La habitación de al lado (Compartir piso con mi hermana universitaria)

Este libro sí, pero podría haber una continuación...
Pero, a ver, que con tanto comentario, no he conseguido aclararme.

A esta historia, le falta que los hermanos acaben follando, no?

O ya se ha acabado y lo que se escribiera, a partir de ahora, seria una continuacion o una segunda parte?

Porque si se deja asi, vale, acaba en todo lo alto, con los masturbandose el uno al otro, pero sin penetracion, sin folleteo, jejeje!

En otras palabras, quedaria un Cliffhanger, un Continuara muy grande y es posible que la mayoria de nosotros nos quedariamos un tanto decepcionados por no haberse consumado el folleteo.

En definitiva, va a haber un capitulo final con los dos copulando o eso ya es algo que queda para una continuacion o segunda parte?
 
En teoría no, la ficción es eso, si fuera un problema libros como lolita o marqués de Sade serían prohibidos

la zoofilia esta prohibida, pero si cuentas en un relato cómo te lo haces con tu serpiente, no es delito, es ficción.
Claro que es ficción, pero las normas de la página están claras, no se puede publicar nada de zoofilia ni de menores.
 
Pero, a ver, que con tanto comentario, no he conseguido aclararme.

A esta historia, le falta que los hermanos acaben follando, no?

O ya se ha acabado y lo que se escribiera, a partir de ahora, seria una continuacion o una segunda parte?

Porque si se deja asi, vale, acaba en todo lo alto, con los masturbandose el uno al otro, pero sin penetracion, sin folleteo, jejeje!

En otras palabras, quedaria un Cliffhanger, un Continuara muy grande y es posible que la mayoria de nosotros nos quedariamos un tanto decepcionados por no haberse consumado el folleteo.

En definitiva, va a haber un capitulo final con los dos copulando o eso ya es algo que queda para una continuacion o segunda parte?
Falta el capítulo final y un poco del penúltimo para terminar el libro. Un saludo!
 
Este libro sí, pero podría haber una continuación...
Por ahí atrás te pedían lo mismo Vero desde el punto de vista de paula, y la verdad que sería un puntazo. Ya si para terminar la trilogía quieres hacer un tercero…. Confiamos que el hermano de Sofía alcance mayoría de edad….
 
Muchas a gracias a todos los lectores. La verdad es que lo de este hilo ha sido una pasada. Empezó flojito, sin apenas lecturas ni interacciones y ha terminado por todo lo alto.
Un forero creó un hilo en la sección general para hablar de mis libros sin spoiler. Cuando termine el relato, si os parece bien, nos pasamos por allí y hablamos de lo que os parecería una segunda parte de la historia y cómo os gustaría que continuara.

También quedan pendientes tres capítulos entre Sofía y su hermano que no han visto la luz, por si alguien los quiere leer. Ya os comenté q prefiero q haya un voluntario para pasárselos y ya entre vosotros os habláis en privado. Si no hay voluntario no los voy a ir pasando uno a uno.

Un saludo!
Que pena que se queden pendientes esos tres capítulos!!!
 
Pero tampoco me entero, voy perdido. Puede que ya no se publica nada más?. Donde decís que puedo leer mas sobre esta historia?
 
Me hubiera gustado masturbarla más tiempo, pero en cuanto me la estranguló, sacudiendo su mano arriba y abajo con intensidad, no me dio tiempo a advertirle de que se detuviera. Ya era tarde. Me había dejado demasiado al límite su mamada y, cuando mi cuerpo convulsionó, ya me abandoné a mi inminente orgasmo.

En ese instante sublime de calentón máximo, tuve la osadía de apartar sus braguitas y meterle un par de dedos en el coño y Paula se agarró con más fuerza a mi cuello.

―¡¡¡Aaaaah, síííí, síííí, cabrón, aaaah, méteme los dedos, aaaah, vamos, enano, muévelos, aaaah!!!

―¡¡Paula, me corro!!

Y apenas tuvo tiempo de apuntar hacia ella, notando el calor de mi semen impactando contra su abdomen y sus pechos. Eso pareció enloquecerla todavía más. Era lo que más cachonda le ponía.

¡Sacarme la puta leche!

Y con cada lefazo ella temblaba, como si le quemara la piel, sin dejar de mirar detenidamente cómo mi polla seguía soltando más y más en una eyaculación casi interminable.

―¡¡¡Sííí, sííí, córrete, hermanito, sííí, mmmm, córrete encima de mí, mássss!!! ―gritó Paula totalmente fuera de sí, restregándosela contra su propio cuerpo.

En cuanto terminé, me di cuenta de que seguía con mis dedos clavados en su coño. Mi hermana todavía no se había corrido y no paraba de mecerse delante y atrás, sin soltarme la polla.

