soloquieroeso
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- 7 Dic 2025
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Hacía meses que estaba de nuevo en Madrid tras 10 años trabajando en el extranjero y, como pasa en estos casos, la mayoría de mis amistades habían continuado con sus vidas y era extremadamente difícil coincidir con ellos.
En Febrero, por casualidad, me encontré en el metro con Carmen, una conocida del grupo cicloturista al que pertenecía tiempo atrás, hace ya 17 o 18 años. En el largo trayecto que hicimos juntos nos dió tiempo a hablar sobre nuestras vidas, nuestras bicicletas. Ella tenía una bicicleta antigua alemana que ya había arreglado unas cuantas veces antes de mi exilio laboral y me pidió que le echara un vistazo.
Al día siguiente quedamos a arreglar la bici, un par de vinos, nos contamos más de nuestra vida y ahí quedó la situación.
Un mes después me escribió Carmen al WhatsApp, y me dijo que iban un grupo de amigos a una casa rural en Ávila en Semana Santa, por si me quería apuntar. Me pareció buena idea, no tenía otra cosa que hacer y acepté.
Cuando llegué a la casa rural ya estaban allí todos (como de costumbre me tocó salir tarde del trabajo). Saludé a Carmen y me fue presentado a la gente.
- Luego te presento a los demás, que están por ahí - me dijo Carmen con su voz cantarina.
Todos eran o más jóvenes o mayores que yo. Tengo 54 años y aquella gente unos eran de unos, 30, 40 y otros de 60. Había más mujeres que hombres y todos aficionados al baile. Yo, lo reconozco, ni sé ni me gusta bailar. Así que era un poco el bicho raro por la edad y por mi negativa al arte de mover el esqueleto, así que, un poco decepcionado me fui a dar un paseo por los alrededores.
Llegué a un pequeño y bonito bosque, cerca de un embalse y, entre los árboles, a unos 15 metros , vi a una mujer de unos cincuenta y algunos años arrodillada frente a un chico de unos 35 haciéndole una soberbia mamada. Yo estaba fuera de la vista del chico, pero aquella mujer clavó su mirada en mí mientras seguía con la mamada.
Yo, la verdad, no sabía muy bien qué hacer, si retirarme discretamente o quedarme a ver el espectáculo. Aquella mujer me miraba y entendí que podía seguir mirando un ratito, pero poco duró la visión, porque en nada el chico comenzó a bufar y soltar su carga en la boca de aquella mujer.
Ahí sí decidí retirarme y seguir mi paseo, eso sí, empalmado y sonriendo por dentro al recordar la situación.
A la hora y algo volví a la casa rural y Carmen vino directamente a por mí para presentarme más gente que había llegado.
- Este es Luis, un buen amigo, Cristina, su pareja, Eduard, nuestro catalán adoptado, Rosa nuestra bla blablabla...
¡Estaba seguro!, Rosa, aquella cincuentona de generosos pechos y bonitas caderas, media melena negra revuelta, era la mujer que estaba haciendo la mamada al chico en el bosquecito.
Fue ella la que me dió dos sonoros besazos y me guiñó un ojo, traviesa, dando por sentado que ella me había reconocido.
Rosa, sin más, me agarró de la mano. -Ala, a bailar - me dijo con esa curiosa mirada, mientras la música de fondo sonaba algo más lenta.
- Espero no haberte escandalizado en el bosque- me inquirió risueña.
- Para nada, me gustó lo que vi y que me vieras sin parar tu... ¿Juego? , jajajajaja -
- Nada, soy muy libre y un poco exhibicionista, jajajaj-
- ¿Y si te ven tus conocidos? - le pregunté mirando al rededor.
- Estos sólo piensan en bailar- me respondió risueña
Seguí su ritmo como pude hasta que empezó a sonar una salsa o algo así y le pedí retirarme por precaución por si le pisaba y hacía polvo los pies.
- Sí, claro, pero no son los pies los que piden hacer "polvo" - me respondió con un guiño y retirándose a buscar otra pareja para bailar.
Dios, qué empalme tenía. No era guapa guapa, no estaba buena, buena, pero desprendía morbo a raudales.
Pasé las siguientes dos horas tomando alguna cerve y viendo a la gente bailar y bailar, aunque me fijaba de vez en cuando en Rosa, en las personas que elegía para danzar. De repente vi que se emparejaba con el que me pareció el chico del bosque, un chico muy normal, de unos treinta y pocos años, pero bailaban sin ese feeling que se suponía tras la mamada del bosque.
