joder… como te ha entrado… —gruñí, empezando a moverme despacio, follándole el culo con embestidas profundas—. Este culo es mío… aunque lo enseñes a todos… aunque ese cabrón del coche se pajease pensando en metértela…
—La de él era más grande, y me hubiese entrado igual ¿Tu qué crees?
— Seguro que sí, que este culo de puta se la hubiera tragado igual.
— ¿Quieres?... ¿Quieres que me la meta?, ¿Quieres que me deje follar por dinero?
— JODER!! JODER!!! Callate coño!!! Que me corro!!!...
—Venga dimelo, pidemelo. Dime .... quiero que ganes dinero follando!!!
— CALLATE GUARRA!!!, Y le di con la palma abierta en la mejilla un soberano guantazo.
— AAAAHHH!!!, eso es... venga cabron!!!!, sigue!!!, siguee.... JODER!!!, EMPUJA MAS FUERTE!!!, MIRA QUE PUTA ES TU ESPOSA!!!, Si se lo pides folla por dinerito!!!!
— QUE TE CALLES GUARRA!!! Y volvi a palmear su cara con la mano abierta
—VENGA DIMELO!!!, DILO... !! DIME QUE TE PONE VERME SIENDO UNA GUARRA!!!.. AAAAHHHHH
Gema gritaba, empujando hacia atrás, el culo rebotando contra mis caderas, el ano apretándome cada vez que entraba y salía.

—Fóllame el culo… como una puta… como la zorra del polígono… —jadeaba—. DIME QUE QUIERES QUE OTROS ME FOLLEN!!!.

La embestí más fuerte , clave las manos en sus nalgas, abriéndolas para verla bien, los pliegues del ano estirado alrededor de mi polla, el coño goteando y vacío debajo. Su coño ya chorreaba y mojaba el suelo en densos goterones.

— JODER!!! CABRON !!!! LLEVAME A LA CAMA, Y FOLLAME O ME VOY OTRA VEZ AL POLIGONO!!! ¿Quieres eso?...
— GEMAAA!!! AAAAH POR DIOS NO SIGAS CON ESO...!!!!
— DIME LO PUTA QUE SOY, DIMELO AAAHAHHAHA, FOLLAME, SACA EL POLLON DE GOMA Y FOLLARME LO DOS!!!, SI SISISI, DIMELO!!! SOY UNA PUTA... QUE FOLLA POR DINERO...

LLegamos a la habitacion, Gema me tiro sobre la cama y se puso encima a besarme mientras sus manos recorrian su cuerpo hasta llegar a mi polla.

— Hoy estas aguantando bien hijo puta!!! ¿Te la puesto bien dura el putero esa verdad?

Bajo hasta mi vientre repartiendo besos por todo mi cuerpo Su mano izquierda atrapo mi rabo y comenzó a pajearme escupiendo sobre el.

— Asi se la he tocado!!, asi se la he meneado dentro del coche – susurro-
— AAAHHH!! GEMAAA!!! NO no me digas eso.
— Te hubiese gutado verlo ¿Verlo verdad?
— SIGUEEE!!!, SIGUEEE....
— Te hubiese gustado, lo se, ¿pero sabes qué?, no lo vas a ver hasta que te folles una tia delante de mi.
— COÑO GEMA SIGUEEE!!! MIRA QUE ERES GUARRA!!!! AAAHHHHH
— SOY UNA GUARRA???? SI? ESO SOY? Quieres que traiga todos los dias dinerito y paguemos la hipoteca con lo que gano con mi coño? Mira que el poligono esta aqui a lado.QUIERES QUE TRAIGA DINERITO A CASA Y PAGUEMOS LA HIPOTECA CON EL DINERITO GANADO CON MI COÑO???
— NOOOO!!!, JODER!!!, PERO QUE PUTAAAA!!! AAAHH
— Levanta las piernas que vas a ver lo puta que soy.

Levante las piernas y gema escupio sobre mi culo varias veces...

— ¿Esto es lo que me dijiste que te gustaria que te hiciese verdad?
— SIIII!!!!! ¿ Vas a hacerlo?
— Ya te dije que en el sexo no tengo limites, que me pidas lo que quieras, venga disfruta

Puso sus manos sobre mis nalgas y tiro de ellas hacia fuera, note como el frescor del aire impactaba directamente sobre el ano. Primero solo besos suaves alrededor, sus labios rozaban la piel sensible de las nalgas, iban bajando suavemente hasta detenerse justo en el borde del agujero sin tocarlo aún. Mi respiracion se hizo pesada y densa. Escuche a ella sonreir y entonces vino la lengua. Un lametón largo y plano desde los huevos hacia abajo pasando por todo el perineo hasta detenerse en el ano. Lo saboreó despacio, girando la punta alrededor de el, sintiendo cómo me contraía y relajaba con cada pasada.

—Relájate... —susurró, antes de presionar la lengua contra el centro.ç

El esfínter cedió poco a poco, caliente y aterciopelado por dentro. Ella empujó más profundo, la lengua refrescando aquel lugar, moviéndose en círculos lentos mientras sus manos mantenían las nalgas bien abiertas. Mi jadeo se volvió fuerte, las manos aferrándose a las sábanas, el cuerpo comenzaba a temblar. Su lengua entrando y saliendo en ritmo constante, succionando suavemente el anillo cada vez que se retiraba, haciendo que se abriera más con cada embestida.

Una mano de ella bajó para acariciar mis huevos, masajeándolos con suavidad mientras la otra se colaba por debajo para rodear su polla dura, me masturbaba lentamente al mismo ritmo que su lengua. El ano se contraía rítmicamente ahora, apretando alrededor de la lengua como si quisiera tragársela, y cada contracción hacía que yo me arqueara, empujando hacia su boca.

—No pares... joder, cómemelo más profundo... —gruñí con la voz ronca.

Ella aceleró con su lengua girando en espirales grandes alrededor del borde, luego penetrando lo más hondo posible, succionando con fuerza el anillo arrugado mientras sus dedos apretaban la base de la polla para retrasar el orgasmo.

—¿Te esta gustando? Me pregunto.
—Delicioso AHHAHHHAHAHAH!!!.
—Pues al putero seguro que también le hubiese gustado. ¿ No crees?
—Seguro.
—Pues se acabo!!!, que quiero que me folles y te vas a correr antes de hacerlo

Cuando por fin se retiró, el ano de él estaba enrojecido, brillante de saliva, palpitando todavía. Ella se inclinó y le dio un último beso suave justo en el centro, haciéndolo estremecerse de nuevo.


—Delicioso...? De donde te ha salido eso?? Mariconazo!!!! Jajaj, Delicioso lo digo yo, pero tu querras decir que te ha encantado que la puta de tu mujer te haya comido el culo. —dijo con una sonrisa satisfecha, lamiéndose los labios—. Ahora ya sabes, saca a nuestro amigo de la mesilla.

Estiré el brazo, abrí el cajon y de nuevo teniamos la compañia de aquel rabo de goma grande y enorme.

Gema se puso a cuatro patas sobre la cama, me mostro el culo grande y redondo elevado, Tenia el coño chorreando abundantemente, el líquido espeso resbalaba y goteaba formando un charquito pegajoso en las sábanas.

Cogió el consolador, negro, grueso, venoso, de 32 cm con la cabeza gorda y venas marcadas, lo miró un segundo con los ojos vidriosos de deseo. Le escupió en la punta con saliva espesa sobre la cabeza, luego lo alineó con su coño abierto y, sin preámbulos, se lo metió completo de una vez AAAAAAAAAA!!!!!!!!!! El consolador desapareció hasta la base entre sus labios hinchados, el coño estirándose alrededor del grosor con un sonido húmedo y obsceno. Se machacaba el coño con furia, gemia fuerte AAAAAA!!!, AAAA!!!, SIIIII!!!,, AAAAAAA, ASI ME FOLLARIA EL PUTERO ESE!!!, CON ESA POLLA GORDA!!! ASIIII.
Su cuerpo temblababa y yo la miraba pajeandome, disfrutando de verla, las tetas le colgaban y chocaban entre si mientras se follaba con el consolador en movimientos rápidos y brutales plap-plap-plap-plap-plap.

Se giró la cabeza hacia mí, los ojos entrecerrados, la boca abierta en un gemido continuo unghhh-unghhh-unghhh.

—Fóllame el culo… —suplicó, la voz rota y temblorosa—. Fóllame el culo ahora mismo, Javi. Quiero sentir tu polla gorda abriéndome el ano mientras me follo el coño con este consolador. Quiero que me trates como la puta del coche… como la zorra que se abre de piernas por dinero…

Me arrodillé detrás de ella en la cama, le escupí en el ano rosado y apretado, sin mucho sentido, aquello ya estaba extremadamente humedecido y lubricado. Le separé las nalgas con las manos , puse la cabeza contra su ano y empujé despacio pop-squelch-squelch. Gema gimió largo y roto aaaahhh-SIIIIIIII!!! ASI, ASI.... ASIIIIIIII!!!, cuando la cabeza entró, el ano volvia abrirse para recibirme. Empujé más, centímetro a centímetro, hasta que estuve dentro del todo, los huevos pegados a su coño lleno del consolador, notaba como las paredes de su utero rozaba contra mi polla con la forma de aquel consolador de goma.

Gema gritaba, empujando hacia atrás plap-plap-plap-plap-plap, el culo rebotando contra mis caderas. Comence a darle palmadas en las nalgas...

— JODER!! ¡¡¡POR FIN ME FOLLAS COMO DEBE SER!!! JODER JODER QUE BUENO!!!

Comence a disfrutar como hacia tiempo que no lo hacia, me estaba dejando llevar por todo, cada vez que se introducía el consolador su ano me apretaba fuertemente la polla. Y comence a acompañarla en gemidos bestias que salían sin control. AAAHHHA HAHAHHAHA HAHAHHA, GUARRA, PUTA, CERDA... AAAHAHAHHA, PUTA!!! ZORRRAAA!!!

— ¿TE GUSTA ESTO? DIMELO ...DIME QUE TE GUSTA... DIME QUE ME FOLLLARIAS JUNTO A OTRO, DIME QUE TE HUBIESE GUSTADO QUE ME FOLLARA AL PUTEROOOOO!!! AAAAH AHAHAHA!!
— AAAH ,, SIIIII, SIIIII PUTA... SIIII!!! FOLLATELOOOO!!! rugí, agarrándole las nalgas con las dos manos crack-crack, abriéndolas hasta que el ano se estirara más alrededor de mi polla. PLASH PLASH, volvia a golpear con la palma abierta sus nalgas sin control.

— AAAA QUE CABRROOONNNN!!! LO SABIA, AAAAAHH, LO SABIAAAA!!!, CABRON, DIMELO.. DIMELO OTRA VEZ, DIME COMO QUIERES QUE ME FOLLE!!!
— JODERRR!!! GEMA!!!! AAAAAAHHHH QUE GUARRA... QUIERO QUE TE FOLLE QUE TE FOLLE EL CULO, QUE TE TRAGUES SU CORRIDA... AAAAAAAHH, POR DIOS QUE PUTA!!! QUE BUENO......!!! bramé, embistiéndola con toda la fuerza.
— AAAAHHH QUE PUTO GUARRO ERES!!! ¿QUIERES QUE VAYAMOS MAÑANA Y QUE ME FOLLE ALLI COMO UNA PUTA POLIGONERA? ¿QUE ME DEJE FOLLAR POR DINERO? AHAHAHHHHA, AHAHH!!!
— SI, SI....SI... QUE TE FOLLE, MAÑANAAAAAA, MAÑANA....MAÑANAAAA VAMOS Y LE COBRAS 1000 EUROS POR TRATARTE COMO UNA PUTA.!!!!
— SISISISI, ME CORROOO, CABRON ME CORRROOO, POR FIN!!! ME CORRO CON TU POLLA DENTRO... ME CORRO!!!, GUARRO ME CORRRROOOOOO COOOOOMO UN PUTAAAA AHAHAHAHH!!. chilló Gema, el cuerpo convulsionando violentamente

Y se corrio, se corrio bestialmente, una corrida tan abudante como si alguien hubiese derramado un cantaro de agua sobre la cama. El chorro caliente salió disparado alrededor del consolador, salpicando mis muslos, las sábanas, el suelo, en chorros largos y espesos que no paraban s. Su ano se contrajo alrededor de mi polla con espasmos brutales, apretándome tan fuerte que casi me hace correrme dentro de ella.

— JODER!! Que bueno Javi, que bueno... por fin... contigo... por fin comenzo a susurrar para si misma. - Ahora te toca a ti, dijo elevanto el tono de voz.

—Ahora sácala… quiero que te corras en mi boca —dijo, la voz rota—. Quiero tragar tu leche… como él quería que tragara la suya.

Me aparté, la polla saliendo del ano con un pop húmedo. Gema se giró, se arrodilló en el suelo del salón, abrió la boca, sacó la lengua larga y rosada, los ojos fijos en mí.

—Córrete sobre mí… en la lengua… en la cara… —suplicó—. Trátame como la puta del coche.

Me la meneé rápido apuntando a su boca abierta, tarde muy poco. Chorros gruesos y calientes salieron disparados, uno en la lengua, otro en la mejilla, otro en la barbilla, goteando por su cuello hasta las tetas. Gema gemía mmmhhh, la lengua fuera, recogiendo cada gota, tragando lo que podía, el resto cayendo sobre su piel en hilos blancos y espesos.

—Coño Gema, ....- dije con la respiracion acelerada como el motor de un formula 1 – Ha sido bestial.
— Lo has disfrutado bien mamon y se te ha notado, ojalá siempre fuera asi. Estoy muerta.

Ella sonrió, exhausta y satisfecha, los ojos brillando. Quedamos sudados tumbados uno junto al otro, en aquella noche calurosa del verano.

— Anda dejame el movil, que vamos a ver que video subimos....





 

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EL PRIMER REEL

Ya estaba listo y esperando a que ella terminara de arreglarse y en esa espera volvi a releer el contrato que ya estaba firmado.

El borrador era profesional, claro y detallado. Aquí va lo principal que nos llamó la atención:
  • Tipo de fotografías: Sesión principal para el catálogo digital y físico (aprox. 25-30 imágenes finales editadas). Estilo sensual-elegante, ropa interior de la marca (corsés, bodies, conjuntos de encaje, ligueros, tangas y accesorios). Poses sugerentes pero sin desnudo total ni explícito: escotes profundos, curvas marcadas, insinuación de piel, miradas intensas. Todo enfocado en resaltar cuerpos reales y curvilíneos de mujeres de 30-45 años.
  • Propiedad y autoría: Las fotos serán propiedad exclusiva de la marca (derechos de uso ilimitado, comercial, publicidad, redes, catálogo, web). La autoría corresponde al equipo de fotografía interno de la marca (un equipo profesional contratado por ellos, con director de arte y retocadores). Gema cede todos los derechos de imagen y explotación comercial a cambio de la compensación. Se incluye una cláusula de no difusión por parte de Gema de las fotos crudas o no aprobadas, salvo acuerdo expreso.
  • Publicidad que se les dará: Uso intensivo en redes sociales de la marca (*********, Facebook, TikTok), web oficial, catálogo impreso (edición limitada para ferias y tiendas asociadas), campañas de email marketing y posibles anuncios en revistas locales de moda íntima. El nombre completo de Gema o un alias (a elegir) aparecerá como “modelo principal” en todas las publicaciones. Posible mención en entrevistas o posts de “detrás de escenas”.
  • Incentivos laborales a percibir:
  • Pago fijo por la sesión principal del catálogo: 1.800 € netos.
  • Bono por exclusividad durante 12 meses: 600 € adicionales.
  • Porcentaje del 3% sobre ventas generadas directamente por campañas donde aparezca su imagen (estimado entre 500-2.000 € en el primer año, según proyecciones).
  • Prendas de la marca gratis (valor aproximado 800-1.200 €) para uso personal y redes.
  • Asistencias a pases de modelo: Obligatoria participación en hasta 3 pases o exhibiciones pequeñas durante los próximos 12 meses (ferias locales de moda íntima, pop-ups en boutiques asociadas, eventos de lanzamiento). Duración aproximada: 1-2 horas por evento. Transporte y catering cubiertos. Pago extra por desfile: 400 € netos por asistencia.
  • Asistencia obligatoria a fiestas de promoción de la marca: Obligatoria asistencia a un máximo de 2 eventos sociales al año (cócteles, cenas de presentación, fiestas privadas para clientes VIP o influencers). Duración: 3-4 horas. Vestimenta proporcionada por la marca. No es desfile, sino presencia como “embajadora”: fotos con invitados, redes sociales en directo, interacción. Pago extra: 300 € netos por evento + gastos cubiertos.

