EL PRIMER REEL
Ya estaba listo y esperando a que ella terminara de arreglarse y en esa espera volvi a releer el contrato que ya estaba firmado.
El borrador era profesional, claro y detallado. Aquí va lo principal que nos llamó la atención:
- Tipo de fotografías: Sesión principal para el catálogo digital y físico (aprox. 25-30 imágenes finales editadas). Estilo sensual-elegante, ropa interior de la marca (corsés, bodies, conjuntos de encaje, ligueros, tangas y accesorios). Poses sugerentes pero sin desnudo total ni explícito: escotes profundos, curvas marcadas, insinuación de piel, miradas intensas. Todo enfocado en resaltar cuerpos reales y curvilíneos de mujeres de 30-45 años.
- Propiedad y autoría: Las fotos serán propiedad exclusiva de la marca (derechos de uso ilimitado, comercial, publicidad, redes, catálogo, web). La autoría corresponde al equipo de fotografía interno de la marca (un equipo profesional contratado por ellos, con director de arte y retocadores). Gema cede todos los derechos de imagen y explotación comercial a cambio de la compensación. Se incluye una cláusula de no difusión por parte de Gema de las fotos crudas o no aprobadas, salvo acuerdo expreso.
- Publicidad que se les dará: Uso intensivo en redes sociales de la marca (*********, Facebook, TikTok), web oficial, catálogo impreso (edición limitada para ferias y tiendas asociadas), campañas de email marketing y posibles anuncios en revistas locales de moda íntima. El nombre completo de Gema o un alias (a elegir) aparecerá como “modelo principal” en todas las publicaciones. Posible mención en entrevistas o posts de “detrás de escenas”.
- Incentivos laborales a percibir:
- Pago fijo por la sesión principal del catálogo: 1.800 € netos.
- Bono por exclusividad durante 12 meses: 600 € adicionales.
- Porcentaje del 3% sobre ventas generadas directamente por campañas donde aparezca su imagen (estimado entre 500-2.000 € en el primer año, según proyecciones).
- Prendas de la marca gratis (valor aproximado 800-1.200 €) para uso personal y redes.
- Asistencias a pases de modelo: Obligatoria participación en hasta 3 pases o exhibiciones pequeñas durante los próximos 12 meses (ferias locales de moda íntima, pop-ups en boutiques asociadas, eventos de lanzamiento). Duración aproximada: 1-2 horas por evento. Transporte y catering cubiertos. Pago extra por desfile: 400 € netos por asistencia.
- Asistencia obligatoria a fiestas de promoción de la marca: Obligatoria asistencia a un máximo de 2 eventos sociales al año (cócteles, cenas de presentación, fiestas privadas para clientes VIP o influencers). Duración: 3-4 horas. Vestimenta proporcionada por la marca. No es desfile, sino presencia como “embajadora”: fotos con invitados, redes sociales en directo, interacción. Pago extra: 300 € netos por evento + gastos cubiertos.
Al final del documento, una cláusula de confidencialidad y otra de cancelación: si Gema se arrepiente antes de firmar, sin penalización. Si firma y luego cancela, devolución proporcional de pagos ya recibidos.
Gema dejó caer el albornoz sobre la cama con un movimiento lento, casi ceremonial, la tela blanca deslizándose por su piel todavía húmeda de la ducha. Respiró hondo, el pecho subiendo y bajando, los pezones endurecidos rozando el aire fresco del dormitorio. Me miró con esos ojos verdes que brillaban como esmeraldas mojadas, brillantes de excitación y un miedo delicioso que le hacía temblar ligeramente las piernas.
—Joder, Javi… es real —susurró, la voz ronca, todavía cargada del orgasmo reciente—. 1.800 por la sesión, bonos por ventas, porcentaje de royalties, desfiles, fiestas VIP… y mi nombre —o un alias que todavía no he decidido— en todo. Fotos mías en lencería por toda la web de la agencia, en catálogos impresos que van a llegar a miles de casas, en redes sociales con hashtags que van a explotar… y la gente de aquí, la familia, los vecinos, los clientes de la cafetería… todos lo van a ver. Me da un vértigo brutal que me revuelve el estómago.
Se acercó un paso, desnuda, el cuerpo todavía brillante por el agua y el sudor, las tetas pesadas moviéndose con cada respiración, entre los muslos un hilo de humedad resbalando despacio por el interior de la pierna.
—¿Estás segura? —pregunté, la voz baja.
— Yo sí —respondió, acercándose más, hasta que sentí el calor de su piel contra la mía—. Creo que estoy descubriendo una inclinación hacia el exhibicionismo que no sabía que tenía… o que llevaba años dormida. Todo me está encantando.
— Me alegro mucho por ti —dije, sincero, aunque la voz me salió entrecortada.
— ¿Solo por mí? —preguntó, inclinando la cabeza, una sonrisa lenta y peligrosa asomando—. ¿Tú no te alegras? Pensaba que todo esto también te gustaba…
—No lo sé —admití, tragando saliva—. Cuando estoy caliente me gusta mucho. Me pone brutal imaginarte posando abierta, mojada, con miles de pollas duras por tu culpa. Pero en frío… me asusta un montón. Todo va muy rápido. Y hay veces que echo de menos nuestra vida de antes, solo nosotros.
Gema se quedó callada un segundo. Luego se acercó más, hasta que sus tetas rozaron mi pecho, los pezones duros como piedras contra mi camisa.
—Para mí eres lo primero —dijo, la voz suave pero firme—. Así que si tú quieres, ahora mismo llamo a la marca y abandonamos todo esto. Borro el email, rompo el contrato digital, y seguimos siendo Javi y Gema, los de siempre.
—No —respondí rápido, casi sin pensar—. Pero eso sería ir en contra de tus deseos también. Y nunca ha pasado por mi mente que tú no puedas desarrollar la tarea que te propongas. No seré yo quien ponga freno a tus aspiraciones, sean las que sean. Aunque me dé miedo… quiero verte brillar.
Sus ojos se humedecieron un instante. Luego sonrió, esa sonrisa tierna que solo me dedicaba a mí, la que me recordaba por qué la quería tanto.
—Ves… por esto eres mi marido y todo lo demás me importa una mierda —susurró, acercándose hasta que sus labios rozaron los míos—. Siempre me pones en valor por encima de todo y todos. Por eso siempre estaremos juntos. Siempre que tú quieras.
Se tiró sobre mí y me besó con ternura, con cariño, con esa dulzura que necesitaba mi alma para recordarme que no era solo un juego. Que detrás de la lencería, los flashes, las miradas, seguía habiendo un nosotros. Nos quedamos abrazados unos instantes en la cama, ella desnuda contra mí, el albornoz a un lado y al otro aquel vestido soez y provocador que pretendía ponerse esa noche.
—Sabes, tengo dos ideas nuevas para ti —me dijo en un susurro pequeño y suave, la boca rozándome la oreja, el aliento caliente haciéndome estremecer.