Tras esa tanda de bailoteo Rosa se acercó a la mesa del jardín donde yo estaba con la tercera cerveza y me pidió si podía sentarse.
- Ufff, tengo los pies ya doloridos - me dijo quitándome la cerveza de lata de la mano y echando un trago largo de ella. -¿Me traes una, porfa?-
- Por supuesto - le dije mientras me levantaba y fui a por dos más, está vez a por dos de cristal.
- El chico con el que bailaba - me confesó - es el del bosque -
Me quedé un poco de piedra que ella sacara la conversación así, sin más.
- ¿Es tu ligue? ¿Novio? ¿Amante? - le pregunté.
- Bueno, es mi "amigo". Pero que no se entere nadie, y menos la chiquita esa de gafas con la que está bailando ahora, que es su mujer- me dijo con una especie de guiño socarrón- a ti te lo cuento porque, es obvio, tú no eres de este grupo, que todos nos conocemos ya de antes. ¿Y tú qué haces aquí? - me preguntó.
Le expliqué que estaba ahí por casualidad, que Carmen era mi amiga y que no sé por qué me había invitado a ir, sabiendo que yo de baile no tengo ni idea y ni me interesa.
Así que estuvimos hablando un buen rato hasta que volvió a salir el tema del sexo. Ella estaba recién divorciada, y aquel chico había sido una especie de apoyo moral en los peores momentos, y una cosa llevó a la otra, pero, según me comentó, buscaba algo más morboso, no sólo un chaval al que chuparle la polla a escondidas, y que no quería follar, de momento, con nadie.
Por mi parte también le conté un poco mi vida, y en lo referente a lo sexual, mi pasado (algo ya lejano) de sexo liberal, así como mi bisexualidad.
Hicimos buenas migas en aquel finde, incluso fuimos al bosque y me hizo una excelente mamada en el mismo sitio en el que le había comido la polla al chaval. Yo se lo agradecí con una comida de coño, culo y masturbación que, estoy completamente seguro, que nos oyeron en la casa rural, en el pueblo y en la mitad de la Sierra de Gredos.
Días después de llegar a Madrid, y en una conversación de WhatsApp muy morbosa, ella me pidió algo que yo estaba deseando. Hacer un trío oral ya que era una de las fantasías recurrentes de ella. Un trío bisex con otro tío en el que sólo hubiera sexo oral entre los tres.
Me puso como una moto, y como conocí por este foro a un candidato que podría encajar, empezamos a planear el dónde y el cuándo.
Tomada la decisión y comprobado por ella que mi colega Víctor (nombre ficticio a petición de él) era de confianza, el primer viernes de Mayo estábamos los tres tomando un vino en la Cava Baja. Hablábamos, al principio con indirectas, sobre nuestras experiencias y sobre lo que íbamos a hacer. Víctor había hecho un par de tríos completos, Rosa había visto mil vídeos de "oral mmf" y yo, bufff, me daba hasta vergüenza contar que parte de mi vida privada y profesional había estado marcada por el sexo liberal, sobre todo bisexual.
Una hora después estábamos casi desnudos, en ropa interior, en una habitación de hotel muy chula, cerca de Plaza Elíptica.
-¿Qué os parece si empezáis vosotros y, poco a poco me uno yo?- dijo Rosa con cierto nerviosismo pero visiblemente excitada.
Ni lo pensé, me acerqué a Víctor, palpé fuera del boxer la hermosa polla que solo conocía por fotos y, bajándole un poco el Calvin Clain, saqué aquel falo, agarrado por mi mano, mientras miraba a Rosa y esta no perdía detalle a la vez que una de sus manos ya acariciaba su sexo por encima de las braguitas.
Me agaché lo suficiente para tener aquella hermosa polla a la altura de mi boca y, sin pensarlo, me la metí poco a poco para empezar una suave mamada.
Rosa se había acercado mucho a nosotros y agachándose a mi altura, respirando muy fuerte, se quedó embobada observando a sólo dos palmos de aquella mamada.
Aquella polla me estaba sabiendo riquísima, la verdad, y derramaba líquido preseminal como nunca antes había visto. Estaba claro que si no paraba iba a explotar en cualquier momento.
