El viaje de trabajo

Bcn_Bi

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6 Ago 2025
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Lo que más me gusta de viajar por trabajo es la oportunidad de capturar nuevas presas lejos de casa. Con la tranquilidad de tener todo el tiempo del mundo, busco un objetivo y voy a por él, aunque sólo sea para pasar una buena noche justo antes de irme. Y esta ocasión no iba a ser menos. Me han enviado a Málaga para un curso, lo que quiere decir que estaré toda la semana por ahí, llego el martes por la mañana y me voy el domingo también temprano.

El curso realmente empieza el miércoles, pero el martes hacen una recepción para que nos conozcamos todos los alumnos. Además, en esta ocasión todos los alumnos nos alojamos en el mismo hotel. Y yo ya tengo fichada a mi presa: Sara, una chica sevillana de piel morena, cabello negrísimo y una sonrisa blanca que irradia toda la habitación. A conjunto con su dentadura, va con un vestido blanco ajustadísimo que marca una figura esbelta, culazo y un generoso escote que no deja mucho a la imaginación muestra sus pechos grandes y redondos.

Tengo que hacer un esfuerzo para no mirárselos cuando me acerco para saludarla. Ella es muy simpática y charlamos un poco de nuestras vidas, temas banales para romper el hielo hasta que ella se va a hablar con otros y yo me voy para la habitación porque estoy un poco cansado. Con el objetivo decidido, ya no me queda mucho por hacer igualmente.

El primer día de curso es muy aburrido. Entre la presentación, un rato de rancio desayuno para conocernos (otra vez) y los primeros temas, que siempre son cosas que todo el mundo sabe, el día pasa lento. Además, no he podido hablar con la sevillana ni sentarme cerca. Ella se ha sentado en las filas de atrás, por lo que ni he podido distraerme mirándola. Hoy ha venido más discreta: un top blanco y unos tejanos, también ajustado para marcar su figura.

El segundo día ya se anima. He conseguido sentarme cerca y a la hora de comer he podido compartir mesa con ella y con una amiga suya que justo ha llegado hoy. Rocío, una chica rubia, un poco gordita, también de Sevilla y simpática como Sara. Al estar de lado, la belleza de la morena todavía me impresiona más. Terminamos de comer y quedamos para cenar luego. Dicen que conocen un sitio que no me puedo perder.

Cenamos cerca de la playa, en un restaurante con “el mejor pescado frito de la zona”, y nos vamos a ese sitio imperdible: un bar escondido en un callejón, de estos que están tan de moda ahora por su efecto “clandestino”. Y este lo ha conseguido porque apenas hay nadie en la puerta. Cuando entramos, hay bastante ambiente. La barra esta llena de gente tomando copas y tienen una pista de baile bastante concurrida con los éxitos del momento a todo trapo.

Hace poco que abrieron este sitio - me dice Sara - y todavía se puede venir hasta que vengan los turistas y lo jodan todo.
Las copas están muy bien de precio - añade Rocío - la última vez que vinimos pillé un pedo que casi no recuerdo nada.
Pero lo mejor pasa en los baños - sigue Sara -. Es donde está el ambiente de verdad.
¿Qué quieres decir? - pregunto intrigado -.
Pues… - Sara sonríe - que ahí pasan cosas.
¿Qué cosas? - no estoy entendiendo nada -.
Que ahí se folla - me dice Rocío -, hay un cuarto a la izquierda donde te metes si quieres sexo.
Ah, muy bien, qué bien… - no sé qué hacer con esta información -.
Tienes pinta que te molan estas cosas - dice Sara -.
¿Yo? ¿Por qué?
No sé, tienes ese aire.
Pues la verdad es que no lo he probado nunca, creo que no me van estas cosas.
No lo sabrás si no lo pruebas.

Me las quedo mirando, sonriendo un poco incómodo. No sabía que les gustaban estas cosas.

Va, ves a mirar al menos - insiste Rocío -.
¿Vosotras venís?
No, estamos bien - dice Sara desganadamente -.
¿Entonces porque tengo que ir yo?
Porque nosotras ya lo hemos probado y no nos gustó - termina Rocío -.

Están un rato insistiéndome y al final, para que callen, voy a investigar. Me dirijo a los baños. La puerta del de hombres, la puerta del de mujeres… y la puerta misteriosa de la izquierda. Inspiro, nervioso por lo que me voy a encontrar y abro la puerta. Veo lo que es y deshago mi camino para encontrarme de nuevo con mis amigas que se están partiendo de risa.