—¿Qué se te ha ocurrido ahora? —pregunté, riendo bajito—. Que cada vez que esa cabecita tuya piensa…
—Pues lo primero, me gustaría empezar a grabarme reels… y que tú me ayudaras. Que seas mi cámara, mi director, mi cómplice. Que me grabes posando…, que lo subamos juntos, que lo veamos juntos después.
—Pufff… me vas a convertir en tu reportero porno, jaja. ¿Y lo segundo?
— Pues .... me gustaria que fueses tu quien me compraras la ropita ...
— ¿La ropita?
— Siii, tonto, la ropita... la lencería con la que te gustaría que posase. —dijo, bajando la voz hasta que fue casi un ronroneo—. Bueno, lencería o lo que fuese. Tangas diminutos, corpiños que me aprieten las tetas hasta que los pezones asomen por la malla, ligueros que me marquen los muslos… De la ropa del día a día ya me encargo yo. Pero la que me pongo para posar… quiero que la elijas tú. Quiero saber que cada vez que me vean en una foto, estás tú detrás.
—No me jodas, Gema… ahora me voy a tener que hacer un cursillo de ropa erótica… —reí.
—¿Bueno… quieres que vayamos al concierto? ¿O prefieres que nos acomodemos en casa con alguna serie? —preguntó, mordiéndose el labio inferior—. Mañana trabajamos… bueno, trabajas tú, que la cafetería rinde sola.
—Venga anda!!! Ponte lo que sea eso y vámonos —dije, dándole una palmada suave en el culo desnudo—. Ya mañana arrasaré la máquina del café.
Gema se levantó de un salto, riendo, y se giró hacia mí con una mirada traviesa.
—Hoy me haces mi primer reel —dijo, guiñándome el ojo—. Y esta noche… nos quedamos en casa, que después de la ducha me he enfriado... y al final ya no me apetece tanto salir.
—De verdad que no me importa —insistí —. Vamos y lo celebramos. Te lo has ganado.
—No, no Javi, de verdad —dijo, acercándose y rozándome el pecho con las tetas desnudas, los pezones duros rozando mi camisa—. Me está dando una pereza tremenda pensar en pillar el coche, ir hasta Marbella, aguantar el tráfico, bailar rodeada de gente…, bueno eso no tanto, jajaja, y luego volver a las tantas. Otro día. Pero mi primer reel lo grabamos hoy, ¿vale?
Solo sonreí. Era como si la humanidad nos hubiera regalado un momento de paz inesperada, y en el fondo lo agradecía con todo mi ser. Así que me limité a asentir con la cabeza, sintiendo cómo la tensión de la tarde se disipaba un poco, dejando espacio para algo más tranquilo… aunque igual de caliente.
Comenzó a vestirse delante de mí, despacio, provocándome sin esfuerzo, primero se puso un tanga negro de encaje ajustándoselo a la perfección, marcando el surco de su coño; luego una falda plisada corta de color crema que apenas le tapaba el culo, tan ligera que cada movimiento dejaba ver el encaje y la curva de las nalgas; por último, una camiseta blanca de tirantes fina, sin sujetador, los pezones endurecidos marcándose claramente bajo la tela, oscuros y prominentes como si estuvieran pidiendo ser chupados.
—¿Lo hacemos dentro o fuera de casa? ¿En los jardines de la urbanización? —preguntó mientras se miraba al espejo, girando sobre sí misma, la falda subiéndose lo justo para mostrar el tanga pegado al coño.
—En un rato comienza a atardecer y la luz del ocaso siempre mejora las fotos —respondí, la voz un poco ronca—. Mejor fuera, ¿no? Esa luz dorada te va a quedar brutal en la piel… .
—Vale —dijo, sonriendo con picardía—. Bueno, pues espérame en el salón, que entonces tengo tiempo para elegir ropa para mi primer vídeo. Quiero que sea… especial. Quiero que salga bien.
Se metió de nuevo en el vestidor, dejando la puerta entreabierta. Oí el roce de telas, cajones abriéndose, perchas tintineando. Cada sonido era una tortura lenta, y yo sentado en el salón, esperando, con la polla dura otra vez, latiendo contra el pantalón, sabiendo que cuando saliera iba a estar vestida para ser deseada, para ser grabada, para ser mía y de nadie más al mismo tiempo.
Me senté en el sofá, el móvil en la mano, listo para grabar. El atardecer empezaba a teñir el cielo de naranja y rosa a través de la ventana. Y yo solo podía pensar en una cosa, en cómo iba a ser verla posar.
Gema tardó lo justo para volver a ponernos al límite, y entonces salió, y joder… se me cortó la respiración.
Llevaba un short vaquero exageradamente pequeño, de esos que son más un cinturón ancho que una prenda, la tela deshilachada apenas cubría la cintura y el inicio de las caderas, dejando todo el culo al aire. Las nalgas grandes, redondas y altas quedaban completamente expuestas, la curva perfecta brillando bajo la luz del atardecer que entraba por la ventana. El short se metía entre las nalgas como si quisiera desaparecer, dejando ver el surco profundo. Delante, la tela era tan corta que solo tapaba el monte de Venus. No llevaba tanga. Nada. Solo piel desnuda, brillante por el aceite corporal que se había echado, los muslos rozándose con cada paso y dejando un brillo sutil de excitación.
Arriba, una camiseta blanca recortada a tijera justo a la altura de los pezones, el corte irregular dejaba ver la parte inferior de las tetas, la curva pesada y llena asomando por debajo, los pezones duros y oscuros rozando el borde de la tela cada vez que respiraba. Si se movía un poco más, los pezones salían completamente, rosados y erectos, pidiendo ser chupados. La camiseta era fina, casi transparente con la luz del ocaso detrás, dejando ver los círculos areolares y el contorno de las tetas temblando con cada paso.
Y en los pies, esos tacones rojos de aguja de doce centímetros, finos como estiletes, haciendo que sus piernas parecieran poderosamente interminables, las pantorrillas marcadas, el culo elevado aún más, proyectado hacia atrás como una invitación obscena.
Se paró en el centro del salón, giró despacio sobre los tacones, la camiseta subiéndose un poco más y dejando ver el borde inferior de las areolas, el short vaquero tan corto que se le metía en su ingle al caminar, marcando el surco de su coño. El culo rebotaba con cada movimiento, las nalgas temblando, la piel bronceada y brillante entre los agujeros de los shorts deshilachados.
—¿Qué tal para el primer reel? —preguntó, la voz ronca, cargada de morbo—. Pensé que si voy a ser modelo… hay que empezar fuerte. Quiero que me grabes así, caminando por el jardín, posando.
Se acercó despacio, los tacones resonando en el suelo, el culo moviéndose hipnóticamente con cada paso. Se detuvo a centímetros de mí, el olor de su excitación llenándome la nariz, jabón de ducha, deseo puro. La camiseta blanca rozaba mis labios cuando se inclinó y los pezones duros casi me tocan boca.
—Grábame —susurró, rozándome el pecho con las tetas, los pezones rozando mi camisa—.
Saqué el móvil con manos temblorosas, abrí la cámara, pulsé grabar.
La luz del atardecer entraba dorada por la ventana, bañándola en un resplandor cálido que hacía que su piel brillara, que la camiseta blanca contrastara brutalmente con sus tetas casi al aire.