Al final del documento, una cláusula de confidencialidad y otra de cancelación: si Gema se arrepiente antes de firmar, sin penalización. Si firma y luego cancela, devolución proporcional de pagos ya recibidos.

Gema dejó caer el albornoz sobre la cama con un movimiento lento, casi ceremonial, la tela blanca deslizándose por su piel todavía húmeda de la ducha. Respiró hondo, el pecho subiendo y bajando, los pezones endurecidos rozando el aire fresco del dormitorio. Me miró con esos ojos verdes que brillaban como esmeraldas mojadas, brillantes de excitación y un miedo delicioso que le hacía temblar ligeramente las piernas.

—Joder, Javi… es real —susurró, la voz ronca, todavía cargada del orgasmo reciente—. 1.800 por la sesión, bonos por ventas, porcentaje de royalties, desfiles, fiestas VIP… y mi nombre —o un alias que todavía no he decidido— en todo. Fotos mías en lencería por toda la web de la agencia, en catálogos impresos que van a llegar a miles de casas, en redes sociales con hashtags que van a explotar… y la gente de aquí, la familia, los vecinos, los clientes de la cafetería… todos lo van a ver. Me da un vértigo brutal que me revuelve el estómago.

Se acercó un paso, desnuda, el cuerpo todavía brillante por el agua y el sudor, las tetas pesadas moviéndose con cada respiración, entre los muslos un hilo de humedad resbalando despacio por el interior de la pierna.

—¿Estás segura? —pregunté, la voz baja.
— Yo sí —respondió, acercándose más, hasta que sentí el calor de su piel contra la mía—. Creo que estoy descubriendo una inclinación hacia el exhibicionismo que no sabía que tenía… o que llevaba años dormida. Todo me está encantando.
— Me alegro mucho por ti —dije, sincero, aunque la voz me salió entrecortada.
— ¿Solo por mí? —preguntó, inclinando la cabeza, una sonrisa lenta y peligrosa asomando—. ¿Tú no te alegras? Pensaba que todo esto también te gustaba…
—No lo sé —admití, tragando saliva—. Cuando estoy caliente me gusta mucho. Me pone brutal imaginarte posando abierta, mojada, con miles de pollas duras por tu culpa. Pero en frío… me asusta un montón. Todo va muy rápido. Y hay veces que echo de menos nuestra vida de antes, solo nosotros.

Gema se quedó callada un segundo. Luego se acercó más, hasta que sus tetas rozaron mi pecho, los pezones duros como piedras contra mi camisa.

—Para mí eres lo primero —dijo, la voz suave pero firme—. Así que si tú quieres, ahora mismo llamo a la marca y abandonamos todo esto. Borro el email, rompo el contrato digital, y seguimos siendo Javi y Gema, los de siempre.
—No —respondí rápido, casi sin pensar—. Pero eso sería ir en contra de tus deseos también. Y nunca ha pasado por mi mente que tú no puedas desarrollar la tarea que te propongas. No seré yo quien ponga freno a tus aspiraciones, sean las que sean. Aunque me dé miedo… quiero verte brillar.
Sus ojos se humedecieron un instante. Luego sonrió, esa sonrisa tierna que solo me dedicaba a mí, la que me recordaba por qué la quería tanto.

—Ves… por esto eres mi marido y todo lo demás me importa una mierda —susurró, acercándose hasta que sus labios rozaron los míos—. Siempre me pones en valor por encima de todo y todos. Por eso siempre estaremos juntos. Siempre que tú quieras.

Se tiró sobre mí y me besó con ternura, con cariño, con esa dulzura que necesitaba mi alma para recordarme que no era solo un juego. Que detrás de la lencería, los flashes, las miradas, seguía habiendo un nosotros. Nos quedamos abrazados unos instantes en la cama, ella desnuda contra mí, el albornoz a un lado y al otro aquel vestido soez y provocador que pretendía ponerse esa noche.

—Sabes, tengo dos ideas nuevas para ti —me dijo en un susurro pequeño y suave, la boca rozándome la oreja, el aliento caliente haciéndome estremecer.
—¿Qué se te ha ocurrido ahora? —pregunté, riendo bajito—. Que cada vez que esa cabecita tuya piensa…
—Pues lo primero, me gustaría empezar a grabarme reels… y que tú me ayudaras. Que seas mi cámara, mi director, mi cómplice. Que me grabes posando…, que lo subamos juntos, que lo veamos juntos después.
—Pufff… me vas a convertir en tu reportero porno, jaja. ¿Y lo segundo?
— Pues .... me gustaria que fueses tu quien me compraras la ropita ...
— ¿La ropita?
— Siii, tonto, la ropita... la lencería con la que te gustaría que posase. —dijo, bajando la voz hasta que fue casi un ronroneo—. Bueno, lencería o lo que fuese. Tangas diminutos, corpiños que me aprieten las tetas hasta que los pezones asomen por la malla, ligueros que me marquen los muslos… De la ropa del día a día ya me encargo yo. Pero la que me pongo para posar… quiero que la elijas tú. Quiero saber que cada vez que me vean en una foto, estás tú detrás.
—No me jodas, Gema… ahora me voy a tener que hacer un cursillo de ropa erótica… —reí.
—¿Bueno… quieres que vayamos al concierto? ¿O prefieres que nos acomodemos en casa con alguna serie? —preguntó, mordiéndose el labio inferior—. Mañana trabajamos… bueno, trabajas tú, que la cafetería rinde sola.
—Venga anda!!! Ponte lo que sea eso y vámonos —dije, dándole una palmada suave en el culo desnudo—. Ya mañana arrasaré la máquina del café.

Gema se levantó de un salto, riendo, y se giró hacia mí con una mirada traviesa.

—Hoy me haces mi primer reel —dijo, guiñándome el ojo—. Y esta noche… nos quedamos en casa, que después de la ducha me he enfriado... y al final ya no me apetece tanto salir.

—De verdad que no me importa —insistí —. Vamos y lo celebramos. Te lo has ganado.

—No, no Javi, de verdad —dijo, acercándose y rozándome el pecho con las tetas desnudas, los pezones duros rozando mi camisa—. Me está dando una pereza tremenda pensar en pillar el coche, ir hasta Marbella, aguantar el tráfico, bailar rodeada de gente…, bueno eso no tanto, jajaja, y luego volver a las tantas. Otro día. Pero mi primer reel lo grabamos hoy, ¿vale?

Solo sonreí. Era como si la humanidad nos hubiera regalado un momento de paz inesperada, y en el fondo lo agradecía con todo mi ser. Así que me limité a asentir con la cabeza, sintiendo cómo la tensión de la tarde se disipaba un poco, dejando espacio para algo más tranquilo… aunque igual de caliente.

Comenzó a vestirse delante de mí, despacio, provocándome sin esfuerzo, primero se puso un tanga negro de encaje ajustándoselo a la perfección, marcando el surco de su coño; luego una falda plisada corta de color crema que apenas le tapaba el culo, tan ligera que cada movimiento dejaba ver el encaje y la curva de las nalgas; por último, una camiseta blanca de tirantes fina, sin sujetador, los pezones endurecidos marcándose claramente bajo la tela, oscuros y prominentes como si estuvieran pidiendo ser chupados.

—¿Lo hacemos dentro o fuera de casa? ¿En los jardines de la urbanización? —preguntó mientras se miraba al espejo, girando sobre sí misma, la falda subiéndose lo justo para mostrar el tanga pegado al coño.
—En un rato comienza a atardecer y la luz del ocaso siempre mejora las fotos —respondí, la voz un poco ronca—. Mejor fuera, ¿no? Esa luz dorada te va a quedar brutal en la piel… .
—Vale —dijo, sonriendo con picardía—. Bueno, pues espérame en el salón, que entonces tengo tiempo para elegir ropa para mi primer vídeo. Quiero que sea… especial. Quiero que salga bien.

Se metió de nuevo en el vestidor, dejando la puerta entreabierta. Oí el roce de telas, cajones abriéndose, perchas tintineando. Cada sonido era una tortura lenta, y yo sentado en el salón, esperando, con la polla dura otra vez, latiendo contra el pantalón, sabiendo que cuando saliera iba a estar vestida para ser deseada, para ser grabada, para ser mía y de nadie más al mismo tiempo.

Me senté en el sofá, el móvil en la mano, listo para grabar. El atardecer empezaba a teñir el cielo de naranja y rosa a través de la ventana. Y yo solo podía pensar en una cosa, en cómo iba a ser verla posar.

Gema tardó lo justo para volver a ponernos al límite, y entonces salió, y joder… se me cortó la respiración.

Llevaba un short vaquero exageradamente pequeño, de esos que son más un cinturón ancho que una prenda, la tela deshilachada apenas cubría la cintura y el inicio de las caderas, dejando todo el culo al aire. Las nalgas grandes, redondas y altas quedaban completamente expuestas, la curva perfecta brillando bajo la luz del atardecer que entraba por la ventana. El short se metía entre las nalgas como si quisiera desaparecer, dejando ver el surco profundo. Delante, la tela era tan corta que solo tapaba el monte de Venus. No llevaba tanga. Nada. Solo piel desnuda, brillante por el aceite corporal que se había echado, los muslos rozándose con cada paso y dejando un brillo sutil de excitación.

Arriba, una camiseta blanca recortada a tijera justo a la altura de los pezones, el corte irregular dejaba ver la parte inferior de las tetas, la curva pesada y llena asomando por debajo, los pezones duros y oscuros rozando el borde de la tela cada vez que respiraba. Si se movía un poco más, los pezones salían completamente, rosados y erectos, pidiendo ser chupados. La camiseta era fina, casi transparente con la luz del ocaso detrás, dejando ver los círculos areolares y el contorno de las tetas temblando con cada paso.

Y en los pies, esos tacones rojos de aguja de doce centímetros, finos como estiletes, haciendo que sus piernas parecieran poderosamente interminables, las pantorrillas marcadas, el culo elevado aún más, proyectado hacia atrás como una invitación obscena.

Se paró en el centro del salón, giró despacio sobre los tacones, la camiseta subiéndose un poco más y dejando ver el borde inferior de las areolas, el short vaquero tan corto que se le metía en su ingle al caminar, marcando el surco de su coño. El culo rebotaba con cada movimiento, las nalgas temblando, la piel bronceada y brillante entre los agujeros de los shorts deshilachados.

—¿Qué tal para el primer reel? —preguntó, la voz ronca, cargada de morbo—. Pensé que si voy a ser modelo… hay que empezar fuerte. Quiero que me grabes así, caminando por el jardín, posando.

Se acercó despacio, los tacones resonando en el suelo, el culo moviéndose hipnóticamente con cada paso. Se detuvo a centímetros de mí, el olor de su excitación llenándome la nariz, jabón de ducha, deseo puro. La camiseta blanca rozaba mis labios cuando se inclinó y los pezones duros casi me tocan boca.

—Grábame —susurró, rozándome el pecho con las tetas, los pezones rozando mi camisa—.

Saqué el móvil con manos temblorosas, abrí la cámara, pulsé grabar.

La luz del atardecer entraba dorada por la ventana, bañándola en un resplandor cálido que hacía que su piel brillara, que la camiseta blanca contrastara brutalmente con sus tetas casi al aire.

—Empieza a caminar —dije, la voz ronca—. Hacia el jardín. Despacio.

Gema sonrió, se dio la vuelta y caminó hacia la puerta corredera que daba al jardín trasero. Cada paso era una provocación, el culo rebotando, la camiseta subiéndose y dejando ver el borde inferior de las tetas, los pezones asomando completamente cuando levantaba los brazos, el short vaquero tan corto que se le metía entre los labios mayores, marcando el surco húmedo y rosado. Abrió la puerta, salió al jardín, la luz del ocaso tiñéndola de naranja y rosa, el aire fresco endureciendo aún más sus pezones hasta que casi dolía mirarlos.

Se giró hacia mí, apoyó la espalda contra la pared de la casa, levantó los brazos por encima de la cabeza, arqueando la espalda, las tetas se elevaron, los pezones saliendo por completo del corte de la camiseta, duros y rosados bajo la luz dorada.

—Graba —susurró—. Esto es para ti —dijo, la voz temblorosa—.

Yo grababa, sabiendo que ese reel iba a ser publicado en breve. Mientras ella seguía posando, yo la seguía con el móvil en alto, grabando cada movimiento, cada contoneo.

Entonces se oyó la voz desde el seto que separaba nuestro jardín del de al lado.

—Buenas tardes, vecinos.

Gema se detuvo en seco, giró la cabeza despacio. Yo bajé el móvil un instante, el corazón me asalto la garganta.

Era don Manuel, el vecino de sesenta y tantos que vivía tres casas más arriba. Jubilado, viudo, siempre con esa sonrisa amable y un poco boba cuando veía a Gema pasar por la calle. Llevaba una camisa de cuadros descolorida, pantalón de pinza y zapatillas de casa. Se había asomado por encima del seto bajo, apoyando los codos en la valla de madera, y se había quedado congelado, los ojos abiertos como platos, la boca entreabierta en una sonrisa de oreja a oreja que no podía disimular.

Miraba a Gema como si estuviera viendo un milagro. No dijo nada más durante unos segundos eternos. Solo miró. Y sonrió. Y tragó saliva audiblemente.

Gema no se tapó. No se movió para cubrirse. Al contrario, se giró despacio hacia él, apoyando una mano en la cadera, arqueando la espalda un poco más para que las tetas se elevaran y los pezones quedaran aún más expuestos.

—Buenas tardes, don Manuel —dijo ella con esa voz dulce y ronca que ponía cuando quería jugar—. ¿Qué tal?

Él carraspeó, sin apartar los ojos de su cuerpo.

—Espero que os queden bien las fotos… porque la modelo lo merece —dijo al fin, la voz temblorosa pero sincera, la sonrisa ampliándose aún más, los ojos brillando con una mezcla de admiración y deseo puro—. Estás… espectacular, Gema. De verdad.

Gema rió bajito, un sonido que me puso la piel de gallina y la polla aún más dura.

—Gracias, don Manuel. Estamos haciendo una prueba para un proyecto nuevo. ¿Le gusta lo que ve?

Él asintió despacio, sin pestañear.

—Mucho… mucho. Nunca pensé que viviría para ver algo así desde mi jardín.

Gema miró hacia mí, los ojos brillantes de morbo, y luego volvió a mirar al vecino.

—¿Quiere salir un segundo y ver mejor? —preguntó, la voz suave pero cargada—. Estamos grabando un reel. Puede ser… parte del público.

Don Manuel se quedó quieto un segundo, como si no se creyera lo que acababa de oír. Luego, con una lentitud casi cómica, abrió la puertecita del seto y salió a nuestro jardín. Vestido con sus zapatillas y su camisa de jubilado, se acercó hasta quedar a unos metros, los ojos clavados en Gema, en las tetas casi al aire, en el culo desnudo y alto, en el coño marcado bajo el short diminuto.

Yo volví a levantar el móvil, pulsé grabar otra vez.