Es un almacén…
Ay, pobre, que pensabas que hoy follabas - dice Rocío -.
Muy graciosas…
Confiesa, te hubiera gustado - sigue Rocío -.
No sé por quién me tomas - digo haciéndome el digno, pero en el fondo tenía cierta curiosidad -.
Va, ¡no te enfades, que era sólo una broma!

Rocío nos invita a una copa y seguimos la noche bailando y bebiendo. No avanzo nada en mi objetivo de llevarme a la cama a Sara. Que esté Rocío es un incordio, entorpece cualquier intento de quedarme a solas con Sara, exceptuando los pocos momentos que se va al baño o a pedir otra ronda. En fin, todavía quedan dos días.

Tercer día, hoy sí que tengo que ir con una estrategia agresiva o me quedaré sin tiempo y sin Sara. Llego pronto a la sala de conferencias y espero a que llegue. Vuelven a llegar las dos juntas, da igual, lo importante es picar piedra con ella. Hago todo lo posible por sentarnos juntos y comemos juntos de nuevo. Insisto por repetir el plan de ayer, cenamos y nos volvemos al bar ese falso clandestino y lo doy todo bailando con ellas. Sobre todo con Sara, buscando el máximo contacto posible, pero también con Rocío para no ser tan descarado.

Esta noche he bebido un poco más i me siento desinhibido. Me abrazo con Sara, que me corresponde mientras la agarro por la cintura, nos miramos y nos sonreímos. También me cojo de las manos de Rocío y Sara roza su culo con mi paquete perreando un poco mientras Rocío por detrás pone una mano en mi muslo. Borracho y eufórico, incluso le toco el culo a una, no me queda claro a quién de las dos, pero ambas se ríen y seguimos bailando.

Voy al baño y cuando vuelvo veo que están diciéndose algo y riéndose. Me acerco y me dicen que se van, que están cansadas. Yo protesto, pero su decisión es inapelable y al ver que yo me quiero quedar, me abrazan y se van. Las veo irse hundido, toda mi estrategia de esta noche a la mierda. Sólo me queda un día o me iré con las manos vacías.

Me siento en una silla y noto algo duro en mi bolsillo trasero. Una tarjeta de habitación de hotel. Seguro que cuando me han abrazado, una me la ha puesto. Rocío hoy estaba simpática y juguetona, pero me imagino que ha sido Sara. Hemos bailado más los dos y ha perreado su culo sobre mi paquete, además de abrazarnos y sobarnos un poco en la pista de baile.

Sin perder tiempo, voy al hotel a darme una ducha rápida antes de ir a su habitación. La higiene es importante. Paso la tarjeta por el lector y entro. Parece que no hay nadie hasta que oigo el sonido de la ducha.

¡Hola! He encontrado la tarjeta.
Ei, genial, ponte cómodo que ahora salgo.
¡Vale!

“Que me ponga cómodo, ¿qué quiere decir, exactamente? ¿Qué hago? ¿Me quedo como estoy? Quizás desnudarme es muy atrevido, pero quizás si no me lanzo creerá que sólo le he traído una tarjeta extraviada. Piensa, piensa… venga, la vida es de los valientes. Me desnudo y me tumbo en su cama. Cuando salga verá que estoy excitadísimo. Tengo la polla más que morcillona y más dura se pone cuando me imagino cómo saldrá Sara del baño. ¿Desnuda también? ¿Con una bata que cubra e insinúe sus bonitas curvas? Uff… espero que no tarde mucho.”

Se pone en marcha un secador de pelo, no le falta mucho para salir, mientras yo estoy tumbado en su cama, desnudo. Una ofrenda para la chica con la que he soñado estos días. Ni me he pajeado para dárselo todo esta noche. La puerta del baño se abre.

¡Hostias! - exclama Rocío, en pijama cuando me ve.

Yo me tapo como puedo.

¡Joder, joder, joder! Lo siento - digo - pensaba que era la correcta - mientras me tapo como puedo con sus sábanas -. Qué vergüenza, qué vergüenza.
Bueno, tampoco pasa nada.
¿Y el susto que te has llevado?
Porque no me esperaba verte en pelotas.
Ya, lo siento, no sé en qué estaba pensando…
Estoy hay que compensarlo - me dice ella -.
¿Y como quieres que te lo compen…?