—Empieza a caminar —dije, la voz ronca—. Hacia el jardín. Despacio.
Gema sonrió, se dio la vuelta y caminó hacia la puerta corredera que daba al jardín trasero. Cada paso era una provocación, el culo rebotando, la camiseta subiéndose y dejando ver el borde inferior de las tetas, los pezones asomando completamente cuando levantaba los brazos, el short vaquero tan corto que se le metía entre los labios mayores, marcando el surco húmedo y rosado. Abrió la puerta, salió al jardín, la luz del ocaso tiñéndola de naranja y rosa, el aire fresco endureciendo aún más sus pezones hasta que casi dolía mirarlos.
Se giró hacia mí, apoyó la espalda contra la pared de la casa, levantó los brazos por encima de la cabeza, arqueando la espalda, las tetas se elevaron, los pezones saliendo por completo del corte de la camiseta, duros y rosados bajo la luz dorada.
—Graba —susurró—. Esto es para ti —dijo, la voz temblorosa—.
Yo grababa, sabiendo que ese reel iba a ser publicado en breve. Mientras ella seguía posando, yo la seguía con el móvil en alto, grabando cada movimiento, cada contoneo.
Entonces se oyó la voz desde el seto que separaba nuestro jardín del de al lado.
—Buenas tardes, vecinos.
Gema se detuvo en seco, giró la cabeza despacio. Yo bajé el móvil un instante, el corazón me asalto la garganta.
Era don Manuel, el vecino de sesenta y tantos que vivía tres casas más arriba. Jubilado, viudo, siempre con esa sonrisa amable y un poco boba cuando veía a Gema pasar por la calle. Llevaba una camisa de cuadros descolorida, pantalón de pinza y zapatillas de casa. Se había asomado por encima del seto bajo, apoyando los codos en la valla de madera, y se había quedado congelado, los ojos abiertos como platos, la boca entreabierta en una sonrisa de oreja a oreja que no podía disimular.
Miraba a Gema como si estuviera viendo un milagro. No dijo nada más durante unos segundos eternos. Solo miró. Y sonrió. Y tragó saliva audiblemente.
Gema no se tapó. No se movió para cubrirse. Al contrario, se giró despacio hacia él, apoyando una mano en la cadera, arqueando la espalda un poco más para que las tetas se elevaran y los pezones quedaran aún más expuestos.
—Buenas tardes, don Manuel —dijo ella con esa voz dulce y ronca que ponía cuando quería jugar—. ¿Qué tal?
Él carraspeó, sin apartar los ojos de su cuerpo.
—Espero que os queden bien las fotos… porque la modelo lo merece —dijo al fin, la voz temblorosa pero sincera, la sonrisa ampliándose aún más, los ojos brillando con una mezcla de admiración y deseo puro—. Estás… espectacular, Gema. De verdad.
Gema rió bajito, un sonido que me puso la piel de gallina y la polla aún más dura.
—Gracias, don Manuel. Estamos haciendo una prueba para un proyecto nuevo. ¿Le gusta lo que ve?
Él asintió despacio, sin pestañear.
—Mucho… mucho. Nunca pensé que viviría para ver algo así desde mi jardín.
Gema miró hacia mí, los ojos brillantes de morbo, y luego volvió a mirar al vecino.
—¿Quiere salir un segundo y ver mejor? —preguntó, la voz suave pero cargada—. Estamos grabando un reel. Puede ser… parte del público.
Don Manuel se quedó quieto un segundo, como si no se creyera lo que acababa de oír. Luego, con una lentitud casi cómica, abrió la puertecita del seto y salió a nuestro jardín. Vestido con sus zapatillas y su camisa de jubilado, se acercó hasta quedar a unos metros, los ojos clavados en Gema, en las tetas casi al aire, en el culo desnudo y alto, en el coño marcado bajo el short diminuto.
Yo volví a levantar el móvil, pulsé grabar otra vez.
Gema sonrió a la cámara —y al vecino— y empezó a posar de nuevo, se giró de espaldas, arqueó la espalda, levantó los brazos por encima de la cabeza, el culo en pompa, el short subiéndose más y dejando ver todo, las nalgas separadas brillando bajo la luz del atardecer. Luego se inclinó hacia delante, las tetas colgando bajo la camiseta recortada, los pezones saliendo completamente por el borde, duros y oscuros, pidiendo ser chupados.
Don Manuel se quedó paralizado, la respiración acelerada, la mano derecha bajando instintivamente a la entrepierna, rozando la erección que ya se marcaba en el pantalón de pinza.
Gema se giró de nuevo hacia la cámara —hacia mí—, se mordió el labio.
—Esto es para el reel… —susurró, mirándome directamente a los ojos—. Pero también es para usted, don Manuel. Para que lo recuerde cuando esté solo en su casa esta noche.
El vecino tragó saliva, la mano apretando la erección por encima del pantalón.
Yo grababa, la polla empezaba a ponérseme dura, y es que en ese momento me di cuenta de las apariencias de Gema, que bien podría pasar por una puta de las que se venden en callejones oscuros.
Gema se acercó a mí, me quitó el móvil de las manos sin dejar de mirar al vecino, y me susurró al oído, ¿A que esto te gusta? Y me dio un profundo beso.
La luz ya comenzaba a caer profusamente, tiñendo el jardín de un azul oscuro y profundo, las primeras estrellas asomando tímidamente sobre la urbanización.
Yo la miraba grabando con el móvil. Entonces se me ocurrió la idea, como un fogonazo sucio y caliente que me subió desde los huevos hasta la cabeza.
— ¿Qué te parece si nos acercamos al polígono que hay aquí al lado? —dije, bajando el móvil un segundo, la voz ronca, cargada.
Gema se detuvo, giró despacio hacia mí, el culo rebotando ligeramente con el movimiento. Me miró con esos ojos verdes que brillaban en la penumbra, una sonrisa lenta y peligrosa curvándole los labios hinchados.
—¿El polígono? —repitió, la voz baja, casi un ronroneo—. ¿El de al lado… el que está a dos calles? Ese donde por las noches se oyen coches parando, luces apagándose, y mujeres esperando en los callejones…
Asentí. Mi mente ya lo veía, los polígonos industriales de las afueras, casi adyacentes a la urbanización, con sus naves cerradas, farolas amarillentas parpadeando, callejones oscuros y silenciosos donde, en las horas nocturnas, algunas chicas trabajaban en la calle. Putas de carretera, de polígono, esperando clientes en minifaldas cortas, tacones altos, cuerpos expuestos bajo luces tenues. Y yo imaginaba a Gema allí, posando como una de ellas, el short vaquero apenas tapando nada, la camiseta recortada dejando las tetas casi al aire, el culo desnudo brillando bajo las farolas, las piernas abiertas contra una pared de ladrillo sucio, el coño húmedo y abierto para la cámara… para mí.
Gema se mordió el labio inferior, los ojos brillando con morbo puro.