Gema sonrió a la cámara —y al vecino— y empezó a posar de nuevo, se giró de espaldas, arqueó la espalda, levantó los brazos por encima de la cabeza, el culo en pompa, el short subiéndose más y dejando ver todo, las nalgas separadas brillando bajo la luz del atardecer. Luego se inclinó hacia delante, las tetas colgando bajo la camiseta recortada, los pezones saliendo completamente por el borde, duros y oscuros, pidiendo ser chupados.

Don Manuel se quedó paralizado, la respiración acelerada, la mano derecha bajando instintivamente a la entrepierna, rozando la erección que ya se marcaba en el pantalón de pinza.

Gema se giró de nuevo hacia la cámara —hacia mí—, se mordió el labio.

—Esto es para el reel… —susurró, mirándome directamente a los ojos—. Pero también es para usted, don Manuel. Para que lo recuerde cuando esté solo en su casa esta noche.

El vecino tragó saliva, la mano apretando la erección por encima del pantalón.

Yo grababa, la polla empezaba a ponérseme dura, y es que en ese momento me di cuenta de las apariencias de Gema, que bien podría pasar por una puta de las que se venden en callejones oscuros.

Gema se acercó a mí, me quitó el móvil de las manos sin dejar de mirar al vecino, y me susurró al oído, ¿A que esto te gusta? Y me dio un profundo beso.

La luz ya comenzaba a caer profusamente, tiñendo el jardín de un azul oscuro y profundo, las primeras estrellas asomando tímidamente sobre la urbanización.

Yo la miraba grabando con el móvil. Entonces se me ocurrió la idea, como un fogonazo sucio y caliente que me subió desde los huevos hasta la cabeza.

— ¿Qué te parece si nos acercamos al polígono que hay aquí al lado? —dije, bajando el móvil un segundo, la voz ronca, cargada.

Gema se detuvo, giró despacio hacia mí, el culo rebotando ligeramente con el movimiento. Me miró con esos ojos verdes que brillaban en la penumbra, una sonrisa lenta y peligrosa curvándole los labios hinchados.

—¿El polígono? —repitió, la voz baja, casi un ronroneo—. ¿El de al lado… el que está a dos calles? Ese donde por las noches se oyen coches parando, luces apagándose, y mujeres esperando en los callejones…

Asentí. Mi mente ya lo veía, los polígonos industriales de las afueras, casi adyacentes a la urbanización, con sus naves cerradas, farolas amarillentas parpadeando, callejones oscuros y silenciosos donde, en las horas nocturnas, algunas chicas trabajaban en la calle. Putas de carretera, de polígono, esperando clientes en minifaldas cortas, tacones altos, cuerpos expuestos bajo luces tenues. Y yo imaginaba a Gema allí, posando como una de ellas, el short vaquero apenas tapando nada, la camiseta recortada dejando las tetas casi al aire, el culo desnudo brillando bajo las farolas, las piernas abiertas contra una pared de ladrillo sucio, el coño húmedo y abierto para la cámara… para mí.

Gema se mordió el labio inferior, los ojos brillando con morbo puro.

—Joder, Javi… —susurró, acercándose hasta que sentí el calor de su cuerpo contra el mío, los pezones duros rozándome el pecho a través de la camiseta—. ¿Quieres que pose como una puta de polígono? ¿Qué me ponga en un callejón oscuro, contra una pared llena de grafitis, con el culo en pompa, mientras tú grabas como si fuera una de esas chicas que esperan coche?

Asentí, la voz apenas un gruñido.

—Quiero verte así. Quiero grabarte fingiendo que esperas cliente…

Gema respiró hondo, el pecho subiendo y bajando rápido, los pezones rozando la tela fina hasta endurecerse aún más.

—Vamos —dijo, la voz temblorosa de excitación—. Pero graba todo. Desde el momento en que salgamos de aquí. Quiero ver después cómo me muevo.

Cogió una chaqueta fina para cubrirse un poco al salir de la urbanización —no quería que los vecinos la vieran salir así—, pero la dejó abierta, dejando ver la camiseta recortada y los pezones duros. Salimos por la puerta trasera, caminando rápido por las calles silenciosas de la urbanización hasta llegar al límite con el polígono, una valla baja, un paso peatonal mal iluminado, y al otro lado los primeros callejones oscuros, naves cerradas, farolas amarillentas que apenas alumbraban el asfalto agrietado.

Entramos. El polígono estaba desierto a esa hora, solo el zumbido lejano de algún coche en la autovía, el eco de nuestros tacones en el asfalto, el olor a aceite, metal y noche fresca. Gema se detuvo en el primer callejón estrecho, entre dos naves cerradas, una farola parpadeante iluminándola desde arriba.

Se quitó la chaqueta, la dejó caer al suelo sucio. Se giró hacia mí, apoyó las manos en una señal de tráfico, arqueó la espalda, levantó el culo hacia mí, el short vaquero subiéndose más, dejando ver las nalgas separadas.

—Graba —susurró, la voz temblorosa—. Como si estuviera esperando cliente. Como si fuera una puta de polígono… tuya.

Pulsé grabar. La cámara capturó cada detalle, gema se giró despacio, se apoyó en la pared con la espalda, abrió las piernas, metió una mano dentro del short.

—Esto me está poniendo… —susurró a la cámara—.

Gema continuó posando en el polígono, cada vez más suelta, más descarada, como si el riesgo del lugar la encendiera aún más. La luz amarillenta de las farolas parpadeantes le bañaba el cuerpo en un tono sucio y caliente, haciendo que la piel brillara con sudor y aceite corporal.

Se apoyaba en las paredes, arqueaba la espalda, ponía el culo en pompa hacia la cámara, abría las piernas lo justo para que el short se subiera. Se tocaba despacio, pasando sensualmente las manos sobre su cuerpo de forma provocativa o llevándoselos a la boca mientras me miraba a los ojos.

—Algunas tomas… serán solo para nosotros —susurró, la voz ronca y temblorosa—. Esas no las subiremos nunca. Serán nuestras.

Cruzó la calle de acera a acera. Yo me quedé parado en la esquina, revisando los vídeos en la pantalla del móvil para ver si estaban saliendo bien, la luz del atardecer había sido perfecta, el encuadre capturaba cada detalle sucio y caliente, cada gota de sudor, cada temblor de sus nalgas.

Gema siguió andando, separándose de mí unos metros, sola en el callejón mal iluminado.

Entonces apareció el coche.

Un vehículo negro, lento, con los cristales tintados. Se detuvo a su lado con un ronroneo suave, el motor apagándose. La ventanilla del copiloto bajó despacio.

Gema se detuvo, giró la cabeza hacia el coche, luego hacia mí. Me buscó con la mirada, los ojos abiertos, una mezcla de sorpresa y morbo puro. Yo me quedé quieto, medio oculto en la sombra de una nave, el móvil todavía en la mano… comencé de nuevo a grabar.

Hice como que no la veía al principio. Dejé que la escena se desarrollara. Quería ver qué pasaba.
El conductor —un hombre al que apenas veía, parecia tener pinta de ejecutivo— asomó la cabeza. Le dijo algo que no pude oír desde donde estaba. Gema se acercó un poco más al coche, apoyando una mano en la ventanilla abierta, inclinándose ligeramente. El short diminuto apenas le tapaba nada. La luz amarilla de la farola les daba la iluminación justa para que pudiera ver desde lejos. El hombre la miró de arriba abajo, los ojos deteniéndose en las tetas casi al aire, en los pezones duros asomando por la camiseta recortada y en el culo perfectamente expuesto.

Gema giró la cabeza otra vez hacia mí. Esta vez me vio. Nuestros ojos se encontraron en la penumbra. Le hice un gesto con la cabeza desde lejos, un leve movimiento, una señal clara.

Continúa charlando.

Ella sonrió despacio, esa sonrisa sucia y traviesa que me volvía loco. Volvió a mirar al conductor, se inclinó un poco más, dejando que las tetas se acercaran al cristal abierto, los pezones rozando el borde de la camiseta. El hombre le dijo algo más. Ella río bajito, una risa que me llegó amortiguada por la distancia pero que me puso la polla aún más dura. Se tocó el pelo, se mordió el labio inferior, arqueó la espalda para que el culo se elevara más, para que el coño quedara más expuesto.

Yo imaginaba la conversación. No oía nada, pero lo sabía,

—Buenas noches… ¿estás trabajando? —Puede… .
—¿Cuánto? —Depende de lo que quieras… y de lo que me pongas. —Sube. Hablamos en el coche. —Aquí estoy bien… de momento. Enséñame qué tienes.

Gema se inclinó más, apoyando los codos en la ventanilla, el culo en pompa hacia mí, las nalgas separadas brillantes, visibles desde mi posición. El hombre sacó algo del bolsillo —quizás dinero, quizás el móvil para grabar—, y se lo mostró. Ella rió otra vez, se enderezó un poco, se tocó el pecho por encima de la camiseta, pellizcando un pezón que asomó por completo por el borde recortado.

Yo seguía grabando. El morbo me quemaba, mi mujer, vestida como una puta de polígono, charlando con un desconocido en un coche parado, ofreciéndose sin ofrecerse del todo, dejándose mirar.
Gema giró la cabeza una última vez hacia mí, me miró directamente, y me hizo un gesto con los ojos, ¿sigo?

Asentí despacio.


Gema se inclinó aún más hacia la ventanilla. El conductor no podía apartar los ojos, primero de las tetas casi al aire, luego del culo perfecto y desnudo.

Ella lo provocó más. Con una lentitud deliberada, levantó las manos y se subió la camiseta blanca hasta justo debajo de la barbilla. Las tetas quedaron completamente expuestas, pesadas, redondas, con los pezones duros y oscuros apuntando hacia delante, hinchados por la excitación. Los círculos areolares rosados se veían perfectamente bajo la luz amarilla, los pezones tan erectos que parecían doler.

El hombre tragó saliva audiblemente. Extendió la mano derecha por la ventanilla abierta, los dedos temblando ligeramente, intentando rozarle un pecho, quizas pellizcarle un pezón.

Gema se separó de golpe, retrocediendo un paso, la camiseta cayendo de nuevo sobre las tetas, pero sin cubrir del todo los pezones que seguían duros y visibles. Rió bajito, una risa ronca y juguetona que me llegó amortiguada por la distancia.

—No, no… —dijo, negando con la cabeza despacio, los ojos brillantes de morbo—. Solo mirar. Nada de tocar.

El hombre insistió, la voz saliendo más grave, más urgente,

—Sube al coche. Hablamos mejor dentro. Te pago bien… lo que pidas. Solo un rato.

Gema volvió a negar con la cabeza, esta vez más firme, pero sin perder la sonrisa. Se mordió el labio inferior, se pasó la lengua por los labios, y dio otro paso atrás, dejando que el hombre viera bien cómo se le marcaba el coño bajo el short diminuto.

—No, gracias —dijo, la voz dulce pero tajante—. Creo que voy a declinar tu oferta.

Se giró despacio, el culo rebotando con el movimiento, y caminó hacia mí sin prisa, los tacones resonando en el asfalto agrietado del polígono. El hombre se quedó dentro del coche, la mano todavía extendida, la cara desencajada entre deseo y frustración. Arrancó el motor con un rugido seco y se volvió a acercar a ella.

— Venga anda, de acuerdo te pago 300 pavazos solo por la mamada. Entra al coche.

Lo pude escuchar perfectamente, el tipo le ofrecía 300 euros por una mamada, y ese precio era la respuesta a una propuesta. Estaba claro que era una propuesta que ella le debía haber hecho anteriormente.

Ya estaban a escasos metros de donde yo me situaba.

Gema volvió a pararse, se volvió a apoyar sobre la puerta del vehículo, se inclinó lo suficiente como para poder casi meter la cabeza dentro de aquella ventanilla. Ahora si lo pude ver, un tipo de unos cuarenta años, bien vestido con traje de chaqueta, de su mano colgaba un reloj grande, ocupaba el interior de aquel Volvo. Y ella con la cabeza a medio entrar en esa ventanilla, metió su brazo dentro del coche, y por el gesto me imagino que para tocarle el rabo y le respondió.

— Te has equivocado de Puta, soy de las que hacen la oferta una vez, si no la pillas la pierdes. Si es por mi esta noche te quedas con el rabo como lo tienes. Puedes probar con otra compañera o puedes buscarme otro día.
— Hija de puta, me vas a dejar a si, 400 eurazos, por una tía como tu pago lo que quieras.
— Anda tira, que ya te he contestado y me espera otro cliente en la esquina – dijo mirándome y refiriéndose a mi - Veras como este no se lo piensa dos veces.

Gema se separó de aquel putero, dejándolo allí parado. El tipo se quedó viendo cómo se marchaba mi mujer, desconociendo que todo había sido un juego. El mirándole descaradamente el culo, le dio una voz “Ese culo lo busco mañana y te lo follo, por mis muertos que me lo follo. Mañana te busco.”


Gema llegó hasta mí corriendo los últimos metros, riendo con esa risa profunda y liberada que me volvía loco. Me cogió de la mano, tiró de mí hacia atrás, hacia las sombras de la urbanización, y salimos corriendo del polígono entre risas ahogadas, los tacones golpeando fuerte contra el suelo, el culo rebotando bajo el short diminuto, las tetas temblando bajo la camiseta recortada.

Cuando llegamos a una calle más tranquila, se paró, jadeando, todavía riendo, el pecho subiendo y bajando rápido, los pezones duros rozando la tela fina.

—¿Qué te ha dicho? —pregunté, la voz ronca, notaba mi rabo pidiendo aire.

Gema se acercó, me rodeó el cuello con los brazos, las tetas apretadas contra mi pecho, los pezones duros clavándose en mí.

—Primero me ha preguntado si estaba trabajando —susurró, la boca rozándome la oreja—. Le he dicho que “Podía ser… ”. Me ha mirado las tetas, el culo, el coño marcado bajo el short… y me ha dicho que “subiera, que me pagaba bien”. Que “lo que pidiera”. Que “solo un rato”. Que “tenía un sitio discreto cerca”.

Cuando me he acercado a la ventanilla me ha dicho.

—Mira esta polla —gruñó, la voz ronca y cargada—. Mira cómo me la pones. Era gruesa, venosa, con la cabeza hinchada y goteando. Me ha dicho que eso era solo por verme el culo.
—¿Te ha enseñado la polla?
—Si, ya la traía fuera, pero cállate que te sigo contando.
—Joder Gema, te han enseñado dos pollas en dos días, ayer Pepe y hoy el tipo este.
—Que te calles!!, que o no sigo contándote.
— Me ha insistido en que subiera al coche, Te pago lo que sea. Me ha estado preguntado que si era nueva en la zona, y luego lo que le gustaría hacer conmigo, que si follarme el culo a cuatro en el asiento trasero, que si me escupiría en el ano rosado que debo tener y luego me lo chuparía, lamiéndote el culo mientras me metía tres dedos en el coño y te hago chorrear como una fuente. No se la cantidad de guarradas que me ha dicho en un momento. Que, si quería llenarme el culo de su leche caliente y luego me ha preguntado cuánto le costaba por todo eso.
— Le miré la polla un segundo y me relamí los labios despacito, para recalentarlo y le respondí —joder… qué gorda y qué fea la tienes. Pero no subo. Si quieres algo… negocia bien, cerdo.
— El hombre gimió fuerte y comenzó a meneársela delante mía, fue cuando te busque y me hiciste señas para que continuara. - Me figure que la situación te estaba poniendo guarro a ti también.
—Te doy 600 —dijo, casi suplicando—. Sube, me la chupas un rato, te follo el coño 15 minutos, te meto tres dedos en el culo y te dejo 600. Venga… mira cómo la tengo. Mira cómo gotea por ti. Te la metería hasta que te corrieras gritando “más, papi, lléname el coño”.
— En ese instante le dije que no, pero deje que la camiseta se subiera más y que pudiera verme los pezones, que te confieso que los tenía duros de todo aquello.