Me quedo sin aire para producir más palabras. Ella se está quitando el pijama y me deja ver su cuerpo. No es el de Sara ni en broma. Sus pechos caídos y con unos pezones enormes, varios michelines caen formando varios pliegues en su vientre, los muslos con celulitis y gruesos, tanto que entre ellos y la panza no puedo ver si su pubis está depilado o no. No me repugna, pero tampoco es lo que busco en una mujer. Sin embargo, hay algo en esa mirada y la sonrisa incómoda que me dedica que hace que algo en mi cosquillee.

Me quito las sábanas de encima para mostrarle de nuevo mi cuerpo y mi polla morcillona que vuelve a despertarse. Ella ahora me sonríe más relajada.

Me alegra ver que coincidimos.

Y se sube a la cama y empieza a gatear hacia mí. Tiene algo de felino en sus movimientos, algo muy erótico y mi polla responde poniéndose muy dura. Cuando está a su altura, abre la boca, se la introduce lentamente y empieza a hacerme una mamada con mucha suavidad, tomándose su tiempo. Se nota que le gusta mamar. Yo me relajo y cierro los ojos y me sorprende ver que no pienso en Sara mientras me la come, sino que sigo pensando en Rocío.

Ella detiene su mamada y termina de gatear hacía mí y nos besamos. Noto su saliva y el sabor de mi polla en su beso mientras ella va frotando su clítoris en mi rabo hasta que empieza a entrar y se sienta del todo con mi polla dentro de ella. Esta mojadísima y yo cachondísimo de tenerla encima.

Rocío se incorpora, todavía sentada en mi polla, y me mira. Todas sus curvas que antes me disgustaban ahora me parecen muy sugerentes.

¿Soy lo que esperabas? - me dice coqueta -.
Eres mucho mejor de lo que me imaginaba.

Rocío se levanta y se va hasta una mesita de la que saca una cajita de condones y me la arroja. Vuelve a la cama para tumbarse a mi lado, muy abierta de piernas. Ahora sí le veo un coño enorme y peludo.

Ya sabes lo que tienes que hacer.

Claro que lo sé. Me enfundo una goma en la polla y me acerco para empezar a lamerle el clítoris, que sigue mojadísimo. Lamo fuerte mientras con un par de dedos juego dentro de su coño.

Hasta que no me digas, no voy a parar.

Y sigo hasta que se corre, gimiendo fuerte. Entonces acerco mi polla y rozo su clítoris con ella, que tiene un pequeño espasmo y me pide que se la meta. Estoy tan cachondo que se la meto de golpe con una fuerte envestida, ella gime y yo la vuelvo a envestir fuerte. Y otra vez. La agarro por sus piernas, sus pies encima de mis hombros, y empiezo a darle embestidas más seguidas. Ella sigue gimiendo, espero que se vuelva a correr. Yo no creo que tarde mucho con tanta fuerza.

No te corras dentro - me dice entre gemidos - sácala cuando estés a punto de correrte.

No pasa mucho tiempo hasta que noto que voy a explotar y se la saco. Ella rápidamente se levanta y se arrodilla en el suelo. Qué bien, lo va a querer en su boca o su cara, con lo que me pone…

Córrete en mis tetas - dice sujetándose sus enormes ubres para arriba -.

Yo me saco el condón y empiezo a masturbarme hasta que sale una gran lechada que mancha sus tetas. Me sale muchísima, la excitación de estos días ha facilitado una gran producción. Ella se levanta y se mira las tetas, sorprendida.

Ibas cargado, ¡eh! - alegre más que un reproche -.
Sí, todo acumulado estos días.
Pues ahora te toca limpiarlo - dice clavando su mirada en mi, sin vacilar -.
¿Eh?
Que me comas las tetas ya.

La observo y su mirada es la de alguien que habla en serio. Vacilo por si cambia de opinión, pero tengo que aceptar mi castigo por no haber sabido valorarla estos días. Con ella de pie delante mío, sus tetas goteando mi leche, no me queda otra que sentarme en la cama y lamerle sus pezones cubiertos de semen y sudor. No me detengo hasta que están bien limpias. Ella se sienta a mi lado y nos besamos de nuevo.

Para no alargarme, sólo resumiré que la noche termina con algunas corridas más y varias posturas. Rocío es insaciable y yo espero que mañana quiera repetir de nuevo para culminar el último día del curso. Me sorprende lo rápido que he perdido el interés por Sara, pero Rocío es un vicio.
 