Saqué aquel delicioso rabo de mi boca y besé a Rosa con pasión, un beso muy jugoso. No se esperaba ese beso (aunque habíamos tenido sexo oral en el bosque no nos habíamos besado nunca).
Víctor solicitó su turno por lo que bajando mi boxer de golpe, el rebote de mi excitación le dió directamente en sus labios, y con un rápido movimiento comenzó a hacerme una mamada salvaje, con mucha saliva y mucho ruido. Rosa sólo miraba y seguía acariciando su sexo sobre las braguitas, que a estas alturas debían estar encharcadas. Si Víctor seguía así no tardaría mucho en correrme, así que, con mis manos guíe los movimientos de su cabeza para que bajase el ritmo y, ¡no veáis lo bueno que era lamiendo!, que casi explotó en su boca.
Detuve el bien hacer de Víctor y pregunté a Rosa si quería ser ahora ella el centro de atención, a lo que respondió poniéndose de pie, sacándose las braguitas y tumbándose en la cama con las piernas muy abiertas. Vaya coñito mojado y rosado que estaba exponiendo.
Nos acercamos como gatos a un tazón de leche y Víctor fue directo a lamer aquel coño, y yo directamente a lamer su culo, ya que la postura hacia posible que ambos le diéramos un tratamiento oral completo. De vez en cuando cambiábamos el objetivo de nuestras lenguas y la mía se enredaba en su clítoris y labios vaginales empapados de jugo y saliva y la del tercero en discordia dibujaba círculos o trataba de penetrar su esfínter.
No sé cuántas veces se corrió Rosa con aquella atención duplicada, pero no sé oían más que gemidos gritos e insultos ("Sí, cabrones..., que no termine nunca..., Dios, qué buenoooo...")
Al rato nos paró temblando y sudando, enviciada, con el pelo revuelto, se quitó la camiseta y el sujetador enseñándonos dos bonitos y generosos pechos que yo me moría por lamerlos y amasarlos.
-Quiero chuparos las pollas- nos dijo poniéndose de rodillas al borde de la cama.
Víctor y yo nos desnudamos del todo y acercamos nuestros miembros a su alcance. Eran parecidos en grosor y longitud, así que sin saber a quién debía mamar primero tomó la salomónica decisión de juntarnos las pollas y meterse las dos en la boca a la vez. Con sus manos nos apretaba una polla con la otra y nos masturbaba al unísono introduciéndose en la boca nuestros capullos, sacándolos después para lamerlos en el mínimo espacio que había entre las pollas.
Se veía que Rosa estaba disfrutando, y recordaba cuando me dijo que le encantaba mamar polla. Desde su sexo colgaba un hilillo de flujo que hacía intuir que aquella situación le excitaba.
Víctor dijo que si seguía así se iba a correr en nada, así que, apartándome de la doble felación me puse a la altura de Rosa, sorprendiéndola, y comenzamos los dos una mamada a dos bocas que dio su fruto en pocos segundos.
-¡Me coroooo!- anunció mientras una buena cantidad de semen salió disparado a mi boca, la de Rosa, mi cara, la de ella... Ahí sí, ella agarró mi cara y me besó en la boca mezclando todo en uno el semen depositado en nuestros paladares y nuestras salivas mientras el falo de Víctor se deshinchaba a escasos centímetros de nuestro beso.
Nos recompusimos un poco y Rosa cayó en la cuenta de que yo no me había corrido aún, así que me pidió tumbarme en la cama, se incorporó sobre mí en la postura del 69 e invitó a Víctor a drenar mis testículos. ¡Vaya mamada me estaban propinando entre los dos! Yo estaba en la gloria, dos bocas dándome placer y yo lamiendo de nuevo aquel coñito empapado y rosado.
Tardé menos de lo que me hubiera gustado aguantar y mi semen se descargó por completo entre los 4 labios que me proporcionaban aquel inmenso placer. No sé si se besaron o no como lo habíamos hecho Rosa y yo momentos antes devorando semen. Lo que sí sé es que Rosa cambió de postura, se puso a horcajadas sobre mí, rozando su empapado coño con mi polla y me besó con sabor a mí, a sexo, a mezcla sexual.
Nos duchamos y vestimos despacio y fuimos a tomar algo para recomponer fuerza. Tras un par de cervezas nos despedimos.