La interrumpí, -¿me estas contando que se estaba pajeando delante tuya? -

— Callate!!!, me ordeno.- y continuo contándome....
—No —dije, con una voz firme y juguetona—. Por una mamada… 500. Te la chupo aquí mismo, con la puerta abierta y hasta te miro a los ojos mientras me la meto hasta la garganta, me trago todo lo que me eches, te chupo los huevos peludos y sudados si quieres… pero nada de follar. Nada de metérmela por el coño ni por el culo. Solo boca. 300. Ni un euro menos. O te quedas con las ganas y te pajeas solo pensando en mi boca tragándome tu lechecita
— El tipo gruñó frustrado, meneándosela con furia, la cara roja de deseo y rabia. Y me respondió, ¿300 por una mamada? Eso es carísimo, puta —dijo, casi gritando—. En cualquier polígono te la chupan por 80 o 100. Te doy 250. Última oferta. Sube un momento, me la chupas 5 minutos, te traga todo y te dejo 250. Venga… sube. Te la meto hasta la garganta y te hago ahogarte con mi leche.
— Reí suave, me separé del coche un par de pasos y dejé que me viera bien. No, cariño 300 o nada, le dije. Fue el momento en que me levante la camiseta. Ha sido cuando ha querido tocármelas, y le he dicho que la mercancía no se toca sin pagar antes, así que continue enseñándole las tetorras mientras me pellizcaba los pezones y diciéndole - como veo que no llegamos a un acuerdo… me voy que tengo otros clientes esperando. Que tengas buena noche… -
— Luego ha sido cuando venía hacia ti, eso lo has visto mejor. Ha vuelvo a acercarse para decirme que aceptaba pagar los 300 euros, y ha sido cuando me metido el brazo dentro del coche, le he cogido la polla, se la he sacudido dos veces y le he dicho que había perdido su oportunidad, que yo no era una puta como las demás. Que si quería volver a intentarlo que lo hiciera mañana. Y se acabó!!!, eso ha sido todo.
—¿Lo has oído todo? —susurró, rodeándome el cuello con los brazos, las tetas apretadas contra mi pecho—. Me ha enseñado la polla… gorda, venosa, fea, goteando como un grifo. Se la meneaba delante mía mirándome el culo y las tetas, diciendo que me iba a follar el coño y el culo hasta llenarme de leche, que me iba a dejar chorreando por los muslos. Me ha ofrecido 250 por una mamada… y yo le he dicho 300 o nada. Se ha quedado con las ganas, pajeándose en el coche mientras me veía irme, corriéndose solo pensando en mi boca tragándoselo todo.
—Joder Gema!!! Joder ... joder!!!, no tenemos solución, tu viendo pollas por el mundo, y yo dejando que las veas..., creo que tenemos un problema mental...
—Lo que tú quieras, llámalo como te dé la gana, pero a ti te flipa que los tíos suspiren los aires por tu mujercita, y a mí me pone muy guarra todo esto.

Me besó con hambre, la lengua enredándose con la mía, las manos bajando a mi entrepierna, apretando la polla tiesa por encima del pantalón.
Note que estaba tan mojada que sentía sus flujos bajándole por los muslos —susurró contra mi boca—. Pensaba en ti grabando desde lejos… en que me estabas viendo… en que me deseaba un desconocido y tú estabas ahí, mirando ¿Te hubiese gustado que se la comiera?

— No lo sé, puede... no lo se.
— Aun estoy a tiempo.... si es lo que quieres pídemelo!!!, por ti hago lo que quieras.
— Joder Gema... .¿Lo harías?
— Si tú lo quieres, claro que lo haría, le cobraria los 300 euros y dejaría que se corriera dentro de mi boca. ¿Lo quieres?

Me apretó más fuerte, frotando la palma contra mi erección.

—Vamos a casa —dije, con la voz temblorosa—
— ¿Estás seguro?, mira que esta puta no da dobles oportunidades. Si dices que no, no te doy otra oportunidad.
— Mañana!! Mañana y no incumples tu promesa de zorra. Mañana regresamos si quieres, pero ahora vámonos a casa. Quiero follarte ahora mismo.

Caminamos rápido de vuelta a casa, ella delante, el culo rebotando con cada paso, el short diminuto apenas tapando nada. Esta vez ni tan siquiera se tapó, la camiseta recortada dejando ver sus pezones duros y oscuros sin pudor alguno.





Llegamos a casa jadeando, la puerta se cerró de un portazo que resonó en el silencio del salón. El corazón me latía en la garganta, tenia la polla superdura y dolorosa contra el pantalón, el recuerdo del polígono golpeaba mi frente de forma continua. Gema apoyada en la ventanilla del coche, el culo en pompa, el short vaquero diminuto metido entre las nalgas. El hombre sacando la polla gorda y venosa, meneándosela con furia mientras le decía guarradas, ofreciéndole dinero como si fuera una puta de carretera, cómo ella le había enseñado las tetas, cómo él había intentado tocarla, cómo ella se había apartado riendo y le había dicho “solo mirar”. Y cómo, al final, él se había quedado allí.

Gema se giró hacia mí, los ojos todavía brillantes de morbo y adrenalina, el short vaquero empapado en el centro, la camiseta recortada pegada a las tetas por el sudor, los pezones duros y oscuros asomando por el borde como si quisieran romper la tela. No hubo palabras al principio. Solo nos miramos. Y en esa mirada estaba todo: el coche parado, la polla que ella había visto de cerca, cómo la había mirado mientras él se la meneaba, cómo le había ofrecido dinero por follarla como una zorra, cómo la había tratado de puta.

Gema se acercó despacio, me empujó contra la pared del salón con una fuerza que no esperaba. Su boca chocó contra la mía en un beso hambriento, saboreando todavía el morbo de la noche.

—Fóllame como si fueras él —susurró contra mis labios, la voz rota y temblorosa—. Trátame como la puta del coche. Dime guarradas. Hazme sentir que soy una zorra de polígono que cobra por abrirse de piernas….

La giré de golpe, la puse de cara a la pared, le bajé el short de un tirón violento. El tanga no existía; el coño quedó expuesto, hinchado, mojado, ya estaba chorreando por los muslos. Le di una palmada fuerte en el culo ¡plaf!, el sonido rebotó en el salón.

—Abre las piernas, puta —gruñí, la voz baja y sucia—. Abre ese coño que ese cabron queria follarte en el coche. Te mojas solo de pensar en lo zorra que eres.

Gema gimió, abrió las piernas más, apoyó las manos en la pared, arqueó la espalda, el culo en pompa hacia mí. Le separé las nalgas con las manos, el ano rosado y apretado asomando, el coño goteando como un grifo.

—Primero te voy a comer el culo —le dije, arrodillándome detrás de ella—. Como él quería hacerte. Como quería meterte la lengua por el ano mientras te abría con los dedos.

Le escupí directamente en el ano, le ensalive bien caliente el culo, el sudor y mi saliva le caía sobre el agujero rosado. Luego acerqué la boca y lamí despacio , la lengua plana recorriendo el surco, metiendo la punta en el ano apretado , sintiendo cómo se contraía alrededor de mí. Gema gimió fuerte aaaahhh, empujando el culo hacia atrás, pidiéndome más.

—Joder… sí… méteme la lengua… lame el culo que ese cabrón quería follarse… —jadeaba—. Imagínatelo, al guarro ese comiendomelo.

Le metí la lengua más profunda, follándole el ano con movimientos rápidos, mientras le metía dos dedos en el coño, sintiendo cómo me apretaba, cómo la humedad me chorreaba por la mano . Ella se corría ya, las piernas temblando, el cuerpo convulsionando contra la pared .

—Ahora te voy a follar el culo —gruñí, poniéndome de pie detrás de ella—. Como él quería. Como quería meterte la polla gorda por detrás y llenarte de leche.
—Si hazlo!!! Eres un guarro, ¿Te hubiera gustado verdad?

Me bajé el pantalón, mi polla era imposible que estuviese mas dura, pero ese no era el problema, el problema era el tamaño de el rabo que ella necesitaba. Le escupí copiosamente en el ano otra vez, puse la cabeza de la polla contra el agujero apretado y empujé despacio. Gema gimió largo y roto aaaahhh!!!! cuando la cabeza entró, el ano se abrió al instante, a ese culo le daba igual el tamaño. Empujé más, centímetro a centímetro, hasta que estuve dentro del todo y mis huevos pegados a su coño húmedo.

—Joder… como te ha entrado… —gruñí, empezando a moverme despacio, follándole el culo con embestidas profundas—. Este culo es mío… aunque lo enseñes a todos… aunque ese cabrón del coche se pajease pensando en metértela…
—La de él era más grande, y me hubiese entrado igual ¿Tu qué crees?
— Seguro que sí, que este culo de puta se la hubiera tragado igual.
— ¿Quieres?... ¿Quieres que me la meta?, ¿Quieres que me deje follar por dinero?
— JODER!! JODER!!! Callate coño!!! Que me corro!!!...
—Venga dimelo, pidemelo. Dime .... quiero que ganes dinero follando!!!
— CALLATE GUARRA!!!, Y le di con la palma abierta en la mejilla un soberano guantazo.
— AAAAHHH!!!, eso es... venga cabron!!!!, sigue!!!, siguee.... JODER!!!, EMPUJA MAS FUERTE!!!, MIRA QUE PUTA ES TU ESPOSA!!!, Si se lo pides folla por dinerito!!!!
— QUE TE CALLES GUARRA!!! Y volvi a palmear su cara con la mano abierta
—VENGA DIMELO!!!, DILO... !! DIME QUE TE PONE VERME SIENDO UNA GUARRA!!!.. AAAAHHHHH
Gema gritaba, empujando hacia atrás, el culo rebotando contra mis caderas, el ano apretándome cada vez que entraba y salía.

—Fóllame el culo… como una puta… como la zorra del polígono… —jadeaba—. DIME QUE QUIERES QUE OTROS ME FOLLEN!!!.

La embestí más fuerte , clave las manos en sus nalgas, abriéndolas para verla bien, los pliegues del ano estirado alrededor de mi polla, el coño goteando y vacío debajo. Su coño ya chorreaba y mojaba el suelo en densos goterones.

— JODER!!! CABRON !!!! LLEVAME A LA CAMA, Y FOLLAME O ME VOY OTRA VEZ AL POLIGONO!!! ¿Quieres eso?...
— GEMAAA!!! AAAAH POR DIOS NO SIGAS CON ESO...!!!!
— DIME LO PUTA QUE SOY, DIMELO AAAHAHHAHA, FOLLAME, SACA EL POLLON DE GOMA Y FOLLARME LO DOS!!!, SI SISISI, DIMELO!!! SOY UNA PUTA... QUE FOLLA POR DINERO...

LLegamos a la habitacion, Gema me tiro sobre la cama y se puso encima a besarme mientras sus manos recorrian su cuerpo hasta llegar a mi polla.

— Hoy estas aguantando bien hijo puta!!! ¿Te la puesto bien dura el putero esa verdad?

Bajo hasta mi vientre repartiendo besos por todo mi cuerpo Su mano izquierda atrapo mi rabo y comenzó a pajearme escupiendo sobre el.

— Asi se la he tocado!!, asi se la he meneado dentro del coche – susurro-
— AAAHHH!! GEMAAA!!! NO no me digas eso.
— Te hubiese gutado verlo ¿Verlo verdad?
— SIGUEEE!!!, SIGUEEE....
— Te hubiese gustado, lo se, ¿pero sabes qué?, no lo vas a ver hasta que te folles una tia delante de mi.
— COÑO GEMA SIGUEEE!!! MIRA QUE ERES GUARRA!!!! AAAHHHHH
— SOY UNA GUARRA???? SI? ESO SOY? Quieres que traiga todos los dias dinerito y paguemos la hipoteca con lo que gano con mi coño? Mira que el poligono esta aqui a lado.QUIERES QUE TRAIGA DINERITO A CASA Y PAGUEMOS LA HIPOTECA CON EL DINERITO GANADO CON MI COÑO???
— NOOOO!!!, JODER!!!, PERO QUE PUTAAAA!!! AAAHH
— Levanta las piernas que vas a ver lo puta que soy.

Levante las piernas y gema escupio sobre mi culo varias veces...

— ¿Esto es lo que me dijiste que te gustaria que te hiciese verdad?
— SIIII!!!!! ¿ Vas a hacerlo?
— Ya te dije que en el sexo no tengo limites, que me pidas lo que quieras, venga disfruta

Puso sus manos sobre mis nalgas y tiro de ellas hacia fuera, note como el frescor del aire impactaba directamente sobre el ano. Primero solo besos suaves alrededor, sus labios rozaban la piel sensible de las nalgas, iban bajando suavemente hasta detenerse justo en el borde del agujero sin tocarlo aún. Mi respiracion se hizo pesada y densa. Escuche a ella sonreir y entonces vino la lengua. Un lametón largo y plano desde los huevos hacia abajo pasando por todo el perineo hasta detenerse en el ano. Lo saboreó despacio, girando la punta alrededor de el, sintiendo cómo me contraía y relajaba con cada pasada.

—Relájate... —susurró, antes de presionar la lengua contra el centro.ç

El esfínter cedió poco a poco, caliente y aterciopelado por dentro. Ella empujó más profundo, la lengua refrescando aquel lugar, moviéndose en círculos lentos mientras sus manos mantenían las nalgas bien abiertas. Mi jadeo se volvió fuerte, las manos aferrándose a las sábanas, el cuerpo comenzaba a temblar. Su lengua entrando y saliendo en ritmo constante, succionando suavemente el anillo cada vez que se retiraba, haciendo que se abriera más con cada embestida.

Una mano de ella bajó para acariciar mis huevos, masajeándolos con suavidad mientras la otra se colaba por debajo para rodear su polla dura, me masturbaba lentamente al mismo ritmo que su lengua. El ano se contraía rítmicamente ahora, apretando alrededor de la lengua como si quisiera tragársela, y cada contracción hacía que yo me arqueara, empujando hacia su boca.

—No pares... joder, cómemelo más profundo... —gruñí con la voz ronca.

Ella aceleró con su lengua girando en espirales grandes alrededor del borde, luego penetrando lo más hondo posible, succionando con fuerza el anillo arrugado mientras sus dedos apretaban la base de la polla para retrasar el orgasmo.

—¿Te esta gustando? Me pregunto.
—Delicioso AHHAHHHAHAHAH!!!.
—Pues al putero seguro que también le hubiese gustado. ¿ No crees?
—Seguro.
—Pues se acabo!!!, que quiero que me folles y te vas a correr antes de hacerlo

Cuando por fin se retiró, el ano de él estaba enrojecido, brillante de saliva, palpitando todavía. Ella se inclinó y le dio un último beso suave justo en el centro, haciéndolo estremecerse de nuevo.


—Delicioso...? De donde te ha salido eso?? Mariconazo!!!! Jajaj, Delicioso lo digo yo, pero tu querras decir que te ha encantado que la puta de tu mujer te haya comido el culo. —dijo con una sonrisa satisfecha, lamiéndose los labios—. Ahora ya sabes, saca a nuestro amigo de la mesilla.

Estiré el brazo, abrí el cajon y de nuevo teniamos la compañia de aquel rabo de goma grande y enorme.

Gema se puso a cuatro patas sobre la cama, me mostro el culo grande y redondo elevado, Tenia el coño chorreando abundantemente, el líquido espeso resbalaba y goteaba formando un charquito pegajoso en las sábanas.

Cogió el consolador, negro, grueso, venoso, de 32 cm con la cabeza gorda y venas marcadas, lo miró un segundo con los ojos vidriosos de deseo. Le escupió en la punta con saliva espesa sobre la cabeza, luego lo alineó con su coño abierto y, sin preámbulos, se lo metió completo de una vez AAAAAAAAAA!!!!!!!!!! El consolador desapareció hasta la base entre sus labios hinchados, el coño estirándose alrededor del grosor con un sonido húmedo y obsceno. Se machacaba el coño con furia, gemia fuerte AAAAAA!!!, AAAA!!!, SIIIII!!!,, AAAAAAA, ASI ME FOLLARIA EL PUTERO ESE!!!, CON ESA POLLA GORDA!!! ASIIII.
Su cuerpo temblababa y yo la miraba pajeandome, disfrutando de verla, las tetas le colgaban y chocaban entre si mientras se follaba con el consolador en movimientos rápidos y brutales plap-plap-plap-plap-plap.