Lo que más me gusta de viajar por trabajo es la oportunidad de capturar nuevas presas lejos de casa. Con la tranquilidad de tener todo el tiempo del mundo, busco un objetivo y voy a por él, aunque sólo sea para pasar una buena noche justo antes de irme. Y esta ocasión no iba a ser menos. Me han enviado a Málaga para un curso, lo que quiere decir que estaré toda la semana por ahí, llego el martes por la mañana y me voy el domingo también temprano.

El curso realmente empieza el miércoles, pero el martes hacen una recepción para que nos conozcamos todos los alumnos. Además, en esta ocasión todos los alumnos nos alojamos en el mismo hotel. Y yo ya tengo fichada a mi presa: Sara, una chica sevillana de piel morena, cabello negrísimo y una sonrisa blanca que irradia toda la habitación. A conjunto con su dentadura, va con un vestido blanco ajustadísimo que marca una figura esbelta, culazo y un generoso escote que no deja mucho a la imaginación muestra sus pechos grandes y redondos.

Tengo que hacer un esfuerzo para no mirárselos cuando me acerco para saludarla. Ella es muy simpática y charlamos un poco de nuestras vidas, temas banales para romper el hielo hasta que ella se va a hablar con otros y yo me voy para la habitación porque estoy un poco cansado. Con el objetivo decidido, ya no me queda mucho por hacer igualmente.

El primer día de curso es muy aburrido. Entre la presentación, un rato de rancio desayuno para conocernos (otra vez) y los primeros temas, que siempre son cosas que todo el mundo sabe, el día pasa lento. Además, no he podido hablar con la sevillana ni sentarme cerca. Ella se ha sentado en las filas de atrás, por lo que ni he podido distraerme mirándola. Hoy ha venido más discreta: un top blanco y unos tejanos, también ajustado para marcar su figura.

El segundo día ya se anima. He conseguido sentarme cerca y a la hora de comer he podido compartir mesa con ella y con una amiga suya que justo ha llegado hoy. Rocío, una chica rubia, un poco gordita, también de Sevilla y simpática como Sara. Al estar de lado, la belleza de la morena todavía me impresiona más. Terminamos de comer y quedamos para cenar luego. Dicen que conocen un sitio que no me puedo perder.

Cenamos cerca de la playa, en un restaurante con “el mejor pescado frito de la zona”, y nos vamos a ese sitio imperdible: un bar escondido en un callejón, de estos que están tan de moda ahora por su efecto “clandestino”. Y este lo ha conseguido porque apenas hay nadie en la puerta. Cuando entramos, hay bastante ambiente. La barra esta llena de gente tomando copas y tienen una pista de baile bastante concurrida con los éxitos del momento a todo trapo.

Hace poco que abrieron este sitio - me dice Sara - y todavía se puede venir hasta que vengan los turistas y lo jodan todo.
Las copas están muy bien de precio - añade Rocío - la última vez que vinimos pillé un pedo que casi no recuerdo nada.
Pero lo mejor pasa en los baños - sigue Sara -. Es donde está el ambiente de verdad.
¿Qué quieres decir? - pregunto intrigado -.
Pues… - Sara sonríe - que ahí pasan cosas.
¿Qué cosas? - no estoy entendiendo nada -.
Que ahí se folla - me dice Rocío -, hay un cuarto a la izquierda donde te metes si quieres sexo.
Ah, muy bien, qué bien… - no sé qué hacer con esta información -.
Tienes pinta que te molan estas cosas - dice Sara -.
¿Yo? ¿Por qué?
No sé, tienes ese aire.
Pues la verdad es que no lo he probado nunca, creo que no me van estas cosas.
No lo sabrás si no lo pruebas.

Me las quedo mirando, sonriendo un poco incómodo. No sabía que les gustaban estas cosas.

Va, ves a mirar al menos - insiste Rocío -.
¿Vosotras venís?
No, estamos bien - dice Sara desganadamente -.
¿Entonces porque tengo que ir yo?
Porque nosotras ya lo hemos probado y no nos gustó - termina Rocío -.

Están un rato insistiéndome y al final, para que callen, voy a investigar. Me dirijo a los baños. La puerta del de hombres, la puerta del de mujeres… y la puerta misteriosa de la izquierda. Inspiro, nervioso por lo que me voy a encontrar y abro la puerta. Veo lo que es y deshago mi camino para encontrarme de nuevo con mis amigas que se están partiendo de risa.