―¡¡Mmmm, te has pasado, vaya pedazo de corrida que me has soltado, cabrón!! Me has puesto perdida… ―dijo recogiendo parte de mi semen con la mano que tenía libre.

Paula tenía razón, la había dejado hecha un asco, en su ombligo se había formado un buen charco y ocho o nueve disparos la atravesaban en distintas direcciones, incluso un par de ellos habían alcanzado sus pechos. Se metió los dedos en la boca, saboreando el gusto de mi semen y luego me miró furiosa y cachonda.

―¡Vamos, haz que me corra yo también, mmmm, no puedo mássss, haz que me corra, por favor! ―me suplicó arañándome el pecho con las uñas cuando por fin me soltó la polla.

―Espera, voy a limpiarte…

―No, déjame así, da igual, no pasa nada… ―comentó echándose hacia atrás, mostrando orgullosa las marcas que tenía sobre su piel.

Que todo mi semen bañara su cuerpazo le ponía todavía más fuera de sí a Paula. Entonces retiré los dedos de su coño, me situé frente a ella, y sin dejar que se le pasara el calentón, los colé por los laterales, tirando hacia abajo del elástico de sus braguitas.

―¡¡Ey, ey, ey!! ¿¿¡¡Qué haces, David!!?? ―me preguntó al ver mis intenciones.

―Me molestan para masturbarte, vamos, Paula, deja que te las quite, así estarás más cómoda.

―Pe… Pero, aaaaah ―gimió cuando le rocé el clítoris con la yema de mis dedos.

―Vamos, Paula, ayúdame, levanta las caderas ―y Paula lo hizo, permitiendo que le sacara las braguitas.

¡Ahora estaba completamente desnuda y abierta de piernas!

Tiré de sus muslos para que subiera los pies sobre la encimera y de repente, allí tenía el depilado coño de Paula; expuesto, abierto, hinchado y con los labios vaginales bien empapados. Le costaba hasta respirar y yo me lancé a devorar sus pechos mientras se lo hacía desear más, pasando mis dedos por sus muslos.

A pesar de que tenían mi propio semen, me dio igual y chupé sus tetazas con ganas, mordiendo sus pezones y tirando de ellos con los dientes.

―Mmmm, mmmm, cabrón, síííí, aaaah, cómemelas, pero méteme los dedos también, méteme los dedos, por favor, no puedo más, ¡necesito correrme ya…! ―volvió a suplicarme y yo fui descendiendo con mis labios por su ombligo y su pubis, esquivando como podía mi propia corrida, hasta que me quedé a unos centímetros de su coño.

Allí lo tenía a mi entera disposición.

―¡¡Ahhhh!! ¿¡Qué haces, David!?

Saqué la lengua y le solté un único lametazo de arriba abajo. Paula se estremeció y pude ver cómo literalmente se derretía delante de mis narices. Con cada latido de su pecho le salía un líquido transparente que descendía irremediablemente, pasando por su ano, hasta que se depositaba sobre la encimera.

Además, se unía mi semen que le bajaba por el cuerpo, dejando unos surcos de humedad en su piel y, poco a poco, fue llegando hasta su pubis. Finalmente, le goteó por los labios vaginales. Se lo restregué por el coño y después pasé las manos por detrás de sus muslos, enganchándome bien en ellos y acercando mi boca a su cuerpo.

―¡Voy a comértelo, Paula…! ¡Mmmmm…! ¡¡Voy a comerte el coño, hermanita!!​

47 (CAPÍTULO FINAL)​




No tuvo tiempo de negarse. Tampoco lo hubiera hecho.

Al borde del orgasmo, Paulo dejó que mi lengua rozara su clítoris y, al primer contacto, su cadera se tensó, acercándose a mí.

―¡¡Aaaaah, joder, David, aaaaah!!

Su pequeño botoncito estaba hinchado y sensible, y preferí no acariciar más esa zona para que Paula no se corriera de inmediato. Quería degustar su coño, saborearlo y, al mirar hacia arriba, me la encontré impaciente, sobándose ella misma las tetas y recogiendo los últimos restos de mi semen, para después meterse los dedos en la boca.

Los chupaba con ganas, dejándolos bien limpios, y gemía de manera apresurada, y de repente, me miró fijamente, apartándose el pelo que se le había quedado pegado en la frente por el sudor.

―¡Vamos! ¿A qué esperas? ¡¡¡Uffff, ya no puedo másss!!!

Mi lengua recorrió sus labios vaginales y luego la hundí en su interior, dejando que todos sus jugos se depositaran en ella. La penetré lo más profundo que pude, degustando ese fantástico sabor que se me quedó en las papilas gustativas.