—Joder, Javi… —susurró, acercándose hasta que sentí el calor de su cuerpo contra el mío, los pezones duros rozándome el pecho a través de la camiseta—. ¿Quieres que pose como una puta de polígono? ¿Qué me ponga en un callejón oscuro, contra una pared llena de grafitis, con el culo en pompa, mientras tú grabas como si fuera una de esas chicas que esperan coche?
Asentí, la voz apenas un gruñido.
—Quiero verte así. Quiero grabarte fingiendo que esperas cliente…
Gema respiró hondo, el pecho subiendo y bajando rápido, los pezones rozando la tela fina hasta endurecerse aún más.
—Vamos —dijo, la voz temblorosa de excitación—. Pero graba todo. Desde el momento en que salgamos de aquí. Quiero ver después cómo me muevo.
Cogió una chaqueta fina para cubrirse un poco al salir de la urbanización —no quería que los vecinos la vieran salir así—, pero la dejó abierta, dejando ver la camiseta recortada y los pezones duros. Salimos por la puerta trasera, caminando rápido por las calles silenciosas de la urbanización hasta llegar al límite con el polígono, una valla baja, un paso peatonal mal iluminado, y al otro lado los primeros callejones oscuros, naves cerradas, farolas amarillentas que apenas alumbraban el asfalto agrietado.
Entramos. El polígono estaba desierto a esa hora, solo el zumbido lejano de algún coche en la autovía, el eco de nuestros tacones en el asfalto, el olor a aceite, metal y noche fresca. Gema se detuvo en el primer callejón estrecho, entre dos naves cerradas, una farola parpadeante iluminándola desde arriba.
Se quitó la chaqueta, la dejó caer al suelo sucio. Se giró hacia mí, apoyó las manos en una señal de tráfico, arqueó la espalda, levantó el culo hacia mí, el short vaquero subiéndose más, dejando ver las nalgas separadas.
—Graba —susurró, la voz temblorosa—. Como si estuviera esperando cliente. Como si fuera una puta de polígono… tuya.
Pulsé grabar. La cámara capturó cada detalle, gema se giró despacio, se apoyó en la pared con la espalda, abrió las piernas, metió una mano dentro del short.
—Esto me está poniendo… —susurró a la cámara—.
Gema continuó posando en el polígono, cada vez más suelta, más descarada, como si el riesgo del lugar la encendiera aún más. La luz amarillenta de las farolas parpadeantes le bañaba el cuerpo en un tono sucio y caliente, haciendo que la piel brillara con sudor y aceite corporal.
Se apoyaba en las paredes, arqueaba la espalda, ponía el culo en pompa hacia la cámara, abría las piernas lo justo para que el short se subiera. Se tocaba despacio, pasando sensualmente las manos sobre su cuerpo de forma provocativa o llevándoselos a la boca mientras me miraba a los ojos.
—Algunas tomas… serán solo para nosotros —susurró, la voz ronca y temblorosa—. Esas no las subiremos nunca. Serán nuestras.
Cruzó la calle de acera a acera. Yo me quedé parado en la esquina, revisando los vídeos en la pantalla del móvil para ver si estaban saliendo bien, la luz del atardecer había sido perfecta, el encuadre capturaba cada detalle sucio y caliente, cada gota de sudor, cada temblor de sus nalgas.
Gema siguió andando, separándose de mí unos metros, sola en el callejón mal iluminado.
Entonces apareció el coche.
Un vehículo negro, lento, con los cristales tintados. Se detuvo a su lado con un ronroneo suave, el motor apagándose. La ventanilla del copiloto bajó despacio.
Gema se detuvo, giró la cabeza hacia el coche, luego hacia mí. Me buscó con la mirada, los ojos abiertos, una mezcla de sorpresa y morbo puro. Yo me quedé quieto, medio oculto en la sombra de una nave, el móvil todavía en la mano… comencé de nuevo a grabar.
Hice como que no la veía al principio. Dejé que la escena se desarrollara. Quería ver qué pasaba.
El conductor —un hombre al que apenas veía, parecia tener pinta de ejecutivo— asomó la cabeza. Le dijo algo que no pude oír desde donde estaba. Gema se acercó un poco más al coche, apoyando una mano en la ventanilla abierta, inclinándose ligeramente. El short diminuto apenas le tapaba nada. La luz amarilla de la farola les daba la iluminación justa para que pudiera ver desde lejos. El hombre la miró de arriba abajo, los ojos deteniéndose en las tetas casi al aire, en los pezones duros asomando por la camiseta recortada y en el culo perfectamente expuesto.
Gema giró la cabeza otra vez hacia mí. Esta vez me vio. Nuestros ojos se encontraron en la penumbra. Le hice un gesto con la cabeza desde lejos, un leve movimiento, una señal clara.
Continúa charlando.
Ella sonrió despacio, esa sonrisa sucia y traviesa que me volvía loco. Volvió a mirar al conductor, se inclinó un poco más, dejando que las tetas se acercaran al cristal abierto, los pezones rozando el borde de la camiseta. El hombre le dijo algo más. Ella río bajito, una risa que me llegó amortiguada por la distancia pero que me puso la polla aún más dura. Se tocó el pelo, se mordió el labio inferior, arqueó la espalda para que el culo se elevara más, para que el coño quedara más expuesto.
Yo imaginaba la conversación. No oía nada, pero lo sabía,
—Buenas noches… ¿estás trabajando? —Puede… .
—¿Cuánto? —Depende de lo que quieras… y de lo que me pongas. —Sube. Hablamos en el coche. —Aquí estoy bien… de momento. Enséñame qué tienes.
Gema se inclinó más, apoyando los codos en la ventanilla, el culo en pompa hacia mí, las nalgas separadas brillantes, visibles desde mi posición. El hombre sacó algo del bolsillo —quizás dinero, quizás el móvil para grabar—, y se lo mostró. Ella rió otra vez, se enderezó un poco, se tocó el pecho por encima de la camiseta, pellizcando un pezón que asomó por completo por el borde recortado.
Yo seguía grabando. El morbo me quemaba, mi mujer, vestida como una puta de polígono, charlando con un desconocido en un coche parado, ofreciéndose sin ofrecerse del todo, dejándose mirar.
Gema giró la cabeza una última vez hacia mí, me miró directamente, y me hizo un gesto con los ojos, ¿sigo?
Asentí despacio.
Gema se inclinó aún más hacia la ventanilla. El conductor no podía apartar los ojos, primero de las tetas casi al aire, luego del culo perfecto y desnudo.
Ella lo provocó más. Con una lentitud deliberada, levantó las manos y se subió la camiseta blanca hasta justo debajo de la barbilla. Las tetas quedaron completamente expuestas, pesadas, redondas, con los pezones duros y oscuros apuntando hacia delante, hinchados por la excitación. Los círculos areolares rosados se veían perfectamente bajo la luz amarilla, los pezones tan erectos que parecían doler.
El hombre tragó saliva audiblemente. Extendió la mano derecha por la ventanilla abierta, los dedos temblando ligeramente, intentando rozarle un pecho, quizas pellizcarle un pezón.
Gema se separó de golpe, retrocediendo un paso, la camiseta cayendo de nuevo sobre las tetas, pero sin cubrir del todo los pezones que seguían duros y visibles. Rió bajito, una risa ronca y juguetona que me llegó amortiguada por la distancia.