Cuando aparqué en casa vi que tenía un mensaje de Rosa...
-Lo he pasado genial, me ha encantado. ¿Lo repetimos pero está vez follando como locos? -
En Febrero, por casualidad, me encontré en el metro con Carmen, una conocida del grupo cicloturista al que pertenecía tiempo atrás, hace ya 17 o 18 años. En el largo trayecto que hicimos juntos nos dió tiempo a hablar sobre nuestras vidas, nuestras bicicletas. Ella tenía una bicicleta antigua alemana que ya había arreglado unas cuantas veces antes de mi exilio laboral y me pidió que le echara un vistazo.
Al día siguiente quedamos a arreglar la bici, un par de vinos, nos contamos más de nuestra vida y ahí quedó la situación.
Un mes después me escribió Carmen al WhatsApp, y me dijo que iban un grupo de amigos a una casa rural en Ávila en Semana Santa, por si me quería apuntar. Me pareció buena idea, no tenía otra cosa que hacer y acepté.
Cuando llegué a la casa rural ya estaban allí todos (como de costumbre me tocó salir tarde del trabajo). Saludé a Carmen y me fue presentado a la gente.
- Luego te presento a los demás, que están por ahí - me dijo Carmen con su voz cantarina.
Todos eran o más jóvenes o mayores que yo. Tengo 54 años y aquella gente unos eran de unos, 30, 40 y otros de 60. Había más mujeres que hombres y todos aficionados al baile. Yo, lo reconozco, ni sé ni me gusta bailar. Así que era un poco el bicho raro por la edad y por mi negativa al arte de mover el esqueleto, así que, un poco decepcionado me fui a dar un paseo por los alrededores.
Llegué a un pequeño y bonito bosque, cerca de un embalse y, entre los árboles, a unos 15 metros , vi a una mujer de unos cincuenta y algunos años arrodillada frente a un chico de unos 35 haciéndole una soberbia mamada. Yo estaba fuera de la vista del chico, pero aquella mujer clavó su mirada en mí mientras seguía con la mamada.
Yo, la verdad, no sabía muy bien qué hacer, si retirarme discretamente o quedarme a ver el espectáculo. Aquella mujer me miraba y entendí que podía seguir mirando un ratito, pero poco duró la visión, porque en nada el chico comenzó a bufar y soltar su carga en la boca de aquella mujer.
Ahí sí decidí retirarme y seguir mi paseo, eso sí, empalmado y sonriendo por dentro al recordar la situación.
A la hora y algo volví a la casa rural y Carmen vino directamente a por mí para presentarme más gente que había llegado.
- Este es Luis, un buen amigo, Cristina, su pareja, Eduard, nuestro catalán adoptado, Rosa nuestra bla blablabla...
¡Estaba seguro!, Rosa, aquella cincuentona de generosos pechos y bonitas caderas, media melena negra revuelta, era la mujer que estaba haciendo la mamada al chico en el bosquecito.
Fue ella la que me dió dos sonoros besazos y me guiñó un ojo, traviesa, dando por sentado que ella me había reconocido.
Rosa, sin más, me agarró de la mano. -Ala, a bailar - me dijo con esa curiosa mirada, mientras la música de fondo sonaba algo más lenta.
- Espero no haberte escandalizado en el bosque- me inquirió risueña.
- Para nada, me gustó lo que vi y que me vieras sin parar tu... ¿Juego? , jajajajaja -
- Nada, soy muy libre y un poco exhibicionista, jajajaj-
- ¿Y si te ven tus conocidos? - le pregunté mirando al rededor.
- Estos sólo piensan en bailar- me respondió risueña
Seguí su ritmo como pude hasta que empezó a sonar una salsa o algo así y le pedí retirarme por precaución por si le pisaba y hacía polvo los pies.
- Sí, claro, pero no son los pies los que piden hacer "polvo" - me respondió con un guiño y retirándose a buscar otra pareja para bailar.
Dios, qué empalme tenía. No era guapa guapa, no estaba buena, buena, pero desprendía morbo a raudales.
Pasé las siguientes dos horas tomando alguna cerve y viendo a la gente bailar y bailar, aunque me fijaba de vez en cuando en Rosa, en las personas que elegía para danzar. De repente vi que se emparejaba con el que me pareció el chico del bosque, un chico muy normal, de unos treinta y pocos años, pero bailaban sin ese feeling que se suponía tras la mamada del bosque.