Se giró la cabeza hacia mí, los ojos entrecerrados, la boca abierta en un gemido continuo unghhh-unghhh-unghhh.

—Fóllame el culo… —suplicó, la voz rota y temblorosa—. Fóllame el culo ahora mismo, Javi. Quiero sentir tu polla gorda abriéndome el ano mientras me follo el coño con este consolador. Quiero que me trates como la puta del coche… como la zorra que se abre de piernas por dinero…

Me arrodillé detrás de ella en la cama, le escupí en el ano rosado y apretado, sin mucho sentido, aquello ya estaba extremadamente humedecido y lubricado. Le separé las nalgas con las manos , puse la cabeza contra su ano y empujé despacio pop-squelch-squelch. Gema gimió largo y roto aaaahhh-SIIIIIIII!!! ASI, ASI.... ASIIIIIIII!!!, cuando la cabeza entró, el ano volvia abrirse para recibirme. Empujé más, centímetro a centímetro, hasta que estuve dentro del todo, los huevos pegados a su coño lleno del consolador, notaba como las paredes de su utero rozaba contra mi polla con la forma de aquel consolador de goma.

Gema gritaba, empujando hacia atrás plap-plap-plap-plap-plap, el culo rebotando contra mis caderas. Comence a darle palmadas en las nalgas...

— JODER!! ¡¡¡POR FIN ME FOLLAS COMO DEBE SER!!! JODER JODER QUE BUENO!!!

Comence a disfrutar como hacia tiempo que no lo hacia, me estaba dejando llevar por todo, cada vez que se introducía el consolador su ano me apretaba fuertemente la polla. Y comence a acompañarla en gemidos bestias que salían sin control. AAAHHHA HAHAHHAHA HAHAHHA, GUARRA, PUTA, CERDA... AAAHAHAHHA, PUTA!!! ZORRRAAA!!!

— ¿TE GUSTA ESTO? DIMELO ...DIME QUE TE GUSTA... DIME QUE ME FOLLLARIAS JUNTO A OTRO, DIME QUE TE HUBIESE GUSTADO QUE ME FOLLARA AL PUTEROOOOO!!! AAAAH AHAHAHA!!
— AAAH ,, SIIIII, SIIIII PUTA... SIIII!!! FOLLATELOOOO!!! rugí, agarrándole las nalgas con las dos manos crack-crack, abriéndolas hasta que el ano se estirara más alrededor de mi polla. PLASH PLASH, volvia a golpear con la palma abierta sus nalgas sin control.

— AAAA QUE CABRROOONNNN!!! LO SABIA, AAAAAHH, LO SABIAAAA!!!, CABRON, DIMELO.. DIMELO OTRA VEZ, DIME COMO QUIERES QUE ME FOLLE!!!
— JODERRR!!! GEMA!!!! AAAAAAHHHH QUE GUARRA... QUIERO QUE TE FOLLE QUE TE FOLLE EL CULO, QUE TE TRAGUES SU CORRIDA... AAAAAAAHH, POR DIOS QUE PUTA!!! QUE BUENO......!!! bramé, embistiéndola con toda la fuerza.
— AAAAHHH QUE PUTO GUARRO ERES!!! ¿QUIERES QUE VAYAMOS MAÑANA Y QUE ME FOLLE ALLI COMO UNA PUTA POLIGONERA? ¿QUE ME DEJE FOLLAR POR DINERO? AHAHAHHHHA, AHAHH!!!
— SI, SI....SI... QUE TE FOLLE, MAÑANAAAAAA, MAÑANA....MAÑANAAAA VAMOS Y LE COBRAS 1000 EUROS POR TRATARTE COMO UNA PUTA.!!!!
— SISISISI, ME CORROOO, CABRON ME CORRROOO, POR FIN!!! ME CORRO CON TU POLLA DENTRO... ME CORRO!!!, GUARRO ME CORRRROOOOOO COOOOOMO UN PUTAAAA AHAHAHAHH!!. chilló Gema, el cuerpo convulsionando violentamente

Y se corrio, se corrio bestialmente, una corrida tan abudante como si alguien hubiese derramado un cantaro de agua sobre la cama. El chorro caliente salió disparado alrededor del consolador, salpicando mis muslos, las sábanas, el suelo, en chorros largos y espesos que no paraban s. Su ano se contrajo alrededor de mi polla con espasmos brutales, apretándome tan fuerte que casi me hace correrme dentro de ella.

— JODER!! Que bueno Javi, que bueno... por fin... contigo... por fin comenzo a susurrar para si misma. - Ahora te toca a ti, dijo elevanto el tono de voz.

—Ahora sácala… quiero que te corras en mi boca —dijo, la voz rota—. Quiero tragar tu leche… como él quería que tragara la suya.

Me aparté, la polla saliendo del ano con un pop húmedo. Gema se giró, se arrodilló en el suelo del salón, abrió la boca, sacó la lengua larga y rosada, los ojos fijos en mí.

—Córrete sobre mí… en la lengua… en la cara… —suplicó—. Trátame como la puta del coche.

Me la meneé rápido apuntando a su boca abierta, tarde muy poco. Chorros gruesos y calientes salieron disparados, uno en la lengua, otro en la mejilla, otro en la barbilla, goteando por su cuello hasta las tetas. Gema gemía mmmhhh, la lengua fuera, recogiendo cada gota, tragando lo que podía, el resto cayendo sobre su piel en hilos blancos y espesos.

—Coño Gema, ....- dije con la respiracion acelerada como el motor de un formula 1 – Ha sido bestial.
— Lo has disfrutado bien mamon y se te ha notado, ojalá siempre fuera asi. Estoy muerta.

Ella sonrió, exhausta y satisfecha, los ojos brillando. Quedamos sudados tumbados uno junto al otro, en aquella noche calurosa del verano.

— Anda dejame el movil, que vamos a ver que video subimos....






Nose. Si y no... la historia de ser cornudo ella de puta esta guay, pero es q la del amigo en la playa tambien, la de la fotos igual, la del viejo de la cafeteria igual.. quiero decir.... q realmente....
El quiere q ella de el paso...
Al final en una situacion asi...
Y lo se por experiencia.. el quiere ella quiere.. solo hace falta q teniendolo claro, ella se asegure una vez.. una vez q ella le ha visto q su polla se pone dura, llamandole cornudo y hablando de follarse a otro.. lo demas es inminente...
Y de lo escrito.. esto ya es cuestion de gustos...
Primeros cjernos buenos podian ser con el amigo o este de puta...
Nose..
Animo.. a ver...
 
Espero que los cuernos sean con un desconocido y si es conocido que sea una persona discreta, el imbécil de Pepe es capaz de humillarlo fuera de contexto.
 
Espero que los cuernos sean con un desconocido y si es conocido que sea una persona discreta, el imbécil de Pepe es capaz de humillarlo fuera de contexto.

La verdad, por experiencia propia, de la situaciom y habiendo pasado la barrera en su dia.
Es lo q decia un compañero hace unos dias.. realmente se ve q los dos quieren, y el no pone limites xq quiere...
Sabe q si la pide frenar ella frena..
Pero es q quiere.
Se estan amoldando al rol de sumiso...
Espero q sea con alguien q aparezca, rollo rebulsivo.. con cierto pasado entre ellos..
Alguien q aparece y vuelve para cumplir la misiom.
De forma muy improvista.. con cierto resquemor por parte de el... o reticencia, hasta q se le pone dura y asume...
Con las ganas de ella en todo momento de tirar para alante..
 
consejo, no repetir tanto, porque resta gracia leer lo mismo una y otra vez... sin hate eh, solo consejo, me esta gustando el relato pero que nombres en un post como 10 veces "los pezones duros asomando", "los pezones duros y oscuros", "los pezones duros y no se que"... realmente me di cuenta de eso porque literalmente se ve demasiado seguido en algun parrafo!! pero por lo demas chapo!!
 
ANTES DE BARCELONA

La mañana siguiente se hizo pesada... de esos días que hasta los pensamientos son un dolor de cabeza, de los que no se van ni con café ni un cargamento de aspirinas. Para colmo el curro fue tortura laboral, mil ajustes y mil documentos urgentes que tratar y de por medio Pepe... con sus gilipoyeces a poco que tenía un instante.

La noche anterior después de aquel polvazo, mi mujer escogió el video y alguna foto y yo le había pulsado sobre el botón de subir. Y ya estaba, de nuevo en su nuevo insta, mostrándose sensual y erótica, con su nueva personalidad exhibicionista que en mi interior tanto me ponía. Pepe había tardado poco en hacerle algun comentario en línea y durante la mañana, vino hasta mi para soltar “Joder con Gemita, como esta macho!”.

El día paso asi... pesado... no hablamos mucho a medio día, solo alguna broma sobre lo de la noche anterior, tipo “esta noche vamos al polígono a cumplir”, pero sin mucha intención de nada, el día nos había derrotado a los dos.

Pasaron un par de días más, muy tranquilos, parecía como si el polvazo que habíamos echado días atrás, nos hubiese calmado a los dos. Nos dedicamos a mirar los comentarios de sus redes, con risas y algún otro que se atrevía a ponerle algún mensaje directo, con alguna fotopolla y yo a soportar a Pepe en el curro, aunque reconozco que a veces hasta tenía gracia, en algún que otro comentario.

El viernes por la tarde... fue cuando Gema, me comento que era el momento de ir a comprar ropita, y así lo hicimos, fue raro... aquello de comprar lencería erótica, que ella elegia y yo pagaba para que otros disfrutaran después de verla vestida con aquellas prendas. Pero volvía a ocurrir, el morbo entre los dos regresaba para envenenarnos, esas cosas que a ambos nos ponía, y que hacia que las conversaciones entre los dos se tornaran sedosas, sensuales y guarras..

  • Quiero hacerte un regalo, me dijo
  • ¿A mi? Aun queda para mi cumpleaños
  • Vamos a la optica.

Gema había encargado una de esas gafas nuevas, que llevan incorporada una cámara en la montura, para poder grabar sin necesidad de mantener un movil o una cámara en las manos.

  • ¿Te gustan cariño?
  • ¿Y esto?
  • Para que grabes todo lo que hagamos.
  • ¿Como que todo lo que hagamos?
  • Pues ya sabes... todo... que sea más fácil para ti... ya sabes eres mi reportero.
  • Gema, te temo... cada vez que inventas te temo.
  • Si claro, como si yo fuera la única que inventa, ¿lo del polígono fue idea mía?

Ambos reímos, sabiendo que ambos éramos culpables de todo lo que estábamos viviendo. El veneno nos estaba invadiendo como una horda —no salvaje, sino inevitable— de sensaciones, que se volvía cada vez más adictiva.

Esa tarde cuando ya caía la noche, como si la vida quisiera inclinar la balanza hacia esa locura que viviamos, Gema recibió la llamada de la empresa con la que había firmado. Marta, la llamaba, la voz sonaba profesional pero entusiasta “Gema, todo listo. Te citamos para el miércoles, desde las 6 de la mañana en nuestro estudio de Barcelona. Te mandamos el billete de AVE para el martes por la tarde, hotel incluido. Ven preparada. Vamos a por algo grande. Ya te voy contando esta semana, porque ha habido algunos cambios. Los propietarios de la marca buscan impulsar el lanzamiento del producto y posicionarlo con mayor relevancia en el mercado, vamos que han pasado a apostar por el proyecto.”.

Gema colgó, me miro con los ojos muy abiertos nerviosa.

  • El Martes por la tarde me voy a Barcelona ¿Te vienes?

La miré fijamente. El corazón me latía fuerte. Quería ir. Quería estar allí, verla posar, ver cómo la miraban los fotógrafos del equipo de la marca, sentir el morbo en directo. Pero también sabía que no podía. La cafetería se quedaba con los tres empleados, y yo tenía responsabilidades que no podía delegar. Además… una parte de mí, la que disfrutaba del morbo de la distancia, de la espera, de imaginarla sola, posando expuesta, … esa parte me decía que no. Que la dejara ir sola. Que la espera sería más intensa y más caliente.
  • No puedo, Gema —le dije, la voz ronca—. El trabajo, la cafetería… no puedo dejarlo todo. Tienes que ir sola.

Ella se quedó callada un segundo, luego asintió despacio, los ojos brillando con una mezcla de decepción y excitación.

  • Vale… sola entonces. A ver que me espera allí. Aunque me hubiese gustado que me acompañases.
  • Oye, antes de que te vayas quería comentarte algo. - Le dije cambiando el tercio de la conversación-.
  • Dime amor.
  • Llevo varios días, desde lo del polígono, bueno y desde que Carlos me comento que habían visitado algún club de esos de intercambio.
  • Uyyy uyyyyy... esta vez eres tú quien está inventando.-me interrumpió-
  • Sonreí, aguantando los nervios. Mi voz paso a ser más temblorosa. Pienso que quizás necesitas un tipo que sacie la necesidad que tienes de sentirte llena. y queria preguntarte ... ¿Como ves lo de visitar un sitio de esos?
  • ¿Me lo preguntas en serio? De verdad quieres ir y verme follar con otro.
  • Bueno, yo te vería y quizás tu a mi ¿no?
  • No eres tú pirata... jajajajaj. Mi vida yo solo te necesito a ti. Pero si tú quieres vamos, no te voy a negar que me da morbo visitar un sitio de esos, y ver cómo es todo ese mundo. Ademas si Carlos ya ha ido con su mujercita....
  • ¿Entonces?
  • Entonces ¿Qué?. Te veo muy decidido. ¿Y Cuándo pretendes ir a que se follen a tu mujercita?
  • ¡¡Joder Gema!! Si lo dices así, nunca.
  • Jajjaja. Que es broma, pero... ¿para cuándo has pensado ir?
  • No lo sé, lo primero que tendría que hacer... es enterarme un poco mejor o preguntarle a Carlos donde ir.
  • Bueno... vamos a hacer una cosa, tu míralo y cuando vuelva de lo de Barcelona... si sigues pensando lo mismo, pues no envalentonamos. ¿ok?. Seguro que no puedes venir conmigo.
  • Ojalá, pero seguro que no.
  • Una pena ... hasta el martes estas a tiempo. Y cambiando de tema ¿Te apetece que salgamos esta noche, o pillamos un hotelito por aquí cerca para una noche?. Dejamos los paquetes en el coche y nos tomamos algo por ahí.
  • Madre mia Gema... Parecemos millonarios! Vamos a tener que poner un poquito de freno.
  • Hoy me apetece que salgamos los dos solitos y ya que estamos aquí, en Málaga... vamos a aprovechar.

Presta pillo su móvil, en cinco minutos tenía reservado un hotelito cercano a la calle Larios, nada especial, lo justo y necesario para hacer una noche.

  • Venga ya está hecho, nos damos una ducha y me cambio nos vamos.
  • ¡¡¡Menos mal que hemos pillado algo de ropa esta tarde, porque si no repito hasta los gayumbos guapa!!!

Cuando Gema apareció, ya estaba otra vez rompedora, me parecio que yo allí no pegaba, que ese pedazo de mujer no estaba hecha para mí. No había escogido nada excesivamente provocador, pero es que aquel cuerpo todo lo quedaba espectacular.