—No, no… —dijo, negando con la cabeza despacio, los ojos brillantes de morbo—. Solo mirar. Nada de tocar.
El hombre insistió, la voz saliendo más grave, más urgente,
—Sube al coche. Hablamos mejor dentro. Te pago bien… lo que pidas. Solo un rato.
Gema volvió a negar con la cabeza, esta vez más firme, pero sin perder la sonrisa. Se mordió el labio inferior, se pasó la lengua por los labios, y dio otro paso atrás, dejando que el hombre viera bien cómo se le marcaba el coño bajo el short diminuto.
—No, gracias —dijo, la voz dulce pero tajante—. Creo que voy a declinar tu oferta.
Se giró despacio, el culo rebotando con el movimiento, y caminó hacia mí sin prisa, los tacones resonando en el asfalto agrietado del polígono. El hombre se quedó dentro del coche, la mano todavía extendida, la cara desencajada entre deseo y frustración. Arrancó el motor con un rugido seco y se volvió a acercar a ella.
— Venga anda, de acuerdo te pago 300 pavazos solo por la mamada. Entra al coche.
Lo pude escuchar perfectamente, el tipo le ofrecía 300 euros por una mamada, y ese precio era la respuesta a una propuesta. Estaba claro que era una propuesta que ella le debía haber hecho anteriormente.
Ya estaban a escasos metros de donde yo me situaba.
Gema volvió a pararse, se volvió a apoyar sobre la puerta del vehículo, se inclinó lo suficiente como para poder casi meter la cabeza dentro de aquella ventanilla. Ahora si lo pude ver, un tipo de unos cuarenta años, bien vestido con traje de chaqueta, de su mano colgaba un reloj grande, ocupaba el interior de aquel Volvo. Y ella con la cabeza a medio entrar en esa ventanilla, metió su brazo dentro del coche, y por el gesto me imagino que para tocarle el rabo y le respondió.
— Te has equivocado de Puta, soy de las que hacen la oferta una vez, si no la pillas la pierdes. Si es por mi esta noche te quedas con el rabo como lo tienes. Puedes probar con otra compañera o puedes buscarme otro día.
— Hija de puta, me vas a dejar a si, 400 eurazos, por una tía como tu pago lo que quieras.
— Anda tira, que ya te he contestado y me espera otro cliente en la esquina – dijo mirándome y refiriéndose a mi - Veras como este no se lo piensa dos veces.
Gema se separó de aquel putero, dejándolo allí parado. El tipo se quedó viendo cómo se marchaba mi mujer, desconociendo que todo había sido un juego. El mirándole descaradamente el culo, le dio una voz “Ese culo lo busco mañana y te lo follo, por mis muertos que me lo follo. Mañana te busco.”
Gema llegó hasta mí corriendo los últimos metros, riendo con esa risa profunda y liberada que me volvía loco. Me cogió de la mano, tiró de mí hacia atrás, hacia las sombras de la urbanización, y salimos corriendo del polígono entre risas ahogadas, los tacones golpeando fuerte contra el suelo, el culo rebotando bajo el short diminuto, las tetas temblando bajo la camiseta recortada.
Cuando llegamos a una calle más tranquila, se paró, jadeando, todavía riendo, el pecho subiendo y bajando rápido, los pezones duros rozando la tela fina.
—¿Qué te ha dicho? —pregunté, la voz ronca, notaba mi rabo pidiendo aire.
Gema se acercó, me rodeó el cuello con los brazos, las tetas apretadas contra mi pecho, los pezones duros clavándose en mí.
—Primero me ha preguntado si estaba trabajando —susurró, la boca rozándome la oreja—. Le he dicho que “Podía ser… ”. Me ha mirado las tetas, el culo, el coño marcado bajo el short… y me ha dicho que “subiera, que me pagaba bien”. Que “lo que pidiera”. Que “solo un rato”. Que “tenía un sitio discreto cerca”.
Cuando me he acercado a la ventanilla me ha dicho.
—Mira esta polla —gruñó, la voz ronca y cargada—. Mira cómo me la pones. Era gruesa, venosa, con la cabeza hinchada y goteando. Me ha dicho que eso era solo por verme el culo.
—¿Te ha enseñado la polla?
—Si, ya la traía fuera, pero cállate que te sigo contando.
—Joder Gema, te han enseñado dos pollas en dos días, ayer Pepe y hoy el tipo este.
—Que te calles!!, que o no sigo contándote.
— Me ha insistido en que subiera al coche, Te pago lo que sea. Me ha estado preguntado que si era nueva en la zona, y luego lo que le gustaría hacer conmigo, que si follarme el culo a cuatro en el asiento trasero, que si me escupiría en el ano rosado que debo tener y luego me lo chuparía, lamiéndote el culo mientras me metía tres dedos en el coño y te hago chorrear como una fuente. No se la cantidad de guarradas que me ha dicho en un momento. Que, si quería llenarme el culo de su leche caliente y luego me ha preguntado cuánto le costaba por todo eso.
— Le miré la polla un segundo y me relamí los labios despacito, para recalentarlo y le respondí —joder… qué gorda y qué fea la tienes. Pero no subo. Si quieres algo… negocia bien, cerdo.
— El hombre gimió fuerte y comenzó a meneársela delante mía, fue cuando te busque y me hiciste señas para que continuara. - Me figure que la situación te estaba poniendo guarro a ti también.
—Te doy 600 —dijo, casi suplicando—. Sube, me la chupas un rato, te follo el coño 15 minutos, te meto tres dedos en el culo y te dejo 600. Venga… mira cómo la tengo. Mira cómo gotea por ti. Te la metería hasta que te corrieras gritando “más, papi, lléname el coño”.
— En ese instante le dije que no, pero deje que la camiseta se subiera más y que pudiera verme los pezones, que te confieso que los tenía duros de todo aquello.
La interrumpí, -¿me estas contando que se estaba pajeando delante tuya? -
— Callate!!!, me ordeno.- y continuo contándome....
—No —dije, con una voz firme y juguetona—. Por una mamada… 500. Te la chupo aquí mismo, con la puerta abierta y hasta te miro a los ojos mientras me la meto hasta la garganta, me trago todo lo que me eches, te chupo los huevos peludos y sudados si quieres… pero nada de follar. Nada de metérmela por el coño ni por el culo. Solo boca. 300. Ni un euro menos. O te quedas con las ganas y te pajeas solo pensando en mi boca tragándome tu lechecita
— El tipo gruñó frustrado, meneándosela con furia, la cara roja de deseo y rabia. Y me respondió, ¿300 por una mamada? Eso es carísimo, puta —dijo, casi gritando—. En cualquier polígono te la chupan por 80 o 100. Te doy 250. Última oferta. Sube un momento, me la chupas 5 minutos, te traga todo y te dejo 250. Venga… sube. Te la meto hasta la garganta y te hago ahogarte con mi leche.