Es un almacén…
Ay, pobre, que pensabas que hoy follabas - dice Rocío -.
Muy graciosas…
Confiesa, te hubiera gustado - sigue Rocío -.
No sé por quién me tomas - digo haciéndome el digno, pero en el fondo tenía cierta curiosidad -.
Va, ¡no te enfades, que era sólo una broma!

Rocío nos invita a una copa y seguimos la noche bailando y bebiendo. No avanzo nada en mi objetivo de llevarme a la cama a Sara. Que esté Rocío es un incordio, entorpece cualquier intento de quedarme a solas con Sara, exceptuando los pocos momentos que se va al baño o a pedir otra ronda. En fin, todavía quedan dos días.

Tercer día, hoy sí que tengo que ir con una estrategia agresiva o me quedaré sin tiempo y sin Sara. Llego pronto a la sala de conferencias y espero a que llegue. Vuelven a llegar las dos juntas, da igual, lo importante es picar piedra con ella. Hago todo lo posible por sentarnos juntos y comemos juntos de nuevo. Insisto por repetir el plan de ayer, cenamos y nos volvemos al bar ese falso clandestino y lo doy todo bailando con ellas. Sobre todo con Sara, buscando el máximo contacto posible, pero también con Rocío para no ser tan descarado.

Esta noche he bebido un poco más i me siento desinhibido. Me abrazo con Sara, que me corresponde mientras la agarro por la cintura, nos miramos y nos sonreímos. También me cojo de las manos de Rocío y Sara roza su culo con mi paquete perreando un poco mientras Rocío por detrás pone una mano en mi muslo. Borracho y eufórico, incluso le toco el culo a una, no me queda claro a quién de las dos, pero ambas se ríen y seguimos bailando.

Voy al baño y cuando vuelvo veo que están diciéndose algo y riéndose. Me acerco y me dicen que se van, que están cansadas. Yo protesto, pero su decisión es inapelable y al ver que yo me quiero quedar, me abrazan y se van. Las veo irse hundido, toda mi estrategia de esta noche a la mierda. Sólo me queda un día o me iré con las manos vacías.

Me siento en una silla y noto algo duro en mi bolsillo trasero. Una tarjeta de habitación de hotel. Seguro que cuando me han abrazado, una me la ha puesto. Rocío hoy estaba simpática y juguetona, pero me imagino que ha sido Sara. Hemos bailado más los dos y ha perreado su culo sobre mi paquete, además de abrazarnos y sobarnos un poco en la pista de baile.

Sin perder tiempo, voy al hotel a darme una ducha rápida antes de ir a su habitación. La higiene es importante. Paso la tarjeta por el lector y entro. Parece que no hay nadie hasta que oigo el sonido de la ducha.

¡Hola! He encontrado la tarjeta.
Ei, genial, ponte cómodo que ahora salgo.
¡Vale!

“Que me ponga cómodo, ¿qué quiere decir, exactamente? ¿Qué hago? ¿Me quedo como estoy? Quizás desnudarme es muy atrevido, pero quizás si no me lanzo creerá que sólo le he traído una tarjeta extraviada. Piensa, piensa… venga, la vida es de los valientes. Me desnudo y me tumbo en su cama. Cuando salga verá que estoy excitadísimo. Tengo la polla más que morcillona y más dura se pone cuando me imagino cómo saldrá Sara del baño. ¿Desnuda también? ¿Con una bata que cubra e insinúe sus bonitas curvas? Uff… espero que no tarde mucho.”

Se pone en marcha un secador de pelo, no le falta mucho para salir, mientras yo estoy tumbado en su cama, desnudo. Una ofrenda para la chica con la que he soñado estos días. Ni me he pajeado para dárselo todo esta noche. La puerta del baño se abre.

¡Hostias! - exclama Rocío, en pijama cuando me ve.

Yo me tapo como puedo.

¡Joder, joder, joder! Lo siento - digo - pensaba que era la correcta - mientras me tapo como puedo con sus sábanas -. Qué vergüenza, qué vergüenza.
Bueno, tampoco pasa nada.
¿Y el susto que te has llevado?
Porque no me esperaba verte en pelotas.
Ya, lo siento, no sé en qué estaba pensando…
Estoy hay que compensarlo - me dice ella -.
¿Y como quieres que te lo compen…?