Pensé que el coño de pija de Paula estaría más dulce, una niña de papá no podía desprender esa fragancia, y eso no me lo esperaba, en absoluto, ya que me encontré con un sabor muy fuerte. A sexo. Ese coño olía a puta, pero estaba delicioso, y mi hermana me lo restregaba por la cara impaciente, hasta que bajó las dos manos y las entrelazó entre mi pelo, aplastándome el rostro contra su entrepierna.

―¡¡¡Sííí, sííí, cómemelo, hermanito, aaaah, aaaah, cómemelo, cabrón!!!

A pesar de que lo hacía despacio y con mucha suavidad, yo sabía que su orgasmo se podía precipitar en cualquier momento y Paula se abrió todavía más de piernas, ofreciéndome ese manjar que, cada vez, emanaba más humedad.

Se había formado un pequeño charco debajo de ella y, al sacar la cadera hacia delante, observé su estrecho ano rosado delante de mí. Fue demasiado tentador y pasé la lengua por su ojete, cosa que pareció enloquecer todavía más a mi hermana.

―¡¡Aaaah, sííí, sííí, David, mmmm, qué bueno, qué bueno!!

Pero Paula ya no estaba para esas caricias. Ella quería correrse. Restregarme el coño por toda la cara y aplastarme la boca contra su cuerpo.

―¡¡Aaaah, aaaah, deja eso y cómemelo!! ¡¡Vamos, sigueeee, mmmm, estoy a punto, aaaaah!! ―jadeó, ofreciéndome el clítoris para que se lo lamiera.

Y en ese momento, Paula perdió el control de la situación y yo me hice el dueño y señor.

Ya no tenía que pedirle permiso para nada, mi hermana solo quería correrse y yo ya podía hacer con ella lo que me diera la gana. Primero le clavé un dedo en el culo y lo moví despacio, haciendo círculos hasta llegar al final. Eso desesperó todavía más a Paula y volvió a suplicarme que se lo chupara, cuando un torrente de jugos se le escapó de su interior.

Estaba a mi merced y comencé a follarme su ano con mi dedo.

―¡¡Aaaah, aaaah, para, cabrón, aaaaah, aaaaah, para, para, aaaaah, saca ese puto dedo o vas a hacer que me corra así, aaaaah!! ―me advirtió Paula, pellizcándose los pezones.

Le solté un lametazo entre sus labios vaginales y tensó otra vez la cadera.

―¡¡¡Eso es, sííííí, más, mássss, mássss!!! ¡¡Ahora no te pares, David, aaaaah, no seas cabrón!!

―¿Quieres que te saque el dedo del culo?

―¡¡Aaaaah, me da igual, déjalo si quieres, pero sigue con la lengua, no pares con la puta lengua, aaaaah!!

Y continué un poquito más, follándome su estrecho culito con el dedo mientras rodeaba su clítoris con mis labios y lo percutía con la lengua, alternando además unos buenos lametazos de arriba abajo.

Paula no podía más, mecía sus caderas desesperada y sus gemidos pasaron a ser pequeños grititos. Al mirar hacia ella, me la encontré aplastando los dedos en sus pechos y entonces me di cuenta de que ya estaba a punto de correrse.

De repente, retiré mi dedo de su culo y me incorporé, quedándome de pie frente a ella. Los dos completamente desnudos, me puse de puntillas porque no llegaba bien, me agarré la polla y le solté un azote en el coño antes de dejarla allí apoyada, sintiendo el calor que emanaba su interior.

Paula miró horrorizada hacia abajo y me dio un puñetazo en el pecho.

―¡Qué haces, idiota! ¡Joderrrrr, estaba a punto de correrme! ¡¡¡AAAAAHH!!! ―gimió al sentir mi polla restregándose en su coño―. ¿¡Pero, qué estás haciendo!? ¡¡¡AAAAH, AAAAH!!!

Moví la cadera hacia delante y todo mi tronco se deslizó entre sus labios vaginales, hasta que mis huevos chocaron con su cuerpo. Hundí la boca en su cuello y chupé con fuerza, devorando esa zona tan sensible mientras le acariciaba con ganas los pechos.

Parecía que estábamos follando.

―¡¡¡AAAAAH, AAAAAH, AAAAAH!!! ―gimió más alto mi hermana, acompasando mis movimientos delante y atrás, y al abandonar su cuello, apoyé la frente con la suya y nos quedamos así.

Mirándonos a los ojos. Jadeándonos en la cara mientras yo seguía meciéndome con suavidad.

―¡Haz que me corra, por favor! ¡Ya no puedo más, mmmm! ¡Vamos, enano, haz que me corra! ―me suplicó Paula.​
 
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