Lleva un vestido camisa de rayas gruesas en blanco y negro, ceñido como una segunda piel, de esos que parecen inocentes a primera vista pero que en su cuerpo se convierten en puro pecado. Un corte cruzado en el pecho, con un escote en V profundo que deja ver justo lo suficiente para imaginar el resto, la curva generosa de sus pechos empujando la tela, los botones tensos como si estuvieran a punto de rendirse. La cintura se estrecha dramáticamente gracias al nudo lateral que ella misma había ajustado con maestría, marcando una silueta de reloj de arena perfecta. Ese lazo improvisado acentuaba aún más la diferencia brutal entre su cintura estrecha sus caderas anchas.

La falda del vestido llega justo por encima de la rodilla… o eso parece. Porque en cuanto daba un paso, la abertura lateral se abre como una cortina traviesa, revelando casi toda la longitud de sus muslos que marcaba el ritmo al caminar.

Pero lo que realmente hipnotiza es cómo le quedaba por detrás. El culo grande, alto y perfectamente redondo empujaba la tela hacia afuera, creando dos curvas prominentes que parecen desafiar la gravedad. En sus manos —las uñas pintadas de rojo sangre— a conjunto con los tacones de sandalia rojos de aguja, finísimos, con tiras que se cruzan en el tobillo, que estilizaban brutalmente su cuerpo.

Me miro y vio como la miraba embobado, soltó una risa baja, ronca, mientras se mordia el labio inferior y preguntaba con voz de miel espesa,
  • ¿Te gusta cómo me queda… o prefieres quitármelo ya?
  • Venga yaaaaa!!!, mira que no llegamos ni a la cena... jajaj
  • Que me gusta que te guste tanto... jijiji, tengo otro regalito para ti.
  • ¿Otro? Pero.... esto que es....
  • Toma, y no seas muy malo conmigo.

Deposito en mi mano un pequeño mando de color azul y engomado....

  • ¿Que es? - pregunte
  • ¿No te lo imaginas? Venga no seas tan inocente
  • Que no coño!!
  • Pulsa una vez.

Pulse uno de los dos botones que presentaba aquel extraño mando.

  • Aahhhhha, para cabrón!!!; aaaahahah,, joder!!!
  • No me jodas!!!!

Era el mando de un masturbador interior que Gema se había comprado, y que llevaba puesto dentro de su coño. Cada vez que pulsaba aquello vibraba aportando un placer artificial y añadido a todo su ser.

  • Este regalito no te lo esparabas. Eeee??? No te pases, mucho vale, no vaya a ser que termine haciendo alguna locura.



La noche comenzó, tomando unos vinos acompañados de risas y miradas por las calles del centro que fueron la entonación perfecta para continuar con las copas. Habría pasado ya la una de la madrugada ya había pasado cuando nos colamos en el local que nos habían pintado como imperdible, un pub roquero, nada que ver con la música que le gustaba a ella.

Durante la noche, apenas había hecho uso de aquel mandito, había elegido estar tranquilos, pero a estas alturas, la bebida ya comenzaba a hacernos efecto y buscaba constantemente aquel aparato en mi bolsillo, pero aún no lo pulsaba.

Llegamos a la puerta de aquel local, un chico fornido en la puerta nos dio las buenas noches, miro fugazmente a mi mujer y nos abrió la puerta. La música nos golpeó de lleno, el guitarreo y el rock inundaban el espacio, que, sin llegar a ser pequeño, tampoco era grande. Nos acercamos a un hueco que quedaba libre en la barra, le dije a Gema que me pidiera una cerveza, que iba al baño, necesitaba mear urgentemente.

Como siempre ocurre en estos locales, un pequeño baño atendía a todo el personal y me toco hacer cola en un pequeño pasillo, perdiendo de vista a mi mujer. Al final yo creo que tarde como unos cinco minutos en volver. Desde lejos, ya pude ver que ella seguía en la barra, sentada ya sobre un taburete y había entablado conversación con un chico de corte roquero semi elegante. Me quede unos instantes observando en la lejanía mirándola... y entonces... entonces fue el momento.

Busque aquel mandito y pulse, pulse repetidamente, y vi como ella se estremecía, como apretaba la mandíbula y giraba la cabeza a un lado y otro, intentando buscarme con la mirada, hasta que encontró para pedirme clemencia con una mirada casi llorosa. Pero yo no dejaba de pulsar una y otra vez, y miraba... miraba como ella perdía la atención de lo que aquel chico le estaba contando y solo era capaz de contener la figura a duras penas. Apretaba las piernas, su mano se cerraba fuertemente sobre la barra y los parpados de sus ojos se cerraban como si no pudieran contener la ley de la gravedad. El chico la miraba con extrañeza, pero seguía charlando con ella, mirándola como quien mira la mejor pieza de un museo y es que ella era un espectáculo la pusiera donde la pusiera.

Terminé por acercarme..

  • ¡¡¡Hola!!!, ¿Qué tal? - Corto y conciso

El chico me miro, como el leon que mira a la hiena que desea acercarse a lo cazado. Pero ella contesto pronto

  • ¡¡¡Que hijo de puta!!!, me susurro bajito, para continuar ... Mira Javi este es Miguel, ha sido muy amable y me ha cedido la banqueta. Él es mi marido.
  • Aaaa!! Que estabas casada, quizás debia de ser lo primero que tenía que haber preguntado. Jaja. Lo siento. Encantado tío.
  • Igualmente, gracias por lo de la banqueta.
  • Nada, no deberias dejar a una mujer tan guapa sola mucho tiempo – respondió – mirando fijamente a ella. Bueno parejita creo que entonces yo sobro por aquí, que lo paséis bien

Nos despedimos de él, Gema le dio un par de besos y se marchó con sus colegas a un par de metros de donde estabamos.

  • ¡¡Pero se podrá ser más cabrón!!! ¿Como me haces eso?, joder que por poco me caigo del taburete.
  • JAJAJAJA, era el mejor momento, ¿No? Este mirándote las tetas e intentando camelarte y tu dándole charla
  • Me ofreció la banqueta y comenzó a charlar, tenía que ser amable con el ¿No crees?
  • Tu siempre eres muy amable con todos., jajajja. ¿Que se siente? ¿Te gusta?
  • Joder, cada vez que le das, es como si te soltara una descarga que te recorre toda la columna y ahí abajo.... ufffff... es sensacional. Pero me resulta imposible poder prestar atención al resto del mundo cuando se activa.

En ese momento nos interrumpio el camarero, un tipo ya entrado en edad, los cincuenta mínimos, - Oye chica, el niñato aquel os ha invitado a un par de chupitos de tequila a los dos y a ti en particular a una copa ¿Que te pongo? - Un ron cola gracias, le respondió.

  • Mira el niñato que atento esta. Este se ha quedado con ganas de estar más tiempo contigo.
  • Jajaja, solo está siendo simpático capullo
  • Si, si, igual de simpático que todos los que se te acercan... jajaja, que remedio, ese cuerpo no debería tener dueño. - Y volví a pulsar sobre el mando.
  • AAAAAH !! CABRÓN PARAAAA!!!
  • Jajajaja, no sabes tu bien lo que me está gustando este regalito.
  • Que noche más larga me queda por delante contigo y el juguetito.
  • Jajajaj, el niñato no para de mirar hacia aquí.

Yo había quedado de frente a él y ella lo tenía de espaldas. Entonces ella se volvió y miro hacia detrás y le dio las gracias con el gesto de brindar por el y el respondió con el mismo gesto guiñándole el ojo.

  • Está claro que, en esto del follar, la gente no tiene límites.
  • ¿Tú lo tendrías? - me pregunto.
  • Pues hombre, quizás, si me dicen que esta con su marido... creo que si.
  • Bueno.... en tu caso, te gusta más que miren a tu mujer. Jajaj
  • Se podrá ser buscona.... ya empezamos.
  • Hemos empezado hace un ratito, o acaso crees que no sé qué no ha sido casual el momento en que has pulsado el botoncito.
  • Jajajaj, es que esto me ha encantado. Verte frente a él aguantando el tirón.
  • Si quieres le doy las gracias.
  • Tus veras... tu y tus jueguecitos.
  • Mi jueguecitos.... ahora veras.

Volvia a darse la vuelta y lo buscaba, el tardo poco en mirarla, y ella le hizo un gesto de que se acercara. Cuando llego mi mujer comenzó de nuevo a hablar con el.

  • Gracias por la copa y los chupitos, pero es justo que si nos invitas te tomes uno con nosotros.

Llamo al camarero y pidio tres nuevos chupitos de tequila

  • Por conocer gente chula – dijo el brindando con nosotros pero mirándola a ella.

Los tres brindamos juntos, pero la conversación de él era para con mi mujer, yo había pasado a un segundo plano, estaba participaba, pero las preguntas y respuestas eran hacia Gema.

  • Bueno yo... me voy a pedir otra cerveza, que voy con una de menos queréis vosotros algo?.
  • Pide otra ronda de chupitos – dijo mi mujer -

Así lo hice, volvimos a brindar, me di cuenta de que empezábamos a ir pasados, ella y yo, los chupitos comenzaban a hacer su trabajo, y necesitaba un poco de aire que me aliviara.

  • Oye Miguel, necesito salir a que me dé un poco de aire, y mi mujer se está divirtiendo, me la puedes cuidar un rato.
  • ¿Cariño estas bien?, me salgo contigo.
  • No no, tranquila, , es solo que necesito un poco de aire. Tu sigue disfrutando. ¿Te importa tío?
  • No claro que no, te la guardo a bien recaudo, si a ti no te importa yo sin problema.

Me di la vuelta enfoque hacia la puerta sin mirar atras, pero antes de salir volví a pulsar el botoncito.

Llevaría diez minutos fuera, apoyado sobre un coche cercano, con mi cerveza en la mano y pensando, cuando me vibro el teléfono.

GEMA: ¿Estas bien, donde estas?
GEMA: Estoy en el baño, mira que dejarme aquí sola.
JAVI: Sola no, te he dejado acompañada, pero en cinco minutos entro.
GEMA: No tardes que este ya me está entrando a cañón, no para de decirme el cuerpazo que tengo y como no para de darme chupitos....
JAVI: Bueno... no es nuevo... en cinco minutos entro.
GEMA: Ok, te quiero.

No fueron cinco minutos, debieron de ser diez o quince los que tarde en volver. Cuando entre la escena era impactante. Ella recogia, su vestido hacia atrás y le enseñaba el muslo hasta donde aparecía la tira de la cintura del tanga que vestía bajo el vestido. Junto a ella estaba el niñato y un par de niñatos más, supuse que los colegas. Ellos miraban descaradamente toda la extensión del muslo con los ojos abiertos. La imagen me dejo parado unos segundos, quizás lo justo para volver a pulsar el clik del mando y avisar que me acercaba. Ella volvió a vibrar sobre el taburete mirando hacia la puerta y mirandome fijamente.

  • ¡¡Ya estoy aquí!!, - dije acercándome a ellos
  • ¡¡¡Hombre!!! ¿Ya estas mejor?, tu mujer me estaba enseñando las piernas, porque dice que es modelo. - Dijo como para salir del paso -
  • Si Javi, estos no se lo creían y le he dicho que soy modelo de mujeres reales, con curvas y carne.
  • Te lo puedes creer tío, me lo dice como si fuera una mujer fea. Vaya tio suertudo que eres. Dijo uno de los otros dos niñatos.
  • Pues sí, sí que es modelo, y esas pernazas ya son de dominio público.

Ella aun mantenía el muslo a la vista, cuando dijo...

  • Venga un selfie y nos vamos que ya no puedo con más chupitos y me apetece cambiar de ambiente. Miguel me ha recomendado un sitio donde se baila salsa.

Nos hicimos un selfie los cinco con el teléfono de ella, los chicos le pidieron les diera el teléfono para que les enviara la foto, pero ello les respondió con un - Buscarme en insta..., al que me encuentre prometo mandársela. -

Salimos de aquel antro en dirección a buscar esa horrible música que tanto le gustaba a ella y para colmo de males los tíos teníamos que pagar entrada.

Ambos medios borrachos, contentos felices, andando por las calles, ella dándole vuelo al vestido, pidiendo que la grabara, yo pulsando aquel click de vez en cuando, ella cada vez más caliente y yo cada vez .... cada vez más guarro.

Conforme entramos ya sabía que era lo que me esperaba esa noche, mucha barra. Tardo poco en salir corriendo hacia la pista a contonearse y bailar efusivamente, me arrastro hasta ella con la mano y comencé a bailar aquel ritmo salsero que no estaba hecho para mí. Ella reía y me intentaba sacar un paso acorde al ritmo... pero era imposible.

  • Voy a pedir algo... ¿Qué te pido?
  • No no, mas no... si me tomo algo más muero aquí.

Y allí la deje en medio de aquella pista, donde bailaban parejas y mujeres sueltas con esos ritmos calientes que exigen a las mujeres contonearse y eso en mi mujer llegaba a ser casi obsceno.

Pedí mi copa y allí, en la barra me apoye, entre mi pequeño colocón y esa música, y me quede bobo mirándola, como se contoneaba, como todo su cuerpo era exceso, como cada paso que daba era una llamada a que el resto del mundo la mirara.

  • Es guapa ¿verdad? - Una voz femenina me hablaba al oído.
  • Perdón... - dije girándome hacia la persona que me hablaba.
  • Que es guapa, y encima le gusta bailar.
  • Aaa sí. la verdad es que si ¿Tampoco te gusta la salsa?
  • Nada, de nada, pero a mis amigas les encanta y aquí me tienes, aburrida en la barra.
  • Pues hola, me llamo Javi.
  • Noelia, una antifan de la salsa. ¿Y tu, solo aquí también?
  • Si, bueno.... - y me pensé la respuesta – Igual que tu... no me mata.

Fue entonces cuando me fije con más detalle en ella, una chica guapa, de esas morenas que Andalucía regala al mundo de vez en cuando. No era como Gema de curvas excesivas, era más de esa guapura natural que hace de una mujer una mujer que destaque sobre las otras.

  • ¿Te apetece algo? Le pregunte. Mientras no dejaba de mirar de reojo a Gema que seguía a lo suyo.
  • Venga te la acepto, un ron cola.


Me volví hacia la barra, mientras charlaba con aquella chica y perdía de vista a mi mujer. La charla era afable, casi como para olvidarme de Gema, pero no lo suficiente, cuando me volví, Gema ya no estaba en el centro de la pista, se encontraba a un lado, y junto a ella bailando los tres niñatos del bar de antes.

  • ¿Te gusta? La verdad es que es muy guapa, le caen los moscones a puñaos.
  • Jajaja, ¿A puñaos?, jajajaj, la verdad es que esta tremenda, pero tú no tienes tampoco nada que envidiarle – dije como para disimular que aquella mujer que baila era mi esposa.

Metí la mano en mi bolsillo y pulsé el boton del mando, buscando que me mirara. Y lo hizo, y me vio con aquella mujer a mi lado y sonrio... sonrio como dándome permiso a algo que ni habíamos hablado y ella por su parte tomo al niñato de antes y comenzó a perrear con él.

  • Y encima la tipa baila bien, dijo pegado a mi oído, mira cómo se pega y lleva el chavalito donde quiere.
  • Mira que no me gusta esta música, pero quizás saber bailar así, para rozarme con ella no estaría mal. Jajaj. Le respondí.
  • Jajajaj, bueno... tampoco es necesario bailar para que una chica se roce contigo, me respondió mirándome fijamente a los ojos. - Pero si quieres lo intentamos -
  • No, no mejor aquí, jajajaj, que lo mismo se rompe el encanto.

La conversación tomaba unos derroteros que no me esperaba, pero que me alagaban, pero yo volvía a mirar a Gema, quien copa en mano, que no sabía de donde la había sacado, bailaba toda loca con aquellos chicos, uno detrás de otros, que de vez en cuando me miraban como esperando a que me acercara, pero no lo hacía. Y no hacerlo era una frontera que ellos asaltaban más y más.... Y ella, mi mujer, de vez en cuando, unas veces provocado por aquel retumbar artificial que le vibraba en el coño cada vez que yo quería y otras por curiosidad, también me miraba y me sonreía y me guiñaba, me guiñaba como si todo estuviera autorizado, lo suyo y lo mío.