Me quedo sin aire para producir más palabras. Ella se está quitando el pijama y me deja ver su cuerpo. No es el de Sara ni en broma. Sus pechos caídos y con unos pezones enormes, varios michelines caen formando varios pliegues en su vientre, los muslos con celulitis y gruesos, tanto que entre ellos y la panza no puedo ver si su pubis está depilado o no. No me repugna, pero tampoco es lo que busco en una mujer. Sin embargo, hay algo en esa mirada y la sonrisa incómoda que me dedica que hace que algo en mi cosquillee.

Me quito las sábanas de encima para mostrarle de nuevo mi cuerpo y mi polla morcillona que vuelve a despertarse. Ella ahora me sonríe más relajada.

Me alegra ver que coincidimos.

Y se sube a la cama y empieza a gatear hacia mí. Tiene algo de felino en sus movimientos, algo muy erótico y mi polla responde poniéndose muy dura. Cuando está a su altura, abre la boca, se la introduce lentamente y empieza a hacerme una mamada con mucha suavidad, tomándose su tiempo. Se nota que le gusta mamar. Yo me relajo y cierro los ojos y me sorprende ver que no pienso en Sara mientras me la come, sino que sigo pensando en Rocío.

Ella detiene su mamada y termina de gatear hacía mí y nos besamos. Noto su saliva y el sabor de mi polla en su beso mientras ella va frotando su clítoris en mi rabo hasta que empieza a entrar y se sienta del todo con mi polla dentro de ella. Esta mojadísima y yo cachondísimo de tenerla encima.

Rocío se incorpora, todavía sentada en mi polla, y me mira. Todas sus curvas que antes me disgustaban ahora me parecen muy sugerentes.

¿Soy lo que esperabas? - me dice coqueta -.
Eres mucho mejor de lo que me imaginaba.

Rocío se levanta y se va hasta una mesita de la que saca una cajita de condones y me la arroja. Vuelve a la cama para tumbarse a mi lado, muy abierta de piernas. Ahora sí le veo un coño enorme y peludo.

Ya sabes lo que tienes que hacer.

Claro que lo sé. Me enfundo una goma en la polla y me acerco para empezar a lamerle el clítoris, que sigue mojadísimo. Lamo fuerte mientras con un par de dedos juego dentro de su coño.

Hasta que no me digas, no voy a parar.

Y sigo hasta que se corre, gimiendo fuerte. Entonces acerco mi polla y rozo su clítoris con ella, que tiene un pequeño espasmo y me pide que se la meta. Estoy tan cachondo que se la meto de golpe con una fuerte envestida, ella gime y yo la vuelvo a envestir fuerte. Y otra vez. La agarro por sus piernas, sus pies encima de mis hombros, y empiezo a darle embestidas más seguidas. Ella sigue gimiendo, espero que se vuelva a correr. Yo no creo que tarde mucho con tanta fuerza.

No te corras dentro - me dice entre gemidos - sácala cuando estés a punto de correrte.

No pasa mucho tiempo hasta que noto que voy a explotar y se la saco. Ella rápidamente se levanta y se arrodilla en el suelo. Qué bien, lo va a querer en su boca o su cara, con lo que me pone…

Córrete en mis tetas - dice sujetándose sus enormes ubres para arriba -.

Yo me saco el condón y empiezo a masturbarme hasta que sale una gran lechada que mancha sus tetas. Me sale muchísima, la excitación de estos días ha facilitado una gran producción. Ella se levanta y se mira las tetas, sorprendida.

Ibas cargado, ¡eh! - alegre más que un reproche -.
Sí, todo acumulado estos días.
Pues ahora te toca limpiarlo - dice clavando su mirada en mi, sin vacilar -.
¿Eh?
Que me comas las tetas ya.

La observo y su mirada es la de alguien que habla en serio. Vacilo por si cambia de opinión, pero tengo que aceptar mi castigo por no haber sabido valorarla estos días. Con ella de pie delante mío, sus tetas goteando mi leche, no me queda otra que sentarme en la cama y lamerle sus pezones cubiertos de semen y sudor. No me detengo hasta que están bien limpias. Ella se sienta a mi lado y nos besamos de nuevo.

Para no alargarme, sólo resumiré que la noche termina con algunas corridas más y varias posturas. Rocío es insaciable y yo espero que mañana quiera repetir de nuevo para culminar el último día del curso. Me sorprende lo rápido que he perdido el interés por Sara, pero Rocío es un vicio.
Las buenorras estan muy bien, pero las morbosas..... estén como estén son aun mucho mejor.
 

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