Tras esa tanda de bailoteo Rosa se acercó a la mesa del jardín donde yo estaba con la tercera cerveza y me pidió si podía sentarse.
- Ufff, tengo los pies ya doloridos - me dijo quitándome la cerveza de lata de la mano y echando un trago largo de ella. -¿Me traes una, porfa?-
- Por supuesto - le dije mientras me levantaba y fui a por dos más, está vez a por dos de cristal.
- El chico con el que bailaba - me confesó - es el del bosque -
Me quedé un poco de piedra que ella sacara la conversación así, sin más.
- ¿Es tu ligue? ¿Novio? ¿Amante? - le pregunté.
- Bueno, es mi "amigo". Pero que no se entere nadie, y menos la chiquita esa de gafas con la que está bailando ahora, que es su mujer- me dijo con una especie de guiño socarrón- a ti te lo cuento porque, es obvio, tú no eres de este grupo, que todos nos conocemos ya de antes. ¿Y tú qué haces aquí? - me preguntó.
Le expliqué que estaba ahí por casualidad, que Carmen era mi amiga y que no sé por qué me había invitado a ir, sabiendo que yo de baile no tengo ni idea y ni me interesa.
Así que estuvimos hablando un buen rato hasta que volvió a salir el tema del sexo. Ella estaba recién divorciada, y aquel chico había sido una especie de apoyo moral en los peores momentos, y una cosa llevó a la otra, pero, según me comentó, buscaba algo más morboso, no sólo un chaval al que chuparle la polla a escondidas, y que no quería follar, de momento, con nadie.
Por mi parte también le conté un poco mi vida, y en lo referente a lo sexual, mi pasado (algo ya lejano) de sexo liberal, así como mi bisexualidad.
Hicimos buenas migas en aquel finde, incluso fuimos al bosque y me hizo una excelente mamada en el mismo sitio en el que le había comido la polla al chaval. Yo se lo agradecí con una comida de coño, culo y masturbación que, estoy completamente seguro, que nos oyeron en la casa rural, en el pueblo y en la mitad de la Sierra de Gredos.
Días después de llegar a Madrid, y en una conversación de WhatsApp muy morbosa, ella me pidió algo que yo estaba deseando. Hacer un trío oral ya que era una de las fantasías recurrentes de ella. Un trío bisex con otro tío en el que sólo hubiera sexo oral entre los tres.
Me puso como una moto, y como conocí por este foro a un candidato que podría encajar, empezamos a planear el dónde y el cuándo.
Tomada la decisión y comprobado por ella que mi colega Víctor (nombre ficticio a petición de él) era de confianza, el primer viernes de Mayo estábamos los tres tomando un vino en la Cava Baja. Hablábamos, al principio con indirectas, sobre nuestras experiencias y sobre lo que íbamos a hacer. Víctor había hecho un par de tríos completos, Rosa había visto mil vídeos de "oral mmf" y yo, bufff, me daba hasta vergüenza contar que parte de mi vida privada y profesional había estado marcada por el sexo liberal, sobre todo bisexual.
Una hora después estábamos casi desnudos, en ropa interior, en una habitación de hotel muy chula, cerca de Plaza Elíptica.
-¿Qué os parece si empezáis vosotros y, poco a poco me uno yo?- dijo Rosa con cierto nerviosismo pero visiblemente excitada.
Ni lo pensé, me acerqué a Víctor, palpé fuera del boxer la hermosa polla que solo conocía por fotos y, bajándole un poco el Calvin Clain, saqué aquel falo, agarrado por mi mano, mientras miraba a Rosa y esta no perdía detalle a la vez que una de sus manos ya acariciaba su sexo por encima de las braguitas.
Me agaché lo suficiente para tener aquella hermosa polla a la altura de mi boca y, sin pensarlo, me la metí poco a poco para empezar una suave mamada.
Rosa se había acercado mucho a nosotros y agachándose a mi altura, respirando muy fuerte, se quedó embobada observando a sólo dos palmos de aquella mamada.
Aquella polla me estaba sabiendo riquísima, la verdad, y derramaba líquido preseminal como nunca antes había visto. Estaba claro que si no paraba iba a explotar en cualquier momento.
Saqué aquel delicioso rabo de mi boca y besé a Rosa con pasión, un beso muy jugoso. No se esperaba ese beso (aunque habíamos tenido sexo oral en el bosque no nos habíamos besado nunca).