— Reí suave, me separé del coche un par de pasos y dejé que me viera bien. No, cariño 300 o nada, le dije. Fue el momento en que me levante la camiseta. Ha sido cuando ha querido tocármelas, y le he dicho que la mercancía no se toca sin pagar antes, así que continue enseñándole las tetorras mientras me pellizcaba los pezones y diciéndole - como veo que no llegamos a un acuerdo… me voy que tengo otros clientes esperando. Que tengas buena noche… -
— Luego ha sido cuando venía hacia ti, eso lo has visto mejor. Ha vuelvo a acercarse para decirme que aceptaba pagar los 300 euros, y ha sido cuando me metido el brazo dentro del coche, le he cogido la polla, se la he sacudido dos veces y le he dicho que había perdido su oportunidad, que yo no era una puta como las demás. Que si quería volver a intentarlo que lo hiciera mañana. Y se acabó!!!, eso ha sido todo.
—¿Lo has oído todo? —susurró, rodeándome el cuello con los brazos, las tetas apretadas contra mi pecho—. Me ha enseñado la polla… gorda, venosa, fea, goteando como un grifo. Se la meneaba delante mía mirándome el culo y las tetas, diciendo que me iba a follar el coño y el culo hasta llenarme de leche, que me iba a dejar chorreando por los muslos. Me ha ofrecido 250 por una mamada… y yo le he dicho 300 o nada. Se ha quedado con las ganas, pajeándose en el coche mientras me veía irme, corriéndose solo pensando en mi boca tragándoselo todo.
—Joder Gema!!! Joder ... joder!!!, no tenemos solución, tu viendo pollas por el mundo, y yo dejando que las veas..., creo que tenemos un problema mental...
—Lo que tú quieras, llámalo como te dé la gana, pero a ti te flipa que los tíos suspiren los aires por tu mujercita, y a mí me pone muy guarra todo esto.
Me besó con hambre, la lengua enredándose con la mía, las manos bajando a mi entrepierna, apretando la polla tiesa por encima del pantalón.
Note que estaba tan mojada que sentía sus flujos bajándole por los muslos —susurró contra mi boca—. Pensaba en ti grabando desde lejos… en que me estabas viendo… en que me deseaba un desconocido y tú estabas ahí, mirando ¿Te hubiese gustado que se la comiera?
— No lo sé, puede... no lo se.
— Aun estoy a tiempo.... si es lo que quieres pídemelo!!!, por ti hago lo que quieras.
— Joder Gema... .¿Lo harías?
— Si tú lo quieres, claro que lo haría, le cobraria los 300 euros y dejaría que se corriera dentro de mi boca. ¿Lo quieres?
Me apretó más fuerte, frotando la palma contra mi erección.
—Vamos a casa —dije, con la voz temblorosa—
— ¿Estás seguro?, mira que esta puta no da dobles oportunidades. Si dices que no, no te doy otra oportunidad.
— Mañana!! Mañana y no incumples tu promesa de zorra. Mañana regresamos si quieres, pero ahora vámonos a casa. Quiero follarte ahora mismo.
Caminamos rápido de vuelta a casa, ella delante, el culo rebotando con cada paso, el short diminuto apenas tapando nada. Esta vez ni tan siquiera se tapó, la camiseta recortada dejando ver sus pezones duros y oscuros sin pudor alguno.
Llegamos a casa jadeando, la puerta se cerró de un portazo que resonó en el silencio del salón. El corazón me latía en la garganta, tenia la polla superdura y dolorosa contra el pantalón, el recuerdo del polígono golpeaba mi frente de forma continua. Gema apoyada en la ventanilla del coche, el culo en pompa, el short vaquero diminuto metido entre las nalgas. El hombre sacando la polla gorda y venosa, meneándosela con furia mientras le decía guarradas, ofreciéndole dinero como si fuera una puta de carretera, cómo ella le había enseñado las tetas, cómo él había intentado tocarla, cómo ella se había apartado riendo y le había dicho “solo mirar”. Y cómo, al final, él se había quedado allí.
Gema se giró hacia mí, los ojos todavía brillantes de morbo y adrenalina, el short vaquero empapado en el centro, la camiseta recortada pegada a las tetas por el sudor, los pezones duros y oscuros asomando por el borde como si quisieran romper la tela. No hubo palabras al principio. Solo nos miramos. Y en esa mirada estaba todo: el coche parado, la polla que ella había visto de cerca, cómo la había mirado mientras él se la meneaba, cómo le había ofrecido dinero por follarla como una zorra, cómo la había tratado de puta.
Gema se acercó despacio, me empujó contra la pared del salón con una fuerza que no esperaba. Su boca chocó contra la mía en un beso hambriento, saboreando todavía el morbo de la noche.
—Fóllame como si fueras él —susurró contra mis labios, la voz rota y temblorosa—. Trátame como la puta del coche. Dime guarradas. Hazme sentir que soy una zorra de polígono que cobra por abrirse de piernas….
La giré de golpe, la puse de cara a la pared, le bajé el short de un tirón violento. El tanga no existía; el coño quedó expuesto, hinchado, mojado, ya estaba chorreando por los muslos. Le di una palmada fuerte en el culo ¡plaf!, el sonido rebotó en el salón.
—Abre las piernas, puta —gruñí, la voz baja y sucia—. Abre ese coño que ese cabron queria follarte en el coche. Te mojas solo de pensar en lo zorra que eres.
Gema gimió, abrió las piernas más, apoyó las manos en la pared, arqueó la espalda, el culo en pompa hacia mí. Le separé las nalgas con las manos, el ano rosado y apretado asomando, el coño goteando como un grifo.
—Primero te voy a comer el culo —le dije, arrodillándome detrás de ella—. Como él quería hacerte. Como quería meterte la lengua por el ano mientras te abría con los dedos.
Le escupí directamente en el ano, le ensalive bien caliente el culo, el sudor y mi saliva le caía sobre el agujero rosado. Luego acerqué la boca y lamí despacio , la lengua plana recorriendo el surco, metiendo la punta en el ano apretado , sintiendo cómo se contraía alrededor de mí. Gema gimió fuerte aaaahhh, empujando el culo hacia atrás, pidiéndome más.
—Joder… sí… méteme la lengua… lame el culo que ese cabrón quería follarse… —jadeaba—. Imagínatelo, al guarro ese comiendomelo.
Le metí la lengua más profunda, follándole el ano con movimientos rápidos, mientras le metía dos dedos en el coño, sintiendo cómo me apretaba, cómo la humedad me chorreaba por la mano . Ella se corría ya, las piernas temblando, el cuerpo convulsionando contra la pared .
—Ahora te voy a follar el culo —gruñí, poniéndome de pie detrás de ella—. Como él quería. Como quería meterte la polla gorda por detrás y llenarte de leche.
—Si hazlo!!! Eres un guarro, ¿Te hubiera gustado verdad?
Me bajé el pantalón, mi polla era imposible que estuviese mas dura, pero ese no era el problema, el problema era el tamaño de el rabo que ella necesitaba. Le escupí copiosamente en el ano otra vez, puse la cabeza de la polla contra el agujero apretado y empujé despacio. Gema gimió largo y roto aaaahhh!!!! cuando la cabeza entró, el ano se abrió al instante, a ese culo le daba igual el tamaño. Empujé más, centímetro a centímetro, hasta que estuve dentro del todo y mis huevos pegados a su coño húmedo.