 

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Me encanta como va tomando forma todo y aún así, no acierto nunca por donde va a ir la siguiente entrega.

Enhorabuena me parece muy bueno el relato.
 
A la espera del siguiente capítulo, que puede ser bastante morboso, con la irrupción de la otra chica y los moscones con Gema.
 
Desperté con los rayos de sol golpeándome la cara. La luz era tan intensa que mis ojos protestaban, obligándome a entrecerrarlos mientras intentaba acostumbrarme al brillo de la mañana. La cabeza me latía como si dentro llevara un contenedor lleno de pitos y tambores, cada sonido retumbando con fuerza en mis sienes.

Me quedé unos segundos mirando el techo blanco, inmóvil, tratando de ordenar mis pensamientos. Desde la calle llegaba el murmullo de las personas hablando, voces que subían y bajaban entre el ruido lejano de la ciudad que ya estaba despierta. Yo, en cambio, seguía allí, atrapado entre el dolor de cabeza y la luz del sol que se colaba sin piedad por la ventana.

Giré la cabeza lentamente y allí estaba ella. Dormía dulcemente, de espaldas a mí, con el cabello revuelto cayendo sobre la almohada, cubierta apenas por las sábanas blancas que se arrugaban sobre su cuerpo. La habitación estaba en silencio, salvo por el murmullo lejano que llegaba desde la calle.

Al fondo, en el suelo, la ropa aparecía revuelta y esparcida, prendas mezcladas, tiradas sin orden, como si hubieran caído allí en mitad de la noche sin que a nadie le importara recogerlas.

Fue entonces cuando tomé verdadera conciencia de la situación. Bajo las sábanas, mi cuerpo estaba completamente desnudo… y el de ella también.

Mi mente intentaba recomponer la situación, retroceder paso a paso y recordar cómo había llegado hasta allí, qué había ocurrido realmente durante la noche. Los recuerdos aparecían fragmentados, como piezas sueltas de un rompecabezas que todavía no lograba encajar.
Mientras trataba de ordenar todo aquello, un sonido llamó mi atención. A mi derecha, detrás de la puerta entreabierta, se escuchaba el agua caer dentro del cuarto de baño. El chorro constante golpeaba las paredes de la ducha y rompía con el resto de los sonidos. alguien se estaba duchando.

Mi respiración comenzó a hacerse profunda, como si mi cuerpo intentara ventilar cada glóbulo rojo que corría por mis venas. Sentía el aire entrar despacio por mis pulmones y salir aún más lento, mientras trataba de calmar la confusión que se arremolinaba en mi cabeza.

Todo lo que ocurría en ese momento parecía avanzar a cámara lenta. La luz del sol deslizándose por la pared, el suave movimiento de las sábanas al compás de mi respiración, el sonido constante del agua cayendo en el cuarto de baño… Cada detalle parecía suspendido en un tiempo más denso, más pesado, como si el mundo entero hubiese decidido tomarse un respiro antes de seguir adelante.

El agua dejó de correr de repente. Durante un instante reinó un breve silencio, hasta que desde el fondo se escuchó el ruido de la mampara al abrirse. Después llegaron pequeños golpecitos, el leve sonido de objetos moviéndose, botes que se abrían y cerraban, el trasteo cotidiano de alguien preparándose frente al lavabo.

Yo permanecía inmóvil, todavía tumbado en la cama, escuchando cada uno de aquellos ruidos como si marcaran el ritmo de la escena.
Y entonces volví a mirar a la mujer que dormía plácidamente a mi lado. Su respiración era tranquila, pausada, ajena a todo lo que estaba pasando a mi alrededor.

La puerta del baño, que había quedado a medio abrir, terminó de moverse lentamente. Unas manos que no llegué a ver empujaron la hoja hasta abrirla del todo.

Y entonces apareció ella.

Salió del baño envuelta en una toalla blanca que le rodeaba el cuerpo aún húmedo. Se detuvo en el quicio del marco de la puerta, apoyando un hombro con naturalidad, como si aquella escena fuera de lo más normal del mundo.

Su mirada, que al principio parecía perdida en la habitación, se corrigió enseguida hasta encontrarse con la mía. Y entonces sonrió.

—Buenos días, campeón.

Su voz sonó tranquila, casi divertida, mientras yo seguía allí tumbado, tratando de entender cómo aquella mañana acababa de volverse todavía más desconcertante.

La pequeña toalla apenas le cubría lo justo. Se ceñía a su cuerpo todavía húmedo, siguiendo con precisión el contorno de cada curva, como si la tela se negara a separarse de aquella silueta. El vapor del baño parecía haberla acompañado hasta la habitación, dejando en el aire una sensación tibia.

Su figura, voluptuosa y llena de vida, quedaba marcada bajo la toalla blanca. Cada movimiento, por pequeño que fuera, hacía que la tela se ajustara un poco más, insinuando más que ocultando.

Allí, apoyada en el marco de la puerta, con esa sonrisa tranquila y segura, parecía completamente dueña de la escena.

Era ella, mi mujer, Gema.

—¿Gema?… Hostia, qué dolor de cabeza.
—¿Cómo que “Gema”? A ver si ahora no vas a saber quién es tu mujer…

Su tono tenía una mezcla extraña entre ironía y curiosidad, como si estuviera disfrutando un poco de mi desconcierto.

Volví la cabeza lentamente hacia la otra mujer que dormía a mi lado. Justo en ese momento comenzaba a desperezarse, probablemente despertada por nuestras primeras frases. Movió un brazo por encima de la sábana y giró el cuerpo con pereza.

—¡Joder!… ¿Qué pasó anoche? - Le pregunte.
—¿Será verdad que no te acuerdas de nada? —dijo mi mujer, arqueando ligeramente una ceja.

La mujer que tenía a mi lado terminó de estirarse y se giró hacia nosotros. Parpadeó un par de veces, aún medio dormida, hasta que sus ojos se enfocaron.

Entonces sonrió.

—Buenos días, guapo… y.... buenos días, guapa.

Era Noelia. La chica antisalsa que había conocido la noche anterior en la barra de aquel local de salsa. La misma con la que había estado hablando mientras sonaba la música y aquellos tres niñatos magreaban mientras bailaban a mi mujer.

Pero…

¿Qué demonios había pasado?

¿Qué hacía ella en nuestra habitación… junto a nosotros dos?

Me incorporé un poco en la cama, apoyando la espalda en el cabecero mientras me llevaba una mano a la frente. El dolor seguía allí, latiendo con fuerza, como si alguien estuviera golpeando desde dentro.

Miré primero a Noelia… luego a Gema… y después otra vez a Noelia.

—Vale… —murmuré—. Creo que necesito un resumen.

Gema soltó una pequeña risa y se cruzó de brazos, todavía apoyada en el marco de la puerta. La toalla seguía firmemente sujeta, aunque algunas gotas de agua resbalaban todavía por sus hombros.

—Anoche salimos —dijo—. Hasta ahí imagino que llegas.

Cerré los ojos un segundo, intentando rebuscar entre los recuerdos.

Luces de colores, música de salsa, el bar lleno.

Una conversación…

Abrí los ojos de golpe y señalé a la mujer a mi lado.

—La barra… —dije—. Ella estaba en la barra.

Noelia sonrió con aire divertido mientras se acomodaba mejor entre las sábanas.

—Correcto, detective —respondió—. Yo era la chica que odiaba la salsa.

Un destello más cruzó mi mente, risas, vasos chocando, Gema bailando en la pista mientras yo hablaba con Noelia.

—Pero… —dije lentamente—. De ahí a que acabemos los tres en nuestra cama hay… bastantes pasos intermedios.

Gema se separó del marco de la puerta y caminó despacio hacia la cama. Cada paso parecía deliberadamente tranquilo, como si estuviera saboreando el momento.

—Los hay —respondió—. Y fueron bastante divertidos.

Se sentó en el borde del colchón, mirándome con una expresión mezcla de complicidad y travesura.

Noelia bostezó suavemente a mi lado.

—La verdad —añadió ella— es que tú anoche estabas muy convencido de todo.
—¿Convencido de qué? —pregunté.

Las dos se miraron.

Y entonces Gema sonrió otra vez.

—De que era una gran idea que siguiéramos de fiesta.

Las dos se miraron durante un segundo, como si compartieran un recuerdo privado.

Yo seguía intentando reconstruir la noche, pero mi cabeza parecía una habitación llena de puertas cerradas. Sabía que detrás de alguna de ellas estaba la explicación… pero no encontraba la llave.

—Vale… —dije frotándome la cara—. Recuerdo el bar. Recuerdo que ella odiaba la salsa.

Noelia levantó una mano desde la cama.

—Sigo odiándola —añadió con una sonrisa somnolienta.
—También recuerdo —continué— que Gema estaba bailando como si hubiera nacido en Cuba, con aquellos tres tipejos, que no dejaban de meterte mano.
—Eso es objetivamente cierto —respondió mi mujer con orgullo.

Algo más apareció en mi mente, la barra llena de vasos, risas, música demasiado alta.

—Estábamos hablando… —dije mirando a Noelia—. De viajes… ¿puede ser?
—De viajes, de música… y de lo terrible que eras bailando —respondió ella.

Gema soltó una carcajada corta.

—Eso también es objetivamente cierto.

Me quedé unos segundos mirando el techo otra vez, intentando empujar a mi memoria un poco más atrás.

—Luego… —dije lentamente— Gema vino a la barra. A ti Noelia... no recuerdo decirte que ella era mi mujer.

Las dos asintieron.

—Y… —seguí— alguien pidió otra ronda.
—Tú —dijo Gema.
—Definitivamente tú —confirmó Noelia.
—Después… ya los recuerdos... se me hacen bola.

Mi mujer se inclinó ligeramente hacia mí.

—Bien. Algo vas recuperando. ¿Recuerdas algo más?
—No mucho
—¿Nada?
—Joder Gema!!!, si me acordara no estaría preguntando.
—Pues te queda mucho por recordar. ¿No recuerdas cuando me acerque a la barra?

Noelia, tumbada de lado a mi derecha, asintió varias veces con la cabeza, como si estuviera siguiendo el ritmo de una canción que solo ellas dos oían. Sus pechos se movieron con el gesto, libres y pesados contra la sábana arrugada.

— Si, eso fue cuando los tres niñatos vinieron junto a ti y me saludaron.
—Eeeeso. ¿Y recuerdas lo que te pedí?

Entonces mire a Noelia, quien esperaba que la respuesta saliera de mi boca, aun conociendo ya la respuesta.

—Fue cuando me susurraste al oído fóllate a esta guarrilla, y tras pedir varias copas te volviste a la pista con esos tres.

Noelia, mirándonos nos dijo.

—Que cabrones, como me estabais timando entre los dos, menos mal que después lo arreglasteis.

Gema se giró un poco hacia ella, le rozó el brazo con los dedos y luego volvió a mirarme.

—Si, yo me volvía a la pista y tu bien que empezaste a pasártelo con ésta. - dijo Gema-

A mi mente llegaban imágenes como flashes, Gema en el centro, el vestido de rallas pegado al cuerpo por el sudor, provocando con el baile a juego con su cuerpo. Los tres niñatos la rodeaban como lobos jóvenes, uno por delante apretando su cintura, otro por detrás pegado a su culo, el tercero rozándole los muslos cada vez que ella giraba. Ella se dejaba. No solo se dejaba, lo disfrutaba. Echaba la cabeza hacia atrás, reía con la boca abierta, y cada poco segundo giraba la mirada hacia la barra. Hacia nosotros, para ver que ocurría en la barra.

—Tú… —empecé a decir, mirando a Noelia—. ¿Tú… me estuviste besando el cuello?

Noelia abrió mucho los ojos y después dejó escapar una carcajada.

—De verdad… qué humillación. Después de todo lo de anoche… y apenas te acuerdas de mí. —negó con la cabeza riendo—. Increíble.

Mi mujer soltó una gran carcajada desde el borde de la cama.

—Pues mal vamos si ya tienes dudas de eso… ¡y eso fue solo al principio!

La sensación de desconcierto debía de estar pintada en mi cara. Miraba a una y a otra sin terminar de entender qué demonios había pasado la noche anterior. Ellas, al ver mi expresión, no podían parar de reír.

—Madre mía, cariño —dijo Gema entre risas—. ¿De verdad nada de nada? ¿Ni de los niñatos… ni de ella? ¿No te acuerdas absolutamente de nada?
—¡Que no, coño, que no! —exclamé llevándome las manos a la cabeza—. ¡Que no! Y ya que estamos… ¿qué pasó con los niñatos?

Gema se encogió de hombros con una sonrisa traviesa.

—Pues nada a lo que tú te opusieras.

La miré con desesperación.

—Pero ¿podéis ser un poco más concisas? Porque imagino que si tú estás en la cama, en pelotas, aquí conmigo —le dije señalando a Noelia— algo habrá pasado entre nosotros dos.

Noelia levantó una ceja y sonrió con picardía.

—Vamos a dejarlo en que pasó algo… entre nosotros.

Y volvió a reír, esta vez mirando a Gema como si compartieran un secreto.

Mi mujer intervino otra vez, todavía divertida.

—Mira, cariño… mejor date una ducha. Porque viendo cómo estás, no creo que hoy vayas a estar para mucho trote. Luego nos vamos los tres a comer algo y ya te ponemos al día.
—Se giró hacia la cama—. ¿Qué te parece a ti, Noelia?
—Si a vosotros no os importa seguir aguantándome… por mí perfecto —respondió ella sonriendo.

Yo levanté las manos con frustración.

—Pero por favor… ¿alguien puede contarme qué pasó anoche? Por lo que más queráis. Y tú —dije mirando a Gema— con los niñatos… ¿pasó algo?

Gema me miró con una mezcla de diversión y sorpresa.

—¿Yo con los niñatos?… Joder, Javi.

Sonrió lentamente.

—Sí. Pasó algo.

Se levantó de la cama y caminó hacia el baño.

—Venga, dúchate… y luego te lo contamos todo. Y si aun así no te acuerdas…

Se giró mirándome con una sonrisa traviesa.

—Creo que tengo por ahí algún vídeo en el móvil que quizá te ayude a refrescar la memoria.

Me incorporé con cierta torpeza y, tras un instante de duda, me dirigí hacia el baño. Cada paso parecía exigir un pequeño esfuerzo, como si mi cuerpo aún estuviera intentando ponerse de acuerdo con mi cabeza.

Al entrar, lo primero que vi fue el vestido que Gema llevaba la noche anterior. Estaba tirado sobre el bidé, arrugado, algo sucio y con varias manchas que no recordaba haber visto antes. Lo recogí con la mano y lo acerqué a la nariz por puro instinto.

Olía a alcohol, a sudor y a algo más difícil de identificar.

Fruncí el ceño y lo dejé caer otra vez sobre el bidé. Aquello no ayudaba en absoluto a aclarar nada.

Abrí la ducha y el agua caliente comenzó a caer sobre mi cabeza y mis hombros. Cerré los ojos mientras dejaba que el calor recorriera mi cuerpo. Por fin una sensación que parecía despejar un poco la niebla que tenía en la cabeza.

Mientras me enjabonaba, bajé la mirada… y entonces lo noté.

La cabeza de mi pene estaba amoratada, sensible, incluso algo dolorida al tocarla.

—¿Pero qué coño…? —murmuré para mí mismo.

El agua seguía deslizándose por mi espalda, relajando poco a poco los músculos, mientras mi mente seguía empeñada en rescatar algún fragmento de aquella noche que parecía haberse borrado.

Estaba absorto en ese intento inútil cuando, de repente, escuché el ruido de la mampara.

Se abrió, levanté la vista.

Era ella otra vez. Noelia.

Apareció en la puerta de la ducha con una sonrisa tranquila, como si aquello fuera lo más normal del mundo.