Víctor solicitó su turno por lo que bajando mi boxer de golpe, el rebote de mi excitación le dió directamente en sus labios, y con un rápido movimiento comenzó a hacerme una mamada salvaje, con mucha saliva y mucho ruido. Rosa sólo miraba y seguía acariciando su sexo sobre las braguitas, que a estas alturas debían estar encharcadas. Si Víctor seguía así no tardaría mucho en correrme, así que, con mis manos guíe los movimientos de su cabeza para que bajase el ritmo y, ¡no veáis lo bueno que era lamiendo!, que casi explotó en su boca.
Detuve el bien hacer de Víctor y pregunté a Rosa si quería ser ahora ella el centro de atención, a lo que respondió poniéndose de pie, sacándose las braguitas y tumbándose en la cama con las piernas muy abiertas. Vaya coñito mojado y rosado que estaba exponiendo.
Nos acercamos como gatos a un tazón de leche y Víctor fue directo a lamer aquel coño, y yo directamente a lamer su culo, ya que la postura hacia posible que ambos le diéramos un tratamiento oral completo. De vez en cuando cambiábamos el objetivo de nuestras lenguas y la mía se enredaba en su clítoris y labios vaginales empapados de jugo y saliva y la del tercero en discordia dibujaba círculos o trataba de penetrar su esfínter.
No sé cuántas veces se corrió Rosa con aquella atención duplicada, pero no sé oían más que gemidos gritos e insultos ("Sí, cabrones..., que no termine nunca..., Dios, qué buenoooo...")
Al rato nos paró temblando y sudando, enviciada, con el pelo revuelto, se quitó la camiseta y el sujetador enseñándonos dos bonitos y generosos pechos que yo me moría por lamerlos y amasarlos.
-Quiero chuparos las pollas- nos dijo poniéndose de rodillas al borde de la cama.
Víctor y yo nos desnudamos del todo y acercamos nuestros miembros a su alcance. Eran parecidos en grosor y longitud, así que sin saber a quién debía mamar primero tomó la salomónica decisión de juntarnos las pollas y meterse las dos en la boca a la vez. Con sus manos nos apretaba una polla con la otra y nos masturbaba al unísono introduciéndose en la boca nuestros capullos, sacándolos después para lamerlos en el mínimo espacio que había entre las pollas.
Se veía que Rosa estaba disfrutando, y recordaba cuando me dijo que le encantaba mamar polla. Desde su sexo colgaba un hilillo de flujo que hacía intuir que aquella situación le excitaba.
Víctor dijo que si seguía así se iba a correr en nada, así que, apartándome de la doble felación me puse a la altura de Rosa, sorprendiéndola, y comenzamos los dos una mamada a dos bocas que dio su fruto en pocos segundos.
-¡Me coroooo!- anunció mientras una buena cantidad de semen salió disparado a mi boca, la de Rosa, mi cara, la de ella... Ahí sí, ella agarró mi cara y me besó en la boca mezclando todo en uno el semen depositado en nuestros paladares y nuestras salivas mientras el falo de Víctor se deshinchaba a escasos centímetros de nuestro beso.
Nos recompusimos un poco y Rosa cayó en la cuenta de que yo no me había corrido aún, así que me pidió tumbarme en la cama, se incorporó sobre mí en la postura del 69 e invitó a Víctor a drenar mis testículos. ¡Vaya mamada me estaban propinando entre los dos! Yo estaba en la gloria, dos bocas dándome placer y yo lamiendo de nuevo aquel coñito empapado y rosado.
Tardé menos de lo que me hubiera gustado aguantar y mi semen se descargó por completo entre los 4 labios que me proporcionaban aquel inmenso placer. No sé si se besaron o no como lo habíamos hecho Rosa y yo momentos antes devorando semen. Lo que sí sé es que Rosa cambió de postura, se puso a horcajadas sobre mí, rozando su empapado coño con mi polla y me besó con sabor a mí, a sexo, a mezcla sexual.
Nos duchamos y vestimos despacio y fuimos a tomar algo para recomponer fuerza. Tras un par de cervezas nos despedimos.
Cuando aparqué en casa vi que tenía un mensaje de Rosa...
-Lo he pasado genial, me ha encantado. ¿Lo repetimos pero está vez follando como locos? -