—Joder… como te ha entrado… —gruñí, empezando a moverme despacio, follándole el culo con embestidas profundas—. Este culo es mío… aunque lo enseñes a todos… aunque ese cabrón del coche se pajease pensando en metértela…
—La de él era más grande, y me hubiese entrado igual ¿Tu qué crees?
— Seguro que sí, que este culo de puta se la hubiera tragado igual.
— ¿Quieres?... ¿Quieres que me la meta?, ¿Quieres que me deje follar por dinero?
— JODER!! JODER!!! Callate coño!!! Que me corro!!!...
—Venga dimelo, pidemelo. Dime .... quiero que ganes dinero follando!!!
— CALLATE GUARRA!!!, Y le di con la palma abierta en la mejilla un soberano guantazo.
— AAAAHHH!!!, eso es... venga cabron!!!!, sigue!!!, siguee.... JODER!!!, EMPUJA MAS FUERTE!!!, MIRA QUE PUTA ES TU ESPOSA!!!, Si se lo pides folla por dinerito!!!!
— QUE TE CALLES GUARRA!!! Y volvi a palmear su cara con la mano abierta
—VENGA DIMELO!!!, DILO... !! DIME QUE TE PONE VERME SIENDO UNA GUARRA!!!.. AAAAHHHHH
Gema gritaba, empujando hacia atrás, el culo rebotando contra mis caderas, el ano apretándome cada vez que entraba y salía.
—Fóllame el culo… como una puta… como la zorra del polígono… —jadeaba—. DIME QUE QUIERES QUE OTROS ME FOLLEN!!!.
La embestí más fuerte , clave las manos en sus nalgas, abriéndolas para verla bien, los pliegues del ano estirado alrededor de mi polla, el coño goteando y vacío debajo. Su coño ya chorreaba y mojaba el suelo en densos goterones.
— JODER!!! CABRON !!!! LLEVAME A LA CAMA, Y FOLLAME O ME VOY OTRA VEZ AL POLIGONO!!! ¿Quieres eso?...
— GEMAAA!!! AAAAH POR DIOS NO SIGAS CON ESO...!!!!
— DIME LO PUTA QUE SOY, DIMELO AAAHAHHAHA, FOLLAME, SACA EL POLLON DE GOMA Y FOLLARME LO DOS!!!, SI SISISI, DIMELO!!! SOY UNA PUTA... QUE FOLLA POR DINERO...
LLegamos a la habitacion, Gema me tiro sobre la cama y se puso encima a besarme mientras sus manos recorrian su cuerpo hasta llegar a mi polla.
— Hoy estas aguantando bien hijo puta!!! ¿Te la puesto bien dura el putero esa verdad?
Bajo hasta mi vientre repartiendo besos por todo mi cuerpo Su mano izquierda atrapo mi rabo y comenzó a pajearme escupiendo sobre el.
— Asi se la he tocado!!, asi se la he meneado dentro del coche – susurro-
— AAAHHH!! GEMAAA!!! NO no me digas eso.
— Te hubiese gutado verlo ¿Verlo verdad?
— SIGUEEE!!!, SIGUEEE....
— Te hubiese gustado, lo se, ¿pero sabes qué?, no lo vas a ver hasta que te folles una tia delante de mi.
— COÑO GEMA SIGUEEE!!! MIRA QUE ERES GUARRA!!!! AAAHHHHH
— SOY UNA GUARRA???? SI? ESO SOY? Quieres que traiga todos los dias dinerito y paguemos la hipoteca con lo que gano con mi coño? Mira que el poligono esta aqui a lado.QUIERES QUE TRAIGA DINERITO A CASA Y PAGUEMOS LA HIPOTECA CON EL DINERITO GANADO CON MI COÑO???
— NOOOO!!!, JODER!!!, PERO QUE PUTAAAA!!! AAAHH
— Levanta las piernas que vas a ver lo puta que soy.
Levante las piernas y gema escupio sobre mi culo varias veces...
— ¿Esto es lo que me dijiste que te gustaria que te hiciese verdad?
— SIIII!!!!! ¿ Vas a hacerlo?
— Ya te dije que en el sexo no tengo limites, que me pidas lo que quieras, venga disfruta
Puso sus manos sobre mis nalgas y tiro de ellas hacia fuera, note como el frescor del aire impactaba directamente sobre el ano. Primero solo besos suaves alrededor, sus labios rozaban la piel sensible de las nalgas, iban bajando suavemente hasta detenerse justo en el borde del agujero sin tocarlo aún. Mi respiracion se hizo pesada y densa. Escuche a ella sonreir y entonces vino la lengua. Un lametón largo y plano desde los huevos hacia abajo pasando por todo el perineo hasta detenerse en el ano. Lo saboreó despacio, girando la punta alrededor de el, sintiendo cómo me contraía y relajaba con cada pasada.
—Relájate... —susurró, antes de presionar la lengua contra el centro.ç
El esfínter cedió poco a poco, caliente y aterciopelado por dentro. Ella empujó más profundo, la lengua refrescando aquel lugar, moviéndose en círculos lentos mientras sus manos mantenían las nalgas bien abiertas. Mi jadeo se volvió fuerte, las manos aferrándose a las sábanas, el cuerpo comenzaba a temblar. Su lengua entrando y saliendo en ritmo constante, succionando suavemente el anillo cada vez que se retiraba, haciendo que se abriera más con cada embestida.
Una mano de ella bajó para acariciar mis huevos, masajeándolos con suavidad mientras la otra se colaba por debajo para rodear su polla dura, me masturbaba lentamente al mismo ritmo que su lengua. El ano se contraía rítmicamente ahora, apretando alrededor de la lengua como si quisiera tragársela, y cada contracción hacía que yo me arqueara, empujando hacia su boca.
—No pares... joder, cómemelo más profundo... —gruñí con la voz ronca.
Ella aceleró con su lengua girando en espirales grandes alrededor del borde, luego penetrando lo más hondo posible, succionando con fuerza el anillo arrugado mientras sus dedos apretaban la base de la polla para retrasar el orgasmo.
—¿Te esta gustando? Me pregunto.
—Delicioso AHHAHHHAHAHAH!!!.
—Pues al putero seguro que también le hubiese gustado. ¿ No crees?
—Seguro.
—Pues se acabo!!!, que quiero que me folles y te vas a correr antes de hacerlo
Cuando por fin se retiró, el ano de él estaba enrojecido, brillante de saliva, palpitando todavía. Ella se inclinó y le dio un último beso suave justo en el centro, haciéndolo estremecerse de nuevo.
—Delicioso...? De donde te ha salido eso?? Mariconazo!!!! Jajaj, Delicioso lo digo yo, pero tu querras decir que te ha encantado que la puta de tu mujer te haya comido el culo. —dijo con una sonrisa satisfecha, lamiéndose los labios—. Ahora ya sabes, saca a nuestro amigo de la mesilla.
Estiré el brazo, abrí el cajon y de nuevo teniamos la compañia de aquel rabo de goma grande y enorme.