—¿Te importa que nos duchemos juntos? —preguntó con naturalidad—. Así vamos más rápido, tu mujer dice que no le importa.
 
Desperté con los rayos de sol golpeándome la cara. La luz era tan intensa que mis ojos protestaban, obligándome a entrecerrarlos mientras intentaba acostumbrarme al brillo de la mañana. La cabeza me latía como si dentro llevara un contenedor lleno de pitos y tambores, cada sonido retumbando con fuerza en mis sienes.

Me quedé unos segundos mirando el techo blanco, inmóvil, tratando de ordenar mis pensamientos. Desde la calle llegaba el murmullo de las personas hablando, voces que subían y bajaban entre el ruido lejano de la ciudad que ya estaba despierta. Yo, en cambio, seguía allí, atrapado entre el dolor de cabeza y la luz del sol que se colaba sin piedad por la ventana.

Giré la cabeza lentamente y allí estaba ella. Dormía dulcemente, de espaldas a mí, con el cabello revuelto cayendo sobre la almohada, cubierta apenas por las sábanas blancas que se arrugaban sobre su cuerpo. La habitación estaba en silencio, salvo por el murmullo lejano que llegaba desde la calle.

Al fondo, en el suelo, la ropa aparecía revuelta y esparcida, prendas mezcladas, tiradas sin orden, como si hubieran caído allí en mitad de la noche sin que a nadie le importara recogerlas.

Fue entonces cuando tomé verdadera conciencia de la situación. Bajo las sábanas, mi cuerpo estaba completamente desnudo… y el de ella también.

Mi mente intentaba recomponer la situación, retroceder paso a paso y recordar cómo había llegado hasta allí, qué había ocurrido realmente durante la noche. Los recuerdos aparecían fragmentados, como piezas sueltas de un rompecabezas que todavía no lograba encajar.
Mientras trataba de ordenar todo aquello, un sonido llamó mi atención. A mi derecha, detrás de la puerta entreabierta, se escuchaba el agua caer dentro del cuarto de baño. El chorro constante golpeaba las paredes de la ducha y rompía con el resto de los sonidos. alguien se estaba duchando.

Mi respiración comenzó a hacerse profunda, como si mi cuerpo intentara ventilar cada glóbulo rojo que corría por mis venas. Sentía el aire entrar despacio por mis pulmones y salir aún más lento, mientras trataba de calmar la confusión que se arremolinaba en mi cabeza.

Todo lo que ocurría en ese momento parecía avanzar a cámara lenta. La luz del sol deslizándose por la pared, el suave movimiento de las sábanas al compás de mi respiración, el sonido constante del agua cayendo en el cuarto de baño… Cada detalle parecía suspendido en un tiempo más denso, más pesado, como si el mundo entero hubiese decidido tomarse un respiro antes de seguir adelante.

El agua dejó de correr de repente. Durante un instante reinó un breve silencio, hasta que desde el fondo se escuchó el ruido de la mampara al abrirse. Después llegaron pequeños golpecitos, el leve sonido de objetos moviéndose, botes que se abrían y cerraban, el trasteo cotidiano de alguien preparándose frente al lavabo.

Yo permanecía inmóvil, todavía tumbado en la cama, escuchando cada uno de aquellos ruidos como si marcaran el ritmo de la escena.
Y entonces volví a mirar a la mujer que dormía plácidamente a mi lado. Su respiración era tranquila, pausada, ajena a todo lo que estaba pasando a mi alrededor.

La puerta del baño, que había quedado a medio abrir, terminó de moverse lentamente. Unas manos que no llegué a ver empujaron la hoja hasta abrirla del todo.

Y entonces apareció ella.

Salió del baño envuelta en una toalla blanca que le rodeaba el cuerpo aún húmedo. Se detuvo en el quicio del marco de la puerta, apoyando un hombro con naturalidad, como si aquella escena fuera de lo más normal del mundo.

Su mirada, que al principio parecía perdida en la habitación, se corrigió enseguida hasta encontrarse con la mía. Y entonces sonrió.

—Buenos días, campeón.

Su voz sonó tranquila, casi divertida, mientras yo seguía allí tumbado, tratando de entender cómo aquella mañana acababa de volverse todavía más desconcertante.

La pequeña toalla apenas le cubría lo justo. Se ceñía a su cuerpo todavía húmedo, siguiendo con precisión el contorno de cada curva, como si la tela se negara a separarse de aquella silueta. El vapor del baño parecía haberla acompañado hasta la habitación, dejando en el aire una sensación tibia.

Su figura, voluptuosa y llena de vida, quedaba marcada bajo la toalla blanca. Cada movimiento, por pequeño que fuera, hacía que la tela se ajustara un poco más, insinuando más que ocultando.

Allí, apoyada en el marco de la puerta, con esa sonrisa tranquila y segura, parecía completamente dueña de la escena.

Era ella, mi mujer, Gema.

—¿Gema?… Hostia, qué dolor de cabeza.
—¿Cómo que “Gema”? A ver si ahora no vas a saber quién es tu mujer…

Su tono tenía una mezcla extraña entre ironía y curiosidad, como si estuviera disfrutando un poco de mi desconcierto.

Volví la cabeza lentamente hacia la otra mujer que dormía a mi lado. Justo en ese momento comenzaba a desperezarse, probablemente despertada por nuestras primeras frases. Movió un brazo por encima de la sábana y giró el cuerpo con pereza.

—¡Joder!… ¿Qué pasó anoche? - Le pregunte.
—¿Será verdad que no te acuerdas de nada? —dijo mi mujer, arqueando ligeramente una ceja.

La mujer que tenía a mi lado terminó de estirarse y se giró hacia nosotros. Parpadeó un par de veces, aún medio dormida, hasta que sus ojos se enfocaron.

Entonces sonrió.

—Buenos días, guapo… y.... buenos días, guapa.

Era Noelia. La chica antisalsa que había conocido la noche anterior en la barra de aquel local de salsa. La misma con la que había estado hablando mientras sonaba la música y aquellos tres niñatos magreaban mientras bailaban a mi mujer.

Pero…

¿Qué demonios había pasado?

¿Qué hacía ella en nuestra habitación… junto a nosotros dos?

Me incorporé un poco en la cama, apoyando la espalda en el cabecero mientras me llevaba una mano a la frente. El dolor seguía allí, latiendo con fuerza, como si alguien estuviera golpeando desde dentro.

Miré primero a Noelia… luego a Gema… y después otra vez a Noelia.

—Vale… —murmuré—. Creo que necesito un resumen.

Gema soltó una pequeña risa y se cruzó de brazos, todavía apoyada en el marco de la puerta. La toalla seguía firmemente sujeta, aunque algunas gotas de agua resbalaban todavía por sus hombros.

—Anoche salimos —dijo—. Hasta ahí imagino que llegas.

Cerré los ojos un segundo, intentando rebuscar entre los recuerdos.

Luces de colores, música de salsa, el bar lleno.

Una conversación…

Abrí los ojos de golpe y señalé a la mujer a mi lado.

—La barra… —dije—. Ella estaba en la barra.

Noelia sonrió con aire divertido mientras se acomodaba mejor entre las sábanas.

—Correcto, detective —respondió—. Yo era la chica que odiaba la salsa.

Un destello más cruzó mi mente, risas, vasos chocando, Gema bailando en la pista mientras yo hablaba con Noelia.

—Pero… —dije lentamente—. De ahí a que acabemos los tres en nuestra cama hay… bastantes pasos intermedios.

Gema se separó del marco de la puerta y caminó despacio hacia la cama. Cada paso parecía deliberadamente tranquilo, como si estuviera saboreando el momento.

—Los hay —respondió—. Y fueron bastante divertidos.

Se sentó en el borde del colchón, mirándome con una expresión mezcla de complicidad y travesura.

Noelia bostezó suavemente a mi lado.

—La verdad —añadió ella— es que tú anoche estabas muy convencido de todo.
—¿Convencido de qué? —pregunté.

Las dos se miraron.

Y entonces Gema sonrió otra vez.

—De que era una gran idea que siguiéramos de fiesta.

Las dos se miraron durante un segundo, como si compartieran un recuerdo privado.

Yo seguía intentando reconstruir la noche, pero mi cabeza parecía una habitación llena de puertas cerradas. Sabía que detrás de alguna de ellas estaba la explicación… pero no encontraba la llave.

—Vale… —dije frotándome la cara—. Recuerdo el bar. Recuerdo que ella odiaba la salsa.

Noelia levantó una mano desde la cama.

—Sigo odiándola —añadió con una sonrisa somnolienta.
—También recuerdo —continué— que Gema estaba bailando como si hubiera nacido en Cuba, con aquellos tres tipejos, que no dejaban de meterte mano.
—Eso es objetivamente cierto —respondió mi mujer con orgullo.

Algo más apareció en mi mente, la barra llena de vasos, risas, música demasiado alta.

—Estábamos hablando… —dije mirando a Noelia—. De viajes… ¿puede ser?
—De viajes, de música… y de lo terrible que eras bailando —respondió ella.

Gema soltó una carcajada corta.

—Eso también es objetivamente cierto.

Me quedé unos segundos mirando el techo otra vez, intentando empujar a mi memoria un poco más atrás.

—Luego… —dije lentamente— Gema vino a la barra. A ti Noelia... no recuerdo decirte que ella era mi mujer.

Las dos asintieron.

—Y… —seguí— alguien pidió otra ronda.
—Tú —dijo Gema.
—Definitivamente tú —confirmó Noelia.
—Después… ya los recuerdos... se me hacen bola.

Mi mujer se inclinó ligeramente hacia mí.

—Bien. Algo vas recuperando. ¿Recuerdas algo más?
—No mucho
—¿Nada?
—Joder Gema!!!, si me acordara no estaría preguntando.
—Pues te queda mucho por recordar. ¿No recuerdas cuando me acerque a la barra?

Noelia, tumbada de lado a mi derecha, asintió varias veces con la cabeza, como si estuviera siguiendo el ritmo de una canción que solo ellas dos oían. Sus pechos se movieron con el gesto, libres y pesados contra la sábana arrugada.

— Si, eso fue cuando los tres niñatos vinieron junto a ti y me saludaron.
—Eeeeso. ¿Y recuerdas lo que te pedí?

Entonces mire a Noelia, quien esperaba que la respuesta saliera de mi boca, aun conociendo ya la respuesta.

—Fue cuando me susurraste al oído fóllate a esta guarrilla, y tras pedir varias copas te volviste a la pista con esos tres.

Noelia, mirándonos nos dijo.

—Que cabrones, como me estabais timando entre los dos, menos mal que después lo arreglasteis.

Gema se giró un poco hacia ella, le rozó el brazo con los dedos y luego volvió a mirarme.

—Si, yo me volvía a la pista y tu bien que empezaste a pasártelo con ésta. - dijo Gema-

A mi mente llegaban imágenes como flashes, Gema en el centro, el vestido de rallas pegado al cuerpo por el sudor, provocando con el baile a juego con su cuerpo. Los tres niñatos la rodeaban como lobos jóvenes, uno por delante apretando su cintura, otro por detrás pegado a su culo, el tercero rozándole los muslos cada vez que ella giraba. Ella se dejaba. No solo se dejaba, lo disfrutaba. Echaba la cabeza hacia atrás, reía con la boca abierta, y cada poco segundo giraba la mirada hacia la barra. Hacia nosotros, para ver que ocurría en la barra.

—Tú… —empecé a decir, mirando a Noelia—. ¿Tú… me estuviste besando el cuello?

Noelia abrió mucho los ojos y después dejó escapar una carcajada.

—De verdad… qué humillación. Después de todo lo de anoche… y apenas te acuerdas de mí. —negó con la cabeza riendo—. Increíble.

Mi mujer soltó una gran carcajada desde el borde de la cama.

—Pues mal vamos si ya tienes dudas de eso… ¡y eso fue solo al principio!

La sensación de desconcierto debía de estar pintada en mi cara. Miraba a una y a otra sin terminar de entender qué demonios había pasado la noche anterior. Ellas, al ver mi expresión, no podían parar de reír.

—Madre mía, cariño —dijo Gema entre risas—. ¿De verdad nada de nada? ¿Ni de los niñatos… ni de ella? ¿No te acuerdas absolutamente de nada?
—¡Que no, coño, que no! —exclamé llevándome las manos a la cabeza—. ¡Que no! Y ya que estamos… ¿qué pasó con los niñatos?

Gema se encogió de hombros con una sonrisa traviesa.

—Pues nada a lo que tú te opusieras.

La miré con desesperación.

—Pero ¿podéis ser un poco más concisas? Porque imagino que si tú estás en la cama, en pelotas, aquí conmigo —le dije señalando a Noelia— algo habrá pasado entre nosotros dos.

Noelia levantó una ceja y sonrió con picardía.

—Vamos a dejarlo en que pasó algo… entre nosotros.

Y volvió a reír, esta vez mirando a Gema como si compartieran un secreto.

Mi mujer intervino otra vez, todavía divertida.

—Mira, cariño… mejor date una ducha. Porque viendo cómo estás, no creo que hoy vayas a estar para mucho trote. Luego nos vamos los tres a comer algo y ya te ponemos al día.
—Se giró hacia la cama—. ¿Qué te parece a ti, Noelia?
—Si a vosotros no os importa seguir aguantándome… por mí perfecto —respondió ella sonriendo.

Yo levanté las manos con frustración.

—Pero por favor… ¿alguien puede contarme qué pasó anoche? Por lo que más queráis. Y tú —dije mirando a Gema— con los niñatos… ¿pasó algo?

Gema me miró con una mezcla de diversión y sorpresa.

—¿Yo con los niñatos?… Joder, Javi.

Sonrió lentamente.

—Sí. Pasó algo.

Se levantó de la cama y caminó hacia el baño.

—Venga, dúchate… y luego te lo contamos todo. Y si aun así no te acuerdas…

Se giró mirándome con una sonrisa traviesa.

—Creo que tengo por ahí algún vídeo en el móvil que quizá te ayude a refrescar la memoria.

Me incorporé con cierta torpeza y, tras un instante de duda, me dirigí hacia el baño. Cada paso parecía exigir un pequeño esfuerzo, como si mi cuerpo aún estuviera intentando ponerse de acuerdo con mi cabeza.

Al entrar, lo primero que vi fue el vestido que Gema llevaba la noche anterior. Estaba tirado sobre el bidé, arrugado, algo sucio y con varias manchas que no recordaba haber visto antes. Lo recogí con la mano y lo acerqué a la nariz por puro instinto.

Olía a alcohol, a sudor y a algo más difícil de identificar.

Fruncí el ceño y lo dejé caer otra vez sobre el bidé. Aquello no ayudaba en absoluto a aclarar nada.

Abrí la ducha y el agua caliente comenzó a caer sobre mi cabeza y mis hombros. Cerré los ojos mientras dejaba que el calor recorriera mi cuerpo. Por fin una sensación que parecía despejar un poco la niebla que tenía en la cabeza.

Mientras me enjabonaba, bajé la mirada… y entonces lo noté.

La cabeza de mi pene estaba amoratada, sensible, incluso algo dolorida al tocarla.

—¿Pero qué coño…? —murmuré para mí mismo.

El agua seguía deslizándose por mi espalda, relajando poco a poco los músculos, mientras mi mente seguía empeñada en rescatar algún fragmento de aquella noche que parecía haberse borrado.

Estaba absorto en ese intento inútil cuando, de repente, escuché el ruido de la mampara.

Se abrió, levanté la vista.

Era ella otra vez. Noelia.

Apareció en la puerta de la ducha con una sonrisa tranquila, como si aquello fuera lo más normal del mundo.

—¿Te importa que nos duchemos juntos? —preguntó con naturalidad—. Así vamos más rápido, tu mujer dice que no le importa.
Me encanta el relato aunque por otro lado me da la impresión de que ha sido victima de algo que en el fondo él no deseaba.

Un besito.- Cristina
 
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