Gema se puso a cuatro patas sobre la cama, me mostro el culo grande y redondo elevado, Tenia el coño chorreando abundantemente, el líquido espeso resbalaba y goteaba formando un charquito pegajoso en las sábanas.
Cogió el consolador, negro, grueso, venoso, de 32 cm con la cabeza gorda y venas marcadas, lo miró un segundo con los ojos vidriosos de deseo. Le escupió en la punta con saliva espesa sobre la cabeza, luego lo alineó con su coño abierto y, sin preámbulos, se lo metió completo de una vez AAAAAAAAAA!!!!!!!!!! El consolador desapareció hasta la base entre sus labios hinchados, el coño estirándose alrededor del grosor con un sonido húmedo y obsceno. Se machacaba el coño con furia, gemia fuerte AAAAAA!!!, AAAA!!!, SIIIII!!!,, AAAAAAA, ASI ME FOLLARIA EL PUTERO ESE!!!, CON ESA POLLA GORDA!!! ASIIII.
Su cuerpo temblababa y yo la miraba pajeandome, disfrutando de verla, las tetas le colgaban y chocaban entre si mientras se follaba con el consolador en movimientos rápidos y brutales plap-plap-plap-plap-plap.
Se giró la cabeza hacia mí, los ojos entrecerrados, la boca abierta en un gemido continuo unghhh-unghhh-unghhh.
—Fóllame el culo… —suplicó, la voz rota y temblorosa—. Fóllame el culo ahora mismo, Javi. Quiero sentir tu polla gorda abriéndome el ano mientras me follo el coño con este consolador. Quiero que me trates como la puta del coche… como la zorra que se abre de piernas por dinero…
Me arrodillé detrás de ella en la cama, le escupí en el ano rosado y apretado, sin mucho sentido, aquello ya estaba extremadamente humedecido y lubricado. Le separé las nalgas con las manos , puse la cabeza contra su ano y empujé despacio pop-squelch-squelch. Gema gimió largo y roto aaaahhh-SIIIIIIII!!! ASI, ASI.... ASIIIIIIII!!!, cuando la cabeza entró, el ano volvia abrirse para recibirme. Empujé más, centímetro a centímetro, hasta que estuve dentro del todo, los huevos pegados a su coño lleno del consolador, notaba como las paredes de su utero rozaba contra mi polla con la forma de aquel consolador de goma.
Gema gritaba, empujando hacia atrás plap-plap-plap-plap-plap, el culo rebotando contra mis caderas. Comence a darle palmadas en las nalgas...
— JODER!! ¡¡¡POR FIN ME FOLLAS COMO DEBE SER!!! JODER JODER QUE BUENO!!!
Comence a disfrutar como hacia tiempo que no lo hacia, me estaba dejando llevar por todo, cada vez que se introducía el consolador su ano me apretaba fuertemente la polla. Y comence a acompañarla en gemidos bestias que salían sin control. AAAHHHA HAHAHHAHA HAHAHHA, GUARRA, PUTA, CERDA... AAAHAHAHHA, PUTA!!! ZORRRAAA!!!
— ¿TE GUSTA ESTO? DIMELO ...DIME QUE TE GUSTA... DIME QUE ME FOLLLARIAS JUNTO A OTRO, DIME QUE TE HUBIESE GUSTADO QUE ME FOLLARA AL PUTEROOOOO!!! AAAAH AHAHAHA!!
— AAAH ,, SIIIII, SIIIII PUTA... SIIII!!! FOLLATELOOOO!!! rugí, agarrándole las nalgas con las dos manos crack-crack, abriéndolas hasta que el ano se estirara más alrededor de mi polla. PLASH PLASH, volvia a golpear con la palma abierta sus nalgas sin control.
— AAAA QUE CABRROOONNNN!!! LO SABIA, AAAAAHH, LO SABIAAAA!!!, CABRON, DIMELO.. DIMELO OTRA VEZ, DIME COMO QUIERES QUE ME FOLLE!!!
— JODERRR!!! GEMA!!!! AAAAAAHHHH QUE GUARRA... QUIERO QUE TE FOLLE QUE TE FOLLE EL CULO, QUE TE TRAGUES SU CORRIDA... AAAAAAAHH, POR DIOS QUE PUTA!!! QUE BUENO......!!! bramé, embistiéndola con toda la fuerza.
— AAAAHHH QUE PUTO GUARRO ERES!!! ¿QUIERES QUE VAYAMOS MAÑANA Y QUE ME FOLLE ALLI COMO UNA PUTA POLIGONERA? ¿QUE ME DEJE FOLLAR POR DINERO? AHAHAHHHHA, AHAHH!!!
— SI, SI....SI... QUE TE FOLLE, MAÑANAAAAAA, MAÑANA....MAÑANAAAA VAMOS Y LE COBRAS 1000 EUROS POR TRATARTE COMO UNA PUTA.!!!!
— SISISISI, ME CORROOO, CABRON ME CORRROOO, POR FIN!!! ME CORRO CON TU POLLA DENTRO... ME CORRO!!!, GUARRO ME CORRRROOOOOO COOOOOMO UN PUTAAAA AHAHAHAHH!!. chilló Gema, el cuerpo convulsionando violentamente
Y se corrio, se corrio bestialmente, una corrida tan abudante como si alguien hubiese derramado un cantaro de agua sobre la cama. El chorro caliente salió disparado alrededor del consolador, salpicando mis muslos, las sábanas, el suelo, en chorros largos y espesos que no paraban s. Su ano se contrajo alrededor de mi polla con espasmos brutales, apretándome tan fuerte que casi me hace correrme dentro de ella.
— JODER!! Que bueno Javi, que bueno... por fin... contigo... por fin comenzo a susurrar para si misma. - Ahora te toca a ti, dijo elevanto el tono de voz.
—Ahora sácala… quiero que te corras en mi boca —dijo, la voz rota—. Quiero tragar tu leche… como él quería que tragara la suya.
Me aparté, la polla saliendo del ano con un pop húmedo. Gema se giró, se arrodilló en el suelo del salón, abrió la boca, sacó la lengua larga y rosada, los ojos fijos en mí.
—Córrete sobre mí… en la lengua… en la cara… —suplicó—. Trátame como la puta del coche.
Me la meneé rápido apuntando a su boca abierta, tarde muy poco. Chorros gruesos y calientes salieron disparados, uno en la lengua, otro en la mejilla, otro en la barbilla, goteando por su cuello hasta las tetas. Gema gemía mmmhhh, la lengua fuera, recogiendo cada gota, tragando lo que podía, el resto cayendo sobre su piel en hilos blancos y espesos.
—Coño Gema, ....- dije con la respiracion acelerada como el motor de un formula 1 – Ha sido bestial.
— Lo has disfrutado bien mamon y se te ha notado, ojalá siempre fuera asi. Estoy muerta.
Ella sonrió, exhausta y satisfecha, los ojos brillando. Quedamos sudados tumbados uno junto al otro, en aquella noche calurosa del verano.
— Anda dejame el movil, que vamos a ver que video subimos....